jueves, 10 de abril de 2008

Esperanza

Anda revuelta la política nacional por la más que probable probabilidad de que Esperanza Aguirre se presente como alternativa frente a Rajoy en el Congreso nacional del PP.

La izquierda dominante en este país tiene demonizada a Esperanza Aguirre. Seguramente porque la teme. A mí, ya lo he dicho, me tiene de su parte -dentro de lo que un político me puede tener de su parte, que es siempre un 'estar' autónomo y cauteloso-.

Con su trabajo hasta la fecha, Esperanza ha demostrado que sabe crear prosperidad sin olvidar que estamos en un Estado compasivo. No desconfía de la iniciativa social, privada, desconfianza que es algo ya rancio y pasado. Mucha de su labor de gobierno ha beneficiado directamente a los que menos rentas tienen. Conoce la importancia de la comunicación. No para de trabajar y de pisar la calle, de un lado para otro. Defiende sin tapujos la libertad de educación.

Esperanza Aguirre, cuya imagen era tan patética cuando fue ministra de Educación y Cultura, se ha manifestado desde que es Presidenta de la CAM como un eficiente animal político.

Sus defectos nacen del extremo opuesto a otros que siempre lastraron a su partido: Telemadrid es, sin duda, TeleEspe, y su Gobierno ha gastado bastante dinero en propaganda (ella lo llamará comunicación).

Losantos no me gusta, pero admiro que Aguirre lo defienda sin rubores.

Y, por supuesto que habrá cosas en las que no coincida con ella, ahora y en el futuro, pero cuando se alaba a un político de la primera línea se debe leer siempre como alabanza de lo menos malo. En la sociedad plural en la que nos movemos, y perteneciendo yo a una sensibilidad no dominante, puedo aspirar a, pero no esperar, que un partido con tantos votantes (PP o PSOE) se identifique por compelto con mis ideas sobre el hombre y la sociedad.

En cualquier caso, Aguirre tiene que luchar por liderar el PP. Resulta vergonzoso que Rajoy siga en la poltrona. Es triste que no entienda que su figura política ha caducado y su proyecto ha fracasado.

(La tribuna libre de Luis Herrero, ayer en El Mundo, muy luminosa sobre la esclerosis de la organización de los partidos españoles.)

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