domingo, 28 de diciembre de 2008

El mejor día del año

Hoy es, para mí, el mejor día del año. Nací hace 28. La inefable sensación de sentirse querido. Llamadas, SMS, correos electrónicos... El cariño hecho materia.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Feliz Navidad

Vino a los suyos y los suyos no le recibieron. ¿Es ese el triunfo del Reino de Dios? Sí, porque cada vez que hace su morada en un solo ser humano, lo hace en toda la Humanidad, porque Él sólo sabe contar hasta uno.

Y es que, no nos engañemos, como le decía la de Ávila: "No me extraña que tengas tan pocos amigos en la tierra".

Porque Él nos ofrece luz, libertad, gozo, como nos desean las bendiciones solemnes de la Misa de Navidad. Pero son una luz, una libertad y un gozo que requieren desentrañar nuestro misterio de ser personas, un misterio que no desvela la carne ni la sangre, la inteligencia, ni la riqueza, ni el poder, sino la sabiduría práctica que nace de la sencillez de espíritu. La Gracia.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Inflación

¿Aceptar a alguien como "friend" o no hacerlo? He ahí el dilema que Facebook nos trae. Y un servidor, que tiene en mucho la palabra "amigo", sólo se arrepiente de haber hecho "friend", nunca de lo contrario.

Como sucede con el papel moneda, cuando se le da mucho a la máquina y la inflación se dispara, cada unidad pierde valor. Rebajar los requisitos para llamar "friend" a alguien rebaja el valor de ser "friend". Y lo mismo con besos y abrazos.

Que no defiendo al huraño, ni al agarrado, al frío, al seco y envarado. Defiendo la sinceridad de llamar a las cosas por su nombre. Porque cuando alguien es "amigo", entonces hay un vínculo que obliga, que exige, que compromete.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Precio a pagar

Dice un antiguo proverbio que los hombres profesan un sincero respeto por la virtud, y luego la dejan morir de hambre; porque -a pesar de pensamientos mejores- tienen en el fondo de sus corazones un sentimiento maligno que les induce a considerar que es superstición y esclavitud la atadura a determinadas leyes y principios, y que la libertad consiste en el ejercicio efectivo de su albedrío para el mal lo mismo que para el bien; y ven (cosa innegable) que, si un hombre se sacude el yugo de la fidelidad estricta a la conciencia, aumenta enormemente, por un tiempo, su talento productivo y su poder inmediato de alcanzar sus fines. Pues bien, a lo sumo, admirarán al hombre religioso, y lo tratarán con deferencia; pero, en cuanto le pierdan de vista, se sienten obligados a reconocer que una persona tan bondadosa y amable no encaja en el escenario de esta vida para representar un papel; dicen que es demasiado bueno para este mundo; que está forjado para una época más antigua y menos corrompida, y que ha nacido fuera del tiempo que le corresponde. Así se expresa en la historia el político burlón: "Os felicitamos por vuestra incolumidad, mas no envidiamos vuestra locura" (Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, V, 105, 20; en griego en el original)" (John Henry Newman, "El testimonio personal, medio de propagar la Verdad", en La fe y la razón. Sermones universitarios. Ed.Encuentro, 1993)

domingo, 21 de diciembre de 2008

Racionalismos

Me decía Samuel que soy un racionalista -y sólo porque le dije que Amèlie no me gustaba, que me había ido a dormir a los 30 minutos de película la única vez que he intentado verla-. Estoy casi seguro de que no. Puede que, como reacción a mi ser romántico y a el emotivismo -McIntyre dixit- que rampa y campa alrededor, tenga a veces inclinaciones racionalistas. Pero no soy racionalista. No paro de defender el valor de la intuición, de la emoción, que no es sólo la razón lo que nos hace humanos.

Digo esto, porque creo que confunde racionalismo con el hecho de que me gusten las narraciones en las que se me digan verdades. (Verdades que por otra parte pueden transmitirse a través del lirismo, el simbolismo, la imaginación más audaz, etc.)

Tanta fuerza tienen para mí los intentos de desvelar la verdad sobre la naturaleza humana que un pequeño detalle a ese respecto, un descubrimiento, un conectar con una manera de mostrar, pueden encandilarme, enamorarme. (De ahí que Ford o Dickens me flipen.)

El Manantial, de King Vidor, adaptación de la novela de Ayn Rand, es un ejemplo de ello. Siendo una película menor -a pesar de ser de Vidor y de contar con Gary Cooper-, dejó en mí una huella que el tiempo no logra mitigar.

Siempre me ha parecido que el personaje interpretado por Patricia Neal (Dominique Francon) expresa en buena medida, y de un modo único por su sinceridad, la condición afectiva de estos tiempos. Ella sabe que el amor es una cadena, que acabará con su autonomía. Y no quiere ceñirse a ella, ha construido toda su vida para protegerse. Un poco como la eterna Golightly creada por Audrey.

Y, uno, que ha sido educado en el "lo que no se da se pierde" de la Madre Teresa, pero que a la vez ha mamado la posmodernidad que huye del compromiso, no puede evitar sentir ternura por esos personajes (siempre mujeres) y su condición de escindidas.

sábado, 20 de diciembre de 2008

La conjura de los necios

Alentado fervorosamente por Samuel, me leí el libro de John Kennedy Toole, La conjura de los necios. Se trataba de una de esas ocasiones en las que te enfrentas a un libro con el deseo de que te guste, deseo que casi se convirtió en desesperación a medida que comenzaba a leer las primeras 150 páginas.

