martes, 24 de noviembre de 2009

Don Quijote en Louisiana (III)

De El arpa de hierba, de Truman Capote, en traducción de Joaquín Adsuar para Anagrama:

Con la misma sutileza con que el reloj dejaba caer el sonido del tiempo, la tarde se curvaba hacia el atardecer. La neblina del río, el aliento del otoño, el color de la luna mezclado con el del bronce, los árboles azules... y un halo, una imagen del invierno, rodeaba al sol"

[El juez Charlie Cool:] Una persona a la que se puede decir todo (... ) ¡Cuánta energía desperdiciamos econdiéndonos unos de otros, temerosos de que se noz conozca, de que nos identifiquen! Pero nosotros hemos sido identificados: cinco locos subidos a un árbol. Es una gran suerte que sepamos cómo hacer uso de esta situación. No tenemos necesidad de preocuparnos por la imagen que presentamos. Tenemos libertad para averiguar quiénes somos en realidad, si estamos convencidos de que nadie puede echarnos de aquí. Es su inseguridad lo que hace que nuestros amigos conspiren para negar las diferencias. Pedazo a pedazo entregué mi corazón en el pasado a extraños que desaparecían de pronto, que se bajaban en la primera estación: puestos todos ellos juntos quizá hubieran formado esa persona única en el mundo, pero sería como si tuviese una docena de rostros distintos moviéndose por cien calles diferentes. Esta es mi única oportunidad de encontra a esa persona única en vosotros, en usted, señorita Dolly, en Riley, en todos ustedes."

El amor es una cadena de amor del mismo modo que la naturaleza es una cadena de vida.

-Entonces yo he estado enamorada toda mi vida (...)Nunca he amado a un caballero (...). Pero he amado a todo lo demás. (...) Cuando amaba, el amor se acumulaba en mi interior de tal modo que me hacía volar de un lado a otro como un pájaro en un campo de girasoles. Pero es mejor no demostrarlo demasiado, pues se diría que es una carga para los demás y, no sé por qué, parece hacerlos desgraciados." (Dolly Talbo)

-Es mejor que te enteres ahora, Collin -me dijo [Dolly]-, sin que tengas que esperar a ser tan viejo como yo: el mundo es una porquería."

Me detuve junto a las tumbas de mis padres. No solía visitarlas con frecuencia, me deprimían las lápidas, frías, pétreas... tan distintas de todo lo que yo recordaba de ellos, su vitalidad, los lloros de mi madre cuando mi padre se marchaba a vender sus frigoríficos, cómo él corrió desnudo a la calle cuando ella murió. Me hubiera gustado tener flores para ponerlas en los jarrones de terracota que estaban tristemente vacíos sobre el mármol rayado y sucio. Riley me ayudó: cortó unos capullos de un rosal de China y mientras contemplaba cómo yo los arreglaba me dijo:

-Me alegro de que tu madre fuera una mujer tan buena. No encuentras más que zorras por todas partes."

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