jueves, 31 de diciembre de 2009

Renacer con el nacimiento del año

El 1 de enero de 2009, al comienzo de este año, me refería al carácter cíclico de la vida que nos ofrece la oportunidad de recomenzar.

La idea la recogía de Julián Marías. Éste, en su libro Persona, dice:

La persona, por su irrealidad, inseguridad y contingencia, es lo más vulnerable, pero con un núcleo invulnerable, precisamente porque nunca está 'dada': no se puede decir de ella 'esto es', porque 'está siendo', 'va a ser'. sin límite conocido. Consiste en innovación, siempre puede rectificar, arrepentirse, volver a empezar, en suma, renacer.

(...)

Si la vida humana careciese de sueño, si fuese una vigilia constante, su estructura sería radicalmente distinta. Cada día se 'despierta', es decir, se reanuda la vida tras una interrupción (...). Lo decisivo es que no se despierta a un 'mundo', sino a una biografía que se reanuda"

Creo que esto es aplicable a los años. No se trata de hacer borrón y cuenta nueva burdamente. Año nueva, vida nueva. No. Pero sí algo así como año nuevo, renacer nuevo.

Después de renacer con el Nacimiento del Niño, podemos renacer con el nacimiento del año.

Feliz año a todos, ¡feliz renacer en 2010!

Versus nocilleo

Las personas como él aprecian mucho la amistad, la proximidad, la solidaridad y todas esas cosas, porque siempre necesitan compañía para jugar a las cartas, beber y salir a tomar algo; además, son habladores y necesitan que alguien los escuche. Nos hicimos amigos, es decir, él pasaba a verme a diario, me impedía trabajar y me hacía confidencias sobre su mantenida. Desde el principio me sorprendió su extraordinaria mendacidad, que me daba verdadero asco. En calidad de amigo le reprendía: le preguntaba por qué bebía tanto, por qué vivía por encima de sus medios y contraía deudas, por qué no hacía nada ni leía un libro, por qué tenía una cultura tan escasa y sabía tan poco, y en respuesta a todas mis preguntas esbozaba una amarga sonrisa, suspiraba y decía: 'Soy un fracasado, un hombre superfluo', o: '¿Qué puede esperarse de nosotros, residuos de la época de servidumbre?', o: 'Hemos degenerado...'. O se perdía en consideraciones prolijas y descabelladas sobre Onieguin, Pechorin, el Caín de Byron y Bazárov, de los que decía: 'Son nuestros padres en cuerpo y alma'. Todo esto había que interpretarlo así: no era culpa suya que los paquetes de documentos oficiales estuvieran semanas enteras sin abrir o que él se entregara a la bebida y animara a beber a otros; la culpa la tenían Oniegui, Pechorin y Turguénev, inventor del fracasado, del hombre superfluo. La causa de la extrema depravación y envilecimiento no hay que buscarla dentro de uno mismo, sino fuera, en el espacio. Además, mire usted qué bien, el pervertido, el embustero y el miserable no era sólo él, sino también nosotros... 'Nosotros, los hombres de los años ochenta', 'nosotros, progenie indolente y neurótica del régimen de servidumbre', 'nosotros, despojos desfigurados por la civilización'. En resumidas cuentas, debíamos comprender que un hombre tan grande como Laievski era grande incluso en su caída; que su depravación, su ignorancia y su incuria constituían un fenómeno histórico natural, consagrado por la necesidad; que nos encontrábamos ante causas universales, elementales, y que había que encender una vela por Laievski, víctima fatal de la época, de las tendencias, de la herencia y demás"

El duelo, Anton P.Chéjov, 1891. En trad. de Víctor Gallego para Alba Editorial.

Topes tenes

Espigando en lo que he leído (menos de la mitad que en 2008, muy lamentable) y he visto este año, aquí va mi top ten de libros y películas que os recomiendo. En orden aleatorio:

Cine

El luchador, de Darren Arronofsky
La clase, de Laurent Cantet
Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar
Aruitemo, aruitemo (Still walking), de Hirokazu Kore-eda
City of life and death, Chuan Lu
Ararat, Atom Egoyan
Moon, Duncan Jones
Precious, Lee Daniel
Paranormal activity, Oren Peli
Katyn, Andrzej Wajda

Literatura

El periodista deportivo, de Richard Ford
Flaubert's parrot, Julian Barnes
Lo que ha llovido, Enrique Garcia-Máiquez
La comedia humana, William Saroyan
Cinco novelas cortas, Antón P. Chéjov (editadas por Alba Editorial)
La noche de los tiempos, Antonio Muñoz Molina
Troppo vero, Andrés Trapiello
Postales del náufrago digital, Eduardo Laporte
La carretera, Cormac McCarthy
Perder y ganar, John H. Newman

domingo, 27 de diciembre de 2009

Ejem, je

A mi mujer no le gusta Katia por otras razones: porque ha sido actriz, por su ingratitud, por su orgullo, por su excentricidad, por los numerosos defectos que una mujer siempre sabe encontrar en otra"

Una historia aburrida, Antón P.Chéjov, 1889

sábado, 26 de diciembre de 2009

Nihil novum

Si me preguntasen qué es lo que no me gusta de mis alumnos actuales, no daría una respesta inmediata y prolija, sino bastante precisa. Conzco sus defectos y, por tanto, no necesito recurrir a la niebla de los lugares comunes. No me gusta que fumen, que tomen bebidas alcohólicas, que tarden en casarse, que sean despreocupados y a menudo tan indiferentes que permiten que haya entre ellos compañeros hambrientos y no pagan lo que deben a la sociedad de ayuda a los estudiantes. No conocen lenguas modernas y se expresan mal en ruso; ayer mismo, un colega mío, profesor de higiene, se quejaba de que se veía obligado a explicar las cosas dos veces, ya que sus alumnos no saben casi nada de física o de meteorología. Se someten de buena gana a la influencia de cualquier escritor contemporáneo, incluso de los mediocres, pero se muestran completamente indiferentes a autores clásicos como Shakespeare, Marco Aurelio, Epicteto o Pascal, y esa incapacidad para distinguir lo grande de lo pequeño manifiesta ante todo su desconocimiento de la vida"

Una historia aburrida, Antón P.Chéjov, 1889.

Corazones de piedra y madera

Decíamos anteayer lo que esa misma noche el Papa dijo con más agudeza y profundidad:

El conflicto en el mundo, la imposibilidad de conciliación recíproca, es consecuencia del estar encerrados en nuestros propios intere­ses y en las opiniones personales, en nuestro minúsculo mundo privado. El egoísmo, tanto del grupo como el individual, nos tiene prisionero de nuestros intereses y deseos, que contrastan con la verdad y nos dividen unos de otros. Despertad, nos dice el Evangelio. Salid fuera para entrar en la gran verdad común, en la comunión del único Dios. Así, despertarse significa desarrollar la sensibilidad para con Dios; para los signos silenciosos con los que Él quiere guiarnos; para los múltiples indicios de su presencia. Hay quien dice «no tener religiosamente oído para la música». La capacidad perceptiva para con Dios parece casi una dote para la que algunos están negados. Y, en efecto, nuestra manera de pensar y actuar, la mentalidad del mundo actual, la variedad de nuestras diversas experiencias, son capaces de reducir la sensibilidad para con Dios, de dejarnos «sin oído musical» para Él. Y, sin embargo, de modo oculto o patente, en cada alma hay un anhelo de Dios, la capacidad de encontrarlo. Para conseguir esta vigilancia, este despertar a lo esencial, roguemos por nosotros mismos y por los demás, por los que parecen «no tener este oído musical» y en los cuales, sin embargo, está vivo el deseo de que Dios se manifieste"

Cuánta ternura transmiten las palabras de B16 y qué pena que le hagamos tan poco caso a veces, mientras nos interesamos por lo último, por lo más visto, por la chorrada más efímera:

También hoy hay almas sencillas y humildes que viven muy cerca del Señor. Por decirlo así, son sus vecinos, y pueden ir a encontrarlo fácilmente. Pero la mayor parte de nosotros, hombres modernos, vive lejos de Jesucristo, de Aquel que se ha hecho hombre, del Dios que ha venido entre nosotros. Vivimos en filosofías, en negocios y ocupaciones que nos llenan totalmente y desde las cuales el camino hasta el pesebre es muy largo. Dios debe impulsarnos continuamente y de muchos modos, y darnos una mano para que podamos salir del enredo de nuestros pensamientos y de nuestros compromisos, y así encontrar el camino hacia Él. Pero hay sendas para todos. El Señor va poniendo hitos adecuados a cada uno. Él nos llama a todos, para que también nosotros podamos decir: ¡Ea!, emprendamos la marcha, vayamos a Belén, hacia ese Dios que ha venido a nuestro encuentro"


Os deseo una Santa y Feliz Navidad.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Siquiera un pastorcillo...

Qué plana la vida lejos de Dios, qué nadicie queda de poso al transcurrir los días, los meses, cuando se tiene la mirada borrascosa para lo sobrenatural.

Y al mismo tiempo, cuánto sacrificio físico y emocional, cuánto esfuerzo intelectual y olvido de sí mismo y generosidad requiere la lucha ascética que afina los ojos del alma. Cuidar el Amor.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Avatar, de James Cameron

’Avatar’: Reportaje sobre la película de James Cameron




De Avatar impresiona, sobre todo, el realismo que se ha logrado en la animación de personajes. Lo mejor de la película, por eso, es dejarse llevar visualmente.

La historia es entretenida, pero no aporta nada nuevo. Un remake ecológico y futurista de Bailando con lobos.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Troppovereando

En el último tomo de los diarios de Andrés Trapiello -el número 16 del Salón de pasos perdidos, si no me equivoco-, es recurrente a la frase de Juan Ramón Jiménez "la rosa no cansa".

