miércoles, 25 de junio de 2008

Serena, tierna y desbordada felicidad

He leído últimamente, ya lo dije, Cien años de soledad, que me dejó frío; también La ciudad y los perros de Vargas Llosa, y psé; intenté con todas mis fuerzas (y da fe de ello que sólo lo dejé después de 300 páginas) leerme Los detectives salvajes del mitificado Roberto Bolaño; pero infumable. Menos mal que entre medias me zampé Las [deliciosas] aventuras de Wesley Jackson. Dejo por imposibles a los sudamericanos, cuya cultura tan poco logra interesarme, y como desagravio me he prometido volver a esa Arcadia literaria que son los Pickwick Papers, en cuidada edición de José María Valverde.

Mientras, termino Persona de Julián Marías, y dejándome llevar por la búsqueda de remedio para un martes tedioso disfrazado de depresión, me he hecho con Tras la virtud, de Alasdair McIntyre, 25 grandes ideas (recomendación ya hace meses de Pseudópodo), de Robert Matthews, y Las partículas elementales, de M. Houellebecq. Y a todo esto, me esperan en la repisa del debe Vida y destino, El caballo rojo, y más. Lo de las lecturas es como cortarle cabezas a la hidra de Lerna, pero en esa aspiración hercúlea está la gracia, creo yo.

Llevan hasta un punto inigualado la vieja lección de educar a los lectores haciéndoles pasar, al mismo tiempo, un largo rato lleno de una serena, tierna y desbordada felicidad"

Lo dice Valverde en el prólogo a Pickwick de la obra de Dickens, y en especial de Los papeles..., que Chesterton consideraba anticipación y síntesis de lo mejor de la obra del inglés, aunque todo ello se presente en amable caos en esta novela mayúscula.

martes, 24 de junio de 2008

In pauca

"Céspedes" es una bombonería-pastelería que he descubierto cerca de la oficina, en Alcalde Sáinz de Baranda, cincuentaipico. El lugar es pequeño, pero muy bien puesto. La mujer que atiende, no sé si la dueña, sonríe con una curva cargada de vida, sin cascabeleos. De sus pasteles me conquistan la originalidad y lo arregladitos que están. Por descontado, están también buenísimos.

El pasado sábado estuve allí por segunda vez y me dejó epatado al verla envolver las dos cajas que me había preparado. Contemplar la perfección técnica llena de ternura con la que lo hacía era un poco como asomarse a la eternidad. Y dirás que exagero. Pero no. Sus manos ya ajadas se desenvolvían con, lo diré, primor, y con maestría. Eran manos de madre, aun suponiendo que ella no lo fuese.

Y no he podido evitar volver a pensar en lo que ya sé; que son manos como esa, que es esa mezcla trascendental de belleza ética y estética, lo que sostiene el mundo. También -o sobre todo- al envolver una caja de pasteles.

lunes, 23 de junio de 2008

Todo eso soy

"Personalmente, me causa mayor satisfacción comprender a los hombres que condenarlos", dice un personaje en Veinticuatro horas en la vida de una mujer, de Stefan Zweig (frase que, por cierto, retrata la mirada narrativa del mismo Zweig autor).

Personalmente, cada día me cuesta menos comprender más al diferente. Suena prepotente, lo sé, orgulloso. Pero creo que es verdad. Sigo siendo un impaciente con lo que no me gusta de los demás, a veces me puede la pulsión fanática, visceral, de mi carácter. Pero creo que cada vez me cuesta menos entender los porqués del otro. Sólo la maldad pura (o casi), que la hay, me resulta inaceptable.

Y creo que esto es así porque -supongo que a todos pasará un poco- con tanta frecuencia encuentro en mí al frívolo, al delicado, al egoísta, al bruto, al codicioso, al generoso, al desengañado, al cabezota, al marginado, al inquisidor, al recto, al injusto, al agresivo, al pacífico, al maníaco sexual, al asceta. Al bueno, al malo. A Dios. Al demonio.

sábado, 14 de junio de 2008

Ira santa

En lo referente al affaire 'cadena de los obispos', esto es, la disputa entre los que estamos en desacuerdo con que la voz airada y el espíritu atribulante de Jiménez Losantos cope la COPE y los que están de acuerdo con ello... De los que acuden recurrentemente al episodio evangélico de los mercaderes en el Templo, líbrame, Señor.

