lunes, 13 de julio de 2009

De La comedia humana

Era sábado por la mañana en Ithaca. De una de las casas cercanas salió un chico de unos ocho o nueve años. Ulysses lo saludó con la mano y el niño le devolvió el saludo. Se trataba de Lionel Cabot, el tonto del vecindario, y sin embargo un gran ser humano, fiel, generoso y de buen temperamento. Al cabo de un momento Lionel volvió a mirar a Ulysses y, a falta de nada mejor que hacer, volvió a saludarlo. Ulysses le devolvió el saludo. Aquello continuó a intervalos frecuentes hasta que August Gotlieb salió de su casa situada junto a la tienda de Ara.

Auggie había sido el líder de los chicos del vecindario desde que Homer Macauley se retiró del cargo a los doce años. El nuevo líder miró a su alrededor en busca de sus seguidores. Rechazó a Lionel por tonto y a Ulysses por ser demasiado pequeño, pero los saludó a ambos de todas maneras. Luego fue hasta el medio de la calle y silbó al estilo repartidor de periódicos. Fue un silbido fuerte, imperioso, lleno de autoridad y que no admitía ninguna réplica. Auggie esperó con la confianza de un hombre que sabe lo que hace y qué resultados va a obtener. Inmediatamente se abrieron varias ventanas y salieron silbidos de respuesta. Pronto una serie de niños estabaan corriendo hacia la esquina.

William Saroyan: La comedia humana. Trad. de Javier Calvo, Ed. Acantilado.

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