jueves, 31 de enero de 2008

Banqueteando

Todavía con la frase de Dinesen sobre los 3000 años de edad y la cena con Sócrates en la cabeza, de nuevo carambola cultural-literaria este fin de semana. Leo Santuario de William Faulkner y me encuentro con este pasaje:

-¿Ha estado usted hoy fuera de la ciudad? -dijo el conductor.
-Sí -dijo Horace-. ¿Qué hay? ¿Qué ha ocurrido hoy aquí?
-Ella no está ya en el hotel. He oído decir a Mrs.Walker que la llevaron a la cárcel.
-¡Oh! -dijo Horace-. Me apearé en el hotel.
El hall estaba vacío. Después de un momento apareció el propietario: un hombre tirante, de un gris metálico, con un palillo de dientes, el chaleco abierto sobre una panza pulcra. La mujer no estaba allí.
-Esas damas de la iglesia... -dijo. Bajó la voz, el palillo entre los dedos-. Vinieron aquí esta mañana. Una comisión de ellas. Usted sabe cómo es eso, ¿no?
-¿Quiere usted decir que permite usted que la iglesia anabaptista determine quiénes han de ser sus huéspedes?
-Son esas damas. ¿Usted sabe cómo es eso, una vez que se aferran a una cosa? No le queda a uno más remedio que ceder y hace rlo que ellas dicen. Por supuesto, yo...
-Por Dios que si hubiera un hombre...

(...)

-¿Dónde está ella ahora? ¿O es que la echaron de la ciudad?
-Ésas no son cuentas mías; no tiene por qué ocuparme adónde van las gentes después que salen de mi casa -dijo el propietario, volviendo la espalda-. Me figuro que alguien la habrá admitido, sin embargo.
-Sí -dijo Horace-. Cristianos. Cristianos..."

Publicada el año 1931. Y me viene ipso-facto el recuerdo de aquella mítica escena de La diligencia, en la que se nos presenta a la prostituta Dallas, expulsada de la ciudad por la Liga de la Ley y el Orden.


En su encuentro con Doc Boone, también expulsado del lugar, por borracho y deudor, este -en la piel del genial Thomas Mitchell- termina encarándose con la fea y arrugada presidenta de la Liga para declamar:

“¿Ese es el rostro que hizo naufragar mil barcos… y quemó las desnudas cimas de Ilio? ¡Adios, bella Helena!” (traducción mía del guión original)

Y todo esto justo cuando termino de leer la Ilíada, en la versión de Emilio Crespo, de Gredos.

Y me doy cuenta paulatinamente de que la cultura no consiste en acumular experiencias, conocimientos, lecturas, sino en colarse por una rendija en la sala del banquete donde charlan Homero, Sócrates,… y Dinesen, e incluso Faulkner y Waugh. Y escuchar, disfrutar, y, si llega el caso, aportar nuestra modesta opinión, experiencia personal, derramar el pequeño don que también nosotros hemos recibido, para quizá ofrecer algo más al próximo que se una a esta fiesta.

(P.S.: Santuario me ha gustado poco o nada.)

sábado, 26 de enero de 2008

Evelyn Waugh

Faulkner me parece malísimo"

Venero a la Iglesia Católica porque es verdadera, no porque sea oficial o porque sea una institución"

Me agrada que a mis amigos les gusten mis libros"

Un artista debe ser reaccionario. Tiene que oponerse al tono de la época y no caer en el y seguirlo; debe ofrecer cierta resistencia. Incluso los grandes artistas victorianos eran todos antivictorianos, pese a que les presionaban para que se ajustaran a ello"

Antes de mediados del siglo XIX, ningún escritor describía a las clases trabajadoras de un modo que no fueran esperpentos o decoraciones pastorales. Luego, cuando les dieron el voto, algunos escritores empezaron a hacerles la pelota"

viernes, 25 de enero de 2008

El ego creador

Todo artista debiera tener un siervo que, a imitación de los victoriosos generales romanos, le susurrase ininterrumpidamente: "Memento mori". Recuerda que eres mortal.

Faulkner

E: ¿Lee a sus contemporáneos?

W.F.: No, los libros que leo son los que conocí y amé cuando era joven y a los que vuelvo como haces con los viejos amigos: el Antiguo Testamento, Dickens, Conrad, Cervantes, el Quijote... lo leo todos los años, como hacen algunos con la Biblia. Flaubert, Balzac, que creó un mundo propio, un torrente sanguíneo que circula a través de veinte libros, Dostoievski, Tolstói, Shakespeare. A veces leo a Melville, y de los poetas, a Marlowe, Campion, Jonson, Herrick, Donne, Keats y Shelley. Todavía leo a Housman. He leído tantas veces esos libros que nos iempre empiezo en la primera página y continúo hasta el final. Sólo me leo una escena, o algo sobre un determinado personaje, como si te encontraras y hablaras con un amigo durante unos minutos"

"El artista no tiene tiempo de escuchar a los críticos. Los que quieren ser escritores leen las críticas, los que quieren escribir no tienen tiempo de leer las críticas"

jueves, 24 de enero de 2008

Literatura graneada

Las bombas caen por todas partes. La antología de entrevistas en The Paris Review, de la que ya hablé anteriormente, me trae loco. En 150 páginas, más de treinta pasajes VIP señalados, y por no abusar. Leer las opiniones de novelistas de altura abre el apetito creativo y abruma: tanto queda por leer. Y no hay tiempo suficiente para escribir una buena novela y seguir leyendo a la vez.

Nuestros amigos franceses siempre consideran la respuesta a tales preguntas sobre la verdad, como algo abrumador, tremendo, desagradable, hostil hacia nosotros. Pero sin embargo puede pasar que la verdad no sea siempre tan punitiva. Es algo que he intentado sugerir en mis libros. Puede haber verdades que se pongan de parte de la vida. Estoy bastante preparado para admitir que al mentir habitualmente y engañarnos a nosotros mismos, tenemos buenos motivos para temer la verdad, pero no estoy listo para dejar de albergar esperanzas. Puede haber algunas verdades que sean, después de todo, amigas nuestras en el universo" (Saul Bellow)

Considero la escritura no como una investigación de un personaje, sino como un ejercicio en el uso del lenguaje, y esto es lo que me obsesiona. No tengo ningún interés en la técnica psicológica. Lo que me interesa es la acción dramática, el discurso y los sucesos" (Evelyn Waugh)

Todo el mundo hablaba de Freud cuando [yo] vivía en Nueva Orleans, peor no lo he leído nunca. Tampoco lo hizo Shakespeare. No sé si Melville lo leyó, estoy seguro de que para Moby Dick no" (William Faulkner, a la pregunta de si lee a Freud)

Soy un artesano; necesito trabajar con las manos. Me gustaría tallar la novela en un trozo de madera. Me gustaría que mis personajes fueran más pesados, más tridimensionales. Y me gustaría hacer un hombre de manera que todo el mundo, al mirarlo, encontrara sus propios problemas reflejados en él. Por eso le he hablado de la poesía, porque parece un objetivo más propio de un poeta que de un novelista. (...) Intento que cada uno de esos personajes sea pesado, como una estatua, y que sea el hermano de toda la gente del mundo" (Georges Simenon)

La gente joven de hoy no está familiarizada con los elementos o en contacto con ellos. Todo es mecánico y urbano: los niños se crían sin conocer el fuego vivo, el agua viva, la tierra. La gente joven quiere romper con el pasado, odian el pasado, no quieren ni oír hablar de él, y en parte se entiende. Para ellos, el pasado cercano no es sino una larga historia de guerras, y eso no les interesa. Puede que sea el final de algo, de un tipo de civilización” (Isak Dinesen)

¡Me voy a leer! La muerte de Patroclo me espera.