Algo así se podría decir de Troppo vero, que es como se llama el tomazo, y del resto del Salón. Al que le gusta, no le cansa. (Aunque no piensa lo mismo el amigo X, al que uno le ha oído decir que se ofrece para antologar el Salón, labor para la que estaría preparado y si no, véase el final de la crítica)

Este lector, que a veces sufre del síndrome de la prisa leedora cuando está con un libro entre manos, especialmente cuando se trata de una novela, se zambulle en los tomazos (qué bien edita Pre-Textos) de Trapiello como el que se sienta en el sofá más cómodo y familiar de su casa... para leer precisamente un libro como ese. Sin prisas, sin antes y después, sin avideces insanas.

Hace un par de días estuve en Conde de Xiquena Siete (moderno) para entrevistar a Trapiello. Más que una entrevista, fue una agradable conversación entre un escritor y alguien al que le encantan sus diarios (que, como él mismo señaló, tiene la misma edad que su hijo, R.).

Este lector es en general poco observador, le faltan ojos y palabras para describir un lugar en el que estuvo una hora y un poco sobrecogido por la situación que no habría esperado tiempo ha. Aunque sí pude ver y fotografiar su rincón de trabajo.

Hojeando el tomo del diario, cuando me lo firmó, me confesó que el título que más le gusta de los diarios es el que tiene previsto para uno de los futuros volúmenes, Seré duda, en referencia a la expresión futbolística y deportiva en general: "Será duda para el partido del...".

De la entrevista ya espigaré otros comentarios y escribiré un artículo para rtve.es, pero me resultaron divertidas dos anécdotas plenamente trapiellescas. Una, cuando él mismo hablaba de que no quería que sus diarios le sirvieran para "trapichear". "Andrés Trapicheo", pensé mientras hablaba sin poderlo evitar, pensando que si me leyese el pensamiento me fulminaría en uno de sus diarios. O puede que lo haga si lee esto. (¡Hola, A.!)

Otra, cuando le llamaron en mitad de la entrevista para preguntarle de un diario sobre algo relacionado con la Academia, el diccionario o la nueva gramática... Lo que fuere.

Pude presenciar en primera persona (no iba a ser en tercera) cómo se negó a contestar opinando que "de eso tenían que hablar los académicos", que un diccionario que definía el ruiseñor y decía todo menos que canta bien no puede ser más que porque un "idiota" (sic) cambió la definición algún día, y así.

domingo, 13 de diciembre de 2009

La noche de los tiempos, de Antonio Muñoz Molina

Sólo el tiempo es capaz de situar una novela en el lugar exacto que le corresponde, pero el de La noche de los tiempos, de Antonio Muñoz Molina (Ùbeda, 1956), se intuye elevado.

Una vez que el lector ha terminado la última de las casi mil páginas de esta obra, es necesario contener siquiera brevemente el aliento y tratar de sobreponerse, porque da miedo dejarse llevar por la impresión quizá demasiado a quemarropa de la lectura reciente.

La noche de los tiempos
es el retrato de una España que se dirigía ¿irremediablemente? a la guerra civil, la historia de un amor adúltero en una Europa de entreguerras sumida en el delirio previo a la masacre.

Ignacio Abel es un arquitecto bien situado, republicano y socialista, que viaja a Estados Unidos en octubre de 1936 para tomar posesión de una plaza como profesor visitante. Huye de un Madrid anárquico y sitiado, un país resquebrajado por la guerra y una familia con mujer y dos hijos a los que ha traicionado con un amor clandestino que después de voltear su vida se ha hecho imposible.

En ese viaje norteamericano, el narrador Muñoz Molina reconstruirá "setenta y tres años después" la intrahistoria de ese arquitecto, paralela a -y al mismo tiempo inevitablemente entrelazada con- la Historia de un tiempo y un lugar.

A través de las páginas pasarán personajes ficticios y también históricos, como Moreno Villa, Pedro Salinas, José Bergamín, Rafael Alberti o Manuel Azaña.

No es difícil imaginar que al abordar el escritor jienense un empeño literario de estas características tendría en la cabeza el espejo de las grandes novelas de la modernidad. Esos grandes frescos de toda una sociedad, los retratos corales de las convulsiones que atravesaron este par de siglos -y qué siglos-.

Porque se percibe en La noche de los tiempos la misma ambición histórica y antropológica de un Dostoievski, un Tolstoi, un Mann, igual aspiración a una narración mastodóntica que un Victor Hugo, un Stendhal, un Grossman.

Sin ese impulso, que podía haberse quedado en estrepitoso fracaso, nadie lograría llevar a cabo una obra tan lograda y polifacética como la de Muñoz Molina.

Sin lugar a dudas, y por empezar por el asunto más espinoso dada la época en que se desenvuelve la historia, se le podrá acusar a la novela desde uno y otro "bando" de parcialidad, o de ofrecer una visión injusta de las circunstancias históricas. Nunca llueve a gusto de todos.

Pero el telón histórico que se dibuja en La noche de los tiempos y los perfiles humanos que pululan por él transpiran la honestidad de quien ha intentado ser ecuánime sin dejar de presentar una verdad histórica, es decir, sin aspirar a la equidistancia.

Además, Muñoz Molina, bien es sabido, tiene su propia visión del mundo, desde la izquierda laica. En cualquier caso, el esfuerzo para lograr huir de la simplificación en su novela se intuye ímprobo.

Más allá de eso, La noche de los tiempos es ingenio narrativo. Muñoz Molina construye con sabiduría la arquitectura de la novela. Despliega las historias con efectividad y sin efectismos, superponiendo planos temporales y personajes sin que se perciba la tramoya ni ésta estorbe al lector.

Que desde el principio sepamos lo que se nos va a contar no impide que, empujado también por la brillantez de la prosa, el lector se vea arrastrado página tras página.

Más allá de eso, La noche de los tiempos es creación de personajes, personajes de carne y hueso. Éstos tienen profundidad psicológica y coherencia interna. Complejidad, riqueza interior. Y por eso tienen interés.

Son seres normales y corrientes, llámense Juan Negrín, Ignacio Abel o Karl Ludwig Rossman, individuos cuyos sentimientos, razonamientos y pulsiones expresan la variada gama de los sentimientos, razonamientos y pulsiones de cualquier mortal. Como las grandes novelas. Y como en las grandes novelas, el narrador no los juzga.

Más allá de eso, La noche de los tiempos es reflexión moral, antropológica, sin respuestas cerradas. El arte permite la libertad de esbozar, de abrir puertas, de reflejar luces y sombras en el ser humano y en la sociedad que se mueve sin necesidad de ser exhaustivo.

¿Que La noche de los tiempos podría haber sido más breve? Posiblemente. ¿Que se le podrían recortar pasajes que quizá resulten redundantes? Es muy probable. Y también le sobran páginas a las grandes novelas de la historia.

Pero es que no se puede pedir a una novela la perfección cerrada de un soneto.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Invisible, de Paul Auster

El riesgo de leer una buena crítica literaria antes de haber perfilado la propia es que, más que cargarnos de argumentos, sentimos que se nos ha dejado sin ellos, al hurtársenos los posibles hallazgos. Por tonto, me digo, ya no puedes hacer literatura con tus intuiciones.

Al decir esto, pienso en la aguda, certera y minuciosa crítica que James Wood hizo en The New Yorker sobre la última novela de Paul Auster y, por extensión -más que crítica es casi un estudio y así debieran ser todas-, sobre su obra entera. Quede claro que yo sería incapaz de hacer una crítica como esa, porque por un momento me ha parecido que estuviese sugiriendo que "este Wood se me ha adelantado, que si no ya verían".

Dicho lo cual sólo me queda glosar la crítica, que, en lo que se refiere a Invisible, comparto punto por punto.

Uno lee las novelas de Auster muy rápido porque están lúcidamente escritas, porque la gramática de la prosa es la gramática del realismo más familiar (ese que, de hecho, es confortablemente artificial), y porque las tramas, llenas de giros arteros y de irrupciones violentas tienen lo que el Times llamó en una ocasión 'todo el suspense y el ritmo de un thriller superventas'. No hay obstáculos semánticos, dificultades léxicas o desafíos sintácticos. Los libros canturrean aceptablemente su melodía [traducción de the books fairly hum along]. La razón por la que Auster no es un escritor realista, por supuesto, es que sus grandes juegos narrativos son antirrealistas o surrealistas"

Ese antirrealismo yo lo describo como literatura de laboratorio, de taller de escritura creativa. Porque "los accidentes visitan la narración como automóviles cayendo del cielo", dice Wood. Y los personajes son así carton-piedra manejados por el autor a su antojo, sin motivaciones serias. Auster es, él mismo, un gran deus ex machina.

En el caso de Invisible, por ejemplo, el narrador insiste en lo mucho que le marcó el encuentro con una persona, un asesinato, tanto que le lleva cuarenta años después a ponerlo por escrito porque se supone que eso marcó toda su vida. El problema es que tenemos que fiarnos del narrador, porque la realidad es que -al menos a este lector- nada hay que nos haga creérnoslo.

Como señala Wood, "Auster es un contador de historias convincente, pero sus historias son aserciones más que persuasiones". Y eso es, supongo, lo peor que se puede decir de una novela, cuya misión es recrear la vida, palpitante y masticable, sin que la tramoya que le da cuerpo y latido asome por debajo de las faldas.

Por otro lado, el "escepticismo posmoderno en la estabilidad de la narración", que algo tendrá que ver con el ansia de la originalidad (muy de taller de escritura creativa), le lleva a a Auster a recursos y experimentos que de inverosímiles son muchas veces piruetas que distraen. O que directamente te echan de la historia. Como toda esa parte escrita en segunda persona, que no tiene justificación ni coherencia interna. Es curioso que al pasar por ella este lector la iba traduciendo mentalmente a tercera persona, que le parecía la conjugación más lógica.

Leí en un blog otra crítica que me gustó del libro y que comentaba que "Invisible es una de un buen número de novelas que me dejan preguntándome por qué el sexo es un motivo tan recurrente. Quizá es tan simple como que la literatura se ocupa de las emociones y motivaciones fundamentales de la vida humana. Sin embargo, de nueva es la tendencia general, y no sólo el uso que se hace de él en Invisible, lo que me deja un poco perplejo". Confieso que a mí también.

