sábado, 22 de agosto de 2009

Calles vacías, corazón lleno...

Esta frase que podía ser digna de una canción cualquiera de un grupillo pop español de esos que pueblan los festivales estivaleros iluminando por un ratico el espejismo de felicidad de tanta gente, esta frase, digo, se me ocurrió volviendo el otro día de no me acuerdo dónde en coche, ya caída la noche, noche veraniega. Supongo que volvía de una velada gloriosa, quizá de beber Erdinger en afiladas copas en el Kluster (calle Alburquerque con Palafox, junto a Olavide, pasenyveancervezasvariadas).

Porque la soledad, la soledad física, que tan recurrente podría ser, es un ejemplo, en agosto, no es mala. No, no lo es. Y qué miedo tienen algunos a ella.

Y, por contra, cuántas calles llenas de muchedumbres atestadas de vacío (antítesis involuntaria y tópica). Tan carcajeantes, tan rozándose, tan bailarines. Y tan llenos de dentera emocional. Como el que muerde algodón, sabor estridente (sinestesia buscada). Y luego al llegar a casa, ¿qué? Y luego cuando uno se mira en el espejo, ¿qué? Y luego cuando nadie llama al móvil, ¿qué? O no hay comentarios en el blog... Y luego cuando tienes que confesarte en el estatus de Facebook...

¿La soledad, la de verdad, la mala?



(Gentileza de David vía, sí, Facebook)

4 comentarios:

Lectora dijo...

No tengo feisbú. Ni tuiter. Ni Hi5. Ni estoy en Linkdin. Ni nada. El único lujo exhibicionista que me permito es el del blog y la participación en un foro de fotografía para comentar fotos. Lo demás... ufff qué pereza.

p.s. y qué rica es la soledad bien llevada. Con calores, o sin ellos :-)

p.s. 2. me ha encantado la viñeta :-)

Lectora dijo...

Intenté buscar en tu perfil pero no hay dirección, así que por aquí. Ya tenemos fechas para Donosti. Si me escribes a mi dirección, nos contamos :-)

Rosie the Riveter dijo...

Viva el eremitismo. Hoy he llegado a escribir esa frase en un sms a un amigo, después de un rato de playa en un destino costero "familiar" -cuando se lee esto aplicado a una playa, hay que ponerse en guardia-. La playa en cuestión es amplia, aún a las doce y media ofrece posibilidades de situarse al menos a tres metros de otros visitantes. Pero por razones que se me escapan, la gente tiene necesidad de colocar su toalla a menos de treinta centímetros de donde está una tranquilamente leyendo el períódico -adiós a la lectura-. Y cuando escuchas lo que te rodea -puesto que no queda otro remedio-, da miedo el nivel de vulgaridad, superficialidad y ordinariez de la clase media española. Y el afán por mostrarse así a gritos...

Otro día, bajo el balcón, una mujer de unos cuarenta y tantos, estaba fumando compulsivamente, agarrada nerviosa al móvil, esperando un mensaje o llamada que no llegaba de su marido o su novio o algo por el estilo, que debía de andar con otra. O eso se deducía de un comentario irreproducible, por zafio, que hizo un postadolescente -supongo que su hijo- al encontrarla en esa actitud a la entrada del bloque.

En fin, que de una visita a la playa viene una con sus reservas de pesimismo social a tope.

Saludos misántropos

Rosie the Riveter

PS: Aaaaaaaahhhh, la Erdinger, qué cosa más buena!!!!

Agus Alonso-G. dijo...

Lectora, te felicito por tu autonomía. Te esribo y nos contamos.

Jaja, Rosie, el gran espectáculo del mundo. Y sí la Erdinger, ¡¡qué cosa más buena!! Brindemos por la Erdinger.