domingo, 30 de noviembre de 2008

Advenimiento

Llevo más de media hora tratando de escribir algo sobre la Navidad, sobre el Adviento. Pero no lo consigo. Esterilidad absoluta.

Quiero gritarle al otoño que, dónde, oh, está su victoria. Quiero decir que un año muere, pero el siguiente amanece ya pleno de esperanza. Que quiero aplaudirle a la Navidad tantas veces por las tantas que, en años anteriores, las circunstancias me la hicieron odiosa. Que en la perspectiva del Belén que adviene quiero sentirme niño.

Quiero decir algo. Pero no lo consigo.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Ralentizando.

Está uno en la actualidad y no se entera de las cosas. Gracias a Dios, está la blogosfera. Y cuando hay tiempo para darse un garbeo por los blogs próximos, uno recupera verdades que amenazaban con irse entre los dedos.

Así, el presidente uruguayo Tabaré Vázquez, médico, al explicar su veto a la ley del aborto propuesta y aprobada por su propio partido:

Hay consenso en que el aborto es un mal social que hay que evitar. Sin embargo, en los países en que se ha liberalizado el aborto, éstos han aumentado. En los Estados Unidos, en los primeros diez años, se triplicó, y la cifra se mantiene: la costumbre se instaló. Lo mismo sucedió en España.

La legislación no puede desconocer la realidad de la existencia de vida humana en su etapa de gestación, tal como de manera evidente lo revela la ciencia. La biología ha evolucionado mucho. Descubrimientos revolucionarios, como la fecundación in vitro y el ADN con la secuenciación del genoma humano, dejan en evidencia que desde el momento de la concepción hay allí una vida humana nueva, un nuevo ser.

Tanto es así que en los modernos sistemas jurídicos -incluido el nuestro- el ADN se ha transformado en la "prueba reina" para determinar la identidad de las personas, independientemente de su edad, incluso en hipótesis de devastación, o sea cuando prácticamente ya no queda nada del ser humano, aun luego de mucho tiempo.

El verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados. Por eso se debe proteger más a los más débiles. Porque el criterio no es ya el valor del sujeto en función de los afectos que suscita en los demás, o de la utilidad que presta, sino el valor que resulta de su mera existencia.

Así, Benedicto XVI, Papa del Amor y de la Razón Creadora, en su catequesis del miércoles 19 de noviembre.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

A busy man

Me encuentro en estos momentos demasiado ocupado. Hoy, por ejemplo, de 6.30 a 8 he preparado el tema del Dr. Lloyd, y desayunado al mismo tiempo; de 8 a 8.45 he estado en la capilla; de 8.45 a 10.45 he dado mis lecciones; de 10.45 a 12.15 he asistido a las clases del Dr. Lloyd; de 12.15 a 2.15 he atendido a mis alumnos particulares. Luego he tenido que redactar una carta para D en relación con su entrada en Corpus Christi. De 3 a 4 paseado con P para ayudarle a preparar sus exámenes; de 4.30 a 7 cena y capilla; de 7 a 9 clases a alumnos particulares; y aquí me encuentro ahora, mientras escribo a las 10 de la noche, cansado y dispuesto, si Dios quiere a descansar (20 de noviembre de 1823; AW, 195)"

Un trozo de carta de Newman, citada en: JOSE MORALES MARÍN, Newman (1801-1890), Rialp, Madrid 1990, p. 34. Es un apunte que, a través del espacio y el tiempo (justo 185 años después), viene a consolarme. Gracias, Luis.

martes, 25 de noviembre de 2008

Pozos de ambición

Vi por fin la última de Paul Thomas Anderson, del que tanto me gustó Magnolia (más que gustarme, me marcó). Pozos de ambición (There will be blood) ha sido elogiada y criticada a partes iguales -por tirar de tópico-. A mí no me entusiasmó. Es, sin duda, una película muy bien hecha. Con un brillante reparto. Con una música fantásticamente desasosegante. Con una fotografía impresionante... Pero me dejó frío, supongo que por el guión.

Tiene, eso sí, algunas escenas geniales (la última, de aires coenianos, a mi juicio la mejor: "I am the third revelation!!"), pero el guión, en último término, me resulta pelín anodino. Espero durante más de dos horas y media que llegue ese momento sublime, quizá el enfrentamiento encarnizado entre el personaje de Day-Lewis (creo que hace una interpretación demasiado histriónica y demasiado parecida a la de Gangs of New York) y el de Paul Danna... Y al final descubro que la complejidad de Daniel Plainview es demasiado simple y que la historia es dos-más-dos-cuatro. Más o menos.

