jueves, 10 de diciembre de 2009

Invisible, de Paul Auster

El riesgo de leer una buena crítica literaria antes de haber perfilado la propia es que, más que cargarnos de argumentos, sentimos que se nos ha dejado sin ellos, al hurtársenos los posibles hallazgos. Por tonto, me digo, ya no puedes hacer literatura con tus intuiciones.

Al decir esto, pienso en la aguda, certera y minuciosa crítica que James Wood hizo en The New Yorker sobre la última novela de Paul Auster y, por extensión -más que crítica es casi un estudio y así debieran ser todas-, sobre su obra entera. Quede claro que yo sería incapaz de hacer una crítica como esa, porque por un momento me ha parecido que estuviese sugiriendo que "este Wood se me ha adelantado, que si no ya verían".

Dicho lo cual sólo me queda glosar la crítica, que, en lo que se refiere a Invisible, comparto punto por punto.

Uno lee las novelas de Auster muy rápido porque están lúcidamente escritas, porque la gramática de la prosa es la gramática del realismo más familiar (ese que, de hecho, es confortablemente artificial), y porque las tramas, llenas de giros arteros y de irrupciones violentas tienen lo que el Times llamó en una ocasión 'todo el suspense y el ritmo de un thriller superventas'. No hay obstáculos semánticos, dificultades léxicas o desafíos sintácticos. Los libros canturrean aceptablemente su melodía [traducción de the books fairly hum along]. La razón por la que Auster no es un escritor realista, por supuesto, es que sus grandes juegos narrativos son antirrealistas o surrealistas"

Ese antirrealismo yo lo describo como literatura de laboratorio, de taller de escritura creativa. Porque "los accidentes visitan la narración como automóviles cayendo del cielo", dice Wood. Y los personajes son así carton-piedra manejados por el autor a su antojo, sin motivaciones serias. Auster es, él mismo, un gran deus ex machina.

En el caso de Invisible, por ejemplo, el narrador insiste en lo mucho que le marcó el encuentro con una persona, un asesinato, tanto que le lleva cuarenta años después a ponerlo por escrito porque se supone que eso marcó toda su vida. El problema es que tenemos que fiarnos del narrador, porque la realidad es que -al menos a este lector- nada hay que nos haga creérnoslo.

Como señala Wood, "Auster es un contador de historias convincente, pero sus historias son aserciones más que persuasiones". Y eso es, supongo, lo peor que se puede decir de una novela, cuya misión es recrear la vida, palpitante y masticable, sin que la tramoya que le da cuerpo y latido asome por debajo de las faldas.

Por otro lado, el "escepticismo posmoderno en la estabilidad de la narración", que algo tendrá que ver con el ansia de la originalidad (muy de taller de escritura creativa), le lleva a a Auster a recursos y experimentos que de inverosímiles son muchas veces piruetas que distraen. O que directamente te echan de la historia. Como toda esa parte escrita en segunda persona, que no tiene justificación ni coherencia interna. Es curioso que al pasar por ella este lector la iba traduciendo mentalmente a tercera persona, que le parecía la conjugación más lógica.

Leí en un blog otra crítica que me gustó del libro y que comentaba que "Invisible es una de un buen número de novelas que me dejan preguntándome por qué el sexo es un motivo tan recurrente. Quizá es tan simple como que la literatura se ocupa de las emociones y motivaciones fundamentales de la vida humana. Sin embargo, de nueva es la tendencia general, y no sólo el uso que se hace de él en Invisible, lo que me deja un poco perplejo". Confieso que a mí también.

Es algo que también me sorprende (recientemente lo he visto en La noche de los tiempos) y que requiere una reflexión y un comentario más detallado, supongo.

Y, al final, puede que haya sido más duro de la cuenta con el pobre Auster. Pero qué quieren, se me borró la primera versión de la entrada y ya no está uno para adornos... Si la novela me hubiera gustado, todavía.

[No pude evitar la sonrisita de matriz intertextual cuando leía estos días en Troppo vero: "Ante un cerezo en flor nadie, salvo la mayor parte de los novelistas contemporáneos, de la escuela de Tarantino o Paul Auster, se avergüenza de manifestar sus emociones" -y quizá el náuGrafo, cabría decir, jaja]

7 comentarios:

el náuGrafo dijo...

