jueves, 20 de agosto de 2009

Corazón tan blanco, de Javier Marías

En mi línea anómala de lector español y estudiante de Filología Hispánica que va a su aire, poco interesado por lo último, e incluso por lo penúltimo, a Javier Marías no lo había leído hasta ahora. Es uno de los popes literarios del país, y su nombre había quedado marcado a fuego en mi lado inquieto y wannaread desde que hace unos años, leyendo Mi vida de Marcel Reich-Ranicki (de paso: autobiografía recomendabilísima del crítico alemán editada por Galaxia Gutenberg), se comentaba que Corazón tan blanco de Marías había arrasado en Alemania por la recomendación entusiasta de Ranicki.

A lo que voy, que me enredo en preludios. Que me he leído el susodicho libro. Que me ha costado un huevo. Que me dicen que Mañana en la batalla piensa en mí es mejor, pero que no sé si le daré la oportunidad. Porque este no me ha gustado. Insisto, me ha costado un huevo acabarlo. Y son sólo 311 paginas en bolsillo (no es que sea Vida y destino, qui'icir).

¿Y por qué no me ha gustado? Porque hace literatura. Me corrijo, porque se le nota que quiere hacer literatura. Me corrijo, porque es de esa literatura que suena a falsete, a hueco. Marías no deja de analizar sentimientos, emociones, ideas... y cuánto me gustan los análisis, pero qué poco me creo lo que me dice en el suyo. Tan frío. Corazón tan frío.

Por lo demás, la historia no me atrapa. Y uno está tentado de echarse ahora en brazos de un Millenium, de un Crepúsculo, de cualquier historia que le agarre y le lleve y maneje y envuelva como toda novela debería hacer, algo así como un Dolby Surround 5.1 en lo ficcional.

Me espera en la mesa La estepa infinita de Esther Hautzig. No espero gran literatura, pero a estas alturas uno empieza a querer minimiedades novelísticas. Porque también me espera La montaña mágica, de la que leí 300 páginas... y buf, qué pereza. Incluso el Todo Ripley editado por Anagrama en su nueva colección de tapas rojas (Otra vuelta de tuerca) se me ha hecho cuesta arriba (empecé con A pleno sol).

En fin, qué mal le está sentando a mi reblandecido cerebro este verano de languidez. Menos mal que en Irlanda me leí una manita de libros.

Era simplemente instalarse en el convencimiento o superstición de que no existe lo que no se dice. Y es verdad que sólo lo que no se dice ni expresa es lo que no traducimos nunca. (Marías, Javier, Corazón tan blanco, 1991)

12 comentarios:

Rosie the Riveter dijo...

Je, je. Yo me lo leí hace años y no me dejó la más mínima huella, vamos, que no me acuerdo de nada en absoluto. Y ahí quedó mi trato con Marías.

Con lo seriote y pretenciosito que se pone para las fotos...

Contenedor Amarillo dijo...

Yo de Marías sólo conozco el tostón de Negra espalda del tiempo, que no terminé de leer, y el pitoste que le montó a los Querejeta por su adaptación para el cine de la novela Todas las almas. Nunca nos hemos vuelto a encontrar, afortunadamente.

Lectora dijo...

Este.... hace mucho calor.

:-) :-)

(qué malos sois)

Rosie the Riveter dijo...

Anda, malos...

Estos sí que son malos:

http://www.lafieraliteraria.com/PDF/cerebroblanco.pdf

(Recomendable, para el que tenga tiempo y ganas de reirse. Por cierto, este es el crítico -o alguien de su círculo- que tuvo la movida con Molina Foix. Concedo que un angelito no es, porque le dio hasta una galleta mientras salían los títulos de crédito del programa, pero es que una tiene sus debilidades...)

Lectora dijo...

OHHHHHHHHHHHH Has mentado al diablo... es el súperenemigodelamuerte de Marías....

(es que tendría que contar un secreto muy secretoso pero no lo cuento porque igual me echáis del blog o algo peor)

Ángel Ruiz dijo...

A mí Reich-Renicki no me cae nada bien; no leí su biografía, pero sus gustos literarios son pésimos. Es uno de esos popes que han mantenido la mentira de una literatura infumable que mata el gusto y acaba con generaciones de lectores (sólo se salvan los que descubren el trampantojo): son los críticos gnósticos, los esotéricos, los exquisitos, los angloaburridos los llamaba Umbral (él era culteranoaburrido, pero esa es otra cuestión).
Y Marías qué tostón, qué tío más desagradable además. El otro día leí un artículo suyo en Babelia sobre la comedia y fue el primero que me gustó de él en muchos años: a ver si se lo aplica a su propia literatura, ya sólo le faltaría predicar con el ejemplo.