Mentar lo santo

Decía hace unos días Arcadi Espada en su enlazado blog:

Con mayor o menor cordialidad las personas religiosas no pierden ocasión de recordar la superioridad de sus trascendentales creencias sobre todas las demás. En la discusión sobre estos asuntos suele darse un momento álgido en que el creyente que acaba de afrontar una ironía, incluso suave, sobre su creencia, endurece el gesto y replica con talante perdido: “Haga el favor de ser respetuoso.” La misma reacción, idéntica, se produce en la discusión patriótica, que es la siguiente estafa. Coherentemente jamás se ha visto a un darwinista exigir respeto cuando algún simpático creyente se muestra dispuesto a admitir, como máximo, que los darwinistas pueden venir del mono. Siglos de subordinación son la causa probable de que el pensamiento laico aún no se haya sacudido esta capacidad intimidatoria de la religión"

Es un tipo inteligente y agudo, y cultivado, el Espada este. Y de los que piensan que la religión es intrínsecamente mala, porque provoca fanatismo y violencia. (Pues no ha habido crímenes pasionales, y sólo cuatro alucinados dirán que el amor es pernicioso). Sus objeciones y críticas a la religión, justo es reconocerlo, suelen ser interesantes, desapasionadas, y por lo tanto dignas de ser escuchadas y meditadas.

Hacía lo propio con este argumento espadil mientras bajaba unas escaleras mecánicas en el Metro -próxima estación Avenida de América-, cuando se me ocurrió algo. Semejante a lo que cuenta sobre la religión y sobre la patria, sucede con la propia madre. Que a uno maldita la gracia que le hacen que la menten irónicamente (salvo los intimissimi y sólo beodos, claro).

En efecto parece que las religiones (y la patria) tienen más que ver con la madre que con la ideología.

Porque, por mucho que algunos se empeñen, ideología y religión nunca serán lo mismo, como no lo son convicciones y creencias. Ambas respetabilísimas, pero cada una afectando a estratos diferentes de nuestra sensibilidad-racionalidad. Y mientras no quieran enterarse, no encontraremos la solución para algunos de los más graves problemas que amenazan el inmediato futuro.

martes, 22 de enero de 2008

El sueño de Jonás

No me asusta declarar mi firme convencimiento de que este país saldría ganando si su religiosidad fuese bastante más supersticiosa, más fanática, más lúgubre, más combativa de lo que parece ser actualmente.”

Me acuerdo hoy de esta afirmación -latigazo, cabría decir- leída ayer en el sermón 24 del primer tomo de Sermones parroquiales (anglicanos) de Newman: “La religión de estos tiempos” (26 de agosto de 1832). Y la memoria es oportuna frente a los falsos profetas como este dominico que escribe para PRISA. Gracias a Dios, estos lobos con piel de cordero se encuentran en evidente declive tras décadas de campar por sus fueros en el redil católico. Newman continúa, para atenuar el escándalo de nuestras delicadas sensibilidades:

Por supuesto, no considero deseables semejantes actitudes, sería del todo absurdo; pero sí las considero infinitamente más deseables y más fecundas que un endurecimiento pagano y una calma fría, autosuficiente, fatua. Sin duda, la paz de ánimo, la tranquilidad de la conciencia y la alegría son dones del Evangelio y señales del cristiano; pero los mismos efectos -más bien, aparentemente los mismos- pueden originarse de causas muy diferentes.

Jonás se durmió en medio de la tormenta; y lo mismo hizo nuestro Señor Bendito. Aquel dormía con mala seguridad; este, con ‘la paz de Dios que supera todo entendimiento’ (Flp 4,7). No se pueden confundir uno y otro estado, se diferencian perfectamente; tan perfectamente como la calma del mundano y la serenidad del cristiano. Mirad ahora a los marineros del barco que gritan a Jonás: ‘¿Qué haces tú dormido?’ (Jon 1,6); y a los apóstoles que dicen a Cristo: ‘Señor, que perecemos’ (Mt 8,25; Lc 8, 24). Tal es la situación de los supersticiosos: se hallan entre la falsa paz de Jonás y la verdadera paz de Cristo; son mejores que aquel, pero están muy por debajo de este. Si trasladamos esto a la actual religión del mundo ilustrado, que está llena de seguridad, alegría, decoro y benevolencia, considero que todas esas notas pueden proceder tanto de la mucha religión como de la ausencia de ella; pueden ser fruto de la superficialidad de espíritu y la ceguera de conciencia, y también fruto de esa fe que está en paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo."

Y más adelante:

Por mi parte, no me cabe duda, por lo que veo en el mundo, de que se trata del sueño de Jonás, y, por tanto, no es más que un ensueño de religión, mucho menos valioso que la bien fundada alarma de los supersticiosos, quienes están despiertos para ver el peligro, aunque no tienen suficiente fe para alcanzar el remedio"

El sueño de Jonás. Qué gran título para una novela.

El número 17

de Perkeo.

Moral, poder

Creo que ya lo he dicho alguna vez, y quizá en este mismo lugar: no les molestaba que hubiese una institución, una autoridad -la Iglesia-, que marcase la pauta social, poniendo el valor de la verdad por encima del de la libertad. Lo que les molestaba es que no eran ellos los que ejercían esa autoridad. Porque ahora que lo han llamado Estado y pretenden hacernos creer que Eso es el conjunto de cada una de nuestras voluntades, no dejan de intentar imponer su patética moral al conjunto de las voluntades.

Creo que de ahí la impresión de que a Pepiño Blanco o a Zapatero, de la misma estirpe que los intrigantes de todo tiempo, me los imagino en cualquiera de esas estructuras cortesanas de hace siglos, si hiciese falta con tonsura, sotana recamada o capelo cardenalicio.

lunes, 21 de enero de 2008

Vida entre líneas

Terroncito para el caballo. Precisamente ahora que leo la Iliada, y unos días después de hacerlo con la platónica Apología de Sócrates, me encuentro con una frase de Isak Dinesen que me pone los vellos como escarpias:

En realidad tengo 3.000 años y he cenado con Sócrates"

De una entrevista recogida en una antología de la revista The Paris Review, recién editada por El Aleph.

domingo, 20 de enero de 2008

El machismo del cristianismo

Quizá se refieren al espíritu que animaba a Margaret More, o a las valientes santa Inés, santa Águeda y santa Cecilia. O quizá se refieren a lo que afirma el profesor de derecho romano Max Kaser: “La concepción romana del matrimonio difiere fundamentalmente de la moderna, inspirada en motivos cristianos”.

