jueves, 25 de septiembre de 2008

Quizá

¿Puede que la pasada semana negra financiera en Wall Street con el anuncio final de intervención del Estado haya marcado un antes y un después? ¿Es un signo quizá de ese final de ciclo en Occidente que en otros ámbitos se atisba? ¿Es parte del fin de la modernidad, de esa modernidad construida desde Pico della Mirandola, Lutero o Descartes como una subjetividad? ¿De esa modernidad individualista, que cogió forma con el utilitarismo, con el liberalismo, con "mi libertad acaba donde empieza la de los demás"?

¿Es este otro aldabonazo para descubrir la relación netamente esencial que vincula a todos los hombres? ¿Que mi libertad no acaba donde empieza la de los demás, sino que se funde con ellas y lo que yo haga influye en mi entorno, como las películas corales de los últimos años no dejan de sugerir y de reflejar? ¿Que la libertad autónoma es simplemente una falsedad y, por tanto, peligrosa, como lo son otras utopías que ignoran parte o todo de la naturaleza humana?

No lo sé. Mis conocimientos económicos son escasos y, por tanto, mi perspectiva no puede ser rigurosa. Pero quizá todo esto tenga algo que ver.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Reanudarnos

Ante el vacío neuronal, la cita:

La persona, por su irrealidad, inseguridad y contingencia, es lo más vulnerable, pero con un núcleo invulnerable, precisamente porque nunca está "dada": no se puede decir de ella "esto es", porque "está siendo", "va a ser", sin límite conocido. Consiste en innovación, siempre puede rectificar, arrepentirse, volver a empezar, en suma, renacer"


La forma de realidad de la persona, si se considera su vivencia directa, se podría describir como permanencia del proyecto tras las esenciales "interrupciones", desde el sueño cotidiano hasta las variaciones biográficas, las vicisitudes de las múltiples trayectorias que integran la biografá en la que la persona se realiza. (...)

He mencionado, como "interrupción" primaria y constitutiva, el sueño; creo que no se ha atendido lo bastante a esa dimensión constitutiva de la vida humana; el haberlo visto desde el punto de vista biológico o, a lo sumo, psíquico, ha impedido ver sus sentido más profundo. Si la vida humana careciese de sueño, si fuese una vigilia constante, su estructura sería radicalmente distinta. Cada día se "despierta", es decir, se reanuda la vida tras una interrupción -que no tiene por qué ser total, sobre todo si se tiene en cuenta la posibilidad de soñar, que puede ser cotidiana-. Lo decisivo es que no se despierta a un "mundo", sino a una biografía que se reanuda" (Julián Marías, Persona, Alianza Editorial, 1997)


Somos lo que hemos sido, lo que somos y -esto es lo interesante de la propuesta de Julián Marías- lo que seremos. Spe salvi.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Progreso

Los buenos progresistas dicen que la religión ha sido la causa de numerosos males. También el progreso se ha invocado para la comisión de barbaridades atroces y a nadie se le ocurre pensar que haya que acabar con él.

domingo, 7 de septiembre de 2008

El Estado soviético (I)

Por la noche, cuando su mujer e hija se fueron a dormir, Shtrum empezó a rellenar el formulario. Las preguntas eran casi las mismas que antes de la guerra, y como eran idénticas, a Víktor Pávlovich le parecieron inútiles y portadoras de nuevas preocupaciones.

Al Estado no le interesaba si las herramientas matemáticas que utilizaba Shtrum para realizar su trabajo eran apropiadas; si el montaje instalado en el laboratorio era idóneo para los complejos experimentos que debían efectuarse; si era buena la protección de los investigadores contra las radiaciones; si era satisfactoria la amistad y la relación profesional entre Shtrum y Sokolov; si los jóvenes colaboradores estaban preparados para llevar a cabo calculos extenuantes y si comprendían cuántas cosas dependían de la paciencia, el esfuerzo constante y la concentración.

Era un cuestionario magistral, el formulario de los formularios. Querían saberlo todo sobre el padre de Liudmila, sobre su madre, el abuelo, el abuelo y la abuela de Víktor Pávlovich, dónde habían vivido, cuándo habían muerto, dónde estaban enterrados. ¿Por qué motivo el padre de Víktor Pávlovich, Pável Iósifovich, había viajado a Berlín en 1910? La curiosidad del Estado era seria, tétrica. Shtrum miró el formulario y se sorprendió al dudar de sí mismo: ¿Era un hombre de fiar?"

Vida y destino, Vasili Grossman. Ed. de Galaxia Gutemberg, 2007.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Camino, de Javier Fesser

Una de mis primeras experiencias religiosas conscientes en la vida fue la lectura del libro Un regalo de Dios, sobre la vida de una niña llamada Alexia González-Barros que murió por una dura enfermedad con 14 años, y que lo hizo con un gran sentido cristiano.

Más de veinte años después de la muerte de Alexia, el director de cine Javier Fesser se inspira en la historia para construir una feroz crítica a la religión y en especial al Opus Dei, que dibuja con trazos gruesos y maniqueístas.

La película cuenta la historia de una niña, Camino, cuya vitalidad (la actriz que la encarna lo hace muy, muy bien, y es encantadora) se ve truncada por una grave enfermedad, pero sobre todo por un entorno religioso asfixiante, encarnado por su madre, supernumeraria del Opus Dei.