Es algo que también me sorprende (recientemente lo he visto en La noche de los tiempos) y que requiere una reflexión y un comentario más detallado, supongo.

Y, al final, puede que haya sido más duro de la cuenta con el pobre Auster. Pero qué quieren, se me borró la primera versión de la entrada y ya no está uno para adornos... Si la novela me hubiera gustado, todavía.

[No pude evitar la sonrisita de matriz intertextual cuando leía estos días en Troppo vero: "Ante un cerezo en flor nadie, salvo la mayor parte de los novelistas contemporáneos, de la escuela de Tarantino o Paul Auster, se avergüenza de manifestar sus emociones" -y quizá el náuGrafo, cabría decir, jaja]

Leer o no leer, una cuestión

En el último tomo de sus diarios, Trapiello cita a JRJ para subrayar la idea de que con todo lo que tenemos que hacer "no hay tiempo sino para leer bien pocos libros". Él lo glosa reconociendo que él leía mucho de joven, "pero ya sabemos qué significa eso: se queda uno sin escribir, sin corregir, sin visitar museos, sin conciertos, sin amigos, sin pasear algo, sin dormir... Y cuando uno se da cuenta, ha leído uno mucho y se ha quedado sin vivir".

Éste, o sea yo mismo (después de leer a Trapiello le sale a uno el "uno" sin remedio), que llevaba cuatro meses de mareos de perdiz, sí, viviendo, pero también frivoleando un poco, sin leer apenas una letra, no encontrando nada que me enganchase, lleva unas semanas de voracidad lectora. El último, lo dicho, ha sido Troppo vero, que ya comentaremos. Y antes, Invisible, de Paul Auster, y La noche de los tiempos, de Muñoz Molina. También comentaremos. (De Invisible ya hablé aquí, aunque atenuando la crítica.)

Ahora me he puesto con una antología de textos de Leonardo Castellani editados por Libroslibres y escogidos por Prada.

El silencio de estos días se ha debido primero a una sobrecarga de trabajo, y luego a unos días de retiro espiritual.

martes, 1 de diciembre de 2009

El tiempo dirá

Llegará un tiempo en que la modernidad acaso se vuelva inconfesable, vergonzante. Quizá con el paso del tiempo la modernidad sea el rococó del romanticismo, como el rococó es el barroco exagerado del Renacimiento"

(Andrés Trapiello, Troppo vero, pág.57, Pre-Textos, 2009)

domingo, 29 de noviembre de 2009

Katyn, de Andrzej Wajda

Volvía enmimismado, meditabundo, la una de la mañana, sin sentir los navajazos del frío casi navideño, todavía impactado por la película que había visto poco antes, por la belleza de sus formas, por la verdad de su mensaje, por lo tremendo de la historia. El arte es algo así.

Venía tratando de poner en orden las ideas para comunicarlas en cuanto llegase a casa -cosa que hago- en este rincón que básicamente me sirve para eso, para poner orden a las ideas.

Sí, el arte es algo así. Testimonio de un tiempo y un lugar. Y mensaje universal. Verdad y belleza. Ética y estética.

La suya es "una película que tiene una mezcla de dos cosas: arte y mensaje. Si una película no es una obra de arte, no podrá quedar en la memoria del espectador, ni ser identificada en función del autor", tal y como aseguraba el mismo Wadja en esta pieza de Días de cine.

Porque Katyn no es simplemente un retrato-denuncia de la matanza sistemática de 12.000 soldados y oficiales polacos (entre ellos numerosos intelectuales) a manos del ejército soviético en 1940 y su posterior tergiversación histórica para usarla como propaganda. Eso lo hace también un documental, un reportaje, un manual de Historia. La wikipedia, si nos ponemos.

Katyn es una película de bellísima factura, con unos personajes masticables, modelados con el barro de la vida.

Es otra película sobre las abominaciones que tuvieron lugar durante la Segunda Guerra Mundial y, sin embargo, aporta algo nuevo a una filmografía ya extensa en la materia.

Es una película con una armónica arquitectura narrativa. Fragmentada, coral, que recoge muchas miradas, muchos paisajes. Haciendo de la Historia intrahistoria.

Katyn es un canto a la defensa de la verdad, a los principios irrenunciables. Frente a unos principios que arrasaron con la dignidad de millones de seres humanos, se alzan principios no menos firmes, pero pacíficos, los de quienes se niegan a comulgar con una mentira institucionalizada, aunque eso les lleve a la muerte.

¿Por qué será que no me extraña que una película mayúscula como ésta haya pasado por España entre el silencio de buena parte de la crítica? Mientras dedicamos páginas y páginas a chusquerías de toda índole, a esta obra maestra de Wajda apenas se le dedicó la mitad de la mitad de lo que merecería una película sólo la mitad de la mitad de buena que esta.

Estrenada en Polonia en septiembre de 2007, a España sólo llegó hace un par de meses. Dos años después. E insisto, entre un brumoso silencio demasiado sospechoso.

"Si mi película tiene que tener un impacto, espero sea tranquilizador, ya que por primera vez este crimen, esta mentira, ha sido mostrada en la gran pantalla", afirma el cineasta en un artículo de BBC Mundo de hace dos años sobre la recepción en Polonia.

Y debe ser que el arte es algo así. Que a pesar de la brutalidad, de la indignación que nos remueve al presenciar el mal que somos capaces de hacer, nos quedamos de algún modo serenos, por la belleza con la que se nos ha contado algo, porque también hemos visto en algunos personajes el bien que somos capaces de hacer.

Porque alguien nos ha ofrecido una enorme verdad para ir construyendo modesta pero irrenunciablemente una visión de la realidad.

sábado, 28 de noviembre de 2009

El hilo de Waugh

Un hombre está sumido en honda tristeza; se siente poco o nada. Su voluntad es un músculo atrofiado, todo es confusión. Se desliza por una pendiente y, aunque clama de profundis, cree que eso no tiene marcha atrás. Mira la vida con cinismo. Escribe: "Nada hay que me ilusione".

Una hora después -ha hecho oración (fue entonces cuando escribió que nada le ilusiona), ha estado en Misa, distraído, ha comulgado- su mirada interior recupera una pureza que hace tiempo no tenía. Como si todas esas experiencias puramente sensuales que le habían creado una costra en el corazón durante meses hubieran caído de repente.

No puede ser casualidad que a última hora decidiese no ir a esa glamourosa fiesta para cuidar sus obligaciones para con Dios.

Siente miedo. Temor ante una presencia que se atisba, un soplo, un aleteo. Imposible una explicación simple. Se ha autoconvencido, dirán. Se ha sugestionado...

Y no es una droga.

Todo apunta a que es la Gracia.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Ayer volví a mi universidad...

Presentaba José Jiménez Lozano un libro de cuentos en la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense.

Quise ir en transporte público un poco por revivir sensaciones y otro poco por purificar el espíritu con la húmeda atmósfera del primer día realmente otoñal de este raro otoño.

Ya en la estación de Ciudad Universitaria dejé un poco que mi ánimo flotase en la evocación. Se encontraba en una neutralidad propicia para que cualquier viento de la memoria lo llevase de un lado a otro.

Ayer volví a mi universidad y volví a lamentar el tiempo malgastado entonces, lo poco universitarios que fueron mis años universitarios.

Era tarde y al salir del metro me enfrentaba a los alumnos ya de recogida. Qué acumulación de vida, de porvenir. Las chicas monísimas y vitalistas, los chicos tan diferentes y tan lo mismo como un surtido Cuétara.

A uno le van pareciendo niños los universitarios. Qué tópico. Eso sí, niños que dentro de muy poco estarán dándonos lecciones, ¿y no es eso maravilloso? Hace no mucho, era yo el que caminaba por la Avenida Complutense, confundido entre el magma de alumnos.

Del acto con Jiménez Lozano me interesó escucharle a él, más que a sus presentadores. Encuentro le publica una selección de relatos, de título El azul sobrante.

Qué hombre tan sencillo, cuánta bonhomía transparenta y cuánto magisterio desparrama sin pretenciosidad. Su discurso es siempre narrativo. Transmite las ideas con historietas y anécdotas.

Como esa en la que Thomas Merton le regala un libro a Einstein y este se lo devuelve a los dos días con una nota: "La psicología humana no puede ser tan complicada". Era de Kafka. Para decir, en estos tiempos de pretendido fin de la novela y posmodernidad agenérica, de nocilleos y vilamatismos, que la novela es, sobre todo, narrativa. Que lo otro será filosofía, poesía o lo que sea, pero no novela.

O como aquella vez en que estuvo con un tal Ignatiev, al parecer teórico de la literatura contemporánea, y le dijo que no hablase de campesinos, ni de amores corrientes ni del pasado. Y eso es precisamente de lo que escribe Jiménez Lozano.

Me gustó especialmente una alusión a Cervantes por sugerente. El escritor abulense cree que "el lenguaje literario ha desaparecido" de la vida cotidiana, que los símbolos "ya no valen en nuestro mundo". Y Cervantes, siempre modelo de la lengua española, "escribe distinto que la gente de su tiempo" (Mateo Alemán sería alguien que escribía al modo de decir de esa época), porque vuelve a sus raíces renacentistas. La literatura no es la realidad y tampoco su lenguaje debe ser el mismo de la realidad, tan pobre a veces.

Y, sin embargo, diré que me gusta de Jiménez Lozano su talla intelectual, su ensyística, más que su narrativa.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Moon, de Duncan Jones

A veces uno espera el deslumbramiento apoteósico, la epifanía artística, el capolavoro tumbativo. Y la belleza llega silenciosa, en formato pequeño, no como algo total, sino como el chispazo que nos llena de algún modo extraño.

Pienso que algo ha sido para mí Moon, la película que arrasó en el pasado festival de Sitges y que ha sido dirigida por el hijo de David Bowie, a la que ya iba predispuesto positivamente (lo que a priori más que un pro es un contra para la película).

Esta perlita, este pedacito de lo bueno anda por las carteleras españolas desde hace unas semanas, aunque en ningún momento ha ocupado la tribuna mediática, la pobre, más allá de Sitges.

