miércoles, 10 de junio de 2009

Postpoetizando (II)

Cuando un tío se dice post-poeta, en lugar de poeta, ya me está sugiriendo que en el fondo la poesía (esto es, la transformación de una realidad por nimia que sea para sublimarla a través de la mirada) le trae sin cuidado. Que lo que quiere es articular una alambicada teoría que quizá llene páginas de culturales (o, mejor, de EP3's), post(poéticos) de blogs, premios Anagramas de Ensayo y -con mucha suerte- algún hueco en un manual de literatura de Bachillerato.

Hay que distinguir la emoción de la poesía, pienso yo. Que E=mc2 pueda provocar una intensa emoción en un receptor no hace de ello poesía, por mucho que lo metas en una fórmula de tres líneas y lo llames haiku, como hace Fdez.Mallo.

El postpoeta, según Mallo, no cree en la inmortalidad de la obra, no cree (dice que sí, pero no) en la tradición (dice no creer en la linealidad de la historia, luego la tradición no tiene sentido), es pragmático, quiere llegar a la gente....

Y ahí, me parece, está el debate. Mallo dice que la poesía, al menos en España, no ha evolucionado hacia la posmodernidad (y a la post-historia, y al post-...), como el resto de artes. Por eso, dice, las salas llenas de arte posmoderno se llenan, pero nadie lee poesía.

Yo estoy de acuerdo en que buena parte de la poesía actual, como de la narrativa (en España al menos) se ha enquistado en algún rincón polvoriento que la hace muy poco interesante. Estoy de acuerdo en que las formas han de renovarse, la manera de enfocar los temas han de ser diferentes. Pero lo que creo que mata a la poesía, a una cultura, y a la sociedad, es precisamente el pensamiento líquido que promueve gente como Mallo, la posmodernidad, que sólo se sostiene porque es el 'último grito' y mientras lo sea, pero que no dejará apenas huella porque es un pensamiento, una cultura, una sociedad tendente al suicidio. Desacralizar lo sagrado lleva a matarlo. Y eso es lo que hace la posmodernidad.

El arte en la pre-modernidad planteaba temas que eran eternamente bellos, inmortales, casi siempre de tema sagrado. El logro [sic] de la modernidad fue borrar del mapa artístico lo sagrado, pero para instalar otra sacralización: la elevación de la obra artística en sí a categoría de inmortal. (...) La posmodernidad no es más que una deconstrucción de esa inmortalidad." (p.50)

Y eso, profetizo, alejará aún más a la gente del arte, o hará que se acerque a él por puro esnobismo (como ya está pasando). La postpoética quiere hacer de la poesía una caja de toallitas perfumadas o una hermosa lata de diseño para anchoas. Retórica, artifico, pensamiento-bengala, chispeante... gafapasta. Efímero.

En cualquier caso, no puede interesarme una teoría que cita sin parar a Vattimo, a Gadamer, a Derrida, ¡a Foucault!, a Yoko Ono y Lennon. Se puede ser muy pop, muy meta-, sin descreer de la tradición ni de los temas eternos. Amor y muerte serán los temas más interesantes siempre para cualquier ser humano, se pongan como se pongan los 'posmos'.

La tradición no es un agarradero de cobardes, como si uno tuviera miedo a ser arriesgado, a reinventarse a sí mismo y a la realidad. La tradición es la realidad y sobre ella hay que construir, sobre ella hay que pulir y añadir para crecer. Lo otro, puede sonar apasionante, puede resultar fascinante, puede crear durante un tiempo el espejismo de que uno es el dios de su propia vida, el modelador de su propia realidad, pero es falso. Y termina en la nada, en la inanidad. Al tiempo.

Le preguntaría al postpoeta que tuviese el valor de ponerse de verdad por encima de toda tradición y escribiese en un lenguaje que sólo él pudiera entender. ¿No se supone que nada nos une, que somo átomos? ¿Que el arte es para el ahora? ¿Por qué no también el lenguaje?

(Me gusta del germen de la propuesta el intento de conciliar dos culturas: la humanística y la científica, Y alguna otra idea sugerente, que de todo se puede sacar algo bueno.)

(El debate seguirá, posiblemente.)

4 comentarios:

Lectora dijo...

