sábado, 29 de marzo de 2008

Léxico familiar

Somos cinco hermanos. Vivimos en distintas ciudades y algunos en el extranjero, pero no solemos escribirnos. Cuando nos vemos, podemos estar indiferentes o distraídos los unos de los otros, pero basta que uno de nosotros diga una palabra, una frase, una de aquellas antiguas frases que hemos oído y repetido infinidad de veces en nuestra infancia, nos basta con decir: ‘No hemos venido a Bérgamo a hacer campamento’ o ‘¿A qué apesta el ácido sulfhídrico?’, para volver a recuperar de pronto nuestra antigua relación y nuestra infancia y juventud, unidas indisolublemente a aquellas frases, a aquellas palabras. Una de aquellas frases o palabras nos haría reconocernos los unos a los otros en la oscuridad de una gruta o entre millones de personas. Esas frases son nuestro latín, el vocabulario de nuestros días pasados, son como jeroglíficos de los egipcios o de los asirio-babilonios: el testamento de un núcleo vital que ya no existe, pero que sobrevive en sus textos, salvados de la furia de las aguas, de la corrosión del tiempo. Esas frases son la base de nuestra unidad familiar, que subsistirá mientras permanezcamos en el mundo, recreándose y resucitando en los puntos más diversos de la tierra” (Léxico familiar, pp.39-40)

Cuando leí hace unas semanas el libro de Natalia Ginzburg me gustó mucho esa idea del álbum de frases que significan para la pequeña colectividad de una familia. Todos, me imagino, lo tenemos, con la familia y con los buenos amigos.

Mi madre, que lo está leyendo estos días, lo mencionó de soslayo en la cena. Habíamos invitado a mi recién casado hermano y su mujer, y ya se sabe que son épocas esas para la añoranza y el compadreo fraterno, así que nos pusimos a recolectar frases y situaciones mil veces recordadas.

Nosotros somos ocho hermanos, y creo-espero que nunca llegará-llegue a existir entre nosotros las distancias de las que habla Ginzburg. Pero sí encienden del mismo modo el fuego de nuestra hoguera familiar esas piñas de combustión fugaz que son las frases míticas, las situaciones compartidas del pasado.

El "aquí hay más que sopas" de nuestra abuela. O el más reciente "no grites, que luego te esfuerzas y sudas". "Una pastita sí que me voy a tomar". "¿Y las croquetas?". "Mamá, tiene cara de payaso". "Que se te escapa...". "¡Tobogán!", "Robaperas", "Barrilete"... El llavero de jamón, los cromos por la ventana, los juegos de rol en el bar del pueblo, el cristal que alguien rompió con el culo, el traje de He-man...

3 comentarios:

Terzio dijo...

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Eres un referente axial.

Tu ubicación entre actualidad y pasado, con el futuro en brazos, resulta una clave animadora y optimista, muy significativa: A bles+sing for your family!

God Save the family! (esto con esta música, of course)

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ARP dijo...

Es una foto que alegra el día: gracias por ponerla.

Agus Alonso-G. dijo...

No lo había visto así, Terzio, pero muchas gracias.

Arp, la verdad es que nos alucinó lo bien que salió esa foto, en la que todos salimos tan bien (menos el pequeño Diego), sobre todo porque la hicimos con el 'piloto automático' de la cámara.