Un espacio reducido (la cara oculta de la Luna), apenas un solo -pero monstruoso- actor (más la voz tremenda de Kevin Spacey), un guión que mantiene el pulso con la acción interior más que la exterior y una música discreta que suma... Y, sobre todo, una historia.

Una historia que podría ser considerada de drama-ficción, que plantea preguntas profundas sobre los límites de la técnica y que sirve a la reflexión. Pero que, al mismo tiempo, no pone todo su peso en el artificio futurista, sino que lo utiliza para desplegar la humanidad de la Humanidad.

El asombro no viene del desequilibrio entre progreso técnico y moral que la narración nos sugiere, sino de la ternura, de la vida, de las implicaciones personales, netamente humanas que para los protagonistas de ella tienen los sucesos.

Y bien es cierto que todo esto suena etéreo, pero no se puede ser más explícito para no fastidiar la trama. En estas cosas, hay que fiarse o no del que recomienda. Cuanto menos sepa uno al ir a verla, mejor.

Crítica de El Unicornio Negro.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Don Quijote en Louisiana (IV)

De El arpa de hierba, de Truman Capote, en traducción de Joaquín Adsuar para Anagrama:

...Dijo frotando el aire con sus dedos como si pensara que el frío que se tejía en él fuera una tela que se pudiera tocar..."

Cuando dejé la panadería el reloj de los tribunales daba las ocho, lo que quería decir que eran las siete y media. Ese reloj siempre iba media hora adelantado. En una ocasión trajeron a un experto para que lo arreglara. Al cabo de casi una semana de intentos de repararlo su recomendación fue que lo volaran con dinamita. El concejo votó que debía pafarse al relojero como si hubiera hecho su trabajo, pues se había despertado en todos una especie de orgullo al ver que el reloj se mostraba tan incorregible."

Había estado dentro de la cárcel en una ocasión. Me llevó Eddie Stover, el Largo, con una docena más, entre chicos y hombres. Entró en la droguería y dijo: 'Venid a la cárcel si queréis ver algo bueno'. La atracción era un muchacho gitano, guapo y esbelto, a quien habían cogido viajando de polizón en un tren de mercancías. Eddie el Largo le dio un cuarto de dólar y le dijo que se bajara los pantalones: nadie podía creer el tamaño de su miembro, y uno de los hombres dijo:

-Muchacho, ¿cómo es posible que te tengan encerrado teniendo una palanca como ésa?"

Como de costumbre, no había forma de hacer que Dolly se apresurase. Era su costumbre, incluso cuando llovía, caminar despacio como si estuviese paseando ociosa por los caminos de un jardín, con los ojos siempre dispuestos a descubrir cualquier precioso tallo medicinal, una ramita de poleo, de albahaca o de menta, hierbas útiles cuyo olor impregnaba sus ropas. Era siempre la primera en descubrirlo todo y su auténtica vanidad consistía en jactarse de que por lo general era ella la que se daba con cosas tales como la anilla de registro de un pájaro o un reguero de carámbanos... Siempre estaba llamando para que acudiéramos a ver la nube en forma de gato, el buque en las estrellas, el rostro de la escarcha."

martes, 24 de noviembre de 2009

Don Quijote en Louisiana (III)

De El arpa de hierba, de Truman Capote, en traducción de Joaquín Adsuar para Anagrama:

Con la misma sutileza con que el reloj dejaba caer el sonido del tiempo, la tarde se curvaba hacia el atardecer. La neblina del río, el aliento del otoño, el color de la luna mezclado con el del bronce, los árboles azules... y un halo, una imagen del invierno, rodeaba al sol"

[El juez Charlie Cool:] Una persona a la que se puede decir todo (... ) ¡Cuánta energía desperdiciamos econdiéndonos unos de otros, temerosos de que se noz conozca, de que nos identifiquen! Pero nosotros hemos sido identificados: cinco locos subidos a un árbol. Es una gran suerte que sepamos cómo hacer uso de esta situación. No tenemos necesidad de preocuparnos por la imagen que presentamos. Tenemos libertad para averiguar quiénes somos en realidad, si estamos convencidos de que nadie puede echarnos de aquí. Es su inseguridad lo que hace que nuestros amigos conspiren para negar las diferencias. Pedazo a pedazo entregué mi corazón en el pasado a extraños que desaparecían de pronto, que se bajaban en la primera estación: puestos todos ellos juntos quizá hubieran formado esa persona única en el mundo, pero sería como si tuviese una docena de rostros distintos moviéndose por cien calles diferentes. Esta es mi única oportunidad de encontra a esa persona única en vosotros, en usted, señorita Dolly, en Riley, en todos ustedes."

El amor es una cadena de amor del mismo modo que la naturaleza es una cadena de vida.

-Entonces yo he estado enamorada toda mi vida (...)Nunca he amado a un caballero (...). Pero he amado a todo lo demás. (...) Cuando amaba, el amor se acumulaba en mi interior de tal modo que me hacía volar de un lado a otro como un pájaro en un campo de girasoles. Pero es mejor no demostrarlo demasiado, pues se diría que es una carga para los demás y, no sé por qué, parece hacerlos desgraciados." (Dolly Talbo)

-Es mejor que te enteres ahora, Collin -me dijo [Dolly]-, sin que tengas que esperar a ser tan viejo como yo: el mundo es una porquería."

Me detuve junto a las tumbas de mis padres. No solía visitarlas con frecuencia, me deprimían las lápidas, frías, pétreas... tan distintas de todo lo que yo recordaba de ellos, su vitalidad, los lloros de mi madre cuando mi padre se marchaba a vender sus frigoríficos, cómo él corrió desnudo a la calle cuando ella murió. Me hubiera gustado tener flores para ponerlas en los jarrones de terracota que estaban tristemente vacíos sobre el mármol rayado y sucio. Riley me ayudó: cortó unos capullos de un rosal de China y mientras contemplaba cómo yo los arreglaba me dijo:

-Me alegro de que tu madre fuera una mujer tan buena. No encuentras más que zorras por todas partes."

lunes, 23 de noviembre de 2009

Don Quijote en Louisiana (II)

Y toda la reflexión de la entrada anterior venía de ese título.

Porque no sabemos si en Louisiana, pero allí podría ser (de allí al fin y al cabo era Truman Capote y El arpa de hierba es al parecer de tintes autobiográficos) donde se desarrolla la historia del libro que nos ocupa, deliciosa novela que nos recuerda al William Saroyan de La comedia humana o al Ray Bradbury de El vino del estío, pero que sobre todo recoge la tradición cervantina y la dickensiana para batirla en la coctelera del sur de EE.UU.

Y es que quijotescos son los personajes de El arpa de hierba, estrafalarios seres unidos en una huida de lo grisáceo de la vida. Pero quijotescos con la amabilidad sureña de esos Saroyan y Bradbury. Con una mirada inocente. Lirismo de apariencia infantil. Con una pureza primigenia.

Pensaba, con el deseo de la gran aserción, del descubrimiento crítico (pero, tengámoslo en cuenta, desde la gran ignorancia sobre el tema, también) que quizá el sur de EE.UU. es el paisaje más característico y novedoso de la narrativa del siglo XX.

Y el más interesante (puesto éste sólo disputable por la Tierra Media tolkeniana).

Además de los "sures" mencionados, hay un Sur áspero y terrible, primitivo también pero en su barbarie. El Sur de Faulkner o Flannery O'Connor. Y está el Sur pasado por el tamiz humorístico de los Coen. Y el Sur de Cormac McCarthy (al que sólo y precisamente por los Coen he llegado). Y el Sur mucho más moral de la amiga de Capote, Harper Lee, en Matar un ruiseñor. Acojonante éste para un tipo de corte ético (si eso significa algo) como yo.

Y hago absoluto propósito de releer a la señora Lee y a Bradbury como ahora he releído esta lectura de adolescencia para confrontar, y en este caso confirmar más acrisolada, la impresión de entonces.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Debates intelectuales serios

Lo que ahora es Edge para una corte de escritores e intelectuales anglosajones agnósticos, debiera ser una alternativa en español Pseudópodo. No se pierdan su serie sobre Perros de paja.

Todo un ágora (y va con retranca, sí).

sábado, 21 de noviembre de 2009

Don Quijote en Louisiana (I)

Hay amantes de la cultura que puede que hayan leído bastantes cosas de los últimos 30 años y sepan más o menos de la buena literatura publicada en los últimos 100 -por aquello de que es la que citan los de los últimos 30-. Pero no han leído apenas de los que se escribió en los previos 3000.

Tienen tal ansia de ser nuevos, originales... modernos, posmodernos..., que en su pretendida originalidad, en ese furor por ser nuevos, caen en el riesgo de hacerse plagiarios, haciendo el ridi sin saberlo. No saben que toda posible renovación en el arte está condenada al fracaso si no se conoce lo que hicieron nuestros mayores. La tradición es la democracia de los muertos, como decía Chesterton.