No, es ese medievo oscurantista, en el que la mujer no era nada, aunque haya realidades que desmientan esa visión, como la de Leonor de Aquitania, Santa Blanca de Castilla, Eloísa, Juana de Arco, Dhuoda de Gascuña o Santa Hildegarda. Eso por no nombrar a la inigualable Isabel I de Castilla. Lástima que sea “la Católica”, ¿verdad, amigos anticristianos?

En cambio, la Ilustración, oh, la Ilustración. Agggg, la Revolución liberal... que negó la ciudadanía a la mujer. Ese Código Divil napoleónico que hace incapaz a la mujer de administrar sus bienes. O Hegel: “En las relaciones con el mundo exterior, la mujer supone la debilidad y la pasividad”. O Rousseau, para el que la mujer es un ente precívico. Pero no, todo es culpa del cesaropapismo. Del cristianismo. Más: de Franco. Y eso a pesar de que las primeras sufragistas, en el XIX, surgen de círculos cristianos.

(Muchos de los datos, tomados de La revolución silenciosa, de Jesús Trillo-Figueroa.)

sábado, 19 de enero de 2008

La ética de la autenticidad (II)

Viene de aquí

“Los que se hallan profundamente inmersos en la ‘cultura del narcisismo’ creen que quienes muestran objeciones a la misma ansían una era anterior, más opresora. Los adeptos de la razón tecnológica moderna creen que los críticos de la primacía de lo instrumental son reaccionarios y obscurantistas (sic), que proyectan negar al mundo los beneficios de la ciencia. Y están los defensores de la mera libertad negativa, que creen que el valor de la libertad política está sobrevalorado, y que una sociedad en la que la gestión política se combine con la máxima independencia para cada individuo es lo que debieramos proponernos como meta. La modernidad tiene sus detractores y sus defensores.

No hay acuerdo alguno en nada de esto, y el debate continúa. Pero en el curso de este debate, la naturaleza esencial de estos cambios, que son, ora censurados, ora elogiados, es con frecuencia malentendida. Y como resultado, la naturaleza real de las opciones morales que deben tomarse queda oscurecida. En particular, sostendré que el camino correcto que debe tomarse no es ni el recomendado por los defensores categóricos, ni el favorecido por los detractores en toda regla. Tampoco nos proporcionará la respuesta un simple intercambio entre las ventajas y el precio a pagar por el individualismo, la tecnología y la gestión burocrática. La naturaleza de la cultura moderna es más sutil y compleja. Quiero afirmar que tanto defensores como detractores tienen razón, pero de una forma a la que no se puede hacer justicia mediante un simple intercambio entre ventajas y costes. En realidad hay mucho de admirable y mucho de degradado y aterrador en los desarrollos que he ido describiendo, pero comprender la relación entre ambos es comprender que la cuestión no estriba tanto en saber qué parte del precio ha de pagarse en consecuencias perjudiciales por los frutos positivos, sino más bien en como guiar estos cambios hacia su mayor promesa y evitar que se deslicen hacia formas ya degradadas”. (pp.46-47; La ética de la autenticidad, Charles Taylor. Ed. Paidós; 1994, Barcelona)

viernes, 18 de enero de 2008

Expiación, la película

Joe Wright (Inglaterra, 1972) demostró con Orgullo y prejuicio (Pride and prejudice, 2005) que es un director más que solvente, un joven creador a tener en cuenta. Con Expiación (Atonement, 2006), lo confirma, superándose además, al enfrentarse a una tarea especialmente arriesgada: la adaptación de la obra maestra homónima del novelista Ian McEwan (Inglaterra, 1948), de la que hablé aquí.

Expiación, la novela, era especialmente complicada de llevar a la pantalla. Un buen director debía esquivar, a mi juicio, dos riesgos principales: contar en imágenes una historia que es eminentemente psicológica –riquísimamente psicológica-, y no hacer simplemente una transposición de los hechos, sino aportar lo propio de la narrativa audiovisual a la historia. Wright los esquiva. Capta el espíritu de la obra y lo expresa con los medios que el cine le ofrece. La película está llena de aciertos narrativos y técnicos. El cineasta demuestra su maestría a la hora de trasladar el tono diferente de cada una de las diferentes partes de la novela: el montaje en puntos de vista de la primera (resumir la tela de araña que teje McEwan era dificílisimo), la recreación histórica y la narración absolutamente visual en la segunda (¡el travelling de la playa!), la vida interior de Briony en la tercera, el formato entrevista del epílogo. La fotografía es impecable y refleja cada uno de esos tonos. La película, como la novela, recoge y transforma el espíritu de la narrativa inglesa (la novela, no en vano, está encabezada por un fragmento de La abadía de Northanger (Jane Austen, 1817).

No sé lo que busca exactamente Wright al interpelar continuamente al espectador con un ángulo de cámara que nos enfrenta a la mirada de los personajes, pero el resultado es poderoso. El reparto, claro, ayuda: Knightley con su serena belleza de amazona y sus duros ojos; McAvoy, la transparencia del azul entre los escombros; Briony, glacial en su niñez, penitencial en su primera juventud, crepuscular en la vejez (brutal la breve aparición de Vanessa Redgrave confesando a cámara la minuciosidad del pecado que ha querido expiar). La genial música de Dario Marianelli, como toda gran banda sonora, también cuenta, en todos los sentidos de la palabra.

El que esto escribe nunca sabrá el efecto que le habría causado la película de Wright si no hubiese leído previamente la novela en la que se basa. El esquematismo en el que puede caer la cinta al desarrollar una narración tan complicada (creo que en cierta medida lo hace al radiografíar un amor al que le faltan la multitud de matices psicológicos de la novela) queda anulado por el flujo dialógico que se establece en la mente del lector/espectador entre una y otra obra.

(P.S. Según declaraciones de Wright, McEwan se ha mostrado satisfecho de la versión cinematográfica.)

jueves, 17 de enero de 2008

La razón religiosa

“Che cosa può e deve dire un Papa in un’occasione come questa?”. “¿Qué puede y debe decir un Papa en una ocasión como ésta?”, se ha preguntado B16 en el discurso censurado por los intolerantes de La Sapienza. La pregunta ha sido una respuesta para mí, que anteayer me acusaba interiormente: “¿Por qué hablas tanto de religión, tú que pretendes colaborar al progreso intelectual? ¿Acaso pretendes ser arrinconado en el debate cultural?”. Pero, ¿es verdad que lo religioso no aporta nada al debate?

¿Qué cosa puedo y debo decir?

Soy feliz en el tiempo y el lugar que me ha tocado. Creo en la humanidad. Considero que la modernidad ha obtenido grandes logros, aunque también me irrita (¿por qué?). Y quiero gestionar sus frutos intelectuales. Me pregunto dónde estamos y adónde nos dirigimos, y si es lo que queremos. Tengo voluntad de construir algo, para que lo que venga, no me pase por encima. Y veo, leo, estudio, pienso.