Me pregunto, además, quién es en este caso el que regenta la mesa de los cambistas y demás.

martes, 10 de junio de 2008

God save England

Hace hoy dos años que salí para Inglaterra. Dos meses y medio en Manchester que cambiaron mi vida. Entonces, escribía esto:

De camino al aeropuerto estaba muy nervioso, como podeis comprender, sobre todo por el miedo a lo desconocido. A la vez, sentía una cierta sensacion de liberación, del que emprende una nueva vida, o una nueva etapa en su vida"

No me equivoqué.

Siempre había visto a los ingleses como seres despegados y fríos, alejados de mi supuesto carácter latino. Claro que tenía anglofilia, pero más por el New York cinematográfico que por una cultura angloparlante que no conocía de cerca. Sin embargo, allí descubrí que mi parte castellana o/y la galaico-leonesa estaba más cerca de Oxford que de Los Angeles.

Allí entendí lo que era vivir en una casona victoriana; allí descubrí a Newman, leyendo parte de sus cartas y diarios y una breve biografía; alli leí la Autobiografía de Chesterton y pude leer su opinión sobre mis queridos Pickwick Papers en una edición de principios del XX de Chesterton on Dickens. Y allí, también, me di cuenta de que no tenía ni idea de inglés.

No pude pisar Oxford, ni Londres (apenas el aeropuerto durante unas horas), sí Liverpool y su Cave beatlesque, Chester, la exuberante belleza de Lake District, región-santuario de Beatrix Potter... Precisamente la foto que hoy ilustra mi perfil fue tomada en Hawkshead, un pueblito incrustado en la verdura del lugar:

La vista muy aproximada que se puede tener desde el banco desde el que comía la manzana es esta:




Conocer personalmente Inglaterra y enamorarme de ella me hicieron mejor. Y cuento los días para volver a lo que para mí fue una Arcadia.




Con Chechu y Michel, en un palacete solitario en una loma junto a uno de los lagos de Cumbria (aka Lake District).

lunes, 9 de junio de 2008

Moral de esclavos

No es nada raro sentirse medio imbécil después de hacer un servicio a alguien, especialmente si eso supone darse puntapiés en el gusto o el orgullo, especialmente si la otra persona ni siquiera se da cuenta de ello. Se llama soberbia, sí, pero resulta tan propia de los humanos.

Es iluminador el enfoque de B16 en Jesús de Nazareth, cuando, comentando el Sermón de las Bienaventuranzas, se enfrenta sin miedo a la crítica nietzscheana del cristianismo, tan actual, que precisamente se basa en este episodio evangélico. Son apenas dos páginas, de la 126 a la 128, pero preñadas de vida y respuestas.

¿Es realmente malo ser rico, estar satisfecho, reír, que hablen bien de nosotros? Friedrich Nietzsche se apoyó precisamente en este punto para (...) censurar la moral del cristiano como un "crimen capital contra la vida". (...)

La visión del Sermón de la Montaña aparece como una religión del resentimiento, como la envidia de los cobardes e incapaces, que no están a la altura de la vida, y quieren vengarse con las Bienaventuranzas, exaltando su fracaso e injuriando a los fuertes, a los que tienen éxito, a los que son afortunados [qué honradez la de B16 al presentar el argumento con toda su fuerza]. (...)

El Sermón de la Montaña plantea la cuestión de fondo del cristianismo, y como hijos de este tiempo sentimos la resistencia interior contra esta opción, aunque a pesar de todo nos haga mella el elogio de los mansos, de los compasivos, de quienes trabajan por la paz, de las personas íntegras. Después de las experiencias de los regímenes totalitarios, del modo brutal en que se ha pisoteado a los hombres, humillado, avasallado, golpeado a los débiles, comprendemos también de nuevo a los que tienen hambre y sed de justicia; redescubrimos el alma de los afligidos y su derecho a ser consolados. Ante el abuso del poder económico, de las crueldades del capitalismo que degrada al hombre a categoría de mercancia, hemos comenzado a comprender mejor el peligro que supone la riqueza y entendemos de manera nueva lo que Jesús quería decirnos al prevenirnos ante ella (...). Sí, las Bienaventuranzas se oponen a nuestro gusto espontáneo por la vida, a nuestro hambre y sed de vida. Exigen "conversión", un cambio de marcha interior respecto a la dirección que tomaríamos espontáneamente. Pero esta conversión saca a la luz lo que es puro y más elevado, dispone nuesra existencia de manera correcta."

