miércoles, 1 de octubre de 2008

Las partículas elementales, de Michel Houellebecq

Creo que cada vez tengo un sentido más elevado del cuerpo humano. Y quizá por eso cada vez, creo, tengo un sentido más elevado del sexo. No tan alto, tan alto que -como el chiste- este en un inalcanzable pedestal. Ni tan excelso, tan excelso, que caiga en la mojigatería. Creo.

Viene esto a cuento de que Las partículas elementales me pareció una novela altamente interesante. Su autor es filósofo y eso se nota. Y eso me gusta. Me gustan las reflexiones filosóficas. Me gusta la frivolidad, pero también la hondura. Además de los jugosos análisis que desparrama de cuando en cuando por la novela, me interesa el petardazo que es en sí misma la novela a toda una época (o mini-época, cabría decir, o tránsito). Houellebecq (en Wikipedia un repaso por su extravagante biografía) es un destroyer; le mete tralla a, se parte de risa del sesentayochismo, especialmente en su faceta sexual-revolucionaria.

Venía a cuento lo que decía al principio -que nos despistamos- porque el petardazo se produce al llevar al absurdo, a la más absoluta banalidad, toda una forma de hacer, unos modos de vida que en manos de Houellebecq son patéticos (a mí me lo parecen antes de que Houellebecq meta baza en el tema). Y esa banalización animalesca de lo sexual, que demuestra en el fondo un absoluto vacío afectivo, es a ratos desagradable, cansina en su nada. Quizá Houellebecq consiga lo que se propone al provocarme este sentimiento.

Tanto en el mensaje como en la forma, Houellebecq es a ratos demasiado obvio, y eso sea quizá lo peor del libro. Confía demasiado en la potencia de su crítica, de los retratos sociales que hace, de sus reflexiones. Pero le falta disciplina, un cierto orden, estilización, elegancia, cuidar más el engranaje narrativo.

El final del libro te deja un buen sabor de boca. Eso hace que mi juicio fuese al final mucho mejor de lo que unas páginas antes se suponía.

Me pareció muy interesante también -porque cala en la mentalidad contemporánea- la mezcla de la física con la metafísica en el libro. O mejor -peor-, la suplantación de la metafísica por la física. (Lo cual demuestra las implicaciones filosóficas que tiene la ciencia, lo necesario que es hermanar esta con la técnica y con las humanidades.)

Tomé algunas citas, sugerentes o/y provocadoras o/y verdaderas (a mi juicio). Esta es una de ellas:

La antropología cristiana, mayoritaria durante mucho tiempo en los países occidentales, concedía una ilimitada importancia a la vida humana, desde la concepción hasta la muerte; esta importancia se revela en el hecho de que los cristianos creen que en el interior del cuerpo humano hay un alma, en principio inmortal, y destinada a reunirse finalmente con Dios. En los siglos XIX y XX, gracias a los avances de la biología, se desarrolló poco a poco una antropología materialista, basada en presupuestos radicalmente distintos y de recomendaciones éticas mucho más modestas. Por una parte al feto, pequeño amasijo de células en estado de diferenciación progresiva, no se le atribuía existencia individual autónoma hasta que no reuniese un cierto consenso social (ausencia de taras genéticas que la anularan, acuerdo de los padres). Por otra parte, el anciano, amasijo de órganos en estado de continuo desmembramiento, sólo podía valerse de su derecho a sobrevivir a condición de una coordinación suficiente de sus funciones orgánicas: se introdujo el concepto de dignidad humana. Los problemas éticos planteados por las edades extremas de la vida (el aborto y, algunos años más tarde, la eutanasia) constituyeron desde entonces factores de oposición insuperables entre dos visiones del mundo, dos antropologías radicalmente opuestas en el fondo.

El agnosticismo por principio de la República Francesa facilitó el triunfo hípócrita, progresivo y hasta ligeramente insidioso de la antropología materialista. Los problemas de valores de la vida humana, de los que se hablaba abiertamente, siguieron dando vueltas en todas las cabezas; se puede afirmar sin la menor duda que en parte contribuyeron, en el curso de las últimas décadas de la civilización occidental, al establecimiento de un clima general depresivo e incluso masoquista."


Publicaré el resto en los próximos días.

3 comentarios:

rosie the riveter dijo...

Gracias por esta primera entrada. Espero al resto y, de paso, repaso mis impresiones, que hace casi un año que la leí.

Telegráficamente: la novela me gustó, mucho a ratos, pero tuve cierta sensación de irregularidad, el hilo narrativo se resiente en ocasiones, en mi opinión. Quizás mi impresión se deba a que no pude leerla con el reposo y dedicación que un libro así requeriría.

Sin embargo, leí a continuación, en esas mismas condiciones, 'Ampliación del campo de batalla' y me pareció redonda (además de enormemente divertida, corrosiva). Hay también claves que me hicieron sentirla más próxima, por edad, por el retrato que traza de mi generación. Personalmente, me hizo mucho bien leerla, fue un revulsivo, un aviso: deja de regodearte en el desencanto y el cinismo, puedes acabar muy mal. Aunque no creo que sea necesariamente un mensaje de Houellebecq, fue mi lectura. En ese sentido, no me extraña que a otras personas haya podido sumirlas en una mayor desesperanza, hasta el punto de valorar el suicidio como una opción "saludable", dadas las circunstancias.

Me espera en la balda 'Plataforma', dicen que la mejor. A ver si se dan las circunstancias propicias para su lectura...

Saludos
Rosie the Riveter

PS: Se me olvidaba, respecto al tratamiento del sexo en Las partículas... dan ganas de abrazar el celibato. Como discurso moral, eficacísimo.

Agus Alonso-G. dijo...

Ja, ja. La verdad es que sí. Es un alegato anti-relaciones afectivo-sexuales.

Comparto lo de la ireegularidad narrativa, creo que no se debe a la lectura a trompicones. Por eso decía que el final del libro, con cierto golpe de efecto narrativo, te deja mejor sabor de boca en cuanto al empaque que como novela tiene.

También de acuerdo en que el mensaje de Houellebecq no es unívoco. Cada cual saca sus consecuencias. En este libro creo que sucede lo mismo. Hay quien lo ve como una incitación al nihilismo. A mí no me lo parece. Pero no creo que Houellebecq busque llevarte a un lado u otro. Él hace un retrato que le parecerá ajustado de la miseria humana. Pero yo no concluyo que él piensa que somos todo miseria, todo llaga.

berti dijo...

Quiero leerlo cuando antes. Aunque pensaba empezar por Plataforma... No sé, las citas me han convencido (la de la chica que tarda dos años en darse cuenta de ESO es buenísima; veamos si acelera mi propio darme-cuenta).

Besos