Decían que Dios había muerto. Ahora parece que se trata de un hoax: Zaratustra erró. El siglo XXI va a ser religioso. Phillip Longman ha recordado, con datos, algo obvio: la demografía en Estados Unidos favorece a los conservadores, básicamente porque conservan la vida y la transmiten -curioso: más que los que se supone que creen en el progreso y en el futuro-. Lo mismo se puede decir a nivel global con la religión, con el deseo de no identificarla con conservadurismo político. Sociedad religiosa y fecundidad demográfica son conceptos unidos, mientras que el Occidente secularizado se dirige al suicidio.

Así que nos encontramos ante una intrigante paradoja: los herederos de la modernidad tenemos pequeños o grandes malestares con ella, no estamos cómodos del todo. Quizá porque se ha construido en buena medida sobre el hoax nietzscheano. Como alternativa e incluso como oposición a aquello que nos es más íntimo: nuestra fe religiosa y algunas de nuestras más básicas tradiciones y valores. La cosa amenaza ruptura. Y tanto. Unos fanáticos (iba a decir tarados, pero no: la tentación de hacer creer que no son humanos es fuerte) mataron el 11-S a 3.000 civiles, y lo hacen al grito de “Alá es grande”. La respuesta es hacer la guerra contra el terrorismo hablando de “cruzada”. Y en el terreno laicista, cierta prepotencia y un desprecio serenos a la condición religiosa, que en un primer momento duelen, pero que fríamente apenan por lo que tienen de castración intelectual de esos sujetos. Encastillados en su renuncia a lo sobrenatural y religioso, renuncian también al diálogo.

Fides et ratio
. He ahí una propuesta para que la sociedad se aplique lo de la Iglesia: semper reformanda. Porque no creo en revoluciones impacientes, que acaban atropellando la dignidad humana. El magisterio de B16/Ratzinger es una propuesta a tener muy en cuenta: el 12-S en Ratisbona es una oferta que no podemos rechazar.

Ser ateo es razonable. Pero lo es más ser creyente. Después de la época de la fe en el progreso que iluminaría toda duda y acabaría con el mal, el Misterio permanece, y a veces incluso se ensancha: “sólo sé que no sé nada”, “el que crea saber todavía no sabe como le conviene saber”. El intelectual creyente no pretende hacer pasar a todos por el aro de su fe, pero trata de convencer al que quiera escuchar de los motivos de credibilidad. Y de la ley natural como propuesta moral, razón ética que puede alcanzarse por la recta razón. “Ante una razón a-histórica que busca autoconstituirse en una racionalidad a-histórica, la sabiduría de la humanidad como tal -la sabiduría de las grandes tradiciones religiosas- es algo que conviene valorar como una realidad que no se puede tirar impunemente a la papelera de la historia de las ideas”, dice B16 desde su discurso censurado de La Sapienza.

P.S.: Italia, prima-hermana, has quedado como la chati ante el mundo. Con qué razón se te puede echar en cara: si scires donum Dei...

miércoles, 16 de enero de 2008

El señor de Bembibre

Don Álvaro salió de su castillo muy poco después de Martina, y encaminándose a Ponferrada, subió el monte de Arenas, torció a la izquierda, cruzó el Boeza, y sin entrar en la bailía tomó la vuelta de Cornatel. Caminaba orillas del Sil, ya entonces junto con el Boeza, y con la pura luz del alba, e iba cruzando aquellos pueblos y valles que el viajero no se cansa de mirar y que a semejante hora estaban poblados con los cantares de infinitas aves. Ora atravesaba un soto de castaños y nogales, ora un linar cuyas azuladas flores semejaban la superficie de una laguna, ora praderas fresquísimas y de un verde delicioso, y de cuando en cuando solía encontrar un trozo de camino cubierto a manera de dosel con un rústico emparrado. Por la izquierda subían, en un declive manso a veces, y a veces rápido, las montañas que forman la cordillera de la Aguiana, con sus faldas cubiertas de viñedo, y por la derecha se dilataban hasta el río huertas y alamedas de gran frondosidad. Cruzaban los aires bandadas de palomas torcaces con vuelo veloz y sereno al mismo tiempo; las pomposas oropéndolas y los vistosos gayos revoloteaban entre los árboles, y pintados jilgueros y desvergonzados gorriones se columpiaban en las zarzas de los setos. Los ganados salían con sus cencerros, y un pastor jovencillo iba tocando en una flauta de corteza de castaño una tonada apacible y suave"

El castillo de los templarios de Ponferrada:

Quedáronse entrambos en silencio, como embebecidos en la contemplación del soberbio punto de vista que ofrecía aquel alcázar reducido y estrecho, pero que semejante al nido de las águilas, dominaba la llanura. Por la parte de oriente y norte le cercaban los precipicios y derrumbaderos horribles por cuyo fondo corría el riachuelo que acababa de pasar don Álvaro, con un ruido sordo y lejano que parecía un continuo gemido. Entre norte y ocaso se divisaba un trozo de la cercana ribera del Sil, lleno de árboles y verdura, más allá se extendía el gran llano del Bierzo, poblado entonces de montes y dehesas y terminado por las montañas que forman aquel hermoso y feraz anfiteatro. El Cúa, encubierto, por las interminables arboledas y sotos de sus orillas, corría por la izquierda al pie de la cordillera, besando la falda del antiguo Bergidum y bañando el monasterio de Carracedo. Y hacia el poniente, por fin, el lago azul y transparente de Carucedo, harto más extendido que en el día, parecía servir de espejo a los lugares que adornan sus orillas y a los montes de suavísimo declive que lo encierran. Crecían al borde mismo del agua encinas corpulentas y de ramas pendientes, parecidas a los sauces que aún hoy se conservan, chopos altos y doblegadizos como mimbres, que se mecían al menor soplo del viento, y castaños robustos y de redonda copa. De cuando en cuando, una bandada de lavancos y gallinetas de agua revolaba por encima describiendo espaciosos círculos, y luego se precipitaba en los espadañales de la orilla, o levantando el vuelo desaparecía detrás de los encarnados picachos de las Médulas"

martes, 15 de enero de 2008

Periodismo. Política. España.

Esta era la portada de El Mundo del lunes:



Cuatro quintas partes están ocupadas por declaraciones de políticos. Y así la prensa, los medios digitales, los telediarios... Una sucesión de palabras, declaraciones de los políticos de uno y otro partido y uno y otro más y uno y otro partido. El periodismo del siglo XXI.

Hay en mí algo divino y demónico (...). Va conmigo desde niño, toma la forma de una voz que, cada vez que se manifiesta, siempre me disuade de lo que voy a hacer y jamás me incita a ello. Esto es lo que me impide dedicarme a la política, y creo que me lo impide con todo acierto. Porque, estad convencidos, atenienses, de que si hace tiempo hubiera intentado intervenir en asuntos políticos, hace tiempo habría muerto y no habría sido útil ni a vosotros ni a mí mismo"

En estos tiempos de carestía política, me parecía oportuna la cita de la Apología de Sócrates, en la edición de Númenor, a cargo de Luis Arenal y Rafael Fernández. Teniendo en cuenta que algunos periodistas son más bien políticos, la cita quizá sea especialmente válida.

