lunes, 22 de diciembre de 2008

Precio a pagar

Dice un antiguo proverbio que los hombres profesan un sincero respeto por la virtud, y luego la dejan morir de hambre; porque -a pesar de pensamientos mejores- tienen en el fondo de sus corazones un sentimiento maligno que les induce a considerar que es superstición y esclavitud la atadura a determinadas leyes y principios, y que la libertad consiste en el ejercicio efectivo de su albedrío para el mal lo mismo que para el bien; y ven (cosa innegable) que, si un hombre se sacude el yugo de la fidelidad estricta a la conciencia, aumenta enormemente, por un tiempo, su talento productivo y su poder inmediato de alcanzar sus fines. Pues bien, a lo sumo, admirarán al hombre religioso, y lo tratarán con deferencia; pero, en cuanto le pierdan de vista, se sienten obligados a reconocer que una persona tan bondadosa y amable no encaja en el escenario de esta vida para representar un papel; dicen que es demasiado bueno para este mundo; que está forjado para una época más antigua y menos corrompida, y que ha nacido fuera del tiempo que le corresponde. Así se expresa en la historia el político burlón: "Os felicitamos por vuestra incolumidad, mas no envidiamos vuestra locura" (Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, V, 105, 20; en griego en el original)" (John Henry Newman, "El testimonio personal, medio de propagar la Verdad", en La fe y la razón. Sermones universitarios. Ed.Encuentro, 1993)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

sin duda una de las mejores entradas del año, gracias por dejarnos estas mandarinas para que las pelemos en nuestro interior.

Agus Alonso-G. dijo...

Gracias. En los próximos días pondré otros pasajes de ese sermón, que son espectaculares.