domingo, 29 de noviembre de 2009

Katyn, de Andrzej Wajda

Volvía enmimismado, meditabundo, la una de la mañana, sin sentir los navajazos del frío casi navideño, todavía impactado por la película que había visto poco antes, por la belleza de sus formas, por la verdad de su mensaje, por lo tremendo de la historia. El arte es algo así.

Venía tratando de poner en orden las ideas para comunicarlas en cuanto llegase a casa -cosa que hago- en este rincón que básicamente me sirve para eso, para poner orden a las ideas.

Sí, el arte es algo así. Testimonio de un tiempo y un lugar. Y mensaje universal. Verdad y belleza. Ética y estética.

La suya es "una película que tiene una mezcla de dos cosas: arte y mensaje. Si una película no es una obra de arte, no podrá quedar en la memoria del espectador, ni ser identificada en función del autor", tal y como aseguraba el mismo Wadja en esta pieza de Días de cine.

Porque Katyn no es simplemente un retrato-denuncia de la matanza sistemática de 12.000 soldados y oficiales polacos (entre ellos numerosos intelectuales) a manos del ejército soviético en 1940 y su posterior tergiversación histórica para usarla como propaganda. Eso lo hace también un documental, un reportaje, un manual de Historia. La wikipedia, si nos ponemos.

Katyn es una película de bellísima factura, con unos personajes masticables, modelados con el barro de la vida.

Es otra película sobre las abominaciones que tuvieron lugar durante la Segunda Guerra Mundial y, sin embargo, aporta algo nuevo a una filmografía ya extensa en la materia.

Es una película con una armónica arquitectura narrativa. Fragmentada, coral, que recoge muchas miradas, muchos paisajes. Haciendo de la Historia intrahistoria.

Katyn es un canto a la defensa de la verdad, a los principios irrenunciables. Frente a unos principios que arrasaron con la dignidad de millones de seres humanos, se alzan principios no menos firmes, pero pacíficos, los de quienes se niegan a comulgar con una mentira institucionalizada, aunque eso les lleve a la muerte.

¿Por qué será que no me extraña que una película mayúscula como ésta haya pasado por España entre el silencio de buena parte de la crítica? Mientras dedicamos páginas y páginas a chusquerías de toda índole, a esta obra maestra de Wajda apenas se le dedicó la mitad de la mitad de lo que merecería una película sólo la mitad de la mitad de buena que esta.

Estrenada en Polonia en septiembre de 2007, a España sólo llegó hace un par de meses. Dos años después. E insisto, entre un brumoso silencio demasiado sospechoso.

"Si mi película tiene que tener un impacto, espero sea tranquilizador, ya que por primera vez este crimen, esta mentira, ha sido mostrada en la gran pantalla", afirma el cineasta en un artículo de BBC Mundo de hace dos años sobre la recepción en Polonia.

Y debe ser que el arte es algo así. Que a pesar de la brutalidad, de la indignación que nos remueve al presenciar el mal que somos capaces de hacer, nos quedamos de algún modo serenos, por la belleza con la que se nos ha contado algo, porque también hemos visto en algunos personajes el bien que somos capaces de hacer.

Porque alguien nos ha ofrecido una enorme verdad para ir construyendo modesta pero irrenunciablemente una visión de la realidad.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Has visto Enigma? Te recomiendo que la veas en caliente después de esta peli qeu has visto.

saludos.

Lectora dijo...

De Wajda siempre me sorprende que toda la compasión que encuentra para los suyos, sea capaz de encontrarla para esos otros que no fueron tan suyos (los judíos polacos) a los que su pueblo tanto odió y machacó. No es una figura que me caiga simpática, y aunque no pueda negar las virtudes (que son muchas, incluídas las estéticas) de una película como Katyn, la sombra del olvido antisemita es demasiado alargada como para apreciarla lo suficiente. Cuenta una verdad, sí: pero se "olvida" conscientemente (y no sólo aquí, sino en su obra en general) de muchas otras verdades que Polonia sigue sin querer contar.

(y digo esto después de haber empezado a ver Shoah de Lanzmann y las primeras entrevistas - escalofriantes - con los campesinos polacos de los pueblos cercanos a los campos de la muerte).

Lectora dijo...

perdón: sea "incapaz de encontrarla".

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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