Newman, pronto en los altares

A través del blog de mi siempre apreciado y a veces incordiante Terzio, me entero de esta noticia bomba. De lo más importante que podría acaecer en 2008, si finalmente tiene lugar este año. Al fin y al cabo, el siglo XXI será muy religioso, por lo que mejor que sea una época de razón religiosa si no queremos asistir a crímenes horrendos de quienes usan la religión como cobertura y detonante de su fanatismo.

Precisamente estos días termino el primer tomo de los sermones parroquiales de Newman, publicados por Encuentro. Acaba de salir el segundo tomo. Prometo una serie newmaniana en próximas entradas, incluyendo jugosas citas de la biografía de José Morales.

Empiezo con esta cita tomada de Apologia pro vita sua (Ed. Encuentro), de una carta escrita a un amigo católico que le regala un libro antes de su conversión:

A 22 de noviembre, 1842. Sólo deseo que la Iglesia de ustedes sea más conocida entre nosotros por escritos como este. Sólo despertarán nuestro interés por ella cuando no ande metida en política sino en sus verdaderas funciones de exhortar, enseñar y guiar. Desearía que hubiera alguna posibilidad de hacer entender a sus dirigentes lo que creo no será novedad para usted. El corazón de Inglaterra no se gana a base de sabias discusiones ni de argumentaciones sutiles ni de relatos de milagros sino, como dice el Apóstol, a base de hombres que ‘se muestren a sí mismos como ministros de Cristo’ (2 Co 6, 4)” (p.198)

lunes, 14 de enero de 2008

¿B16, espiritualista?

Cuenta el ABC, en base a estudios demoscópicos elaborados a partir de cruzar datos del CIS, y teniendo en cuenta la práctica de la religión de los españoles según los criterios de católico practicante, no practicante, no creyente, creyente de otra religión, que el primero es el que tiene un mayor compromiso de presencia en las urnas. “La implicación democrática es parte de sus valores”, dice Narciso Michavila, director del Gabinete de Análisis Demoscópico (GAD). El artículo, que en unas semanas no estará accesible (penosa web de ABC), aquí.

Viene la cosa muy al caso. Anteayer mismo leía estupefacto un artículo de Gianni Vattimo en El Mundo. El filósofo italiano, proponedor del pensiero debole, habla de la última encíclica del Papa para criticarla negativamente. Vattimo acusa a B16 de que el documento pone el acento de la esperanza en el sufrir, y olvida el actuar. “Es (...) sobre el padecer sobre el que se pone como siempre el acento, siguiendo una línea que, por otra parte, ha resultado dominante dentro de la tradición cristiana. Según ésta -la línea doliente-, Jesús sufre en la cruz porque es la víctima propicia, la víctima capaz de satisfacer la ira del Padre a causa del pecado original. De ahí la exaltación del sufrimiento como mérito. Mientras que actuar con los otros y sufrir con ellos no tiene nunca (para estos intérpretes) -como debería tener- el sentido de una lucha común contra lo que produce sufrimiento”. (¿"La ira del Padre"?)

Me pregunto si Vattimo y yo hemos leído la misma encíclica. Porque, si bien es verdad que B16 no deja de insistir en que “el cristianismo no traía un mensaje socio-revolucionario como el de Espartaco, que fracasó a costa de sus cruentas luchas” (para Vattimo esta frase es el resumen de la encíclica), insistir en que no hay que buscar en el cristianismo una especie de utopía que haga un mundo nuevo de este valle de lágrimas, también es verdad que Ratzinger/B16 siempre vincula la vida interior del cristiano al compromiso con el prójimo (en Introducción al cristianismo dice incluso que la categoría “relación” no es tal, sino que es parte de la sustancia del ser humano). La apreciación de Vattimo se muestra sangrantemente inexacta cuando uno lee en Spe Salvi, precisamente antes de referirse al sufrir como lugar de esperanza:

En la oración tiene que haber siempre esta interrelación entre oración pública y oración personal. Así podemos hablar a Dios, y así Dios nos habla a nosotros. De este modo se realizan en nosotros las purificaciones, a través de las cuales llegamos a ser capaces de Dios e idóneos para servir a los hombres. Así nos hacemos capaces de la gran esperanza y nos convertimos en ministros de la esperanza para los demás: la esperanza en sentido cristiano es siempre esperanza para los demás. Y es esperanza activa, con la cual luchamos para que las cosas no acaben en un «final perverso». Es también esperanza activa en el sentido de que mantenemos el mundo abierto a Dios. Sólo así permanece también como esperanza verdaderamente humana” (p.34)

Servir a los hombres. Luchamos. Activa.

Y, a continuación, el Papa titula: “El actuar y el sufrir como lugares de aprendizaje de la esperanza” (la negrita es mía). Y comienza el epígrafe así -dejando en evidencia la superficialidad, o los prejuicios, del análisis de Vattimo-:

Toda actuación seria y recta del hombre es esperanza en acto. Lo es ante todo en el sentido de que así tratamos de llevar adelante nuestras esperanzas, más grandes o más pequeñas; solucionar éste o aquel otro cometido importante para el porvenir de nuestra vida: colaborar con nuestro esfuerzo para que el mundo llegue a ser un poco más luminoso y humano, y se abran así también las puertas hacia el futuro. Pero el esfuerzo cotidiano por continuar nuestra vida y por el futuro de todos nos cansa o se convierte en fanatismo, si no está iluminado por la luz de aquella esperanza más grande que no puede ser destruida ni siquiera por frustraciones en lo pequeño ni por el fracaso en los acontecimientos de importancia histórica" (p.35)

Y los ejemplos en la misma encíclica se multiplican. Pero todo queda más claro con respecto a Vattimo cuando se pregunta: “¿Qué decir de la total ausencia de la teología de la liberación, o de autores tales como Moltmann y tantos otros que han tratado de dar un contenido no puramente espiritualista a la doctrina cristiana de la esperanza?”. Ah, era eso. Que no se ha enterado que la teología de la liberación no es doctrina católica. Por si acaso, B16, le responde de antemano: “Si no podemos esperar más de lo que es efectivamente posible en cada momento y de lo que podemos esperar que las autoridades políticas y económicas nos ofrezcan, nuestra vida se ve abocada muy pronto a quedar sin esperanza.”.

Contra la percepción de Vattimo y tal y como señalan los datos demoscópicos en ABC, creer en la vida eterna no nos despega de esta, y resulta que el católico tiene un compromiso con esta tierra que ya quisieran los materialistas. Y también lo dice B16/Ratzinger repetidamente, como señalé aquí.

domingo, 13 de enero de 2008

El Bierzo libre

Hay lugares que son hermosos por su belleza intrínseca, otros porque además -o sólo- cuentan con la pátina de la Historia, y los de más allá porque tienen la de nuestra propia historia. El fin de semana que hoy termina los he visitado todos.

