sábado, 5 de abril de 2008

Lo confieso

No es que no lo supiera. Creo que ni siquiera hubo una firme intención de engañarse. Cuando entré en la Casa del Libro, sí, me dije por un momento que era sólo para echar un vistazo, para aprovechar el despertar de la primera tarde de corte absolutamente primaveral antes de entrar al trabajo. Pero, lo confieso, no lo creí una décima de segundo.

Me encontré con un libraco para mitómanos de Audrey Hepburn como yo. Un tocho de cuarentaipico euros con fotos, historias, copias de invitaciones, entradas de cine, etc., etc. Lo hojeé por encima. Y qué dolor ver que también ella se hizo mayor y tuvo arrugas. (Pero qué arrugas.) Por un momento pensé -traté de engañarme- que parte del bienvenido plus de productividad podría destinarse a el libraco en cuestión. Qué bobo.

En mi recién estrenada admiración por Goya, me topé con otro tomazo de gruesas proporciones que recoge todos los grabados, estampas y litografías del pintor. Una maravilla. Puede que todos le aplaudamos la causticidad de sus caprichos porque los remitimos a cualquiera menos a nosotros mismos. Otros cuarentaipico euros que se quedaron en mi bolsillo.

Me puse a vagar por las mesas de las novedades. Belén Gopegui, el 'matanovelas' Verdú, hojeé el publicitado libro de Fernández Mayo -Nocilla experience-, Amis...

Anda, pero si está aquí nada más y nada menos que La manía, de Trapiello. Pues ganas de leerlo no me faltan. Luis ya me ha dicho que el título del prólogo trae inevitables resonancias del título de esa novela mía impublicada (y quizá impublicable). No, si comprármelo me lo acabaré comprando porque me lo quiero leer, pero acuérdate que acabas de ponerte con la Historia de dos ciudades de Dickens. Y que Persona de Julián Marías... Pero, míralo, tan gordito, bien empaquetado, ese tacto de las sobrecubiertas 'pre-textas' que sabe siempre a original para las yemas de mis dedos. Y sabes que cuando lo empieces, no vas a poder parar: ¿hay muchos libros que te puedan proporcionar ese gozo sublime...?

El caso es que casi 24 horas después, el libro de Trapiello me espera en la bandolera, en un ángulo oscuro de mi habitación. Y yo me rebullo en la silla. Por el sentimiento de culpabilidad después de haberme engañado una vez más y porque trato de ignorar esa vocecilla que me llega desde el dormitorio: "ábreme, Ábreme, ÁBREME, ÁBREME..."

11 comentarios:

Terzio dijo...

Los grabados de Goya son para hacer meditaciones patrióticas sobre ellos, unos quasi ejercicios espirituales sobre España, ay!

Del libro de la Hepburn, me hago cargo: Te lo regalaré para tus bodas de plata.

Al que se está leyendo Historia de dos Ciudades, felicidades: Dile que lo lea despacito, que esas experiencias hay que degustarlas porque, aunque luego se relea, la primera lectura es irrepetible.

Y lo tuyo y ese "¡ábreme, ábreme...!!!", preocupante...en algunos sentidos.

'

Mery dijo...

Total, que te pasa como a mí. Compro cual posesa lo que no puedo resistirme, y luego tengo libros y mas libros esperándome en lo que yo llamo "la parrilla de salida".

Y no hay remedio para eso, lo sé muy bien.

Anónimo dijo...

Sólo la gente inculta confunde la posesión de libros con la obligación de leerlos. La lectura y la bibliofilia (de libro antiguo o nuevo) son aficiones distintas que no obstante pueden coincidir en la misma persona. Ahora bien, coleccionar libros, si éstos son buenos (a cuarenta, cincuenta o sesenta euros la pieza) es una afición cara, que no se pueden permitir con facilidad los honrados pater familias con hipoteca y churumbeles.

Agus Alonso-G. dijo...

Yo no compro lo que no pienso leerme. Cueste 3, 5 ó 40 euros.

Creo que ha quedado meridianamente claro a lo que se refiere Mery.

Agus Alonso-G. dijo...

Terzio, por cierto, apunto lo de la Hepburn.

Lo de Dickens es otra galaxia. Sin lugar a dudas. Qué fuera de serie.

ARP dijo...

Cuidado, Agus, que quizá se te haya metido mi troll: anónimo y con ganas de amolar. Saludos desde Compostela. Y no tengas reparos en borrarle sus correos, es la única manera de pararle los pies.

Crónicas Marianas dijo...

No te aflijas, Agus, que todos más o menos caemos en la tentación, libros, cds,... Y claro que son para leerlos, no para almacenarlos (no ha entendido del todo el post) para eso está el plus de productividad, al menos hasta que lleguen vicios más caros como dice el anónimo con hipoteca y "churumbeles". Por cierto, Agus, qué maravilloso fetiche. He encontrado esta web, seguro que te gusta. Disfruta del finde, que se acabaaaaaaaaaaa!!!
http://www.audreyhepburnlibrary.com/

Anónimo dijo...

Me parece una respuesta más positiva de la del que me trata de troll. ¡Claro que he entendido el post, porque yo he pasado también por ahí, por entrar en una librería y querer llevarme mil libros al hombro! A las tantonas de la noche lo que pretendía sugerir es esa pregunta capciosa de visitantes, cuando ven la biblioteca: ¿Todos esos libros son tuyos? ¿Y te los has leído todos? Realmente un coleccionista sabe disfrutar de sus libros como una esperanza y una promesa de lectura, aunque de hecho no los lea. Y no conozco lectores adultos que puedan decir que se han leído TODOS los libros de su biblioteca. Eso no es ningún pecado.

Agus Alonso-G. dijo...

Ey, qué transitado está esto hoy. Mola. Sed todos bienvenidos a este pequeño reducto internáutico.

También el anónimo no-troll.

Y Crónicas Marianas, por supuesto: ¡qué grata sorpresa!

Agus Alonso-G. dijo...

Y muchas gracias por el enlace audryesco.

Eso sí, mi finde se acaba el lunes a las 17,00. ;)

Crónicas Marianas dijo...
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