miércoles, 15 de abril de 2009

El cinismo de la desvinculación (III)

He renunciado a un montón de cosas. Me he dado cuenta de que es imposible llegar a conocer a alguien totalmente, así que ya no lo intento. El resultado es un misterio incondicional y placentero. También me he vuelto menos solemne. No soy tan 'serio literalmente', y me preocupa menos la complejidad de las cosas, miro la vida de forma más sencila y literal. He dejado de preguntarme lo que sentía hacia las cosas y lo que podría sentir. (...)

Cuando vives plenamente tus emociones, cuando son lo bastante simples y atractivas como para disfrutarlas y se acorta la distancia entre lo que sientes y lo que también podrías sentir, entonces puedes confiar en tus instintos. Es la diferencia que hay entre un hombre que deja su trabajo para convertirse en guía de pesca del lago Big Trout, y que un día, mientras rema hacia el muelle al atardecer, deja de remar para contemplar la puesta de sol y se da cuenta de lo mucho que desea ser guía en ese lago; y otro hombre que ha tomado la decisión, deja de remar al mismo tiempo, siente la misma alegría, pero al mismo tiempo, piensa que podría hacerlo también en el lago Windigo, y que también podría ganarse la vida vendiendo canoas.

Otra forma de describirlo sería hablar de la diferencia que hay entre ser literal y ser factual. Un ser literal es el que, cuando un avión se retrasa y tiene que quedarse en el aeropuerto de Chicago, disfruta durante toda una tarde observando a la gente, mientras que el ser factual no puede dejar de preguntarse por qué su avión habrá salido con retraso de Salt Lake, y si en el avión servirán cena o sólo un refrigerio.

Además, cuando le digo 'te quiero' a Vivki Arcenault, sólo estoy diciendo algo evidente. ¿A quién le importa si la querré para siempre? ¿O ella a mí? Nada persiste. Ahora la quiero y no me estoy engañando ni engañándola a ella. ¿Qué otra cosa debería sustentar la verdad?" (Richard Ford, El periodista deportivo, Ed. Anagrama, Trad. de Isabel Núñez y José Aguirre)

Terrible.

Es como cuando era pequeño y soñaba con las vacaciones familiares. Cuando regresaba tenía que enfrentarme a las cáscaras vacías de mis sueños y al miedo de que la vida fuese siempre así, con las cáscaras de los sueños truncados desparramadas a mi alrededor." (Richard Ford, El periodista deportivo, Ed. Anagrama, Trad. de Isabel Núñez y José Aguirre)

No hay comentarios: