domingo, 26 de octubre de 2008

Habitantes

Se puede entender a una persona 'habitada' argumentalmente por otras, a lo largo de una vida. (...) El papel de esas personas que nos 'habitan' es excepcional y decisivo, y no es frecuente que se tenga conciencia clara de ello, ni siquiera por parte de la persona habitada" (Persona, Julián Marías, Alianza Editorial, p.25)

Personas que nos habitan... Y qué bien expresada la intuición. Personalmente, yo sí podría enumerar un puñadito de nombres que me explican, que me habitan. Gentes heterogéneas pero todas de una enorme talla humana.

Más sorprendente es, quizá, la capacidad de los libros para hacer que a través del espacio y el tiempo, nos habiten personas que no hemos conocido personalmente y que, en la mayoría de los casos, jamás podremos conocer. Tal vez eso explique el deseo que suele tener el lector de acceder personalmente al autor de ese libro que le habita, porque cambió su vida o porque marcó su maduración, o porque simplemente le habló al corazón.

viernes, 24 de octubre de 2008

Dos pensamientos sobre la marcha

A veces pienso que ante cada ser humano debiéramos decir lo que Rilke decía de la flor (cito de oídas): ¡Arrodíllate, mortal! Y, sin embargo, ¿por qué se nos oscurece de continuo la sacralidad que hay en cada ser humano por el hecho de serlo?

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De aquel en quien primero piensas cuando quieres comunicar tu alegría a alguien, de ese, estás enamorado.

domingo, 19 de octubre de 2008

Varia

A falta de ideas, de líneas originales por mi parte, me refugio en el combate dialéctico como excusa para pergeñarlas. Más de 120 comentarios, ¡madre mía!

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Dentro de un mes, si Dios quiere, estaré en Oxford, esa Arcadia personal en la que todavía no he puesto los pies, pero en la que ya he estado. Leeré estos días de nuevo una biografía de Tolkien, quizá hojee El Señor de los Anillos, puede que revisite Brideshead en la televisiva versión de la BBC o en la nueva cinematográfica... Espero mucho de ese viaje.

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Lo que peor llevo de mi (nuevo) trabajo es que apenas tengo tiempo para leer. Intento hincarle seriamente el diente a Tras la virtud, de Alasdair MacIntyre, pero no hay manera. De momento, he leído la introducción, y el cedazo me deja esto:

Es intención de este libro poner tal pensamiento al alcance de radicales, liberales y conservadores a la par. Sin embargo, no aspiro a convertirlo en un pensamiento agradable, porque si lo que digo es verdad, nos hallamos en un estado tan desastroso que no podemos confiar en un remedio general.

Pero no vayamos a suponer que la conclusión que saldrá de todo esto resulte desesperada. La angustia es una emoción que se pone de moda periódicamente y la lectura errónea de algunos textos existencialistas ha convertido la desesperación misma en una especie de lugar común psicológico. Ahora bien, si nos hallamos en tal mal estado como me lo parece, el pesimismo resultará también otro lujo cultural del cual habrá que prescindir para sobrevivir en estos duros tiempos."

Ese "pensamiento" es un desorden moral tan grave que los que estamos inmersos en él no tenemos "los recursos morales que necesita para denunciarlo". Veremos. Pero diré de antemano que conecto con el planteamiento.

sábado, 11 de octubre de 2008

Viva la vida

Escucho estos días, por gentileza de Francis, lo último de Coldplay. Se titula como yo titulo el post, claro, y es una pequeña maravilla. Cada día me fascina más la capacidad de la buena música para pulsar qué secretas fibras del alma con su lenguaje inaprensible.

En LastFm un bocadito de uno de los temas.

No os dije que Perkeo ha vuelto, y publicamos un nuevo número. En el que, además, estrenamos nueva sección bloguera. Pasen y siéntense.

lunes, 6 de octubre de 2008

Inocencia

¡Qué fácil es amar a un niño y que difícil amar a eso en que se convierte un niño!"

Cita que tomo de La edad de hierro, de J.M.Coetzee, leído estos días por sugerencia de Samuel.

La cita bien puede servir para ilustrar que ayer mis relaciones con Blanca, mi sobrina de año y medio, dieron un inesperado vuelco. Hasta ahora me rehuía hasta la mirada. Ayer, creo, comenzó una bonita amistad, gracias a Angelita, la ovejita, su muñeca.

El libro, que hoy he terminado, es recomendable recomiendo. Muy bien escrito, desde una perspectiva interesante. El testamento de una mujer que se muere, al tiempo que muere el país que ella conoció, en ambos casos con dolores y traumas. Aunque no puedo evitar que la Sudáfrica que dibuja me pille un poco lejos.

Veneno

Eso no es crítica. Lo llamaría ensañamiento. Quizá amortiguado por las muchas carcajadas, por las buenas rondas de cerveza, por la excusa del cansancio o del que algo de razón tiene.

