viernes, 18 de abril de 2008

VV.AA.

Me entero por Aceprensa que Chantal Sébire, la francesa que pidió la eutanasia y tras serle rechazada se suicidó, rechazó por dos veces tratamiento antes de que la enfermedad la llevase al terrible estadio al que llegó. Lo recogen de un artículo de Time.

Evidentemente, desde mi sanidad (¿o saneza? ¿o sanismo?), creo que no tengo la autoridad moral para echarle en cara a Sébire (que Dios la tenga en su gloria) su comportamiento. Ahora bien, fastidia que la postura de la opinión pública sobre una cuestión tan delicada se tome sin que se cuente la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Es, una vez más, el imperio de la falacia.

El tratamiento que Newsweek da a B16 es generalmente nefasto, excepto cuando el artículo va firmado por George Weigel, como en esta ocasión, en que se nota que el que escribe conoce de lo que habla. Por supuesto, la revista contrapesa la información con otra más breve titulada "¿Por qué este Papa no conecta?" (con los americanos, se supone, aunque viendo los vídeos de la Misa en Nationals Park, uno se pregunta qué sería si conectase).

El director de la cadena SER (esa arma de destrucción masiva en que se han convertido determinadas radios) dice que hay algunos periodistas que insultan, que son unos gilipollas (no es textual, yo soy más suave). Me recuerda a aquel que decía que "había que matar a todos los intolerantes". Santiago González, en su blog, lo comenta. Anido era el director de informativos de la SER del 11 al 14 de marzo de 2004.

Qué autoridad tienen los que no tienen ecuanimidad. Quienes aplauden el insulto cuando ataca a sus enemigos y lo execran cuando procede de estos.

Por cierto. Un ángulo que los principales medios no recogerán del drama de los abusos por parte de sacerdotes en Estados Unidos. Otra vez, el imperio de la falacia, por parte de quienes quisieron encubrir la miseria y por parte de quienes se niegan a analizar el problema a fondo (los que dicen que el problema es el celibato).

4 comentarios:

Anónimo dijo...

"...muestra con claridad que el problema no es básicamente de sacerdotes pederastas, sino de sacerdotes homosexuales."

Bueno digamos que homosexuales y pederastas, que una cosa no quita la otra ¿no?

Creo que ese extracto es una falacia.

D´tftt

Agus Alonso-G. dijo...

básicamente.

1. adv. fundamentalmente.

2. adv. Con preferencia.

Siento disentir en la segunda afirmación, no en la primera.

Anónimo dijo...

No sé, no lo veo claro, lo que das a entender es que los homosexuales (varones ellos) tienen cierta tendencia a la pederastia...

Que no se entere el secretario de movimientos sociales del gobierno que si no nos cierra el chiringuito.

D´tftt

Agus Alonso-G. dijo...

A ver, a ver, no sé lo que doy a entender.

Lo que sí sé es que intento que ningún prejuicio, mío o de otros, me haga torcer o esconder la realidad porque quizá "dé a entender" algo que a alguien no le gusta. No sé si me explico.

El hecho es que el 81% de los casos de pederastia por parte de sacerdotes en Estados Unidos fueron abusos cometidos por varones sobre varones. Si quieres me autocensuro porque al activismo gay no le mola. Mi honradez, lo siento, me lo impide.

Siendo que los homosexuales son minoría en la sociedad, esa cifra es especialmente abrumadora. Los que son un 4% (por tirar a lo alto) en la sociedad cometen un 81% de los abusos en el grupo social "sacerdotes". No cuadra.

Otra cosa es que el porcentaje de homosexuales entre los sacerdotes (o entre los sacerdotes de ese momento) fuese alto, lo cual no es desdeñable ni mucho menos, ya que estamos hablando de una época en la que reinaba en los seminarios estadounidenses criterios laxos en materia de moral sexual.

Yo no digo que los homosexuales tengan cierta tendencia a la pederastia. Es una afirmación demasiado fuerte para decirla sin un conocimiento sobre la materia que yo no tengo.

Sí digo que en el asunto de los abusos sexuales a niños por sacerdotes católicos de EE.UU., por lo que los datos parecen decir a gritos, el problema no es de sacerdotes pederastas en genérico, sino de sacerdotes pederastas homosexuales.

Cuando, insisto, el 4% hace el 81%, y ese 4% se define a sí mismo por su tendencia sexual, empiezo a pensar que quizá sea bueno tenerlo muy en cuenta a la hora de analizar este tema en concreto. Que es, oh, un episodio -una triste cadena de ellos- de abusos, sí, sexuales.

Desde luego, mucho más que el posible carácter represor del celibato o el principio general de que los católicos son unos acosadores, que es lo que muchos dicen, repiten, escupen con impunidad. Perdón, con libertad.

Y si hay impunidad -libertad- para hacer gracietas sobre los curas, para lanzar acusaciones tremendas contra la Iglesia, el Papa, etc., no sé por qué no voy a poder decir lo que razonablemente pienso sobre los escándalos de curas de EE.UU., cuando los números son tan evidentes.

Sería curioso que, como católico-apostólico-romano, se me echase en cara no decir nada de estos tremendos abusos, y que en el momento en que la cuestión toca el gran tabú de nuestros días -sí, hablo de la homosexualidad y de los homosexuales- deja de ser un tema de mi incumbencia, sobre el que no puedo/debo hablar.

El que quiera meter la cabeza en el agujero, que lo haga. No es mi estilo.