lunes, 19 de enero de 2009

Master and commander


Entre las grandes películas hay obras maestras, pero también pequeñas joyas. Estas suelen crecer con el tiempo. Pienso que Master and Commander es una de ellas. El correo me la trajo hace unos días desde el otro lado de Despeñaperros, regalo de un buen amigo, y ayer estuve revisitándola para anestesiar la soledad.

No deja de sorprenderme que una historia en apariencia tan sencilla (un barco que persigue a otro barco) logre cautivarme durante dos largas horas. Y lo consigue fundamentalmente por la fuerza de sus personajes y las relaciones entre ellos. La inteligencia y humanidad con que el narrador las va desplegando. Ese ritmo interno que van marcando los personajes se complementa con el ritmo externo, el de la historia, también muy logrado, lleno de tensión, suspense y acción.


Pero lo que más me conmueve de Master and commander es el sentido de la amistad y la camaradería (absolutamente masculina) que respira su trama. Entre el capitán y el doctor (ambos pragmáticos e idealistas a su modo y de manera antitética), entre los aprendices de oficiales, entre los marineros... Un ideal.

9 comentarios:

Ángel dijo...

Sigues siendo el mismo Agus que publica entradas sobre las que pienso tal y como las pienso.

No sabes la de trabajo y fama que me ahorras.

Agus Alonso-G. dijo...

Si ya lo decía yo...

Terzio dijo...

Es la mejor de los últimos años, quasi perfecta en todo: Actores, presentación, fotografía, ambientación, efectos especiales, música (esa banda sonora tan excepcional), guión-adaptación de la novela original...etc.

Y sin 1 concesión a la galeria pervertida del hollywood o el mercado o lo politicamente correcto: Ni una hembra (salvo la que saluda con la sombrilla)...porque en un barco de guerra no hay mujeres; el negro, sale de negro haciendo de criado que es lo que hacían los negros entonces; ni un mariconeo (con lo fácil que hubiera sido insinuar siquiera el tema, pero no, en absoluto, nada de nada); ni un discurso sobre temas de hoy ancrónicamente trasladados al pasado, etc. etc. etc.

Y la riqueza argumental de la trama, con varias historias dentro de la historia: la relación entre el capitan y el médico; la tripulación; el joven guardamarina; el doctor y sus operaciones (impresionante la auto-operación), el esbozo del tema científico y Las Galápagos, el "fantasma", la vida en un barco de la Armada, el periplo por los mares del Sur, etc. etc. etc.

Tocante a barcos, uniformes, batallas, armas...todo es perfecto!! Y el cierre de la peli con la música del Madrid Nocturno de Boccherini tocada a duo por el capi y el doc, Oh, oh, oh!!!!

Es de esas que te dejan con ganas de más, más, más.

'

Verónica dijo...

Es de las películas recientes, sin duda mi favorita. Magistrales los planos del barco, captados desde el agua, con la música de cello de Bach sonando como fondo. En lo demás, 100% de acuerdo.

Anónimo dijo...

Panda de misóginos, sois,

el uno "absolutamente masculina"
el otro "Ni una hembra"

que pena que no entre toda la caterva de lectores que entraron cuando lo de "Camino". Porque iba a ser de sentarse y comer palomitas.

Agus Alonso-G. dijo...

¿Misógino? Lo que tú digas. Para mí, no hay camaradería como la masculina.

No te digo.

Anónimo dijo...

bueno, disculpa, el comentario me pareció misógino, si fueras mujer (además de muy fea, grande y con muchos pelos) ara ti no hab´ria camaradería como la femenina, o hembruna como diría el amigo del sello.

pelillos a la mar.

Agus Alonso-G. dijo...

Sí, supongo que sí.

Pero el problema es de cierta mojigatería políticamente correcta que no admite que uno prefiera la camaradería netamente masculina.

Rosie the riveter dijo...

Bueno, intervengo...

Vale, si lo planteamos en términos de preferencia personal puedo entender el comentario de Agus, pero no a modo de afirmación absoluta. Porque yo, que soy "hembra" (pronúnciese con h aspirada como haría Terzio), tuve la misma impresión al leer vuestros comentarios y pensé: "¿Pero qué sabe este chiquillo de los lazos y vínculos de amistad, solidaridad, entrega, asistencia incondicional que se establecen entre las mujeres?". Pero, vamos, lo atribuí más a un prejuicio fruto de la falta de conocimiento, que a una misoginia conscientemente asumida (al menos por lo que toca a Agus; respecto a D. José... en fin, él no se va a molestar si lo llamamos misógino, puesto que lo lleva a gala)

Ciertamente las mujeres somos un poco brujillas, pero eso no nos inhabilita con carácter absoluto para la amistad (como afirmaba Montaigne) y eventualmente somos capaces de discriminar entre algunas de nuestras congéneres para brindarles nuestro afecto sincero.

Es más, rechazo el mito que niega la posibilidad de amistad entre hombre y mujer. Es una de esas cosas que, pasada la adolescencia y con las hormonas más aplacaditas, descubres y que, al menos a mí, me enriquece mucho.

(A ver si ahora va a resultar que soy una machorra...)

Saludos
Rosie the Riveter