lunes, 2 de junio de 2008

Incipit vita nuova

La gente dice que la felicidad es el fin, que cuando uno se casa ya está, ya no queda nada por hacer, es el fin, pero uno no debe creérselo porque no es así, no es verdad que sea el fin, es más bien el principio, no hay principio hasta que uno se casa con su chica, hasta que su chica se queda embarazada y cada día está más guapa, hasta que el corazón de uno se dilata con el amor por la chica y por la vida que ésta lleva dentro, y por la vida en general. Eso es el principio, no el fin. Cuando el chico y la chica se convierten el uno en el otro, cuando los dos son la misma persona, entonces comienza la vida, y ya entonces no hay fin que valga: no puede haber fin que valga cuando los dos están juntos y son la misma persona porque así debe ser, ésa es la idea, en eso consiste la vida, una buena patada a la Muerte en el trasero, la vida arreando a galope tendido, la Navidad, el reino en la tierra como en los cielos, la canción y el baile, el viejo río riendo, el mar feliz y contento, el viento cargado de besos, los brazos abiertos del cielo, los brincos del árbol dichoso, el murmullo de la roca, el susurro de la noche huidiza, el paseo del nuevo día. Cuando te digan que la felicidad es el fin, que es aburrida, que ya nada bueno te espera, ni arte ni grandeza, no les creas, pues seguramente ellos nunca han sido felices. Si te dicen que besar es de estúpidos, diles que mienten. Si te dicen que tu amor es propio de ignorantes, llámales hijos de puta y diles que mienten. Si te dicen que la ternura es flaqueza, diles que ellos no son hombres. Si te dicen que el dolor es mejor que el placer, diles que no, que es al revés. Lo bueno es el principio. Lo malo no es el fin, sólo el intento de alcanzar el principio. Lo bueno es lo inmortal. Y nada es tan bueno como el amor. (...) El amor es lo que importa. El amor es el gran número: el uno y único. Es el tres, y el siete, y el nueve, y el once, y todos los números en uno, el uno, único y maravilloso. Ama a Dios. Ama a tu mujer. Ama a tu hijo. Ama a tu vecino. Ama a tu enemigo, el hijo de puta..., ámalo igualmente. Dale una oportunidad al pobre diablo..., ámalo."

(William Saroyan: Las aventuras de Wesley Jackson; pp.298-99; ed. Acantilado; trad. de J. Martín Lloret)

3 comentarios:

batiscafo dijo...

Jo, qué pasada.

paapa dijo...

Realmente bueno, buenísimo diría.

kaña dijo...

Ya ves tío, eres bueno abogado