Aceptar la tradición tanto es como conceder derecho de voto a la más oscura de las clases sociales: la de los antepasados; no es más que la democracia de la muerte. La tradición rehúsa someterse a la pequeña y arrogante oligarquía de aquellos que, sólo por casualidad, andan todavía por la tierra. Todos los demócratas niegan que el hombre quede excluido de los derechos humanos generales por los accidentes del nacimiento; y bien, la tradición niega que el hombre quede excluido de semejantes derechos por el accidente de la muerte. Nos enseña la democracia a no desdeñar la opinión de un hombre honrado, así sea nuestro caballerizo; y la democracia también debe exigirnos que no desdeñemos la opinión de un hombre honrado, cuando ese hombre sea nuestro padre. Me es de todo punto imposible separar estas dos ideas: democracia, tradición. Me parece evidente que son una sola y misma idea. Conviene que asista la muerte a nuestros consejos. Los antiguos griegos votaban con piedras tumbales; lo cual es enteramente regular y oficial, puesto que la mayor parte de ellas estarán marcadas con una cruz, igual que las papeletas del voto” (Ortodoxia, G.K.Chesterton)

[Puede que no lo creáis pero esta entrada nacía de la intención de hablar de El arpa de hierba, de Truman Capote, de ahí su título. Lo mantendré en honor de las concatenaciones, hipervinculaciones del pensamiento, tan internetianas]

viernes, 20 de noviembre de 2009

La alegría y la paz

Se nos va la fuerza por la boca aspirando a la felicidad. Tan inaprensible. Es mejor, sí, la alegría y la paz. Un objetivo realista. Y dos palabras que transmiten una serena hermosura. Lo más cercano a eso en lo que no nos ponemos de acuerdo y llamamos felicidad, supongo.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Mi jefe podría ser mi abuelo

No sé dónde eran más ruidosas las carcajadas, si en el resto de medios españoles o en nuestra propia mesa del comedor. Que RTVE es el hazmerreír de todo el país con el nombramiento de Alberto Oliart no evitó que, nosotros mismos, los trabajadores de la casa, nos partiésemos el bazo con el tema. La cosa da para muchas bromas. Cuando salió por agencias no podíamos dar crédito. Un tipo de 81 años para sustituir a Luis Fernández al frente de la Corp.

La estupefacción se ha convertido en incredulidad al leer que no tiene ni idea de televisión y que no es ilusión lo que le mueve a aceptar el cargo sino una especie de responsabilidad: "Si me llaman y creen que tengo que hacerlo, pues lo intentaré".

A mí todo esto me parece sencillamente una declaración de intenciones. Una declaración de intenciones de los dos principales partidos políticos: nos importa un pimiento RTVE. Como apunta el editorial de El Mundo, "no faltó quien interpretó ayer su nombramiento como un pacto entre los dos partidos para dejar languidecer a RTVE hasta su cierre definitivo".

Este tipo de decisiones, como la de repensar el modelo de televisión pública tres años después de haberlo cambiado, sólo para favorecer a las cadenas amigas (La Sexta y Cuatro) en un contexto de crisis demuestra que España sigue siendo un país de pandereta y caciquil, no muy diferente al del siglo XIX.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Periodismo deportivo (y no sólo)

Ay, esta juventud, que quema contenedores y la lía parda en Pozuelo. Que pierde el tiempo, ¡la vida!, bebiendo en botellones inhóspitos a lo largo de noches plenas de la nada. Que no saben lo que supone el esfuerzo, ni la autoridad, ni la excelencia. Que no leen. Que no respetan a sus padres. Que berrean. Que escuchan musicucha ruidosa. Que han banalizado el sexo...

Y entonces veo la entrevista que Manolo Lama y Manu Carreño le propinaron ayer a Florentino Pérez, presidente del Madrid, en Cuatro y me escandalizo.

Está uno harto de esa autoridad moral de la que el periodista medio se autoinviste para juzgar a otros. Sea cronista político, sea opinador profesional de tertulia, sea columnista de la hoja parroquial o, lo peor, periodista deportivo. Una autoridad moral que, muchos lo exudan por los poros, no se han ganado con un comportamiento ético.

En el caso del periodista deportivo, es especialmente llamativo. Porque el periodista deportivo es un tipo que lo tiene fácil para ser poco riguroso, barriobajero, forofo... Para ser todo lo que no debería ser un periodista (y que también en la columna política y las mesa-camillas televisivas se ve a punta pala, todo sea dicho).

Lo tiene fácil porque la materia que maneja el periodista deportivo es pasional, visceralmente subjetiva, porque su público es la masa -desde el catedrático de Física Nuclear hasta el camionero, y este siempre predomina en cantidad y volumen de voz-. Porque, en definitiva, en ese terreno es muy fácil tener mucho poder e influencia, mucha fama y dinero con no mucho talento, o con un talento que no incluye las virtudes cardinales.

Estamos hartos de ver ineptos ostentosos, expertillos de tres al cuarto que han labrado su posición como incensarios oficiales del presidente de turno, gentucilla que ni siquiera sabe hablar con corrección pero que se convierten en popes de la opinión en lo deportivo, criticones cualesquiera que se creen aguijón contra el poderosos pero que sólo demuestran ser frustradetes.

El deporte puede ser sublime. Puede provocar sentimientos y emociones elevadísimos. Belleza, verdad. Arte. Eso cabe en, pienso por ejemplo, el fútbol.

¿Por qué entonces el periodista deportivo tiene que ser tan cutre, tan falto de elegancia y tono humano? No hay que ser rancio para abominar del estilo contraportada-del-As, de un titular como "Vete ya" a Pellegrini cuando su equipo ha perdido 4-0 contra el Alcorcón (ese es el Marca de Eduardo Inda), del insulto y la falta de saber estar delante de una cámara.

Tenía a Manolo Lama por un tipo serio, un periodista enrollado pero a la vez responsable con su trabajo. Si creo en la dignidad del deporte, creo también en la del periodista deportivo.

Después de ver la entrevista en Cuatro, en la Lama que destila un apestoso estilo faltón y marrullero, como el de un paletillo cualquiera mientras toma el carajillo de las ocho de la mañana en el bar, no puedo evitar cierta tristeza (tanta como para dedicarle al tema una entrada de blog, ni más ni menos).

Vuelvo al principio. Si hay una presunta decadencia en la juventud (la juventud siempre culpable, claro) supongo que antes se aprecia en otros signos, también en el periodismo deportivo. Quizá como las bolsas adelantan el comienzo de una recesión o la recuperación de esta.

Ya está bien de impunidad para el periodismo. ¿Quién opina del opinador? ¿Quién critica al criticón?

La calidad de la información que hacemos hoy en día los del ramo es cada vez peor en muchos aspectos (también por culpa del usuario, que con su apretar el F5 continuo busca que no dejen de contarle cosas nuevas), y sin embargo no se oye a nadie hacer autocrítica.

¿Lama será tan exigente consigo mismo como lo es con Florentino Pérez? No me extrañaría que el tipo tuviese los bemoles de hablar luego de crispación con toda indignación.

martes, 10 de noviembre de 2009

Perder y ganar, de John H. Newman (y II)

El 25 de junio de 1869 Newman escribe en los Escritos Autobiográficos:

La Providencia de Dios ha sido maravillosa conmigo a lo largo de toda mi vida. Una cosa me impresionó esta mañana como una antítesis, de la que a menudo he pensado en sus detalles sin darme cuenta del contraste que proporciona. Y es que mis dificultades e inquietudes han venido de aquellos a los que he ayudado, y mis éxitos de mis oponentes"

Si esto se puede aplicar a diversos sucesos de su vida, hay quizá uno que está sobre todos: la escritura y publicación de la Apologia pro vita sua. Contaba en la entrada anterior que llegué a Newman a través de una breve biografía. Luego me leí su Carta al duque de Norfolk, y entonces me embaulé la Apologia pro vita sua, obvia pero acertadamente subtitulada en español "Una historia de mis ideas religiosas". Y aquello me dejó noqueado.

[Prólogo de Ratzinger a la obra, en la edición de Ciudadela]

En 1864, Charles Kingsley, clérigo anglicano, polemista e intelectual inglés pone en negro sobre blanco una de las acusaciones que se lanzaban contra Newman. Le desafía a justificar "la honestidad" de su vida como anglicano, sugiriendo que ya era católico antes de convertirse y que había permanecido en el anglicanismo para traicionarlo desde dentro.

Uuuuuhhh, pensará alguno, vaya tontada de pique. Pero es que eran otros tiempos, donde la palabra dada, el rigor y la honorabilidad intelectual eran realmente valorados.

La respuesta fue la Apologia pro vita sua, una autobiografía intelectual y teológica casi científica. Newman se basa en las cartas que escribió y recibió, en sus escritos y en su predicación, para dar fe del proceso de conversión. El resultado es un monumento a la honestidad intelectual, un canto al amor por la verdad.

Su lectura no es fácil, es cierto, pero es una magna obra, un monumento, insisto. Su publicación le devolvió el favor de la opinión pública en Gran Bretaña. Hay que agradecer al señor Kingsley el desafío.

Y todo esto, para llegar a Perder y ganar.

Porque Perder y ganar es el envés de la Apologia, esto es, la faceta sentimental y emocional de la conversión de Newman. Defiendo que su valor seria escaso (novelísticamente deja mucho que desear) si no existiese la Apologia y no fuese el testimonio interior de quien es. Pero bajo esos presupuestos es una obra muy interesante.

Escrita en 1848, el converso habla desde las entrañas del que se ha visto obligado a perder lo más querido por honradez intelectual y religiosa. Quienes apreciamos y admiramos a Newman, nos sentimos removidos por el documento.



Ahí tenía al viejo Oxford, las colinas, sus praderas junto al río, tan verdes, tan encantadoras como siempre. Al divisar aquel lugar tan amado se quedó quieto, con los brazos cruzados, incapaz de dar un paso más. Los colleges, uno por uno, las iglesias, una por una; lo iba identificando todo por las torres y los pináculos. El Isis plateado, los sauces grisáceos, los campos llanos extendiéndose, los sotos oscuros alargándose; allá a lo lejos el bulto de Shotover, donde había pasado aquellos meses con Carlton y Sheffield; madrera, agua, piedra, todo tan apacible, tan lleno de fulgor. Aquello, todo aquello podía haber sido suyo. Ganaría muchas cosas al hacerse católico; cosas mejores, más altas, más nobles, pero desde luego aquello no lo volvería a tener jamás, aquella ciudadela estaba perdida para siempre. No podría tener nunca otro Oxford, ni los amigos de su infancia y su juventud. Había elegido otra cosa"

Antes de convertirse, no puede ver más claro. La luz es como una recompensa de los que por un acto de la voluntad, por el dictado de la prudencia y de la razón, abrazan la verdad en ese punto en que la naturaleza se encoge como un cobarde, no llega. Hay que aventurarse. Antes de la conversión, la fe es una aventura; después es un don. Se acerca uno a la Iglesia por el camino de la razón, pero para entrar dentro hay que seguir la luz del Espíritu"


Citas extraídas de la edición de Víctor García Ruis, Encuentro, 4º edición, 2009.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Perder y ganar, de John Henry Newman (I)


John Henry Newman es posiblemente una de las figuras señeras del siglo XIX, aunque no muchos lo conozcan, cosa harto explicable -especialmente en España- dada la profunda incultura religiosa que nos embadurna.