viernes, 6 de junio de 2008

Comenzar y recomenzar

La perona, por su irrealidad, inseguridad y contingencia es lo más vulnerable, pero con un núcelo invulnerable, precisamente porque nunca está "dada": no se puede decir de ella "esto es", porque "está siendo", "va a ser", sin límite conocido. Consiste en innovación, siempre puede rectificar, arrepentirse, volver a empezar, en suma, renacer.

(...)

[La persona es] un acontecimiento dramático; un sujeto que es alguien que consiste en acontecer.

(...)

Si la vida humana careciese de sueño, si fuese una vigilia constante, su estructura sería radicalmente distinta. Cada día se "despierta", es decir, se reanuda la vida tras una interrupción -que no tiene por qué ser total, sobre todo si se tiene en cuenta la posibiilidad de soñar, que puede ser cotidiana-. Lo decisivo es que no se despierta a un "mundo", sino a una biografía que se reanuda" (Julián Marías; Persona)

Y no deja de ser hermoso pensar que ese sueño y esa mala leche que uno tiene por la mañana es simplemente la consecuencia de la cotidiana oportunidad de volver a intentarlo.

miércoles, 4 de junio de 2008

lunes, 2 de junio de 2008

Incipit vita nuova

La gente dice que la felicidad es el fin, que cuando uno se casa ya está, ya no queda nada por hacer, es el fin, pero uno no debe creérselo porque no es así, no es verdad que sea el fin, es más bien el principio, no hay principio hasta que uno se casa con su chica, hasta que su chica se queda embarazada y cada día está más guapa, hasta que el corazón de uno se dilata con el amor por la chica y por la vida que ésta lleva dentro, y por la vida en general. Eso es el principio, no el fin. Cuando el chico y la chica se convierten el uno en el otro, cuando los dos son la misma persona, entonces comienza la vida, y ya entonces no hay fin que valga: no puede haber fin que valga cuando los dos están juntos y son la misma persona porque así debe ser, ésa es la idea, en eso consiste la vida, una buena patada a la Muerte en el trasero, la vida arreando a galope tendido, la Navidad, el reino en la tierra como en los cielos, la canción y el baile, el viejo río riendo, el mar feliz y contento, el viento cargado de besos, los brazos abiertos del cielo, los brincos del árbol dichoso, el murmullo de la roca, el susurro de la noche huidiza, el paseo del nuevo día. Cuando te digan que la felicidad es el fin, que es aburrida, que ya nada bueno te espera, ni arte ni grandeza, no les creas, pues seguramente ellos nunca han sido felices. Si te dicen que besar es de estúpidos, diles que mienten. Si te dicen que tu amor es propio de ignorantes, llámales hijos de puta y diles que mienten. Si te dicen que la ternura es flaqueza, diles que ellos no son hombres. Si te dicen que el dolor es mejor que el placer, diles que no, que es al revés. Lo bueno es el principio. Lo malo no es el fin, sólo el intento de alcanzar el principio. Lo bueno es lo inmortal. Y nada es tan bueno como el amor. (...) El amor es lo que importa. El amor es el gran número: el uno y único. Es el tres, y el siete, y el nueve, y el once, y todos los números en uno, el uno, único y maravilloso. Ama a Dios. Ama a tu mujer. Ama a tu hijo. Ama a tu vecino. Ama a tu enemigo, el hijo de puta..., ámalo igualmente. Dale una oportunidad al pobre diablo..., ámalo."

(William Saroyan: Las aventuras de Wesley Jackson; pp.298-99; ed. Acantilado; trad. de J. Martín Lloret)