lunes, 9 de junio de 2008

Moral de esclavos

No es nada raro sentirse medio imbécil después de hacer un servicio a alguien, especialmente si eso supone darse puntapiés en el gusto o el orgullo, especialmente si la otra persona ni siquiera se da cuenta de ello. Se llama soberbia, sí, pero resulta tan propia de los humanos.

Es iluminador el enfoque de B16 en Jesús de Nazareth, cuando, comentando el Sermón de las Bienaventuranzas, se enfrenta sin miedo a la crítica nietzscheana del cristianismo, tan actual, que precisamente se basa en este episodio evangélico. Son apenas dos páginas, de la 126 a la 128, pero preñadas de vida y respuestas.

¿Es realmente malo ser rico, estar satisfecho, reír, que hablen bien de nosotros? Friedrich Nietzsche se apoyó precisamente en este punto para (...) censurar la moral del cristiano como un "crimen capital contra la vida". (...)

La visión del Sermón de la Montaña aparece como una religión del resentimiento, como la envidia de los cobardes e incapaces, que no están a la altura de la vida, y quieren vengarse con las Bienaventuranzas, exaltando su fracaso e injuriando a los fuertes, a los que tienen éxito, a los que son afortunados [qué honradez la de B16 al presentar el argumento con toda su fuerza]. (...)

El Sermón de la Montaña plantea la cuestión de fondo del cristianismo, y como hijos de este tiempo sentimos la resistencia interior contra esta opción, aunque a pesar de todo nos haga mella el elogio de los mansos, de los compasivos, de quienes trabajan por la paz, de las personas íntegras. Después de las experiencias de los regímenes totalitarios, del modo brutal en que se ha pisoteado a los hombres, humillado, avasallado, golpeado a los débiles, comprendemos también de nuevo a los que tienen hambre y sed de justicia; redescubrimos el alma de los afligidos y su derecho a ser consolados. Ante el abuso del poder económico, de las crueldades del capitalismo que degrada al hombre a categoría de mercancia, hemos comenzado a comprender mejor el peligro que supone la riqueza y entendemos de manera nueva lo que Jesús quería decirnos al prevenirnos ante ella (...). Sí, las Bienaventuranzas se oponen a nuestro gusto espontáneo por la vida, a nuestro hambre y sed de vida. Exigen "conversión", un cambio de marcha interior respecto a la dirección que tomaríamos espontáneamente. Pero esta conversión saca a la luz lo que es puro y más elevado, dispone nuesra existencia de manera correcta."

2 comentarios:

terzio dijo...

Pues sí, a mi realmente me parece que eso no es lo que aparenta sino que viene a ser algo así como cosas bien diferenciadas, ya que hoy día esa tipología de eventos son meras y corrientes coincidencias con lo que alguien alguna vez ha podido imaginar en lo más profundo de su imaginación y de lo que aquí pasa pues eso, qué quereis que cuente, eso es lo que creo y no me parece logico cambiar de opinión a estas alturas de la vida, como he dicho antes la vida es así y no por no imaginarlo significa que sea de verdad

Agus Alonso-G. dijo...

Por esta vez, dejaré el comentario. El próximo de este tipo (ni siquiera me ha provocado un esbozo de media sonrisa), será eliminado.