viernes, 5 de diciembre de 2008

Más acás y más allás

Hay una hermosísima canción de Paco Bello titulada "Más acá" que dice así:

Hoy no hablaré del mar
Ni de la inmensidad
Ni de ser o no ser.

Hoy no habrá soledad,
Hoy el pan es el pan
Hoy el vino es volver,

A dejarse caer
Descubrir una red,
Al final de tu piel.

Sin prentender abarcar
Mundos del más allá
Te invito a mi casa
Que está mas acá.

Hoy la vida es bienvenida
Sin metáforas altivas.
Hoy tu boca no es gaviota
Ni tus piernas rompeolas
Ni tu ombligo caracola.

Hoy no quiero que haya huellas en la arena
Que recuerden a sirenas
Hoy te quiero conocer

Igual que un animal
Sin pensar en nada más,
Que en el más acá.

Hoy no me haré preguntas
De por que la luna es tan blanca
Si toma tanto el sol.

Hoy no hablaré del reloj
Ni del hombre alienado
Ni del mundo y su coz.

(...)

Hoy la vida es bienvenida...

Otra canción también cautivadora de Luis Eduardo Aute (en su versión en el 'Mano a mano' con Silvio) dice:

Anda,
quítate el vestido
las flores y las trampas,
ponte la desnuda
violencia que recatas
y ven a mis brazos,
dejemos los datos,
seamos un cuerpo enamorado.

(...)"

Me acordaba de ello cuando me decías el otro día -¿a quién advertías?- algo así como que "me estaba poniendo místico".

Porque, ¿no es verdad que está ahí, latente en unos, viva y penetrante en otros, la inclinación -tentación la llamaría- a pensar en lo trascendente como una losa? Como si la libertad estuviese en el ya, en el ahora más inmediato y sensible. Como si eso fuese la vida en plenitud, despreocupada, una especie de Edén.

Es falso que sea lo trascendente, la vida del espíritu, la que nos haga humanos. Lo que nos hace humanos es nuestra carnalidad y nuestra espiritualidad. Cuerpo y alma. Química trascendente.

Pero más patética me resulta -aunque más comprensible, también- la vida inferior del que dice liberarse del peso de la trascendencia y disfraza esa falsa humanidad de carcajadas o de chispeante inmediatez. Qué solos nos quedamos entonces cuando nos quedamos solos.

A veces uno se siente enajenado de la tribu porque ve más allá, porque cree en la trascendencia y cree en ella no como una idea o una ideología, sino como algo que lo empapa todo (y lo esponja), como una tercera dimensión que pone las cosas en su sitio. Porque la ve. Se siente enajenado porque la barbarie tiende a sofocar a quien no está dispuesto a conformarse con una visión chata de lo real. Y lo sofoca con el desprecio, el aislamiento ("cuidado, que se pone místico"). Pero es una soledad que aunque no deseada, e incluso por momentos dolorosa, llega a merecer la pena porque, esa sí, es acompañada.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué grande Paco Bello! Yo lo oí cantar hace ya varios siglos en Galileo Galilei... creo que fue en el 95. ¿Ves? Siglos.

Leo sobre tu estancia en Oxford. Veo que disfrutaste como... ¡¡un hobbitt!!! :-)

Tu Lectora

Agus Alonso-G. dijo...

Lo que faltaba. Mi Lectora ha escuchado también a Paco Bello. Quécosas.

La verdad es que "Nauta" es una maravilla que hace tiempo no escucho.

Y lo de Oxford... Buff.

Anónimo dijo...

Bueno, es que una es muy "rarita".

"Llueve, corre, mira" y "Corazón de corona" me parecen dos canciones bellísimas.. bufff...

Un poco más de envidia: aquel día Paco Bello cantó acompañado de Luis Pastor. Te juro que todavía tengo los pelos de punta cuando me acuerdo.... ;-)

Un beso, Agus