viernes, 24 de abril de 2009

Que se me pegue la lengua al paladar

Residen en sus propios países, pero sólo como transeúntes; comparten lo que les corresponde en todas las cosas como ciudadanos, y soportan todas las opresiones como los forasteros. Todo país extranjero les es patria, y toda patria les es extraña" (Epístola a Diogneto)

Y dieciocho siglos después, ser cristiano católico no deja de ser lo mismo. Amando al mundo, pero sintiéndose ajeno a él con tanta frecuencia. Acusados de irracionalidad, de racionalismo, de rigor moral o de laxitud con los malos. De blanco y de negro.

Aquellos que no conocen el Amor pretenden darnos lecciones de amor. Peor, de amor. Quienes se guían por la pulsión sensible, quieren guiarnos por el camino de la razón. Y quienes no saben salir de lo empírico, pretenden enseñarnos que el mundo va más allá de la Ley, de la Norma.

Atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados"

Todos aspiramos, desde luego, a formar parte de la tribu, a sentir comprendida nuestra forma de vivir, de ver el mundo. Pero quizá sea necesario para nuestra libertad el desapego que nace de no sentirse completamente en casa con aquellos que no tienen fe o cuya fe es tan pobre que se han abandonado a las modernas idolatrías.

Desde el siglo XXI, oh, Señor, clamo a Ti: que nunca Te deje, que no caiga en la tentación de borrarte de mi lista.

10 comentarios:

Terzio dijo...

¡BorrarLE de la lista! ¿Cómo se te ocurre eso? ¡Eres impío y pecador, Sean Thornton

p.s. La Carta de Diogneto causa muy buen efecto, es un best seller.

'

Anónimo dijo...

pouf!!! a veces os admiro ( a los cristianos convencidos, a los que podéis hablar con Dios en público sin rubor) siento un poco de envidia incluso de la seguridad que mostráis, otras en cambio no sé que sentir es como si estuvieraís en otra dimensión.

por cierto a pesar de mis dudas, este tipo de entradas están entre mis preferidas.

yo os amo a todos.

ps w me gustaría poder poner mayúsculas

Lectora dijo...

Imagino que con esto respondes a muchas de las cuestiones que planteaba en uno de mis comentarios... Me entristece el "desapego", mucho más de lo que imaginas. Aunque supongo que es necesario para salvaguardar ciertas cosas y no soy quién para entrar a juzgar. Está claro que para quienes en este mundo preferimos el gris, tampoco hay sitio; no hay sitio para quienes queremos pensar que todos tenemos sitio, o quienes, sin tener fe, sentimos respeto y afecto por quien sí la tiene.
En cualquier caso, no dejo de enviarte un respetuoso y afectuoso saludo... y desearte que tu camino sea leve. Todos somos extranjeros. Nada más puedo comentar o añadir después de haber leído una declaración tan demoledora, que cierra todas las puertas a la búsqueda de espacios que unan.

Te lo dice una persona perteneciente a una de las "tribus" más perseguidas de la historia de la humanidad...

Lectora

Agus Alonso-G. dijo...

Terzio, atribulados, pero no desfallecemos.

Anónimo, ¿seguridad? Si algo no demuestro es seguridad.

Querida lectora, no me interpretes mal. El desapego no es mío, sino del "mundo" respecto a mí, al que no quiero dejar de amar, por otra parte. Más me entristece a mí que no se soporte la defensa de otras posturas al margen de lo dominante.

Lectora dijo...

Pero Agus... es un desapego que muchos sentimos, lo creas o no. En el mundo de hoy es, alternativamente y dependiendo del lugar en el que te haya tocado nacer, difícil ser cosas a menudo contradictorias: persona de fe en tu mundo, persona sin fe si te toca nacer en una familia de molás en Irán o de una importante familia en cierto país árabe (te pongo ejemplos reales de amistades que han pasado auténticos infiernos por lo contrario).

Pero no sólo eso: yo también (profundamente no teísta, y con todos esos pequeños "defectos" que me colocarían en una teórica posición de über-modernez absoluta) me siento extraña muchas veces. Y siento ese desapego cuando creo que el mundo corre desbocado en una dirección que no es la mía.

A ti te pasa lo mismo que les pasa a todos los que decidimos ser (o al menos intentar ser) conscuentes con lo que pensamos: que es muy difícil comprender la coherencia ajena. En mi caso, es coherente no seguir el camino del enriquecimiento y los lujos o las prebendas cuasi-políticas (puestos de responsabilidad, grandes salarios, etc.), que otros compañeros de profesión sí han aceptado y que ya disfrutan. O mi negativa absoluta y radical al encasillamiento o a militar en ningún partido u organización conocidos, pese a las múltiples ocasiones en las que tirios y troyanos han intentado que me "apunte" a su bando. ¡Ojo! La tentación es muy fuerte: al otro lado nos esperan las palmaditas y los aplausos; esa sensación de protección tribal de la que hablas; el conocimiento de que hagas lo que hagas siempre tendrás un sustento asegurado.

