sábado, 24 de mayo de 2008

Paréntesis de fe

Volviendo a lo de la entrada anterior, y a la visita a Jiménez Lozano, el desmoronamiento cultural (si lo hay, que uno cree que sí) de nuestro Occidente fue musiquilla de fondo continua en el café con pastitas del miércoles. Le pregunté cuáles creía que eran las causas, para poner los remedios. Y es curioso -no tanto, la verdad- que enseguida se remitiese a la crisis de la Iglesia católica. Criticó con divertida ferocidad el litúrgico guitarreo y demás fealdad en lo sacro que nos rodea de un tiempo a esta parte. Me hizo refelxionar que defendiese la posición del altar de espaldas al pueblo porque cara al público parece que el oficiante quiere más bien dar una conferencia que celebrar un sacrificio común que se ofrece a Dios (eso debió de pensar el cura de mi parroquia).

"Antes, los ateos, cuando escuchaban a Bach, o acudían a una iglesia, tenían que hacer un paréntesis en su increencia. Hoy, el cristiano tiene que hacer un paréntesis en su fe cuando va a la iglesia". El comentario (no textual) de don José vino después de que yo dijera que creo a pesar de la cutrez reinante en los templos hoy en día, es decir, de la pérdida del sentido de la belleza en lo sacro, que no es más que pérdida de fe, lo que demuestra una vez más que la católica es una religión encarnada, de fe con obras, de amor a lo material.

2 comentarios:

Verónica dijo...

Amén.

Counter-Revolutionary dijo...

Yo no sé hasta que punto tiene que ver con lo que dices, pero en misa, más que mirar al sacerdote, adonde se me va la vista es al altar.