El viernes cayeron las primeras nieves del invierno sobre Turienzo Castañero. Leves. Breves. Me hago la ilusión de que aquel glaseado se preparó -obvio, por Alguien- para la ocasión, para mi ocasión. Que todo estuviese en su punto, como envuelto en papel de celofán y con lazo.


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Turienzo (Castañero) es un pequeño pueblo, a solo cinco kilómetros de Bembibre del Bierzo. Este es el pueblo de mi padre; aquel el de mi abuela paterna. Bembibre -en la A-6, 15 kms. antes de Ponferrada- da nombre a uno de los pocos frutos del Romanticismo español: la novela de Enrique Gil y Carrasco, El señor de Bembibre. Después de mis muchos veranos allí, de mi deuda por tanto, y de mi pretendido hispanismo, tengo que reconocer que no la había leído, así que me la llevé para acompañar el viaje.

La estancia en las tierras bercianas, reparadora. El sábado estuvimos en León. Misa en la catedral y visita a la colegiata de San Isidoro. Comida en La Casa del Cura, una cueva-restaurante en el pueblecito de Valdevimbres. No debéis dejar de comer allí si tenéis ocasión: morcilla de la tierra, pimientos rellenos, tortilla guisada... para empezar.

Hoy, hemos comido de vuelta a Madrid, en Astorga, frente a la catedral y al palacio de Gaudí. Antes, habíamos asistido en Turienzo a una Misa digna de una película de John Ford. Don Celes (santo varón que lleva al menos ventitantos años -y en qué coyuntura estos ventitantos años- de cura en cinco o seis pueblos de la zona) se ha girado en medio de la celebración para dar una cachetadilla verbal al trío de monaguillos, que andaban trasteando con las campanillas haciéndolas sonar. Con qué ímpetu las han agitado en la consagración. Las buenas feligresas apretaban los dientes para amortiguar el sonido reventón de los badajos. Mucho ruido me ha parecido para una sola campanilla. Oído el jaleo, me sospecho que los monaguillos andaban disputándose la más ruidosa. Los cantos, por supuesto, de pena, pero en estos lares se les perdona cualquier cosa. La homilía, fantástica. Por supuesto, el atrezzo cuenta con el grupillo de varones que espera a que empiece la Misa para entrar. No sé si se escaparon en la homilía pero es indiferente, porque desde hace tiempo un portentoso altavoz radia para todo el pueblo la celebración. A comulgar, todo mujeres, salvo un viejete y los tres jóvenes madrileños. Para despedirse, don Celes detalla las cuentas anuales con gran campechanía: tenemos deudas, pero ya las iremos pagando con lo que ponéis vosotros en la cestilla, que aquí nadie más ayuda, ni esperemos subvenciones, y cuando logremos sacar dinero para arreglar el tejado, pues lo haremos. Por último, entona un cántico de despedida sin abandonar el altar. Antes de un minuto, quedamos solo cinco personas. Qué manera de correr a la salida. No he podido contener la sonrisa radiante. Termina el canto y don Celes echa cuentas con los monaguillos sobre el altar, les da unas monedicas por ayudar.

Este, el retablo de la iglesia de Turienzo, dedicada a San Pelayo.

viernes, 11 de enero de 2008

Mi futuro

Ayer, finalmente, por fin, definitivamente, me hice con una plaza de empleado fijo en la Corporación RTVE. La plaza es de periodista en el área de Medios Interactivos que RTVE está preparando para lanzar en febrero-marzo. Lo siguiente es que me llamen para firmar el contrato y empezar a trabajar, espero que cuanto antes, porque tengo una enorme ilusión. Como podéis imaginar, este cambio es drástico y supone un antes y un después en mi vida. Agradezco el apoyo y las oraciones que me habéis brindado.

jueves, 10 de enero de 2008

La ética de la autenticidad (I)

“La libertad moderna se consiguió cuando conseguimos escapar de horizontes morales del pasado (...), sobrevino gracias al descrédito de dichos órdenes [jerárquicos]. Pero al mismo tiempo que nos limitaban, esos órdenes daban sentido al mundo y a las actividades de la vida social.

(...)

Repetidas veces se ha expresado la inquietud de que el individuo perdió algo importante además de esos horizontes más amplios de acción, sociales y cósmicos. Algunos se han referido a ello como si hablaran de la pérdida de la dimensión heroica de la vida. La gente ya no tiene la sensación de contar con un fin más elevado, con algo por lo que vale la pena morir. Alexis de Tocqueville hablaba a veces de este modo en el pequeño siglo, refiriéndose a los ‘petit et vulgaires plaisirs’ que la gente tiende a buscar en épocas democráticas. Dicho de otro modo, sufrimos la falta de pasión. Kierkegaard vio la ‘época presente’ en esos términos. Y los ‘últimos hombres’ de Nietzsche son el nadir final de este declive; no les quedan más aspiraciones en la vida que las de un ‘lastimoso bienestar’. Esta pérdida de finalidad estaba ligada a un angostamiento. La gente perdía esa visión más amplia porque prefería centrarse en su vida individual. La igualdad democrática, dice Tocqueville, lleva lo individual hacia sí mismo, ‘et menace de le renfermer en fin tout entier dans la solitude de son progre coeur’. En otras palabras, el lado oscuro del individualismo supone centrarse en el yo, lo que aplana y estrecha a la vez nuestras vidas, las empobrece de sentido, y las hace perder interés por los demás o por la sociedad.

Esta inquietud ha salido recientemente a la superficie en la preocupación por los frutos de la ‘sociedad permisiva’, la conducta de la ‘generación del yo’ o la preeminencia del ‘narcisismo’.” (pp.38-40; La ética de la autenticidad, Charles Taylor. Ed. Paidós; 1994, Barcelona)

miércoles, 9 de enero de 2008

Charles Taylor

La ética de la autenticidad es uno de los principales libros del filósofo canadiense Charles Taylor. Lo leí el pasado verano y me resultó luminoso. La que sigue es una cita tomada de la introducción de la edición de Paidós, me parece una buena presentación de Taylor:
La modernidad, las muchas modernidades que se acumulan para hacernos lo que somos, no tienen camino de regreso y, al fin y al cabo, el diagnóstico de los males de la identidad que se tiene no puede concluir, por muy dañino que fuera el estado en que tal identidad se encuentre, en una terapia que propusiera abolirla de raíz. En esa indagación sobre el estado moral de nuestra identidad y de nuestro tiempo el análisis de Taylor se sitúa claramente en las filas de los defensores de aquellas ideas e instituciones que definen la modernidad: la democracia, los derechos y las libertades, los afanes de la tolerancia y de la igualdad; pero se puede percibir, también, un eco de una perplejidad más honda que quisiera recuperar en un nuevo lenguaje, en odres nuevos, algo de lo que solo se expresó en otro más viejo, en odres ya ajados. Así, en más de un momento, la adscripción de Charles Taylor al teísmo –y a una forma particular de teísmo: la católica- quiere reivindicar la fuerza semántica de una articulación de valores en clave religiosa, como también hace su compañero de creencias, Alasdair MacIntyre.” (De la Introducción de Carlos Thiebaut a La ética de la autenticidad, Charles Taylor. Ed. Paidós; 1994, Barcelona)

Continuará...

martes, 8 de enero de 2008

Expiación, la novela

El próximo viernes se estrena en España Expiación (Atonement), película dirigida por Joe Wright y protagonizada por Keira Knightley y James McAvoy, y basada en la novela homónima de Ian McEwan, publicada en 2001. Acabo de leer esta y me ha parecido sencillamente fantástica, supongo que calificable como obra maestra.

