sábado, 20 de diciembre de 2008

La conjura de los necios

Alentado fervorosamente por Samuel, me leí el libro de John Kennedy Toole, La conjura de los necios. Se trataba de una de esas ocasiones en las que te enfrentas a un libro con el deseo de que te guste, deseo que casi se convirtió en desesperación a medida que comenzaba a leer las primeras 150 páginas.

De verdad que uno lo intenta. Que el canon de la modernidad literaria del siglo XX le guste. Que uno pueda defender a Faulkner, a Joyce, a Hesse, a Conrad... con autenticidad. Pero no.

Y bueno, la de John Kennedy Toole (el título es lo mejor sin duda) fue de menos a más. El final sí me ha gustado más.

Ignatius J. Reilly, protagonista del libro, quiere ser parte de esa tradición quijotesca que hermana a don Alonso Quijano (o Quijada), Pickwick o Max Estrella. Claro que mi sensibilidad no me debiera permitir comparar a Quijada y Pickwick con el personaje de Valle-Inclán o Kennedy Toole. Porque, sí, Reilly es más Estrella que otra cosa. Y La conjura... es más Luces de bohemia que Quijote. Y, claro, a mí la venerada obra de don Ramón me dejó un poco frío.

De la obra, que pretende ser una crítica corrosiva a todo y a todos (lo cual, sinceramente, tampoco tiene demasiado mérito: distinguo, Tollers, distinguo, que diría Lewis, hay que distinguir) os dejo esta cita:
La panacea para Myrna, para cualquier cosa, desde arcas caídas hasta depresión nerviosa, era el sexo. Propagó diligentemente esta doctrina con desastrosas consecuencias para dos bellezas sureñas a las que tomó bajo su protección, con el propósito de renovar sus mentes atrasadas. Siguiendo el consejo de Myrna, y con la solícita colaboración de varios jóvenes, una de estas sencillas muchachas sufrió una crisis nerviosa; la otra intentó, sin éxito, abrirse las venas con una botella rota de coca-cola. La explicación de Myrna fue que las chicas eran, en esencia, demasiado reaccionarias; y predicó con renovado vigor la libertad sexual en todas las aulas y pizzerías, logrando que casi la violase un bedel de la Facultad. Yo, entretanto, procuraba guiarla por el camino de la verdad"


(Para saludable esperpento el blog genial de mi querido Ángel que, ¡lo siento!, no frecuento cuanto debiera)

5 comentarios:

Ángel Ruiz dijo...

Lo mismito me pasó a mí, pero lo dejé en la página 50; ya no estoy para tragarme libros enteros que no me interesen.

Rosie the riveter dijo...

Uff, yo llegué a acabarlo con mucho trabajito. Es una especie de penitencia que me pongo: los libros hay que acabarlos aunque no gusten, compromiso que sólo he incumplido con Lucía Etxebarría hace muchos años(todo tiene un límite...). Desde entonces decidí leer sólo clásicos, que nunca defraudan, en un sentido amplio de la palabra. Quizás demasiado amplio, porque se me coló éste...

A Faulkner lo he dejado en stand by, inicié "El ruido y la furia" y al tercio de libro llegué a la conclusión de que me faltan diez años para apreciarlo. Pero tengo, no obstante, el presentimiento de que, llegado su momento, me gustará.

De Hesse no he leído sus libros de referencia, pero hay una colección de relatos suyos publicado bajo el título "Cuentos de amor" en El Aleph que me llegó mucho. Especialmente "Lo que vio el poeta al anochecer". Qué grande...

Agus Alonso-G. dijo...

A Hesse no lo he leído, la verdad. Y tendré que hacerlo, aunque me da pavor, por si tampoco me gusta.

Francis dijo...

Pues el libro en cuestión a mí me gustó. Moderadamente, pero me gustó (aunque también me lo habían vendido como una maravilla). Veo mucha cosa "Coen" en ese libro (o más bien al revés, que el libro fue primero).

Ahora sí, Mr. Conrad, metérmelo ahí con los demás, nonono. ¡Un libro como "Lord Jim" merece un altar! Qué proeza de la literatura de entresiglos, Dios mío. Y sus noveletas o novelas cortas, qué delicia... ¡Una prosa así se tiene muy merecido un lugar privilegiado en la literatura contemporánea!

Athena dijo...

Uf! Veo que no soy la única a la que no le gustó esta novela. También me costó trabajo terminarla y, como dicen por aquí, me la habían vendido como lo más de la literatura. Se siente una reconfortada, porque parece un pecado decir que esta novela es un tostón.