miércoles, 17 de junio de 2009

Dos amigos, dos blogs, dos libros

Eso de la literatura tiene algo de bollería casera. Metes la masa en el horno y, aunque quizá la cosa no dé para un bizcocho en condiciones, al menos te deja la casa llena de un perfume como esponjoso y cálido, dulzón. Pues así la dichosa entrevista herraldiana, y las visitas a la Feria del Libro, le llenaron ayer a uno el día de un aromilla literario que no veas.

Anduve leyendo Flaubert's Parrot. Y ya a a última hora de la mañana me pasé por la Fnac. Compré Olvídate de mí (película), que Alberto tanto me ha encomiado. Y luego, alto y perezoso, me fui dando una caminata hacia la Puerta de Alcalá, con la intención de pasar por la librería Hiperión para comprar el libro de Enrique con una antología de su blog.

Callejeando entre Recoletos y Plaza de la Independencia me asalta un hombre ya mayor, con la piel curtida, fina barbita, mirada clara... un galán venido a menos, un buen hombre, un poco con las trazas de Derek Jacobi en Gladiator. Le escucho atentamente. 65 años, nadie le hace ni caso en las entrevistas...

Lo que viene a pedir es una monedica, pero la pide con tanta honestidad y con tanta verdad de las cosas, que se la doy y con ella un 'ánimo', un 'buena suerte'. "Lo único que tengo es una profunda irritación conmigo mismo", termina diciendo el pobre, y es inevitable preguntarse qué triste vida, penosas decisiones, dejadez, errores que cualquiera podría cometer, le han llevado a este estado de profunda irritación consigo mismo y abandono.

En la librería Hiperión está Elena Medel con un amigo, hablando con la dependienta. Sé que es Medel porque en la Noche de los libros de hace un año estuve entrevistándola. Ella, claro, no se acuerda de mí. O no lo demuestra. Y me alegro, porque lo único que quiero es mi libro y largarme. Parece que hablan de un escritor pobre al que "al menos todavía no han cortado la luz".

Empapado de sudor (y literatura) rodeo el Retiro para coger el autobús (quería baño de realidad y eso incluye transporte público). Leo un poco de libro recién comprado. Qué bien edita Fidel Villegas y su Númenor.

Por la tarde, enfrascado con la actualidad (no confundir con la realidad, ojo).

Por la noche, cervezas de despedida antes de irme de vacaciones. Y aún tengo ganas de leerme un puñadico de páginas de otra antología de blog, las Postales de un náufrago digital. Lo que me lleva a recomendárselo a mis lectores (Lo que ha llovido, de Enrique García-Máiquez, por descontado) y a pensar que este chico de Navarra asentado en Malasaña tiene futuro. Y cómo mola experimentarlo ahora que es amigo.

3 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Muchísimas gracias por vencer esa cuesta alta y perezosa hasta Salustiano Olozaga. Ojalá nos veamos pronto y pueda dedicártelo cómo mereces. Abrazo grande, y me voy corriendo a leer a tu amigo, que los amigos de mis amigos...

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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