De McEwan he leído también la muy interesante Sábado (Saturday, 2005). Expiación me parece superior. Esta habla de las consecuencias que puede tener en las vidas de los que nos rodean, y por lo tanto en la propia vida, un error de infancia; pero habla también de las relaciones entre ficción y realidad, y de culpa y perdón. La novela de McEwan cuenta con una genial arquitectura narrativa, en tres partes y coda, que nos lleva fluidamente desde una reunión familiar en 1935 -en una de las tan literarias mansiones de campo inglesas- hasta la Segunda Guerra Mundial y el Londres más actual. Además de multiplicar los puntos de vista desde los que se nos cuenta la historia, la psicología de esos “ojos”, de los diferentes personajes, está delicadamente trabajada. Porque McEwan, en la línea de la mejor literatura inglesa, posee un magnífico bisturí por pluma para crear unos personajes y penetrar en sus mentes, en su espíritu. Y, sin embargo, no se enreda en las psicologías de los personajes para desplegar un catálogo de mentalidades enfermizas, como es habitual hoy en día, sino para explicar a los personajes, a veces a través de diálogos triviales o situaciones mínimas, que luego cobran sentido cuando se desencadena el núcleo de la acción.

Precisamente este fin de semana leía una entrevista en la revista Nuestro Tiempo a Enrique Vila-Matas, al que le parece “espantoso” que la gente diga que se ha leído una novela de un tirón. Yo me he leído las 400 páginas de Expiación, no de una sentada, pero sí con avidez satisfecha.

McEwan, como los grandes novelistas, es capaz de crear vívidas realidades que funcionan por sí mismas, sin forzamientos, dejando así que sus personajes, llenos de humanidad, interactúen. Solo hecho en falta -puesto que se habla de culpa y que incluso un término tan religioso da título a la obra- trascendencia; es esta la que es capaz de hacer panes de las piedras, sacar algo del pecado.

lunes, 7 de enero de 2008

Nosotros, los modernos

“Las realidades nacidas de la filosofía del hombre moderno parecen sentir un placer travieso en llevar la contraria a las ambiciones de esta filosofía, en transformar sus promesas en amenazas, en funcionar por sí mismas. Es indudable que reina la racionalidad, pero se ha vuelto difícil oponer, sin recurrir a otro tipo de proceso, los cálculos de la razón a las tinieblas de la superstición, pues los procesos desencadenados por la razón no tienen nada de razonable.

(...) He escogido como máxima pedagógica esta confidencia del inmenso profesor que fue también Michelet: ‘Siempre he tenido la delicadeza de no enseñar jamás lo que yo no sabía. Así salía al encuentro de esas cosas tal como eran en mi visión apasionada, nuevas, animadas, ardientes, bajo la primera atracción del amor’” (p.20; Nosotros, los modernos; Alain Finkielkraut. Ed.Encuentro. Trad.de Miguel Montes. 2006. T.original: Nous autres, modernes, 2005)

domingo, 6 de enero de 2008

La ficción como hermenéutica (II)

“La literatura es el reino por excelencia de la ambigüedad”, dice Vargas Llosa. Porque se trata de sugerir, de esbozar. La ficción literaria no es, desde luego, pura explicación lógico-racional. Chesterton reconoce en su Autobiografía que “no podía ser novelista, porque en realidad a mí me gusta ver las ideas y los conceptos forcejear desnudos, por así decirlo, y no disfrazados de hombres y mujeres” (G.K.Chesterton: Autobiografía, El Acantilado, 2005). “Las novelas mienten –no pueden hacer otra cosa- pero esa es solo una parte de la historia. La otra es que, mintiendo, expresan una curiosa verdad, que sólo puede expresarse encubierta, disfrazada de lo que no es”, considera Vargas Llosa. La capacidad de la ficción para escudriñar el misterio del hombre.

La modernidad ha querido llenar de luz cada rincón de la existencia, cada doblez, cada recodo. Loable empeño que nos ayuda a ser libres. Pero una confianza febril e ilimitada en la razón, en el dato pragmático, en la explicación científica, amputa la realidad. Hay quien todavía pretende hacernos creer que todo tiene una explicación. El ratoncito Pérez no existe, los Reyes son los padres, Dios ha muerto y la poesía no resolverá el hambre en el mundo.

Pero la modernidad, tan cargada de promesas, y que tantos bienes nos ha traído, ha defraudado en su oferta redentora. Ha hecho fin de los medios. Ha querido desterrar el poder de la magia, de lo inefable, del misterio. Por eso, posmoderno que uno es, escaldado de un mundo en el que las humanidades cuentan poco, temeroso de más “siglos de las luces” en los que la buena literatura brille por su ausencia, reivindico, con Tolkien, el poder de los relatos; con Chesterton, los cuentos de hadas.

No creo en el lenguaje como un territorio en el que refugiarse. Frente a esa lingüística masturbatoria, he creído por intuición primero, por sentido común después y ahora por racionabilidad, que el lenguaje está conectado con una verdad que quiere expresar –también a una belleza-, con la compleja realidad. El lenguaje no se debe perder en frondosidades vacías, que no signifiquen, que merezcan la maldición divina de la higuera. De ahí que crea en la literatura como el reflejo más humano de una época. Y no hablo de realismo. “No es el carácter ‘realista’ o ‘fantástico’ de una anécdota lo que traza la línea fronteriza entre verdad y mentira en la ficción”, dice Vargas Llosa.

sábado, 5 de enero de 2008

La ficción como hermenéutica (I)

“La verdad literaria es una y otra la verdad histórica”. Lo dice Mario Vargas Llosa en el ensayo titulado “La verdad de las mentiras”, que encabeza un volumen con el mismo nombre, en el cual se contiene un ramillete de reflexiones sobre algunas de las novelas más importantes del siglo XX.

Y, sin embargo, la ficción narrativa tiene la escalofriante capacidad de describir e interpretar una época, el hombre concreto de esa época. Esa capacidad procede seguramente del hecho de ser la manifestación de concretos seres humanos en un tiempo y en un lugar, y de que la originalidad de una ficción, su categoría, –y cito de nuevo el ensayo de Vargas Llosa- “es más profunda cuanto más ampliamente exprese una necesidad general y cuantos más numerosos sean, a lo largo del espacio y del tiempo, los lectores que identifiquen, en esos contrabandos filtrados de la vida, los demonios que los desasosiegan”.