No sé si alguna vez he dicho que en realidad mi campo de estudios originario fue la literatura árabe y, concretamente, la poesía contemporánea del XX (Adonis, Darwish, Abd al-Sabur, etc.) Así que me voy a enrollar un poco para añadir una perspectiva algo diferente a tus dos interesantísimos posts sobre la postpoesía. No me parece en absoluto descabellada esa idea que vincula lo poético con lo sagrado. Llevándolo al terreno que más conozco, no hay más que recordar que la propia revelación coránica contiene, ya desde la génesis, referencias muy claras a la función poética, si bien en aquel caso contrapuesta a lo sagrado: a Mahoma lo acusaban sus enemigos de ser "sólo un poeta" o "un loco" (otra relación interesante, la de "poesía" y "locura"). En la tradición literaria árabo-islámica que siguió no cabe la menor duda de que el género literario por excelencia fue, de los siglos VIII al XX de nuestra era, la poesía. Un género que mantuvo una relación bastante interesante con lo sagrado (¿es el Corán poesía?). En los estudios literarios, se habla del concepto de "iyaz al-Quran", esto es, el carácer "inimitable" o "sublime" (milagroso) de la revelación; un carácter que tiene mucho que ver con la consideración de la revelación como la "poesía de poesías", el cúlmen de la Palabra con mayúsculas (porque además el Corán no es sólo revelación transmitida, sino que es Dios hecho Verbo).

A esto se añade la riquísima tradición poética de los árabes paralela al desarrollo de un concepto propio de lo sagrado; la llamada "poesía del desierto" (las "muallaqat"), la poesía de la Yahiliyya o "periodo de ignorancia", por ser periodo previo a la revelación. Vuelve a aprecer otra paradoja, como es que la poesía de la "ignorancia" (es decir, del desconocimiento de la revelación) se convierte con el tiempo en paradigma del género por excelencia y fuente de imitabilidad constante. La cuestión no es intrascendente: cuando Taha Husseyn publicó en 1921 su obra sobre la poesía yahilí, sugiriendo que esa poesía aparentemente "rebelde" era en realidad poesía post-revelación, se montó un pollo de mucho cuidado y se vio obligado a rectificar (con acusaciones de infidelidad incluidas).

Quizás no sea descabellado pensar que el fin de la poesía en Occidente tuvo mucho que ver con los inicios de la Reforma protestante y posteriormente la Ilustración, que redujeron la dimensión poético-sagrada a ocupar un lugar secundario. La poesía ha sido, en la tradición europea de los dos últimos siglos, no sólo un "arte menor", sino también para muchos un arte prescindible. Cosa que no ocurre en el mundo árabe, donde los recitales poéticos congregan a miles y miles de personas (sí, miles de personas se reúnen a escuchar poesía incluso en campos de fútbol). Naturalmente, el mundo árabe no ha sido inmune a lo "post": la escuela del verso libre de Adonis (pseudónimo de Ali Ahmad Said) es buen reflejo de ello. Adonis rompe con el legado cultural árabe porque lo desacraliza y, paradójicamente, lo acerca a Occidente en el aspecto formal (si bien la temática sigue siendo universal y las imágenes, del acervo cultural árabe). Efectivamente: también allí la poesía se desacraliza cuando rompe con la tradición (algo que, por cieto, también ocurre con ciertos poetas clásicos de la Bagdad abbasí, todos innovadores en la forma).

En fin, que no sé muy bien lo que quiero dcir, pero me ha parecido tan interesante lo que sugieres que he querido trasladarlo a un terreno que conozco mejor y en el que se pueden observar puntos de encuentro bastante interesantes.

Lectora dijo...

Te copio aquí algunos versos de Adonis, todos ellos extraídos de Cnaciones de Mihyar el de Damasco, en traducción de Pedro Martínez Montavez:

MUERTE DE UN DIOS

"Ha muerto un dios
que desde allá caía
desde la calavera de los cielos.

Tal vez en el terror y en la ruina,
en la desesperanza y en la estepa,
de mis entrañas surja el nuevo dios.

Tal vez:
porque la tierra es lecho para mí,
porque es esposa.
Y el universo inclínase.

- ¿Quién eres tú, Mihyar, a quién eliges?
Adonde te dirijas, está Dios o el abismo satánico.
Un abismo que va, un abismo que viene.
El mundo es elección.

- No elijo a Dios ni a Satanás: son un muro los dos,
me cierran ambos los ojos.

¿Voy a cambiar un muro por otro muro?
Tengo la perplejidad del que iluumina,
la perplejidad de quien conoce todo".

Agus Alonso-G. dijo...

Muy interesante, sin duda.

el náuGrafo dijo...

Lo que no es muy postpoético es tu foto del perfil, en plan umbraliano cafegijonesco, jejeje. ; )