Agus Alonso-G. dijo...

Gracias, Ángel, se agradece saber que su canon es tan poco atractivo. Y de ti me fío.

Contenedor, tengo pendiente una respuesta en la entrada de B16, no me he olvidado.

Rosie, me leeré el link en cuanto tenga un rato.

Lectora, me temo por donde va el secreto. Jeje. Pero no creo que te eche del blog.

Carlos RM dijo...

Pues yo casi me siento obligado a recordar que disfruté (o creí hacerlo, que viene a ser lo mismo) de la lectura de Corazón tan blanco, Todas las almas, El hombre sentimental, y, sobre todo, Mañana en la batalla piensa en mí. Es verdad que no pude con Negra espalda del tiempo y que el chico no me cae especialmente bien, pero le debo parte de mi amor por la literatura. Y eso, como cualquier amor, es inolvidable.

Ángel Ruiz dijo...

Y yo, que valora el gusto de Carlos RM, me pongo a pensar si no habré sido demasiado rígido con Marías: al fin y al cabo de ficción suya sólo he leído dos o tres cuentos.

Lectora dijo...

Bueno, me voy a atrever ahora que sé que no me echarás :-)

A mí no me gustaba Javier Marías. Era algo irracional, porque en realidad no lo había leído nunca. Sólo sabía que era amigo de Pérez Reverte, y para mí eso era razón suficiente para renegar de él. Hasta que mi medio limón me regaló su Corazón tan blanco (por cierto, dedicado por él). Y reconozco que se me cayeron todos los prejuicios al suelo. Con la literatura me pasa como con todo lo demás: que separo radicalmente a la persona de lo que leo o escucho. Hay perfectos idiotas que han producido auténticas maravillas; no sé si Marías es uno de ellos, y tampoco sé si quiero saberlo. De mis amigos he oído de todo: que si es misógino, que si es homófobo, que si es tal, que si es pascual. La ventaja de haber vivido media vida fuera de España es que todos estos "odios" que la gente siente por el vecino a mí se me escapan un poco (y a veces, es una bendición, como por ejemplo cuando una no sabe quién es Belén Esteban). Pero yo reconozco que me pasa como a Carlos RM: quizás porque cayó en mis manos cuando tenía que caer, y que fue como un rayo.

A Marías lo respeto mucho además por otra razón: el enorme respeto que siente por quienes nos dedicamos a la traducción (y a la corrección). Me consta que con sus traductores a otros idiomas mantiene una relación magnífica (su traductora al alemán falleció el año pasado y le dedicó un obituario precioso), y no se cansa de denunciar las pésimas condiciones de trabajo que sufrimos a manos de las editoriales. Por si fuera poco, la labor editorial que hace al frente de su editorial del Reino de Redonda es magnífica. Ojalá otros siguieran su ejemplo...

Y ahora, aclaro el friki-secreto: mi medio limón lo tiene TODO de Marías, incluidas varias traducciones al inglés y una traducción al alemán que compré hace poco (¡al alemán!). Intenté conseguir su "Todas las almas" en traducción al árabe, que sé que existe, pero ha sido imposible por el momento (en ello estamos). Cuando he tenido ocasión de hablar con él, la verdad es que me ha parecido un señor bastante educado y muy anglo en sus formas. Creo que por eso en España parece arrogante; a mí simplemente me parece muy inglés :-)

Ay. Ya está. :-)

Agus Alonso-G. dijo...

A mí el ser humano Javier Marías no me provoca antipatía alguna.

Y espero poder disfrutar con algunas de sus otras obras como algunos de vosotros habéis llegado a disfrutar.

Goya dijo...

Siento discrepar con la mayoría de vosotros. Creo que es un autor que hace Literatura en Mayúscula.

Yo tengo todos sus libros. Y lo leo en El País cada semana. Me encanta. Aunque comprendo que las personas acostumbradas a leer libros más fáciles forzosamente deben tener dificultades con este autor, y con otros.

Yo os animaría a intentarlo de nuevo, leyéndolo sin ideas preconcebidas, simplemente disfrutando del uso del lenguaje y de la historia narrada.

Por otra parte, me parece un señor, en el más amplio sentido de la palabra.