Llegué a él de oídas a través de Luis. Se me quedó grabado aquel detalle que me contó de él, que guardaba copia de todas las cartas que escribía. Vaya tío.

En agosto de 2006, cuando estuve en Manchester, me llevé la tesis de un amigo sobre la idea de la Providencia de Dios en el pensamiento y la vida de Newman. La primera parte de la obra era una somera pero jugosa (como luego comprobé) biografía del converso, salpicada de citas personales y reflexiones agudas. Me la ventilé en una tarde que aún recuerdo con cariño. La figura me dejó fascinado.

Me conquistó su amor a la verdad, su modernidad teológica, su finura sobrenatural... Y los palos que le había dado la vida. Me dejó admirado la manera de funcionar de la Providencia.

Nacido en Londres en 1801, fue educado en el anglicanismo en el seno de una familia burguesa. Desde bastante temprano muestra interés por la religión. Estudió en Oxford.

Ordenado clérigo anglicano, se convertiría en la cabeza más visible del Movimiento de Oxford, que, con el intento de dar vitalidad a una Comunión Anglicana que se deslizaba hacia el liberalismo, buscaba entroncar con la Iglesia de los primeros siglos y, por lo tanto, volver a su esencia católica.


El 9 de octubre de 1845 ingresa en la Iglesia Católica, después de más de un proceso intelectual y teológico de más de un lustro.

Desde entonces... Unas palabras de su diario el 21 de enero de 1863 resumen la situación:

¡Oh cuan triste y monótono ha sido mi itinerario desde que soy católico! He aquí la paradoja, cuando era protestante sentía que mi religión era monótona, pero no mi vida. Pero desde que soy católico es mi vida la que es monótona y no mi religión.”



Y es esto cuando me refiero a "la manera que tiene de actuar la Providencia", porque me fascina la influencia de alguien que poco antes de morir seguramente tendría una imagen bastante sombría acerca de los proyectos emprendidos desde que era católico.

Y, sin embargo, uno, que sabe de Chesterton, de Waugh, de Knox, de Tolkien (educado en Birmingham por un oratoriano en la finca donde enterraron a Newman), y así, se dio cuenta de que la bomba que había reventado en Inglaterra se llamaba John Henry Newman. Y, desde Inglaterra, llegará a más lugares, ya está llegando.

Es emocionante, por ejemplo, contemplar la indudable sintonía de Benedicto XVI con el cardenal. (Porque Newman acabó siendo nombrado cardenal, pero no nos engañemos pensando que fue tratado con deferencia desde el lado católico en Inglaterra o Irlanda). Es posible que Newman sea beatificado el año próximo ¿en verano cuando el Papa visite Inglaterra?.

Todo esto venía como introducción a mis reflexiones sobre Perder y ganar, el libro en el que John Henry novela su conversión. Pero ya lo dejamos para otra entrada.

[Por cierto que l diácono curado por el milagro atribuido a Newman, anda de peregrinación por Inglaterra. Aquí en un medio católico]

sábado, 7 de noviembre de 2009

Paranormal activity, de Oren Peli

Amparándome en el canon digital y en que posiblemente no tenga tiempo de ir al pase de prensa, ayer por la noche me puse a ver Paranormal activity, la peli de 15.000 dólares de presupuesto que está arrasando en Estados Unidos.

Tráiler de 'Paranormal activity'



A pesar de verla en condiciones precarias (o quizá por eso, porque a la peli le pega lo cutre), pasé bastante miedo. De hecho, con la excusa de que estaba cansado, me fui a la cama cuando se avecinaba la última parte de la historia.

Lo más desasosegante ha sido despertarme un par de veces por la noche, especialmente cuando en la segunda ocasión he mirado el teléfono para ver la hora... y marcaba las 6:36. Uf. Menos mal que -en principio- no puede marcar las 6:66 (hummm, quizá las 7:06).

Ahora, a plena luz del día, he acabado de verla.

A uno, que es un masoca de los que le gusta el cine de terror, ésta le ha parecido un buen ejemplar del género. Es un cóctel muy conseguido entre la bruja de Blair, Rec y El exorcista. Y no quiero imaginar lo que debe ser si en vez de verla en la pantalla del ordenador con unos auriculares no muy buenos, se ve en el cine y con el sonido un pelín más alto de lo necesario (como suelen hacer con las de miedo)... o verla solo en casa una noche de tormenta.

Eso sí, el que no crea en espíritus, obviamente, no la disfrutará/sufrirá tanto.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Empieza bien el mes de los difuntos

Entre muerto, muerto y muerto, me van a disculpar ustedes que no tenga tiempo para acercarme a estos lares a contar algo. Cuando sólo hay trabajo, no hay mucho que contar.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Que por Mallo era por Mallo...


El pasado jueves estuve en la presentación (no-presentación) de la no-novela de Agustín Fernández Mallo, Nocilla Lab. [Croniquería aquí del náuGrafo].

Dado mi conocido dis-gusto por la citada obra, no es difícil imaginar las disposiciones con las que me aproximaba al evento, anunciado para más inri como una performance.

Era en el Matadero de Madrid, ese lugar que querer quiere ser templo de lo guayse, de la vanguardia, de todas las revoluciones culturales que en el mundo serán (en Madrid, si alguna hay algún día). Llegué tarde, acompañado de Latinajo de Híspalis. Para entonces ya Fernández Mallo y un Dj nos leían fragmentos de artefacto proyectando imágenes con un cañón de vídeo y acompañándolos de música.

Lo mejor de todo fue la Carlsberg que nos enchufamos los tres (el náuGrafo se había unido al punto de llegar nosotros) y el interesantísimo debate sobre si bluf o no bluf posterior al acto. Yo, completamente del lado de la teoría de vociferar "el rey está desnudo" a grito pelao. El náuGrafo defendió la validez de la propuesta nocillesca (y tanto, aquí tenéis una crítica con la que no puedo estar más en desacuerdo, pero a la que declaro rendida admiración por el enorme mérito de saber sacar tanto... de tan poco) y Latinajo y yo la masacramos con más o menos empeño.

Hay que decir que antes yo me había aproximado al autor para saludarle y mostrarle mis respetos. Ya le comenté que me había leído su Postpoética, ante lo que él mostró sorpresa, y que le tenía "caladillo". Creo que el tono reflejó que no me gusta su nocilleo, aunque reinase la cordialidad entre nosotros (faltaría más).

Para que no se diga que no intento entender esa críptica posmodernidad que Alfaguara nos vende en forma de nutella, me compré el Nocilla Experience, segundo libro de la trilogía del presunto Proyecto Nocilla. Ya que lo tenía, le pedí a Mallo que me la firmase. "A Agustín, 'Fernández Mallo'. Gracias por...". Y eso. Juego de espejos. Nos dimos la mano.

Y pienso que a este tema ya le hemos dedicado demasiado.

Para desintoxicarme de vacuidad y posmodernité, leo estos días Perder y ganar de Newman, las catequesis sobre los Padres de la Iglesia de Benedicto XVI. Ya acabé La carretera, de McCarthy, que no me enloqueció como al resto de crítica y público mundial.

sábado, 31 de octubre de 2009

Siempre nueva

Uno de los dos episodios que más me conmueven del Evangelio es aquel en el que, después del discurso sobre el Pan de Vida, muchos abandonan a Jesús. Él entonces se vuelve a sus discípulos y les pregunta: "¿También vosotros queréis iros?".

Y Pedro, el impetuoso, el honesto, el transparente, lanza ese como gemido de necesitado: "¿A quién iremos, Señor? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna".

Hoy se lo he vuelto a decir con toda sinceridad.

Sólo quien ha degustado las delicias de la vida sobrenatural puede percibir la pobreza de una vida sólo natural.

viernes, 30 de octubre de 2009

jueves, 29 de octubre de 2009

¿Nace la literatura de la insatisfacción?

No hay buena literatura que pueda provenir de la felicidad y de la bonhomía. Es el dolor, el sufrimiento y hasta el drama el que nos inspira y nos a atrae. No por regodearse en el mal ni en el llanto, sino por superarlo gracias a la palabra compartida. Ocurre igual con el teatro y con el cine. Podemos asistir a una película terrible sobre el genocidio nazi, pero salimos de la sala mejores de cuando entramos si la película es buena. Se produce no diría una sublimación del mal, sino una superación. No conozco grandes obras de literatura que tengan un final feliz"

La cita es del reciente Premio Príncipe de Asturias de las Letras, Ismail Kadaré, en una entrevista de Rubén Amón para El cultural.

Convendría analizar hasta qué punto es invulnerable esta afirmación, pero se intuyen por sus resquicios que revienta de verdad. La felicidad perfecta, inmutable, estática, completa, no existe en el fragmento de vida que transcurre hasta la muerte. La imperfección es lo que la caracteriza, con todas sus penas y sinsabores. Y en la medida en que el arte es capaz de captar esa verdad, podrá conquistar nuestros corazones.

Bien es cierto que no me convence lo de la imposibilidad de un arte optimista, en cierto modo feliz. Ni lo de los finales. ¿El de Crimen y castigo es infeliz por cazar un ejemplo al vuelo? Más: ¿es la ausencia de dolor condición para la felicidad?

El discurso de recepción del premio de Kadaré, empero, no fue gran cosa: [en vídeo] [en PDF]

martes, 27 de octubre de 2009

Nocilla Lab, de Fernández Mallo

Busco ahora una cita del libro, pensaba que la había señalado con un doblez en la esquina de la página. Pero no. Quizá la he soñado.

Incluso si la hubiera soñado, y por seguir el espíritu mallesco, el hecho es que Agustín Fernández Mallo [su blog] asegura en el artefacto de tintes autobiográficos del que hablamos, algo así (no es textual) como que "de repente me di cuenta de que no había leído mucha narrativa a lo largo de su vida".

