jueves, 8 de mayo de 2008

Elementales

La felicidad, cuando la tenemos, es como una música de fondo. No se repara en ella, pero da un tono a la propia vida. Es la clave en la que se compone la sinfonía cotidiana. De vez en cuando se cobra conciencia de que uno lo es (feliz). Algunas veces, esta toma de conciencia viene provocada por grandes acontecimientos; generalmente, a través de pequeñas cosas.

Como la lectura sosegada, sin prisas por acabar el libro que me traigo entre manos. Como el enésimo visionado de El hombre tranquilo, que me transporta a donde nada importa lo suficiente como para desestabilizarnos. Como la cerveza que vamos a tomarnos hablando de lo divino y lo humano. Como la compañía de los mejores amigos el pasado fin de semana. Como poder ir al pase de prensa de la IV de Indiana Jones la semana que viene. Como saber que uno está donde tiene que estar, en camino, en el camino.

Y eso, en unos días que ando con dolor de cabeza, con el reloj biológico un poco loco después de varios cambios de horario laboral. En unos días en los que, como casi siempre, no me veo especialmente bueno (en el sentido más ontológico del término).

1 comentario:

Mery dijo...

Como escuchar con delicadeza las historias de tu madre, repetidas mil veces y con las mismas frases. Sólo porque sabes que se siente feliz dejándole hablar.

Como iniciar la mañana deseando buenos dias a la foto de un padre que ha muerto hace unos meses, y que sigue dentro de tu corazón.

Como ver los ojos limpios de tu sobrino recibirte con gozo y sorpresa. Y te abraza y besa.

Esas cosillas que son elementales y casi no recaes en ellas.

Buena entrada. Un abrazo