lunes, 12 de enero de 2009

Fiesta ( o El festín de Isabel)


Iba a empezar diciendo que ayer estuve viendo Ordet y bla-bla-bla-blablá, como introducción a una entrada que me mandan hacer los amigos sobre la fiesta que di en mi casa el sábado, pero U.G me pidió que me dejase de grandes reflexiones y que le diera al tema un poco de frivolitè. No sé si podré conseguirlo.

Y escribo con la conciencia de que, a pesar de que G.Z diga que los blogs "los leen cuatro y eso es lo mismo que nadie", yo sé que al otro lado de la línea hay gente y que seréis cuatro, pero qué cuatro y que os interesa lo que cuento. Este blog sería el de un medio-mierda si no fuese por la calidad de sus lectores. (Lo llaman captatio benevolentiae.)

La fiesta empezaba a las nueve y, como digo, era en mi casa. Ya sabéis lo que pienso de los "friends" del Facebook. Pues algo semejante pienso de los "friends" en la vida real, y celebrar mi cumpleaños en mi casa antes que en un bar o un garito cualquiera supone un filtro para aquellos a quienes no te une apenas nada (lo llaman triple negación y creo que la acabo de inventar). Yo no soy de los que celebra su cumpleaños con cualquiera, lo siento. Y abrir las puertas de la propia casa es un paso importante. Eché en falta, es necesario decirlo, a algunos verdaderos friends, que por un motivo u otro no pudieron venir. (Pienso en M.M, en A.F...)

Bueno, pues la cena empezaba a las nueve, pero nadie quiere ser el primero en este tipo de eventos, así que a partir de y cuarto-y media, empezó el goteo. Y las presentaciones. Este es fulanito, esta es menganita, este es zutanito, novio de menganita, esta es mi hermana, y este mi cuñado, el marido de ella, mua-mua, y este un amigo, y piensa uno "da igual porque en tres minutos exactos no me acordaré de ningún nombre". Traed los abrigos, pasad por aquí, sentaos, qué queréis de beber... Ser un buen anfitrión cuando te asiste la ayuda de una madre como la mía -y, en general, una familia como la mía- es bastante fácil, todo sea dicho.

Mi madre, con la insustituible colaboración de mis hermanas (a la vieja usanza fordiana, qué le vamos a hacer), preparó una cena espectacular para ir picando (como en el caso de los grandes diseñadores, el público asistente reclamó su presencia para ovacionarla). Por supuesto, bebida en abundancia no faltó e incluso Francis me había preparado un CD de varios para acompañar la velada (aunque J.S no dejó pasar la ocasión de chinchar un poco con ese tema). Todo perfecto.

Al principio, los corrillos -estuvimos unos 20- eran rollo gueto, ya sabéis cómo son estas cosas, un poco al modo de aquellas antiguas matemáticas de la EGB en la que se enseñaban los conjuntos. Estaba el conjunto de mi familia -herman@s, cuñad@s, L.A-, el de los viejos amigos de TVE y el de los nuevos compañeros-y-sin-embargo-amigos del curro. Yo sabía que con las horas y la suave pendiente alcohólica, lograríamos la intersección entre esos conjuntos.

Y así fue, aunque para entonces ya se habían ido algunos, incluyendo gente que trabajaba al día siguiente (O.F) -por no hablar de los que se fueron de la fiesta directamente al Pirulí (R.H)-. Terminamos, como suele pasar, riéndonos del blog de D.C, de ese icono para la redacción que es C. del A, discutiendo sobre si hay que "arriesgar" o no (G.Z estuvo suelto, suelto, en su salsa), hablando del "portadismo", de R.V, de lo genial que es nuestra amistad y tal y tal. Maravilloso.

Acabamos a altas horas de la madrugada pidiendo un taxi y despidiéndonos un poco con la impresión de las grandes ocasiones, al menos yo, a lo Cenicienta, con sensación de sueño (no de tener sueño, que también, sino de haber estado en un sueño) que todavía hoy me dura. La euforia es muy mala, así que estas situaciones dejan un poco confuso, especialmente porque se mezclan la conciencia de haber paladeado un poquito de cielo y la experiencia de lo fugaz, el miedo a lo efímero, a que esas personas a las que por un rato te has sentido tan unido quizá estén lejos en un futuro. Eso debe ser el cielo, una fiesta banquete inacabable con aquellos a los que de verdad amas, sabiendo que nunca dejarás de amarlos con la máxima intensidad. (Y espero, Urbi, que esta reflexión teológica me la perdones.)

No puedo dejar de decir que los amigos del trabajo me regalaron un calendario hecho a mano con fotos de los compañeros de la redacción en cada mes (perfectamente vestidos y en estado de revista, ¿eh?). La verdad es que me llegó muy hondo.

Y este es el resumen de la cosa. De la fiesta, además de algunas presencias, eché de menos el no tener que hacer de perfecto anfitrión (si es que lo logré) y poder disfrutar más con algunos de los amigos que no he mencionado: de la casi devota amistad de V.G de L, de la perenne sonrisa de E.N, de la curiosa sabiduría de J.S, del ingenio y la sinceridad de U.G, de la bondad casi natural de G.S y de la pasión discutidora de su novio S.M (muy, muy contenido estuvo), de la ternura de V.M, de la alegre locuacidad de M.H, de la introvertida sevillanía de G.Z, de la sencilla discreción de R.H, de la autenticidad de L.G (siempre reinando en la noche), de la sonrisa perfecta de B.E, de la maravillosa ingenuidad de O.F, y de L.A, y de mis herman@s y cuñad@s... Y así. Pero la felicidad de dar una fiesta es disfrutar con la felicidad de los demás, que uno sueña no sea fingida.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

!Qué envidia sana no haber estado en un rinconcito de la fiesta! Desde la Cuenca Foral (con mucha niebla) saludos cordiales. !Eres un suertudo con tanta gente que te quiere!

Anónimo dijo...

Claro que te perdono esa reflexión, si hasta casi suelto una lagrimita...Tienes razón, el cielo debe ser algo muy parecido ;) Un beso. U.G.

Agus Alonso-G. dijo...

Je, je, menos mal que alguien pone un comentario. Cualquiera pensaría que soy un paranoico que se inventa fiestas en su cabeza.

Agus Alonso-G. dijo...

Anónim@, soy un suertudo, sí.

Rosie the riveter dijo...

No sólo habríamos pensado que eres paranoico, sino un experto en el manejo de los programas de fotocomposición...

Sí, lo mejor de las fiestas que tengan a uno mismo como motivo o en el papel de anfitrión es la satisfacción de ver disfrutar a los demás. Aunque el celebrante no pare un segundo con la atención de los detalles (ahí también eres un suertudo) o propiciando la fusión e interrelación de los "corrillos".

Saludos
Rosie the riveter

Verónica dijo...

Me ha encantado y emocionado esta entrada (y eso que yo, bien que me hubiera gustado, no estuve allí). Qué maravilla todo, y cuánto me alegro por ti.