Pero cuando deja el local y vuelve a casa duele la maldad -del otro, o tal vez propia, por la silenciosa aquiescencia- en el alma, como un esguince que se hace de notar al enfriarse el cuerpo después del ejercicio, solo en la noche, frente a su conciencia. Escuece como una llaga. Cierta desolación.

Eso es la maldad, se pongan como se pongan, y sólo me consuela tener la sensibilidad para no soportarla. No.

viernes, 3 de octubre de 2008

Las partículas elementales (y III)

Treinta años más tarde, se veía obligado una vez más a llegar a la misma conclusión: no cabía duda de que las mujeres eran mejores que los hombres. Eran más dulces, más amables, más cariñosas, más compasivas; menos inclinadas a la violencia, al egoísmo, a la autoafirmación, a la crueldad. Además eran más razonables, más inteligentes y más trabajadoras.

En el fondo, (...) ¿para qué servían los hombres? (...) A veces mataban el aburrimiento jugando partidos de tenis, cosa que era un mal menor; pero a veces les parecía útil hacer avanzar la historia, es decir, provocar revoluciones y guerras, esencialmente. Además del absurdo sufrimiento que causaban, las revoluciones y las guerras detruían lo mejor del pasado, obligando siempre a hacer tabla rasa para volver a edificar. (...) Desde todos los puntos de vista, un mundo compuesto sólo de mujeres sería infinitamente superior; evolucionaría más despacio pero con regularidad, sin retrocesos ni nefastas recriminaciones, hacia un estado de felicidad común."


Aceptar la ideología del cambio continuo es aceptar que la vida de un hombre se reduzca estrictamente a su existencia individual, y que las generaciones pasadas y futuras ya no tengan ninguna importancia para él. Así vivimos, y actualmente tener un hijo ya no tiene sentido para un hombre. (...) Es falso pretender que los hombrestambién necesitan cuidar a un bebé, jugar con sus hijos, hacerles mimos. Por mucho que lo repitan desde hace años, sigue siendo falso. En cuanto un hombre se divorcia, tan pronto como se rompe el entorno familiar, las relaciones con los hijos pierden todo su sentido. El hijo es la trampa que se cierra, el enemigo al que hay que seguir manteniendo y que nos va a sobrevivir."


Bruno: "Yo era un hijo de puta y lo sabía. Lo normal es que los padres se sacrifiquen. Yo no conseguía soportar que se acabara mi juventud, no podía soportar la idea de que mi hijo iba a crecer, iba a ser joven por mí, y que a lo mejor iba a tener éxito en la vida cuando la mía era un fracaso. Quería volver a ser una persona."


"Según Daniel Macmillan, la progresiva destrucción de los valores morales en los años sesenta, setenta, ochenta y noventa era un proceso lógico e inexorable. Después de agotar los placeres sexuales, era normal que los individuos liberados de las obligaciones morales ordinarias se entregasen a los placeres, más intensos, de la crueldad; Sade había seguido una trayectoria análoga dos siglos antes. En ese sentido, los serial killer de los años noventa eran los hijos bastardos de los hippies de los años sesenta y sus antepasados comunes eran ciertos artistas vieneses de los años cincuenta. So capa de acciones artísticas, Nitsch, Muehl o Schwarzkogler organizaron masacres de animales en público; ante un público de cretinos arrancaron y descuartizaron órganos y vísceras, hundieron las manos en la carne y en la sangre, llevaron el sufrimiento de animales inocentes hasta sus últimos límties, mientras un comparsa fotografiaba o filmaba la carnicería para exponer los documentos obtenidos en una galería de arte. Esta voluntad dionisíaca de liberación de la bestialidad y del mal, iniciada por los accionistas vieneses, volvía a verse a lo largo de todos los decenios posteriores. Según Daniel Macmillan, la regresión de las sociedades occidentales desde 1945 no era otra cosa que un retorno al culto brutal de la fuerza, un rechazo a las reglas seculares lentamente erigidas en nombre de la moral y del derecho. Accionistas vieneses, beatniks, hippies y asesinos en serie tenían en común ser unos libertarios integrales, que predicaban la afirmación integral de los derechos del individuo frente a todas las normas sociales, a todas las hipocresías que según ellos constituían la moral, el sentimiento, la justicia y la piedad."


Annabelle: "Los hombres [varones] no hacen el amor porque estén enamorados, sino porque están excitados; me hicieron falta años para comprender un hecho tan obvio y tan simple."

jueves, 2 de octubre de 2008

Las partículas elementales (II)

"Un examen mínimamente exhaustivo de la humanidad debe tener en cuenta mecesariamente este tipo de fenómenos. En la historia siempre han existido seres humanos así. Seres humanos que trabajaron toda su vida, y que trabajaron mucho, sólo por amor y entrega; que dieron literalmente su vida a los demás con un espíritu de amor y entrega; que sin embargo no lo consideraban un sacrificio; que en realidad no concebían otro modo de vida más que el de dar su vida a los demás con un espíritu de entrega y de amor. En la práctica, estos seres humanos casi siempre han sido mujeres."