Es cierto que el adjetivo mucha es algo absolutamente relativo y que su "no mucha" puede ser infinitamente más que la del "bastante" de otros. El caso es que es alguien que nunca ha mostrado un gran interés por la narrativa el que quiere renovar las formas narrativas de nuestro país.

Posiblemente él se defenderá diciendo que no, que no tiene tales pretensiones

siempre he intentado escribir de una manera amoral

pero ahí está su postpoética. Y cuando uno hace una propuesta poética, narrativa, qué es sino pensar que es la mejor. Y eso se lo alabo a AFM. Le alabo las ganas de hacer algo diferente, innovar, proponer algo nuevo.

Una vez que he terminado el libro -no es novela, artefacto supongo que lo llamará él- me he preguntado qué quedará de ello. En sus páginas incluye cómic, fragmentos en diferentes tipografías,... Me he acordado de esas poesías que estudiábamos en los manuales de bachillerato cuando se hablaba de las vanguardias de comienzos del siglo XX (hasta encontrar una imagen de ellas en Google me cuesta:)


Una anécdota.

Una vez terminada esta entrada, encuentro la cita. En efecto la había señalado con un doblez.

Aparte de ese libro [La música del azar, de Paul Auster], decía, yo casi no he leído narrativa"

domingo, 25 de octubre de 2009

Quo vado?

No he leído El paraíso perdido de Milton, pero fama y nombre de libro y autor siempre me han parecido evocadores en su melancolía, en su especie como de (repetimos: "especie como de") nostalgia.

Esa nostalgia de paraíso perdido, en parte terrible y en parte dulce (de esos contrapuntos está hecha, ¿no?), es el sentimiento que más me ha dominado durante mi reciente viaje a Oxford.

Cuando llegamos el sábado en el autobús desde Gatwick nos topamos en High Street con masas de estudiantes engalanados con sus sub-fux, sus vestes académicas sobre la ropa 'de domingo'. Camisas blancas y limpitas, pajaritas también blancas ellos, faldas negras ellas. Se trataba de la inauguración para los freshers (primer curso) del Michaelmas [editado], trimestre inicial (por San Miguel).

Una eclosión de espíritu universitario. Un espíritu que ni uno tuvo en sus años de carrera ni ya tendrá. Y menos en un lugar como Oxford.

¿Por qué has vuelto?, me dicen. No entienden nada. ¿Lo entiendo yo? Apenas lo vislumbro. Para eso, para ver un ideal de búsqueda de la verdad, la pasión por conocer. El paraíso perdido.

Y digo el ideal porque no me chupo el dedo, bien sé que Oxford no se libra del declive intelectual que sufrimos (¿Sufrimos? ¿Quién? Uf, no lo sé, dejadme no detallar la intuición), pero la Historia tiene un peso enorme. Sobre las piedras la Historia no pasa como el agua. Y eso se nota en Oxford, donde el eco de personajes conocidos nos golpea el alma, si uno la tiene a punto de cocción: Newman, Knox, Tolkien, Lewis, Newman, sobre todo Newman, Brideshead...

Y uno ve el ideal y esta vez le ha dejado con jirones el alma.

Será el otoño, y un circunstancial crepúsculo vital, y ese deseo de un pasado que ya no estará. Será esa ansia de infinitud por la que sólo lo Infinito puede saciarnos...

"¿Adónde te escondiste, amado, y me dejaste con gemido?".

jueves, 15 de octubre de 2009

Oxford revisited

Desde el principio eres consciente de que hacer un viaje de fin de semana a Oxford no es algo normal. En una época de turismo 'low cost' y facilidades para viajar, de soterradas competiciones para ver quién es capaz de viajar a más Conchinchinas o de tener la más apetitosa y paradisíaca foto, en una época así, ir -otra vez, pensarán- a Oxford debe sonar raro.

Supongo que algunos tendrán la impresión de que es una especie de peregrinaje espiritual, y diría que no es cierto, pero no andan descaminados. No va uno a Oxford como quien se va de curso de retiro, pero... O un poco sí, aunque sea un acompañado eremitismo que incluya hamburguesas y brindis con buenas pintas en el Eagle&Child después de haberse extasiado en Blackwell's, la Bodleian o Saint Mary (en orden inverso de sacralidad).

Agora que está tan en boca de casi todos la de Amenábar, con su fanatismo religioso que despedaza una ya entonces inexistente Bilioteca de Alejandría, uno, que es cristiano perdido (a veces, el muy tonto, a su pesar), para darle en la boca a esa visión churruscada y paleta de la religión, viaja a Oxford en busca de parte de la sabiduría, de luces para esta oscuridad (la vida misma en el Madrid de finales de 2009), en busca de entusiasmo por la misma búsqueda. Viaja uno con el ansia siempre insaciada de ser libre, porque -como dice Newman en Perder y ganar- "en este mundo no hay otra fuerza que el compromiso con la razón ni otra libertad que sentirse cautivos de la verdad".

(Y tener que pasmarse de nuevo ante los pasmarotes papanatas: Saramago hablando del "cinismo intelectual" de Benedicto XVI, un sacrilegio no porque lo diga del Papa, sino porque en estos tiempos dudo que haya figuras con una mayor honestidad intelectual que B16, y no es una de ellas desde luego el panegirista del dictador cubano)

lunes, 12 de octubre de 2009

Querer el dolor

El C.S.Lewis de Tierras de penumbra (Shadowlands, 1994), encarnado por el gran Anthony Hopkins, asegura que cuando uno ve sufrir al ser amado, le quitaría el dolor por el medio de imponérselo a uno mismo.

Algo misterioso y verdadero hay en ello, como en todo lo que tiene que ver con el dolor, especialmente cuando no es impuesto por otros seres humanos, sino por la naturaleza, la vida, la Providencia o como cada cual lo llame.

Creo que en la Cruz está esa gratuidad, que busca descargar los agobiados hombros de una Humanidad herida por el pecado. Y en la doctrina sobre la mortificación cristiana, mucho más allá de su carácter ascético. La gratuidad en respuesta a la Cruz, para descargar los agobiados hombros de un Cristo que hace suya la empecatada condición de toda una Humanidad.

domingo, 11 de octubre de 2009

Un dios salvaje, en el Teatro Compac


Pasando por el Alcázar (precisamente por el Alcázar, je) nos encontramos frente a frente con el mismísimo Hitler.

-Mr.Führer, ¿podemos hacernos una foto con usted?
-Sí, pero rápido que tengo que ir para adentro.

En la archicacareada temporada otoñal del teatro en Madrid se representa una fiel adaptación de la genial película Ser o no ser de Ernst Lubitsch. Todavía no la he visto.

Sí estuve el miércoles pasado en el Teatro Compac para ver Un dios salvaje, de Yasmina Reza, con Maribel Verdú y Aitana Sánchez-Gijón en los papeles centrales. Y os la recomiendo (pasará por San Sebastián tras estar en Madrid). Aunque estaba un poco lejos del escenario, disfruté mucho con la comedia. La hora y media sin descansos se me hizo breve.

Estos días también reponen El encuentro de Descartes con Pascal joven en el Teato Infanta Isabel. Tuve ocasión de verla en primavera, cuando estuvo en el Teatro Español. Y también la recomiendo. Poco teatral (es un diálogo denso, denso de corte teológico), pero muy, muy interesante.

sábado, 10 de octubre de 2009

Ágora, de Alejandro Amenábar

Los intrincados mecanismos de la emoción. En la fea capilla de la residencia de ancianos. Escuchando una horrible canción que mezcla organillo, midi y letras religiosas ñoñas. Rodeado de decadencia física. Y justo ahí brota la alegría. El sentimiento -sí, el sentimiento- de amor de Dios.

Es la respuesta a los "humm" mentales que me traía a cuenta de Ágora y del tolerante que ayer [editado: no me refiero a Alejandro, que fue correctísimo y con el que no discutí del contenido de Ágora, sino a un cámara de TVE], después de comentarle que la peli no me gustaba para empezar porque soy cristiano, me espetó que la religión es uno de los cánceres de la Historia. Haciendo amigos.

Viendo a las monjas nada glamourosas de la residencia dedicando su vida a cuidar decrépitos, me pregunto dónde está el cáncer: ¿en la religión o en los individuos? También hay quien mata en nombre del amor.


Porque Ágora, no, no me ha gustado. Es una película didáctica en la que Alejandro Amenábar trata de moralizar en el sentido más gruñón del término, y para ello pone todos los elementos al servicio de su tesis. Con muy pocos matices (como para comparar el dibujo de los malos que hace esta película con los japos de City of life and death, por ejemplo). No soporto las películas, ni los libros, que te quieren lanzar un mensaje moral rotundo, evidente, especialmente cuando no tienen un tono de fábula. (Odio las fábulas).

Amenábar es brillante, es listo, y ha hecho una película muy valiente. Arriesgada. Pienso que a la larga no le va a ir bien de taquilla en España (sí las primeras semanas, especialmente este primer finde). A poca gente -por desgracia- le interesa un debate (si es que lo hay en la película, que es absolutamente desigual) religión-ciencia, fe-razón, especialmente jóvenes. Aunque la que quede malparada sea la religión.

Amenábar no quiere contar "una" historia, como dice. El tono pedagógico continuo refleja que quiere universalizar: la religión se opone al progreso.

La realización es buena cuando se sale de lo convencional (los planos aéreos del 'hormiguero', muy chulos y cargados de significado), pero dado lo arriesgado de la propuesta temática, sería lógico pedir más riesgos.

La música es cargante a ratos, subrayona.

Un análisis de hace meses de Pseudópodo, nos acerca a la figura real de Hipatia. Recomendable.

Nuestra maña (¿de magna?) lectora hace una crítica devastadora de la película.

En La Mirada de Ulises.

(Foto: prometo que tengo más camisetas en mi armario.)

martes, 6 de octubre de 2009

Yo tenía...