Se llama tentación, y poder, y egoísmo, y.... A todos nos pasa. Y todos, en un momento u otro, podemos elegir y de hecho elegimos (y quien diga lo contrario, miente).

El problema de sentirte asediado en tu fe es un problema que no tiene más solución que el examen en soledad. El examen más duro es el examen de uno mismo, y por eso, tarde o temprano, pasamos todos. En tu caso, además, sospecho que este examen es especialmente duro porque tú así te lo exiges (nadie como una exigente para reconocer a otro exigente). Pero la dureza con uno mismo no puede ser permanente: en algún momento tenemos que aprender también a no juzgarnos con tanta dureza.

El desapego no es algo necesariamente malo: creo que es lo que nos permite mantener las distancias de todo aquello en lo que no queremos convertirnos, y así está bien. Cada uno lidiamos con el desapego como podemos... Yo sólo puedo desearte que tu fe florezca cada día un poquito más para poder ir diluyendo esa angustia del desapego... y que no te lamentes por pertenecer a la minoría de los coherentes.

De esos quedan pocos.

Lectora dijo...

Oh, "herrata". Donde dice "que es muy difícil comprender la coherencia ajena" debería decir, obviamente, "incoherencia".

juanjomolina dijo...

Interesante reflexion. Un saludo desde el Café de Redacción

Rosie the Riveter dijo...

"Pero quizá sea necesario para nuestra libertad el desapego que nace de no sentirse completamente en casa con aquellos que no tienen fe o cuya fe es tan pobre que se han abandonado a las modernas idolatrías"

A eso le llamo yo echar el cerrojazo...

Lectora, prefiero pensar que se trata de un tributo a la amistad de Terzio, "justamente" preocupado, que el otro día le dio una colleja de las suyas, aguda como un alfilerito...

Estoy convencida de que Agus encuentra espacios comunes y podría encontrarse como en casa con algunos de sus lectores/lectoras del género ateo, agnóstico, cristianismo tibio o profesadores del amor minúsculo, a pesar suyo y, confesaré, incluso a pesar mío (porque mira que le tengo manía a la organización a la que pertenece...).

Bueeeeeeeno, aunque hoy algunas hayamos podido sentir la caricia del estropajo o del papel de lija, me gusta la calidez de este blog y las retahílas de comentarios que se engarzan de vez en cuando.

Hala, hoy voy a mandar yo también besos, para el anfitrión y todos los lectores y lectoras (Sr. Terzio, no me haga Ud el feo de girarme el rostro, con lo que me río yo con sus cosas).

Besos pues
Rosie the Riveter

Anónimo dijo...

Jajajaja, qué bueno tu comentario, Rosie the Riveter... Sí, creo que andaba yo algo sensible cuando lo leí y lo sentí como una especie de "lijazo".

A mí también me gusta (mucho) este blog.

Este... ¿besos? ;-)

Lectora

Agus Alonso-G. dijo...

Jaja, Rosie, eres simplemente genial. Al menos vía blog ;)

La entrada, una reflexión abstracta, es en realidad fruto de de un cúmulo de experiencias concretas recientes, bajo la influencia de esas experiencias. Probablemente, escribirlo en esas circunstancias lo hace muy inexacto. Puede que no crea por completo lo que estoy diciendo en esas líneas. Seguramente sea sólo como un grito lastimero, de animal herido... por esas experiencias recientes.

Y es que es así, últimamente me siento como un extraño cuando me junto con determinados grupos de gente que se ven en la necesidad continua de polemizar, de sugerir que no tengo ni idea de amor, de subrayar lo que no les gusta de mi forma de entender la realidad... Y no soporto la frivolidad ininterrumpida, la superficialidad constante.

Y sí, claro que encuentro espacios comunes con tanta gente tan diferente a mí. No me cabe la menor duda de que con los comentadores habituales de este blog podría pasar horas y horas 'rajando' de lo divino y de lo humano, y nos entenderíamos a la perfección por eses sustrato que compartimos, fundamental. Seguro que podría llegar a llamaros amig@s, y yo en esto soy muy exigente.

Quizá todo esto era eso, una queja impúdica. Y necesitaba que unos y otras me dijeseis: "Eh, que estamos al otro lado". (Gracias por hacerme ver que este es un poco un lugar en el que la gente se pueda sentir como en casa)