"Es chocante comprobar que a veces se ha presentado la liberación sexual como si fuera un sueño comunitario, cuando en realidad se trataba de un nuevo escalón en la progresiva escalada histórica del individualismo. Como indica la bonita palabra francesa ménage, la pareja y la familia eran el último islote de comunismo primitivo en el seno de la sociedad liberal. La liberación sexual provocó la destrucción de esas comunidades intermedias, las últimas que separaban al individuo del mercado."

"Siempre me ha asombrado la atracción de los intelectuales por los hijos de puta, los brutos y los gilipollas."

miércoles, 1 de octubre de 2008

Las partículas elementales, de Michel Houellebecq

Creo que cada vez tengo un sentido más elevado del cuerpo humano. Y quizá por eso cada vez, creo, tengo un sentido más elevado del sexo. No tan alto, tan alto que -como el chiste- este en un inalcanzable pedestal. Ni tan excelso, tan excelso, que caiga en la mojigatería. Creo.

Viene esto a cuento de que Las partículas elementales me pareció una novela altamente interesante. Su autor es filósofo y eso se nota. Y eso me gusta. Me gustan las reflexiones filosóficas. Me gusta la frivolidad, pero también la hondura. Además de los jugosos análisis que desparrama de cuando en cuando por la novela, me interesa el petardazo que es en sí misma la novela a toda una época (o mini-época, cabría decir, o tránsito). Houellebecq (en Wikipedia un repaso por su extravagante biografía) es un destroyer; le mete tralla a, se parte de risa del sesentayochismo, especialmente en su faceta sexual-revolucionaria.

Venía a cuento lo que decía al principio -que nos despistamos- porque el petardazo se produce al llevar al absurdo, a la más absoluta banalidad, toda una forma de hacer, unos modos de vida que en manos de Houellebecq son patéticos (a mí me lo parecen antes de que Houellebecq meta baza en el tema). Y esa banalización animalesca de lo sexual, que demuestra en el fondo un absoluto vacío afectivo, es a ratos desagradable, cansina en su nada. Quizá Houellebecq consiga lo que se propone al provocarme este sentimiento.

Tanto en el mensaje como en la forma, Houellebecq es a ratos demasiado obvio, y eso sea quizá lo peor del libro. Confía demasiado en la potencia de su crítica, de los retratos sociales que hace, de sus reflexiones. Pero le falta disciplina, un cierto orden, estilización, elegancia, cuidar más el engranaje narrativo.

El final del libro te deja un buen sabor de boca. Eso hace que mi juicio fuese al final mucho mejor de lo que unas páginas antes se suponía.

Me pareció muy interesante también -porque cala en la mentalidad contemporánea- la mezcla de la física con la metafísica en el libro. O mejor -peor-, la suplantación de la metafísica por la física. (Lo cual demuestra las implicaciones filosóficas que tiene la ciencia, lo necesario que es hermanar esta con la técnica y con las humanidades.)

Tomé algunas citas, sugerentes o/y provocadoras o/y verdaderas (a mi juicio). Esta es una de ellas:

La antropología cristiana, mayoritaria durante mucho tiempo en los países occidentales, concedía una ilimitada importancia a la vida humana, desde la concepción hasta la muerte; esta importancia se revela en el hecho de que los cristianos creen que en el interior del cuerpo humano hay un alma, en principio inmortal, y destinada a reunirse finalmente con Dios. En los siglos XIX y XX, gracias a los avances de la biología, se desarrolló poco a poco una antropología materialista, basada en presupuestos radicalmente distintos y de recomendaciones éticas mucho más modestas. Por una parte al feto, pequeño amasijo de células en estado de diferenciación progresiva, no se le atribuía existencia individual autónoma hasta que no reuniese un cierto consenso social (ausencia de taras genéticas que la anularan, acuerdo de los padres). Por otra parte, el anciano, amasijo de órganos en estado de continuo desmembramiento, sólo podía valerse de su derecho a sobrevivir a condición de una coordinación suficiente de sus funciones orgánicas: se introdujo el concepto de dignidad humana. Los problemas éticos planteados por las edades extremas de la vida (el aborto y, algunos años más tarde, la eutanasia) constituyeron desde entonces factores de oposición insuperables entre dos visiones del mundo, dos antropologías radicalmente opuestas en el fondo.

El agnosticismo por principio de la República Francesa facilitó el triunfo hípócrita, progresivo y hasta ligeramente insidioso de la antropología materialista. Los problemas de valores de la vida humana, de los que se hablaba abiertamente, siguieron dando vueltas en todas las cabezas; se puede afirmar sin la menor duda que en parte contribuyeron, en el curso de las últimas décadas de la civilización occidental, al establecimiento de un clima general depresivo e incluso masoquista."


Publicaré el resto en los próximos días.