(La verdad es que me da no sé qué la dureza con que uno puede llegar a tratar el trabajo artístico de alguien que ha demostrado ser un genio y cuya factura es objetivamente buena. Pero uno es demasiado exigente.)

lunes, 24 de noviembre de 2008

Otoñal (II)

Qué dramática ansia de belleza, de infinitud. Deseos abrasadores de armonía, de permanencia. Y, a cambio, el miedo, la tristeza, la sed. La volubilidad. El pecado original.

* * *

Cuando volvíamos de la finca en la Nissan Vanette, el domingo por la tarde -ya sin sol-, dormidos, exhaustos de un fin de semana de campo. Y papás nos despertaban, y había que subir las bolsas, pesadas, todavía entumecidos por el sopor. Y ordenarlo todo. Y ponerse el pijama. Y abrir la cama. Y lavarse los dientes... Entiendo que, del mismo modo que ahora la nostalgia tiñe aquellos recuerdos de cierta extraña belleza -por el puro hecho de ser recuerdos, quizá, y de que yo soy también esos momentos de mi vida- el tiempo hará que también estos otoños estén llenos acaso de su propia incierta hermosura.

Apuntes oxonienses


No es habitual llegar a entender por qué un lugar como Oxford puede llegar a significar tanto para nosotros (Perkeo). Todo se lo debemos a Luis (el vikingo buenagente al que Terzio se refería mas abajo). Él lo descubrió en Shadowlands, en Tolkien, en la filología clásica, en su amor por el medievo, en Newman... Y de ahí, Knox, algo Brideshead, Eliot... Creo que no me equivoco al imaginar la genealogía de esta anglofilia (Oxonifilia, más bien). Y de ahí, poco a poco, la ha hecho germinar en el resto de los que estamos junto a él.

Lo que nos atrae de Oxford es, por empezar con la moraleja, su bien, su verdad, su belleza. Más: el amor que transmite por ellos.

Porque Oxford está cargada de hermosura (le decía a alguien en una postal que esa era la palabra que había que emplear, con toda su solidez: hermosura). Pero esa belleza oxoniense -como la de muchos otros sitios- va más allá de la disposición armoniosa de sus piedras...





...de sus calles...



...o vidrieras...



Oxford tiene algo de fortaleza que ha tratado de guardar ciertas esencias hoy perdidas en buena parte de Occidente. Una idea de la excelencia académica y humanística, de la universidad. Un ambiente que transpira espiritualidad, que te lleva a través de sus afiladas agujas hacia lo elevado. Un concepto de la elegancia al servicio del estudio y la inteligencia. Una visión integral del ser humano (estudio, oración, ejercicio físico, cervezas y aprecio por la comida). De algún modo, un monasterio medieval incrustado en plena (pos)modernidad.

Claro que la realidad cotidiana del Oxford del tercer milenio seguramente tenga muchos oscuros que desdigan esta visión idílica. Pero en las ramas que hoy conforman el árbol de Oxford corre todavía, se percibe, la savia que dio aliento a la empresa medieval. Y, si acaso estuviese camino de pudrirse, entonces habría que salvar a Oxford del propio Oxford. (Y cito, una vez más, a Luis).

Además de eso, las piedras, las calles, las vidrieras de Oxford, tienen la belleza de los años. El peso de la historia y de la tradición. Las voces que atraviesan las épocas y nos hablan desde sus rincones. Las personalidades que cristalizaron entre sus muros y que en buena medida se crearon allí. Wolsey, Moro, Newman, Knox, Eliot, C.S.Lewis, Waugh, Tolkien... Y ahora Charles Taylor y McIntyre... Y la huella que han dejado por todo el mundo con sus escritos, algunos con su propia ejemplar vida. La huella que han dejado en mí, que hace que sólo pueda explicárseme en ellos y con ellos.

Los versos de aquella poesía de Pablo Moreno Prieto ("Una iglesia románica") expresan muy bien algo de lo que quiero decir:

(...)
Es extraño también pensar ahora
en otros caminantes que vendrán
por raídos senderos, desde el norte,
a contemplar las mismas piedras
(...).

Por eso dejo en el agreste tacto
yo también mi mirada
para que forme parte del paisaje,
y se convierta en piedra y así cruce los siglos.

(Ninguna de las fotos es mía, todas son de L.A. salvo la de la calle del Merton, que es de S.P.)

domingo, 23 de noviembre de 2008

viernes, 21 de noviembre de 2008

"Ahora que he vuelto...

...veréis la diferencia". Son palabras del Pélida tomadas de Ilíada XVIII 125, y que tanto gustaron a Froude y Newman. Se las digo al mundo, más allá de las emociones y del frío otoñal. Dominus illuminatio mea!


El escudo de Oxford. Elocuente.


El techo de la Divinity School. Medioevo del bueno, bueno. Glub.


