jueves, 28 de mayo de 2009

Hasta la vista

Curioso que en la última entrada hablase del pequeño Álvaro, que murió el martes a las 20:10, después de que le fuera desconectado el respirador. Con un TAC, los médicos pudieron ver que tenía el cerebrín hecho migas y no tenía sentido prolongar la situación.

Su paso por este valle de lágrimas (así nos dejas, bribonzuelo, lagrimeando) ha sido de un mes y dos días, si tenemos en cuenta que la placenta, más placentera imposible, deja los nueve meses de embarazo en un tour de placer. (¿No será el Cielo como la infinita placenta en el seno de Dios llena de un líquido amniótico llamado felicidad?).

¿Por qué ese dolor con la pérdida temporal, entonces?

Feliz dolor, piensa uno.

Feliz porque en él algo hay de eso que -curioso- citábamos de Ratzinger hace dos entradas: la intuición de la trascendencia que cada persona exuda por los poros.

Feliz porque en él algo hay del poder de la sangre, de esa 'relación con' que no es categoría aristotélica sino intimidad de nuestro ser con la familia, cordón umbilical que nos ata para bien y para mal a los nuestros (que, en sentido amplio, son todos los seres humanos), que nos hace crujir por dentro al percibir aunque sólo sea externamente cierta ruptura del vínculo.

Feliz porque el amor que sentimos por Álvaro, más fuerte que la muerte, nos une a todos los que lo sentimos.

Feliz porque nos ayuda a situar las cosas en sus verdaderas dimensiones. La vida no deja de ser tomar una decisión.

Feliz porque nos obliga a abrazarnos más a Ti, a fiarnos, a entender sin entender. A entender, de hecho, que las cosas que más importan en esta vida, son muchas veces incomprensibles, inmensurables... impepinables. Más allá del pataleo, del "por qué, por qué, por qué", de la queja filial o de amigo.

Álvaro, baby, como decía esa corona que te han dejado tus primitos, "háblale a Jesús de mí".

12 comentarios:

pelucas dijo...

que suerte ante estas situaciones que golpean la vida, tener trascendencia¡,si no que sin sentido. que alegria que haya comunión de los santos¡. rezo por ti y tu familia desde marbella.Alvaro empuja¡. Un abrazo.

Verónica dijo...

Rezaré por toda la familia, Agus. Ya tenéis a un santo, que intercede por todos en el Cielo, aunque os haya dejado con el corazón hecho trizas.

Lectora dijo...

No puedo expresarte cuánto he sentido esta noticia. Espero que encontréis fortaleza y paz para poder superar este trance.
un abrazo de corazón

Rosie the riveter dijo...

Lo siento mucho, Agus. Sí, hemos de confiar, no nos queda otra que aceptar lo frágiles que somos y que estamos en sus manos, pero cuánto se pasa hasta que se asume...

Me sumo al deseo de lectora para tu familia.

Un abrazo
Rosie the riveter

Agus Alonso-G. dijo...

¡Gracias a tod@s!

pseudópodo dijo...

Agus, no puedo decir nada mejor de lo que has dicho tú. Ojalá todos seamos capaces de ver así a través del sufrimiento. Dale ánimos a los padres de Álvaro.

jordim dijo...

Un abrazo y muchos ánimos a ti y a tu familia.

batiscafo dijo...

Os he tenido muy presentes estos días. Un abrazo.

Terzio dijo...

Vaya!

Me parece que llego tarde, no lo sabía.

De todas formas, os pongo en el Altar a todos, a los padres especialmente. Y a tí.

Como ves, la Comunión de los Santos incluye también a los Ángeles...pero no quita lágrimas (todavía).

'

Agus Alonso-G. dijo...

Muchas gracias a todos. También a los que leeis, no escribís, pero tenéis un recuerdo para nosotros. Sois unos benditos.

Anónimo dijo...

La vida es absurda
Mi más sincero afecto
Alguien

paapa dijo...

La vida nunca es absurda. Y toda vida por breve que sea tiene sentido. Aunque pueda en algún momento haber sufrimiento. Hay vidas que aunque hayan sido breves, dejarán una huella profunda, y es seguro que Álvaro es una de ellas, al menos para los que hemos tenido la suerte de conocerle.
Desde el Cielo nos mira y nos ayuda