viernes, 3 de octubre de 2008

Las partículas elementales (y III)

Treinta años más tarde, se veía obligado una vez más a llegar a la misma conclusión: no cabía duda de que las mujeres eran mejores que los hombres. Eran más dulces, más amables, más cariñosas, más compasivas; menos inclinadas a la violencia, al egoísmo, a la autoafirmación, a la crueldad. Además eran más razonables, más inteligentes y más trabajadoras.

En el fondo, (...) ¿para qué servían los hombres? (...) A veces mataban el aburrimiento jugando partidos de tenis, cosa que era un mal menor; pero a veces les parecía útil hacer avanzar la historia, es decir, provocar revoluciones y guerras, esencialmente. Además del absurdo sufrimiento que causaban, las revoluciones y las guerras detruían lo mejor del pasado, obligando siempre a hacer tabla rasa para volver a edificar. (...) Desde todos los puntos de vista, un mundo compuesto sólo de mujeres sería infinitamente superior; evolucionaría más despacio pero con regularidad, sin retrocesos ni nefastas recriminaciones, hacia un estado de felicidad común."


Aceptar la ideología del cambio continuo es aceptar que la vida de un hombre se reduzca estrictamente a su existencia individual, y que las generaciones pasadas y futuras ya no tengan ninguna importancia para él. Así vivimos, y actualmente tener un hijo ya no tiene sentido para un hombre. (...) Es falso pretender que los hombrestambién necesitan cuidar a un bebé, jugar con sus hijos, hacerles mimos. Por mucho que lo repitan desde hace años, sigue siendo falso. En cuanto un hombre se divorcia, tan pronto como se rompe el entorno familiar, las relaciones con los hijos pierden todo su sentido. El hijo es la trampa que se cierra, el enemigo al que hay que seguir manteniendo y que nos va a sobrevivir."


Bruno: "Yo era un hijo de puta y lo sabía. Lo normal es que los padres se sacrifiquen. Yo no conseguía soportar que se acabara mi juventud, no podía soportar la idea de que mi hijo iba a crecer, iba a ser joven por mí, y que a lo mejor iba a tener éxito en la vida cuando la mía era un fracaso. Quería volver a ser una persona."


"Según Daniel Macmillan, la progresiva destrucción de los valores morales en los años sesenta, setenta, ochenta y noventa era un proceso lógico e inexorable. Después de agotar los placeres sexuales, era normal que los individuos liberados de las obligaciones morales ordinarias se entregasen a los placeres, más intensos, de la crueldad; Sade había seguido una trayectoria análoga dos siglos antes. En ese sentido, los serial killer de los años noventa eran los hijos bastardos de los hippies de los años sesenta y sus antepasados comunes eran ciertos artistas vieneses de los años cincuenta. So capa de acciones artísticas, Nitsch, Muehl o Schwarzkogler organizaron masacres de animales en público; ante un público de cretinos arrancaron y descuartizaron órganos y vísceras, hundieron las manos en la carne y en la sangre, llevaron el sufrimiento de animales inocentes hasta sus últimos límties, mientras un comparsa fotografiaba o filmaba la carnicería para exponer los documentos obtenidos en una galería de arte. Esta voluntad dionisíaca de liberación de la bestialidad y del mal, iniciada por los accionistas vieneses, volvía a verse a lo largo de todos los decenios posteriores. Según Daniel Macmillan, la regresión de las sociedades occidentales desde 1945 no era otra cosa que un retorno al culto brutal de la fuerza, un rechazo a las reglas seculares lentamente erigidas en nombre de la moral y del derecho. Accionistas vieneses, beatniks, hippies y asesinos en serie tenían en común ser unos libertarios integrales, que predicaban la afirmación integral de los derechos del individuo frente a todas las normas sociales, a todas las hipocresías que según ellos constituían la moral, el sentimiento, la justicia y la piedad."


Annabelle: "Los hombres [varones] no hacen el amor porque estén enamorados, sino porque están excitados; me hicieron falta años para comprender un hecho tan obvio y tan simple."

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Este libro me gustó mucho cuando lo leí hace tres años, dado mi poco criterio con las lecturas que hago que es basicamente leer el primer libro que tengo entre las manos, no puedo disfrutar de joyas como estas más a menudo, desde que leo OTDV estoy tentado de comprarme algo de Chesterton.

Gracias, por recordar estos pasajes.

Agus Alonso-G. dijo...

Gracias a ti, estimado anónimo, y me honra hacer crecer en otros el interés por Chesterton.

Anónimo dijo...

Creo que las citas son estupendas y reflejan de alguna forma diferencias básicas entre hombre y la mujer, pero tal vez sea una selección que penalice desamasiado al hombre y muestre lo mas puramente animal de él.

Si creo en el amor de padre, fuerte, alegre y esforzado, más que ese reflejo de una especie carcelero atrapado en su propia carcel. Diría que la involucración puede ser no solo igual, sino incluso superior, en muchos casos.

Por cierto, la frase de Annbelle no la haría extensible a todos los hombres...bien es cierto que solo unos poco, son capaces de amar de forma delicada poniendo el corazón en el otro. Aparentemente el resultado es el mismo, pero la pequeña linea de "por el otro" marca la diferencia.

Agus Alonso-G. dijo...

Es una selección de las más llamativas. Las citas que recojo de los libros me interesan no porque las comparta necesariamente.

Y creo que estas citas reflejan el complejo de Peter Pan típico de los sesentayochistas, que no han querido asumir cuando han crecido lo que supone ser padre, es decir, estar atado a unas responsabilidades y tener que sentar la cabeza.