Parte del núcleo duro de Perkeo, frente a Blackwell's. Allí compré dos postales con fotografía de Dostoievski y Charles Dickens. En la Bodleian, otra de Tolkien.


Frente al Hertford Bridge (si es que se llama así). Luis no soporta a los 'Waughs' de Oxford, pero no puedo evitar la cercanía con el pobre Evelyn, con Ryder, y aquí sentado frente a las habitaciones de Jeremy Irons/Charles Ryder con mi hermano Francis:




Al fondo a la derecha, el púlpito de St. Mary desde el que Newman predicó sus Parochial and Plain Sermons.


En el comedor del Christ Church College.


En un momento de plenitud, en el rincón de los Inklings en el Eagle and Child. Creo que la que está junto a mí es la segunda de las tres pintas que me pimplé esa noche.


Junto al Merton, donde Tolkien enseñó Anglosajón y Literatura inglesa.


En ese banco, si existía, o al menos al pie de ese árbol, Tolkien debió de sentarse. Merton College.


En Magdalen College.


Bajo un busto de Tolkien, en la capilla de Exeter, donde estudió aquel.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Quomodo sedet sola civitas!


Aquí estoy yo, ufano y seguro de mí mismo, en el patio de entrada de la Bodleian Library, en la que un aborigen tipo nos fue explicando.



St.Helen's. Pasaje bajo el puente de Hertford. Por allí se accede a un garito de mal nombre muy entrañable. Es el mismo callejón desde el que Samgrass, en la versión BBC de Brideshead, sale para seguir a Charles, cuando va camino de la habitación de Sebastian.

martes, 18 de noviembre de 2008

Un lugar

He pasado bajo el puente del Hertford College y he bebido pintas de cerveza en el mismo sitio en el que lo solían hacer los Inklings. He rezado en la iglesia católica de Saint Aloysius y en la parroquia anglicana de Saint Mary, donde Newman y Keble iniciaron el Movimiento de Oxford. Me he sentado frente a las ventanas de la habitación de Charles Rayder y he escuchado cantar al coro de Christ Church Cathedral. He paseado por la ribera del Támesis en una noche brumosa. He estado en el Merton y el Magdalen. En la Bodleian Library y en Blackwell's.

He estado allí. Y he sobrevivido.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Oxford

“No somos del todo bestias. Nos queda/
una ciudad pura y dulce, arrullada por viejas corrientes,/
un lugar de fantasía y de cadenas que no oprimen,/
un refugio para los elegidos, una ciudad de ensueños”

C.S.Lewis

(Cuando esta entrada se publique, estaré camino de la Arcadia, Oxfordshire por más señas)

jueves, 13 de noviembre de 2008

Evelyn Waugh

"[En Oxford] escribí ensayos breves y cosas de ese estilo para el Cherwell y para el periódico que editaba Harold Acton: Broom, se llamaba. Isis era la revista oficial de los estudiantes de licenciatura. Era aburrida y bullanguera, escrita para bebedores de cerveza y jugadores de rugby. El Cherwell era un poco más frívolo. (...) Me fui de Oxford sin título, deseando hacerme pintor. Mi padre me pagó las deudas y yo traté de convertirme en pintor. Fracasé porque no poseía ni el talento ni la actitud aplicada; no poseía las cualidades morales necesarias"

Entrevistado para The Paris Review, en abril de 1962.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Una mirada

Volviendo a ver el Brideshead revisited de la BBC me doy cuenta de lo fácil que me resulta comprender a todos los personajes, y mira que son distintos. Me ha recordado la cita -que no encuentro- de John Gardner sobre la necesidad que tiene el creador de personajes de no juzgarlos, de llevarse bien con ellos y entenderlos. La vida de lector y de escritor quizá me ha hermanado con el mundo. Con lo intransigente que por naturaleza soy.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Verdades

Durante el desayuno, Tolkien hojea su periódico, de modo siempre superficial. Como su amigo C.S.Lewis, considera las 'noticias' la mayor parte de las veces triviales y dignas de ser ignoradas, y ambos proclaman (para fastidio de muchos de sus amigos) que la única 'verdad' sólo se encuentra en la literatura. Sin embargo, a los dos les gusta resolver los crucigramas" (J.R.R. Tolkien: una biografía, Humphrey Carpenter. Ed. Minotauro. Trad. de Carlos Peralta; p.133)

Qué discusiones no habré tenido yo con Dani diciéndole precisamente eso, que la verdad está básicamente (decir "sólo" me parece simplemente una machada) en la literatura. No en la filosofía (y me gusta), no en la Historia (y me gusta), no en la ciencia (y me interesa mucho), no en la música (uffff, qué decir)... En la literatura, la buena literatura, que lo integra todo, como la vida misma. Y que es accesible a todos.