Ayer tuve la oportunidad de ver la película. Siendo yo del Opus Dei, es evidente que no puedo ser imparcial a la hora de juzgar la película. (Aviso: spoilers)

Por empezar con lo positivo: la película tiene mucha fuerza visual, aunque esa es una virtud ya conocida en Fesser; las actuaciones son muy buenas, y cuando la película se olvida del que parece su primer objetivo, la crítica al Opus Dei y al cristianismo, y se centra en la historia de sufrimiento de una niña (unos 15-20 minutos, la peli dura 130), entonces logra involucrarme.

Que el primer objetivo de Camino es el ataque furibundo contra la Obra y el cristianismo lo demuestra la redundancia -obsesión casi- de Fesser en subrayar sus mensajes, utilizando sin parar la caricatura, estilizada, eso sí, y el simbolismo alegórico (obvio en muchas ocasiones, al menos para mí).

Camino, nombre del ficticio trasunto de Alexia, es como cualquier español avisado sabe, el nombre del libro más difundido del fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá. Por si no queda claro, Fesser utiliza para la tipografía del título la utilizada en la edición del libro en su edición crítica.

A partir de ahí, reinventa la historia introduciendo al comienzo un "inspirado en hechos reales" que hará que el espectador medio dé por cierto lo que ve o que, con suerte, se lo cuestione y, para nota, trate de conocer la historia real.

En la película, la madre de Camino es un ser odioso, tipo la Doña Perfecta de Galdós, a la que sólo falta un emblema de las SS o de la KGB. Cada vez que abre al boca es para decir frases del tipo "nunca estás sólo, sino con Jesús", "pídeselo a la Virgen", "encomiéndalo" o para recriminar a su hija que se queje de su dolor. Y así. No exagero. De hecho, ella escondió las cartas que un antiguo novio de su hija mayor le mandaba desde Italia, lo que, Fesser dice sin tapujos, hizo que se hiciese numeraria auxiliar del Opus Dei. Hay una escena muy visual, para mí grotesca por su obviedad, en que Camino sueña que huye de la cama del hospital y está en una playa, feliz, con su hermana, también feliz en su toalla tocando la guitarra junto al antiguo novio, y la aparición de su madre convierte la situación en pesadilla. Estas secuencias de corte siniestro son frecuentes en la película. Por si el mensaje no queda claro.

El padre de la película, creado ex nihilo, es el espectador perplejo de la historia de crueldad de una madre (bien ayudada por el Opus Dei) para con su hija gravemente enferma.

Capítulo aparte merece el otro gran personaje, el Opus Dei. Creo que cualquier persona que conozca mínimamente la Obra, aun cuando tenga animosidad contra ella, podrá reconocer lo grotesco de la crítica. Entre los personajes más destacables hay un cura joven que resulta repugnante (el maquillaje y el tono de voz un punto amanerado ayudan bastante), otro sacerdote de la "Clínica Navarra" (así se llama en la película) más sutil pero aparentemente incapaz de sentir dolor; la hermana mayor de Camino, presentada como una víctima, que raramente visita a su hermana enferma y a su familia, y que está continuamente fiscalizada por una "numeraria acompañante" (así se le llama en los créditos) que es un prodigio de hosquedad (en ese sentido es patética la escena en la que llama el padre a la casa de las numerarias y la numeraria de pro abre la puerta con la cadena puesta y no quiere aceptar un regalo del padre para su hija). La directora del centro de la hermana mayor también es para echarla de comer aparte.

Hay escenas en las que me salieron grandes carcajadas de lo zafia que era la crítica-parodia (la pesadilla, por ejemplo, en la que Camino es llevada en coche por sus padres y hermana y abandonada en un lugar inhóspito y al marcharse la hermana le lanza por la ventanilla un chorro de agua bendita al tiempo que grita "Viva Jesús Sacramentado").

Al final de la película a Fesser le puede el lado-Fesser que ya conocemos de sus otras películas y la crítica pierde fuerza al hacer una mezcla a mi juicio grotesca (más fácil quizá que guste a sensibilidades femeninas) entre la agonía de Camino y una obra de teatro protagonizada por el chico que quiere (Jesús) y en la que Camino no pudo participar, ¿lo adivináis?, sí, porque su madre mala malísima no le dejó a pesar de que ella lo deseaba. El juego ese de "quiero a Jesús" y "voy a estar con Jesús" refiriéndose al niño y no a Jesucristo es recurrente, especialmente al final de la película. Creo que, al intentar ridiculizar el drama, Fesser ridiculiza su propia crítica.

A todo esto, hasta el último fotograma, el director de Camino quiere recalcar que Dios es un cuento de hadas (la metáfora con Mr.Peebles es evidente), que es un ser maravilloso pero que tiene un problema, "no existe", que Camino está interpretando una obra (la Obra, ji, ji), aunque eso sí, ella es sólo una víctima.

Al final de la película me queda la sensación de que Fesser sabe que Dios existe, pero está encabronado con él. Si no, tanta rabia soterrada es difícil de entender.

martes, 2 de septiembre de 2008

De vuelta

Esta tuerca esta de vuelta. El verano, como se puede intuir en el blog, ha sido absorbente. En julio, hubo mucho trabajo, mucho cambio de horarios... En fin, el blog semiabandonado. En agosto, desconecté por vacaciones.

Estos meses he leído, entre otros, Las partículas elementales, 25 grandes ideas, Firmin, Cometas en el cielo, Vida y destino y el último libro de Vila-Matas, un diario. Leo ahora Un hombre en la oscuridad, la última de Paul Auster. Y saco un segundo para ponerlo aquí por escrito.

Espero poder dedicar más tiempo en los próximos días y escribir ideas, citas, análisis de estos libros. En el capítulo cinematográfico vi Los cuatrocientos golpes, de Truffaut, y Once, una pequeña joyita irlandesa que os recomiendo.