...Que hablar de muchas cosas muy importantes. Que vi la de Amenábar. Que "siempre hay por qué vivir, por qué luchar". O qué sé yo. Hacer literatura, en definitiva, de la vida.

Pero iba uno con su tristeza y su no tener tiempo a cuestas y al llegar a casa se encuentra un paquete maravilloso. No tanto por lo que lleva dentro, que es maravilloso: Breve encuentro, de David Lean, y un ejemplar de The book of lost tales, de J.R.R. Tolkien, sino por lo que supone.

Alguien en Zaragoza se ha acordado de uno y le dice que su existencia es "un regalo" para ese alguien. Glub. Cuánta gratuidad y qué poco acostumbrado a ella últimamente. ¡Muchas gracias!

lunes, 28 de septiembre de 2009

Festival de cine de San Sebastián 2009

Sin ganas de escribir pero sí de contar. Dani me conminaba a no remitir al lector del blog al trabajo en la página web, pero es allí donde estos días he dedicado horas a escribir mis opiniones -no demasiado profundas, por otra parte- sobre algunas de las películas que se han presentado en San Sebastián.

Vivas recomendaciones: City of life and death, de Lu Chuan, y Precious, de Lee Daniels.

Podríamos hacer una comparación arriesgada y decir que la china es al cine bélico de Spielberg lo que la Eneida es a la épica de Homero. Si en la Eneida teníamos la Odisea y la Iliada renacidas en el espíritu latino y la brillantísima pluma de Virgilio, en City of life and death tenemos al soldado Ryan y a Schindler en Oriente.

Mayúscula película que ya estoy deseando volver a ver sobre los horrores de la guerra y sobre un episodio bélico concreto narrada en blanco y negro, gran angular, con bellísimas y terribles escenas bélicas y un coro de personajes muy interesantes. Todo ello con el leve aroma de lo oriental humeando por entre los fotogramas.

Precious es muy distinta, aunque comparte con la de Lu Chuan la capacidad de capturar la belleza del horror que puede existir en vidas muy desgraciadas.

Además, me quedo con la ya muy alabada El secreto de sus ojos, a la que yo recortaría parte del final. Chloe, de Egoyan, es un experimento emocional muy turbio; interesante, aunque retorcido, uno no sabe muy bien qué pensar.

De las francesas, no pude ver la de Honoré, pero ha sido masacrada por la crítica; la de Bruno Dumont, Hadewijch, es simplemente terriblemente mala en su intento de actualizar a Bresson o Dreyer en el siglo XXI; y Le refuge, que se ha llevado un injusto Premio Especial de un jurado presidido por un francés, se deja ver, lo cual no es poco.

Get low, con un maravilloso reparto (Duvall, Murray, Sissy Spacek, se queda en menos de lo que podía haber sido. Es una amable comedia sureña, pero uno suspira por la obra maestra que podía haber realizado alguien (¿los Coen? Uf, no lo sé) con los mimbres que trabaja.

De Mother and child, de Rodrigo García, me quedo con la irritación que a un crítico le provocó que uno de los personajes fundamentales sea una monja que cae bien. Preguntado por este sujeto en la rueda de prensa si era "seguidor de Benedicto XVI", García dijo que no se consideraba una persona religiosa. La película es una más en el subgénero de vidas que se entrecruzan con el tema de la adopción de fondo. Tiene buenos momentos y un reparto sensacional (Naomi Watts, Annete Benning y Kerry Washington), pero le falta mordiente y originalidad. No sé cómo explicarlo.

Los premios y elogios a Yo, también me parecen exagerados, salvo la Concha de Plata para Lola Dueñas, magnífica en su papel de 'discapacitada afectiva'. No es una mala película. Es más, es una buena primera película. Y muy valiente. Acertado el contraste entre el síndrome de Down lleno de normalidad emocional y la 'normal' cargada de heridas. Ahora, las respuestas que se sugieren a esa minusvalía afectiva no me convencen. Son más de lo mismo.

De Javier Rebollo, al que tuve la oportunidad de entrevistar, ya hablaré en otro momento. Su película, La mujer sin piano, no me interesó: me aburrió soberanamente. Él, como personaje, como intelectual, como conversador e intérprete de su obra, me conquistó, la verdad. Su rollo intenso me va.

La de Tarantino, floja para lo que uno espera (mucho) de él. Entretenida, con momentos muy brillantes, pero irregular.

Blessed, premiado su guión en el palmarés, va de menos a más. Te deja buen sabor de boca (otra de súbgenero de vidas cruzadas), pero toda la primera parte es tediosa y fría, pienso. Trata sobre los desgarros vitales de varias parejas de padres (sobre todo madre) - hijos, y el inicio de la película lo dedica a éstos, y a mí no consiguió involucrarme; es más, me aburrían.

(Y eso que no tenía ganas de contar.)

miércoles, 23 de septiembre de 2009

En el festival de Donostia


Ya contaré con más detalle todo lo bonito que estoy viviendo en San Sebastián. Podéis seguirme informativamente en RTVE.es.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Tarantino

Ahora que llega Tarantino, recupero un vídeo homenaje a Quentin que emití en Cartelera cuando se estrenó Kill Bill 1. Ésta me gusta más de lo que en aquel momento dejaba entrever en el tráiler-resumen.

Tarantino: Estreno de Kill Bill 1


domingo, 13 de septiembre de 2009

Brindar por los fracasos

Refiriéndose al pasaje del Evangelio en el que san Mateo narra la genealogía de Jesús, Benedicto XVI comentaba hace un par de años, en la fiesta de la Natividad de la Virgen (8 de septiembre), lo siguiente:

El pasaje evangélico que acabamos de escuchar amplía nuestros horizontes. Presenta la historia de Israel desde Abraham como una peregrinación que, con subidas y bajadas, por caminos cortos y por caminos largos, conduce en definitiva a Cristo. La genealogía con sus figuras luminosas y oscuras [se refiere a que en esa genealogía hay personajillos verdaderamente lamentables], con sus éxitos y sus fracasos, nos demuestra que Dios también escribe recto en los renglones torcidos de nuestra historia. Dios nos deja nuestra libertad y, sin embargo, sabe encontrar en nuestro fracaso nuevos caminos para su amor. Dios no fracasa. Así esta genealogía es una garantía de la fidelidad de Dios, una garantía de que Dios no nos deja caer y una invitación a orientar siempre de nuevo nuestra vida hacia él, a caminar siempre nuevamente hacia Cristo"

(La negrita es mía, claro).

¿No es verdad que la vida, cada una de nuestras vidas, es, en efecto, un engarzarse de éxitos y fracasos, y que estos siempre nos resultan demasiado numerosos?

Me gusta el final de Tres sombreros de copa, cuando Paula los recoge del suelo y se pone a hacer malabares después de que don Rosario se haya ido cerrando el espejismo de una posible historia de amor entre ambos, diciéndonos así que la vida sigue y que hay que sobreponerse. Volver a empezar.

Me gusta la tan escuchada canción "Viva la vida", que narra desde ese mismo sentimiento en parte despreocupado la historia de un descalabro.

Brindo por mis fracasos. Por los vuestros. ¿No son ellos los que más nos enseñan?

lunes, 7 de septiembre de 2009

Simulacro

Estoy cansada de amigos que aseguran que están demasiado ocupados para llamar por teléfono, o incluso para escribir un e-mail aceptable, y sin embargo pasan horas en las redes sociales, colgando fotos de sus hijos o de sus fiestas, reenviando adivinanzas estúpidas, colocando dichos extravagantes y absurdos, o utilizando Twitter para comunicar sus últimas andanzas”

Son palabras de un artículo de Elisabeth Bernstein en The Wall Street Journal a las que llego vía Aceprensa (suya es la traducción).

La última semana de agosto anduve por Huesca, en un encuentro cultural con estudiantes de bachillerato y universitarios. Las Jornadas Humanísticas de Ciencias y Letras, las llamamos.

En el grupo de Comunicación, Efrén Cuevas nos descubrió el concepto de simulacro de Jean Baudrillard. La representación de la realidad sustituye a la propia realidad.

El turista no vive la ciudad sino a través de la cámara. El internauta no vive su vida sino a través de Facebook, Twitter... No vive la vida sino para contarla. No siente sino para comunicarlo en su estatus de Facebook. No hace fotos sino pensando en lo que pensarán de ellas sus amigos-de-Facebook.

No se trata ya de imitación ni de reiteración, incluso ni de parodia, sino de una suplantación de lo real por los signos de lo real, es decir, de una operación de disuasión de todo proceso real por su doble operativo, máquina de índole reproductiva, programática, impecable, que ofrece todos los signos de lo real y, en cortocircuito, todas sus peripecias"

La cita es de Cultura y simulacro, traducción de 1978 de la Editorial Kairós.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Una ayuda, por favor

Como este blog es -o uno quiere creer que es- un lugar cálido tan poco expuesto como el salón de mi casa o tan expuesto como mi propio corazón, os tengo que comunicar una gran noticia. He sido nombrado jefe del área de Cultura de RTVE.es, que nacerá en las próximas semanas. Es un puesto que me hace rebosar de ilusión.

Me interesan los consejos que, vosotros, mis contertulios, me podáis dar. Y me interesa que, como siempre, sigáis abriéndome nuevas vías en el inmenso campo de la cultura que vamos construyendo entre todos.

Uy, y qué solemne me ha salido el anuncio.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Agallas, de Samuel Martín y Andrés Luque

'Agallas', este viernes en los cines




En una entrevista a Jiménez Lozano, decía éste que hay que leer a los amigos. Con ese mismo planteamiento es con el que vengo hoy a recomendaros Agallas, película que se estrena este viernes y que es el primer largometraje de dos amigos (no será el último, estoy seguro).

Creo que sus mejores valores son un guión sin apenas altibajos y unas buenas interpretaciones (especialmente de los protagonistas: ¡ese Carmelo!). Es un thriller a la española con toques de comedia negra ambientado en el entorno del narcotráfico gallego. Eso sí, no busquéis un tratamiento complejo y profundo del problema del tráfico de droga. Esperad entretenimiento y pienso que lo tendréis.