Jajajaj, qué risa esa postrEra alusión a UNO. Me encantan los cerezos, pero sobre todo los almendros en flor a finales de marzo. Pero también una gasolinera al atardecer, en el caos humano de una carretera vasca de montaña, con el atardecer de fin de mayo (con y griega).

Interesante este post apoyado en la critica woodiense. Reconozco que no la leí entera, el amigo Woods se despacha a gusto, vaya manera de soltar párrafos.

Qué aportar. Bueno, decir que me he encantado lo de la confortable artificialidad. Auster, queriendo ser realista, o algo parecido, crea una antirrealidad, una realidad austeriana. Pero esto no es un hallazgo sino más bien un demérito. Es lo que les ocurre a todos los escritores, sin excepción, toma ya, que viven en EEUU. Les da miedo separarse de la fidelidad de lo real, y crean otra realidad apastichada:

"Me desnudé y me metí en la estructura metálica que hacía las veces de ducha y me di una placentera ducha".

Di "me di una maldita ducha" y acabáramos, hombre!

Auster es un tipo que atrapa, y no sabemos muy bien por qué. Puede hacer una novela regulera como ésta, y seguimos leyendo. Y hay en ese leer un cierto poso, un cierto alimento. No es basurilla. Hay una fuerza extraña que palpita en las páginas que firma PA, aunque a veces ese es el único recurso de ciertos libros. Como Invisible y Un hombre en la oscuridad, títulos por cierto bien baratos.

Lo cierto es que uno lee las novelas de Auster, y pese a mis párrafos previos, se queda como sin cosas que decir. Como cuando uno se ha comido una estupenda Big Mac pero eso sí, charlando con un buen amigo. Quizá eso sea Auster, Paul.

Agus Alonso-G. dijo...

Uau, gracias por tu longanimidad comentarística. La verdad es que 'Un hombre en la oscuridad' me pareció mucho inferior que esta.

Se me olvidó decir que justo ayer me leí la crítica de Dario Villanueva en El Cultural y no me gustó. Primero dice que la novela es una "obra maestra en su género" (¿Cuál? ¿el austeriano?) y luego justifica que el libro peque de falta de hondura. Peor, claro, ¿qué le vas a pedir?, viene a decir. (¿Pedir... al género austeriano?) ????

Agus Alonso-G. dijo...

Por cierto, que en esta entrevista en 'La Vanguardia' respondía a la crítica de Wood:

"Es un reaccionario", es su respuesta (abreviada).

Al final no dije en la crítica que a este lector 'El libro de las ilusiones' le fascinó. Curiosamente, Wood lo considera el mejor libro de Auster, aunque no deja de criticarlo.

Sergio dijo...

En alguna entrevista Auster ya ha comentado que Wood "le tiene manía". Siempre hace malas criticas de sus libros. Auster cree que tiene algo personal contra él pero no sabe qué, ni siquiera se conocen.

A mí Invisible me gustó mucho.

el náuGrafo dijo...

Quise decir almendros en flor a finales de FEBRERO.

Anónimo dijo...

Hola,
No he leído aún Invisible, pero sí he leído toda la obra de Auster hasta el momento, y, salvando las distancias y con perdón de ambos, comienza a ocurrirme con Auster lo que en su día - ya hace muchos años- me sucedió con Isabel Allende: a partir de La Casa de los Espíritus, todo igual. Coincido con un comentario anterior en el que se afirma que la mejor obra de Auster es El libro de las ilusiones. Me encantó. Pero también coincido con la afirmación de que Un hombre en la oscuridad me defraudó. Tengo curiosidad por leer Invisible, ya os contaré, pero espero que Paul no siga el, a mi juicio, equivocado camino del "más de lo mismo" que emprendió en su día Isabel Allende. Un cordial saludo.

Anónimo dijo...

comparar a PA con Isabel Allende es muy osado.
PA es uno de los autotres contemporaneos más arriesgados anque al ser prolifico, bastante irregular.
Varias obras maestras: la noche del oráculo, el libro de las ilusiones, palacio de la luna, brooklin follies y en menor grado, invisible. Otras mucho peores.

original en las tramas, en el manejo y mezcla de estilos literarios, en la creación de personajes,.... casi siempre atrapa..