viernes, 25 de abril de 2008

La noche de los libros (I)

(Os copio la crónica que escribí para la página de noticias de RTVE.ES, todavía en construcción)

Las campanadas de un reloj anuncian que el hechizo llega a su fin. Han sido más de siete horas de viaje a lo Max Estrella, picoteando aquí y allá por calles y librerías. A las doce y media de la noche en el bar Diablos Azules, algunos escritores -Benjamín Prado, Almudena Grandes, Luis García Montero- prolongan fuera de programa la velada.

La bacanal libresca empezó horas ha y desde entonces me he encontrado con autores de fama, pero sobre todo me he rozado con esos desocupados lectores a los que el 'manco de Lepanto' se refería en el prólogo del Quijote. Parece que ha pasado una eternidad desde que la magdalena empezó a caer a primera hora...

LIBRO I: En el que se usa la técnica del 'flash-back'

Como no podía ser de otra manera, el chupinazo tiene lugar en la Cuesta de Moyano. Son las cinco y la tarde se presenta envuelta en celofán.

Para comenzar el viaje, me acojo a la protección de todos los lazarillos que en el mundo han sido: Anquises, Virgilio, Dante, don Latino, Dedalus. Aunque en estos días de experiencias Nocilla, quizá lo suyo sea recurrir a Travis Bickle. O más allá: al mono Amedio o Chema, nuestro recién fallecido panadero.

La inauguración en Moyano es desangelada. Un estrado, una nube de periodistas, un discurso oficial que a pocos interesa y, eso sí, librerías y libreros, libros y compradores. Armando, que regenta una caseta, me dice que "no tendrían que ocuparse de la noche del libro sino del día del libro". Me aconseja Carta a una desconocida, de Zweig, y me escabullo hacia la calle Alcalá, donde Andrés Trapiello debate con uno de los mejores críticos literarios sobre el género del diario.

Continuará...

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