lunes, 23 de noviembre de 2009

Don Quijote en Louisiana (II)

Y toda la reflexión de la entrada anterior venía de ese título.

Porque no sabemos si en Louisiana, pero allí podría ser (de allí al fin y al cabo era Truman Capote y El arpa de hierba es al parecer de tintes autobiográficos) donde se desarrolla la historia del libro que nos ocupa, deliciosa novela que nos recuerda al William Saroyan de La comedia humana o al Ray Bradbury de El vino del estío, pero que sobre todo recoge la tradición cervantina y la dickensiana para batirla en la coctelera del sur de EE.UU.

Y es que quijotescos son los personajes de El arpa de hierba, estrafalarios seres unidos en una huida de lo grisáceo de la vida. Pero quijotescos con la amabilidad sureña de esos Saroyan y Bradbury. Con una mirada inocente. Lirismo de apariencia infantil. Con una pureza primigenia.

Pensaba, con el deseo de la gran aserción, del descubrimiento crítico (pero, tengámoslo en cuenta, desde la gran ignorancia sobre el tema, también) que quizá el sur de EE.UU. es el paisaje más característico y novedoso de la narrativa del siglo XX.

Y el más interesante (puesto éste sólo disputable por la Tierra Media tolkeniana).

Además de los "sures" mencionados, hay un Sur áspero y terrible, primitivo también pero en su barbarie. El Sur de Faulkner o Flannery O'Connor. Y está el Sur pasado por el tamiz humorístico de los Coen. Y el Sur de Cormac McCarthy (al que sólo y precisamente por los Coen he llegado). Y el Sur mucho más moral de la amiga de Capote, Harper Lee, en Matar un ruiseñor. Acojonante éste para un tipo de corte ético (si eso significa algo) como yo.

Y hago absoluto propósito de releer a la señora Lee y a Bradbury como ahora he releído esta lectura de adolescencia para confrontar, y en este caso confirmar más acrisolada, la impresión de entonces.

7 comentarios:

Ángel Ruiz dijo...

Siento no estar de acuerdo: Truman Capote se me cayó del pedestal hace tiempo; tuve mi fase 'El arpa de hierba' (y otra fase 'A sangre fría también), pero me harté: es hojalata y cartón piedra.
Y Flannery dice que la de Harper Lee es una buena novela para niños (la película es mejor, pero se puede discutir también que los fallos de la novela abren vías de agua en la película, que se salva del naufragio por los actores y la ambientación).
¿Y Cormac McCarthy no es más del Oeste, del mundo de la frontera? El Sur de USA es el Sur de antes de la conquista del Oeste: de la mitad de Estados Unidos para allá no hay sur, hay oeste.
Y Flannery no es áspera ni terrible, ni describe un sur primitivo en su barbarie: eso, en todo caso, Faulkner -aunque tampoco-.
Este comentario podría titularse 'Enmienda a la totalidad', pero ya sabes que mi intención es constructiva.
Yo de saber, sé de Flannery si acaso. Y de juntarla con alguien, la juntaría con algunos escritores franceses e ingleses, más que con los escritores del sur.

Agus Alonso-G. dijo...

Jaja, así me gustan, comentaristas difíciles.

Agus Alonso-G. dijo...

Por cierto, te has quedado sin comentar sobre Saroyan y Bradbury.

Ángel Ruiz dijo...

No he leído nada de Saroyan ni de Bradbury: lo he intentado con los dos, pero ninguno llegó a interesarme, los dejé en la página 10 a cada uno: demasiado blandos, me parece; demasiado complacientes, me huele. Pero puedo estar completamente equivocado.

el náuGrafo dijo...

Siempre me propongo leer a la O' Connor, pero al final pasa el tiempo y no lo hago.

Yo no sé si Capote (pronúnciese quepouri) es cartón piedra y hojalata. Solo confieso y no me sonrojo que empecé la primera página de 'A sangre fría' y me entró perezuela. Muy barroco, mucho trigo cimbreante, muy Azorín diría, más que Cervantes...

Y 'La voluntad', de Azorín, me pareció el libro más aburrido y denso y alambicado que alguien pudiera intentar leer. Solo aguanté cinco páginas.

el náuGrafo dijo...

De O'Connor leí y estudié sus famosos relatos, 'El negro artificial', pero quiero leer más.

Anónimo dijo...

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