El novelista peruano dice también que “las novelas tienen principio y fin y, aun en las más informes y espasmódicas, la vida adopta un sentido que podemos percibir porque ellas nos ofrecen una perspectiva que la vida verdadera, en la que estamos inmersos, siempre nos niega. (...) A veces sutil, a veces brutalmente, la ficción traiciona la vida, encapsulándola en una trama de palabras que la reduce de escala y la ponen al alcance del lector”. Es precisamente esa capacidad de hacer accesible al lector, al espectador, los más profundos misterios sobre la vida, lo que sustenta las posibilidades hermenéuticas de la ficción. “No se puede ser artista sin leyes y límites. El arte es limitación; la esencia de toda pintura es el contorno” (Ortodoxia, G.K.Chesterton); "Las limitaciones que cualquier escritor impone a su trabajo resultarán de las necesidades que hay en el material mismo y éstas, generalmente, van a ser más rigurosas que las que la religión pudiera imponer” (Flannery O’Connor, La Iglesia y el escritor de narrativa): el artificio que ordena la literatura y el arte en general es una atalaya privilegiada para entender la historia del pensamiento, que es decir la historia del ser humano, pues el pensamiento nunca flota solo, etéreo, sino que se encarna en seres humanos, concretos, cuerpos frondosos con almas sólidas aunque invisibles. La ficción es hermenéutica a través de su capacidad de sugerir.

viernes, 4 de enero de 2008

No así los impíos, no así

Un cristiano posmoderno como yo está acostumbrado a subrayar la misericordia de Dios y nuestra voluntad autónoma como causa de condenación. Esto es, Dios no condena a nadie, sino que es uno el que dice NO. Insistir exclusivamente en este planteamiento tan racional y moderno corre el riesgo de eclipsar la justicia, virtud principalísima y atributo de Dios.

En su reciente Spe Salvi, Benedicto XVI propone tres lugares donde encontrar esperanza. Uno de ellos es el Juicio divino tras la muerte. Dice:

Estoy convencido de que la cuestión de la justicia es el argumento esencial o, en todo caso, el argumento más fuerte en favor de la fe en la vida eterna. La necesidad meramente individual de una satisfacción plena que se nos niega en esta vida, de la inmortalidad del amor que esperamos, es ciertamente un motivo importante para creer que el hombre esté hecho para la eternidad; pero sólo en relación con el reconocimiento de que la injusticia de la historia no puede ser la última palabra en absoluto, llega a ser plenamente convincente la necesidad del retorno de Cristo y de la vida nueva.” (la negrita es mía)

Antes ha puesto de manifiesto “cómo el ateísmo de los siglos XIX y XX, por sus raíces y finalidad, es un moralismo, una protesta contra las injusticias del mundo y de la historia universal. Un mundo en el que hay tanta injusticia, tanto sufrimiento de los inocentes y tanto cinismo del poder, no puede ser obra de un Dios bueno. El Dios que tuviera la responsabilidad de un mundo así no sería un Dios justo y menos aún un Dios bueno”. Pero “un mundo que tiene que crear su justicia por sí mismo es un mundo sin esperanza. Nadie ni nada responde del sufrimiento de los siglos”.

Es una reflexión purificadora ahora que toca contemplar la desgarradora estadística del aborto institucionalizado, socializado. Yo soy el judío que en el campo de concentración se preguntaba dónde estaba Dios, el obrero de los suburbios que veía morir a sus hijos sin poder hacer nada por ellos, el perseguido del gulag. Yo grito por esos niños.

B16 me responde que “si ante el sufrimiento de este mundo es comprensible la protesta contra Dios, la pretensión de que la humanidad pueda y deba hacer lo que ningún Dios hace ni es capaz de hacer, es presuntuosa e intrínsecamente falsa. Si de esta premisa se han derivado las más grandes crueldades y violaciones de la justicia, no es fruto de la casualidad, sino que se funda en la falsedad intrínseca de esta pretensión”. Qué terrible verdad. La utopía comunista que apisona a millones. Los que abominan de Dios por permitir el mal y el dolor mientras pasan por la aspiradora los tiernos cuerpecillos de nonatos.

Yo no grito contra Dios, porque él es el judío gaseado, el niño asesinado, el cristiano represaliado. Él es la Cruz. “Dios revela su rostro precisamente en la figura del que sufre y comparte la condición del hombre abandonado por Dios, tomándola consigo. Este inocente que sufre se ha convertido en esperanza-certeza: Dios existe, y Dios sabe crear la justicia de un modo que nosotros no somos capaces de concebir y que, sin embargo, podemos intuir en la fe”, dice B16. Yo grito contra ti, ser humano, capaz de amor y odio.

Ante tanta barbarie humana, uno se siente desalentado, como Roy Batty en aquella azotea de Los Angeles. Aunque yo creo -sé- que estas mis palabras, como esos niños asesinados antes de nacer, no se “perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”. Porque cuando sea “tiempo de morir”, habrá una esperanza, cuando el velo gris de este mundo se levante, y todo se convierta en plateado cristal, es entonces cuando se verá...

-¿Qué, Gandalf? ¿Qué se ve?

-La blanca orilla. Y más allá; la inmensa campiña verde, tendida ante un fugaz amanecer.

miércoles, 2 de enero de 2008

Apologia

Escribir píldoras en el blog o escribir textos más extensos impublicables por ahora. La pantalla del ordenador o mi cuartucho, leyendo y estudiando idiomas. Ese es el dilema. Y eso lo que ha esquilmado un poco esta página últimamente. Puesto que no tengo tiempo ni creatividad como para elaborar esas píldoras, me conformaré (os conformaréis) con citas espigadas de las lecturas que voy haciendo. No es pereza este abandono, de veras. Solo lamento no poder hablar más en extenso de los libros que voy leyendo.

Me embebí de Newman, leyendo su biografía a comienzos de diciembre, a la que siguió la de Ronald Knox. Efecto balsámico, fortalecedor. Leí también la Spe Salvi, claro. Acabé, eufórico, los Cuentos completos de Flannery O'Connor. Y Los restos del día, de Ishiguro, que llevaba deseando leer tiempo ha. Venticuatro horas en la vida de una mujer, de Zweig, tan penetrante en el alma humana... Hoy he terminado Madame Bovary, de Flaubert, una cierta anatomía sentimental inconmensurable, y Jesús de Nazareth, libro difícil, más dirigido al diálogo entre teólogos que al vulgo como yo; el entendimiento no da para más que para las migajas que caen de su mesa; pero qué migajas. Este año no vi Qué bello es vivir para caldear las fiestas (¿me estaré volviendo un insensible?). Para ennavideñarme, me tragué otra exclamativa: Qué verde era mi valle. Y unos lagrimones...

Me consuelo de mis ausencias, asegurándome (asegurándoos), que todas estas lecturas son muy buenas recomendaciones.