sábado, 8 de noviembre de 2008

El mundo de un niño

Es sorprendente que todos los personajes sean niños disfrazados de héroes adultos. Los hobbits, o medianos, son niños corrientes; los héroes conmpletamente humanos han llegado a la quinta forma; pero casi ninguno de ellos sabe algo de las mujeres, excepto de oídas. Y los elfos, enanos y ents son, de un modo irrevocable, niños, y jamás llegarán a la pubertad"

Era la crítica negativa de Edwin Muir a El Señor de los Anillos en el Observer, en una nota titulada "El mundo de un niño". Y, pretendiendo atacarla, quizá da razón de uno de los valores del libro.

La posmodernidad es una adolescencia mal digerida. Ahí están los sesentayochistas vistiendo como púberes y negándose a aceptar su responsabilidad como padres. Frente al ansia emancipadora del adolescente, está la inocencia del niño, su pureza, el saberse necesitado, dependiente. Realidades más ajustadas a lo que de verdad somos.

Si me paro, veo que mis obras preferidas tienen la mayor parte de ellas ese aliento infantil: El hombre tranquilo, Los papeles Pickwick, El apartamento...

Tolkien, según recoge la biografía de Humphrey Carpenter, dijo: "Fuera Edwin Muir y su adolescencia retardada. Es bastante viejo para saber más. Si se hubiera graduado lo nombraría profesor de poesía... Una dulce venganza".

viernes, 7 de noviembre de 2008

Otoñal

Antes de venir a escribirlo, me decía: "Qué bobo. Una vez más me creía en septiembre que este otoño no desfallecería, que lo cotidiano no perdería su brillo, que mis principios no se tambalearían...". Y lo demás.

Pero sólo con buscar palabras para expresarlo, se ha conjurado el pesimismo. ¿Será que un predepresivo como yo, sentimental y romántico, está madurando? Sé, desde luego, que amo la vida. La amo incluso cuando, como ahora, apenas sobrevivo mientras silban las balas a mi alrededor.

martes, 4 de noviembre de 2008

La lumbre y las pantuflas

Cuanto más leo, más me siento en mi hogar, más me regocijo"

Hago mía esta frase de J.R.R. Tolkien sobre el Kalevala finés que recoge su biografía escrita por Humphrey Carpenter y editada en español por Minotauro en 1990. La hago mía para todos esos libros que son mi hogar y mi regocijo.

Leo estos días en mi proceso de inmersión oxoniense la citada biografía. Sólo quedan 11 días para poner allí los pies.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Sobre religión

"Creo en la Iglesia de Uganda, no en la de Roma", me dices. Y tengo que contestarte que la crítica, que en principio me parece simple, duele por injusta y porque de ti, la verdad, no me la esperaba.

Pero creo que aun cuando sean críticas injustas y un poco alegres, esconden un grito de esperanza. Supongo que me pides, nos pides, que seamos un ideal para ti, que no me puedas echar nada en cara.

* * *

Entre tanto escupitajo, tanto reproche, tanta crítica fácil con ocasión de "la película", busco otra Voz en todo ello, y me voy a echar una mano al comedor de las H.C. (¡hacía tanto que no iba!). No lo hago -creo- por tirárselo a la cara a los críticos, sino porque realmente allí hay un camino hacia la verdad de lo que somos. Entre los pobres, en su contingencia. Y entre las generosas hermanas, que lo han dado todo por los más pobres de los pobres. Y uno quiere llegar a la verdad de lo que es.

Precisamente, leo estos días el epistolario de la Beata Madre Teresa de Calcuta (Ven, sé mi luz) y oigo su enseñanza:

Podemos negar a Cristo como podemos negar a otros: no te daré mis manos para trabajar, mis ojos para ver, mis pies para caminar, mi mente para estudiar, mi corazón para amar. Tú llamas a la puerta pero yo no abriré. No te daré la llave de mi corazón"

* * *

Se ríen o/y me critican en el trabajo porque considero que es informativamente importante la figura de Benedicto XVI. Les parece que es una pura cuestión de inclinación personal, que es un tema que no interesa, que es una nadería o qué se yo. Que es algo que hay que erradicar, incluso de la información.

En España, la información sobre la religión en general y sobre el catolicismo en particular, es penosa. Al mismo tiempo, este es el medio digital más leído, no tenemos ninguna universidad en el top 100 del mundo y difícilmente cabe esperar que haya un Nobel español en los próximos diez años. Asocio voluntariamente y sin intención de ocultar. Pienso que el nivel cultural de nuestro país es paupérrimo y que la ignorancia religiosa no es más que eso, ignorancia, una enorme manifestación de ella.