De verdad que uno lo intenta. Que el canon de la modernidad literaria del siglo XX le guste. Que uno pueda defender a Faulkner, a Joyce, a Hesse, a Conrad... con autenticidad. Pero no.

Y bueno, la de John Kennedy Toole (el título es lo mejor sin duda) fue de menos a más. El final sí me ha gustado más.

Ignatius J. Reilly, protagonista del libro, quiere ser parte de esa tradición quijotesca que hermana a don Alonso Quijano (o Quijada), Pickwick o Max Estrella. Claro que mi sensibilidad no me debiera permitir comparar a Quijada y Pickwick con el personaje de Valle-Inclán o Kennedy Toole. Porque, sí, Reilly es más Estrella que otra cosa. Y La conjura... es más Luces de bohemia que Quijote. Y, claro, a mí la venerada obra de don Ramón me dejó un poco frío.

De la obra, que pretende ser una crítica corrosiva a todo y a todos (lo cual, sinceramente, tampoco tiene demasiado mérito: distinguo, Tollers, distinguo, que diría Lewis, hay que distinguir) os dejo esta cita:
La panacea para Myrna, para cualquier cosa, desde arcas caídas hasta depresión nerviosa, era el sexo. Propagó diligentemente esta doctrina con desastrosas consecuencias para dos bellezas sureñas a las que tomó bajo su protección, con el propósito de renovar sus mentes atrasadas. Siguiendo el consejo de Myrna, y con la solícita colaboración de varios jóvenes, una de estas sencillas muchachas sufrió una crisis nerviosa; la otra intentó, sin éxito, abrirse las venas con una botella rota de coca-cola. La explicación de Myrna fue que las chicas eran, en esencia, demasiado reaccionarias; y predicó con renovado vigor la libertad sexual en todas las aulas y pizzerías, logrando que casi la violase un bedel de la Facultad. Yo, entretanto, procuraba guiarla por el camino de la verdad"


(Para saludable esperpento el blog genial de mi querido Ángel que, ¡lo siento!, no frecuento cuanto debiera)

lunes, 15 de diciembre de 2008

Cita

No hay un vínculo necesario entre los principios intelectuales y los morales de nuestra naturaleza" (John Henry Newman, "Excesos de la razón", en La fe y la razón. Sermones universitarios. Ed.Encuentro, 1993)

viernes, 5 de diciembre de 2008

Más acás y más allás

Hay una hermosísima canción de Paco Bello titulada "Más acá" que dice así:

Hoy no hablaré del mar
Ni de la inmensidad
Ni de ser o no ser.

Hoy no habrá soledad,
Hoy el pan es el pan
Hoy el vino es volver,

A dejarse caer
Descubrir una red,
Al final de tu piel.

Sin prentender abarcar
Mundos del más allá
Te invito a mi casa
Que está mas acá.

Hoy la vida es bienvenida
Sin metáforas altivas.
Hoy tu boca no es gaviota
Ni tus piernas rompeolas
Ni tu ombligo caracola.

Hoy no quiero que haya huellas en la arena
Que recuerden a sirenas
Hoy te quiero conocer

Igual que un animal
Sin pensar en nada más,
Que en el más acá.

Hoy no me haré preguntas
De por que la luna es tan blanca
Si toma tanto el sol.

Hoy no hablaré del reloj
Ni del hombre alienado
Ni del mundo y su coz.

(...)

Hoy la vida es bienvenida...

Otra canción también cautivadora de Luis Eduardo Aute (en su versión en el 'Mano a mano' con Silvio) dice:

Anda,
quítate el vestido
las flores y las trampas,
ponte la desnuda
violencia que recatas
y ven a mis brazos,
dejemos los datos,
seamos un cuerpo enamorado.

(...)"

Me acordaba de ello cuando me decías el otro día -¿a quién advertías?- algo así como que "me estaba poniendo místico".

Porque, ¿no es verdad que está ahí, latente en unos, viva y penetrante en otros, la inclinación -tentación la llamaría- a pensar en lo trascendente como una losa? Como si la libertad estuviese en el ya, en el ahora más inmediato y sensible. Como si eso fuese la vida en plenitud, despreocupada, una especie de Edén.

Es falso que sea lo trascendente, la vida del espíritu, la que nos haga humanos. Lo que nos hace humanos es nuestra carnalidad y nuestra espiritualidad. Cuerpo y alma. Química trascendente.

Pero más patética me resulta -aunque más comprensible, también- la vida inferior del que dice liberarse del peso de la trascendencia y disfraza esa falsa humanidad de carcajadas o de chispeante inmediatez. Qué solos nos quedamos entonces cuando nos quedamos solos.

A veces uno se siente enajenado de la tribu porque ve más allá, porque cree en la trascendencia y cree en ella no como una idea o una ideología, sino como algo que lo empapa todo (y lo esponja), como una tercera dimensión que pone las cosas en su sitio. Porque la ve. Se siente enajenado porque la barbarie tiende a sofocar a quien no está dispuesto a conformarse con una visión chata de lo real. Y lo sofoca con el desprecio, el aislamiento ("cuidado, que se pone místico"). Pero es una soledad que aunque no deseada, e incluso por momentos dolorosa, llega a merecer la pena porque, esa sí, es acompañada.