jueves, 13 de marzo de 2008

Lealtad al universo

Estas elecciones, pasase lo que pasase, venían siendo absolutamente necesarias. La sombra del 11-M y las condiciones en que se votó entonces se han cernido ininterrumpidamente sobre los cuatro años de legislatura. Ahora, Zapatero ha vencido con incontestable justicia democrática y el cabreo que ha dividido España tiene razones para remitir.

Zapatero -su oferta antropológica- no me gusta, pero más que en la necesidad de una alternativa política creo en la de una alternativa cultural. Por eso, como hormiguitas, como ratones que acopian su escoria en la madriguera, hay que llenarse de argumentos, de cultura, de formación, de talante, de amor por nuestro tiempo, para forjar el futuro, un futuro que España y Europa están necesitando. Con urgencia, pero sobre todo cargados de constancia y convicción. Con ojos de eternidad. Y de responsabilidad.

Nunca más podremos regresar a una época anterior en la que las formas egocéntricas no tentaran e incitaran a la gente. Como todas las formas de individualismo y de libertad, la autenticidad inaugura una época de responsabilización, si es que puedo hacer uso de este término. Gracias al hecho mismo que esta cultura desarrolla, la gente se vuelve más autorresponsable. Está en la naturaleza de esta clase de incremento de libertad que la gente pueda degradarse y también elevarse. No hay nada que pueda asegurar jamás un ascenso sistemático e irreversible a las alturas.

(...) Una sociedad moderna nos dará a la vez las formas más elevadas de iniciativa moral autorresponsable y las peores formas, pongamos por caso, de pornografía. (...)

Visto así, este concepto puede recibirse también como buenas noticias. Si no puede garantizarse nunca definitivamente lo mejor, entonces ni el declive ni la trivialidad son inevitables. La naturaleza de una sociedad libre estriba en que será siempre escenario de una lucha entre formas superiores e inferiores de libertad. Ninguno de los bandos puede acabar con el otro, pero pueden desplazarse sus líneas, nunca de forma definitiva, pero al menos sí para algunas personas durante cierto tiempo, de una forma o de otra. Por medio de la acción social, el cambio político y la captación de corazones y mentes, pueden ganar terreno formas mejores, al menos durante algún tiempo. En cierto sentido, una sociedad auténticamente libre puede tomar como descripción de sí misma el lema formulado en otro sentido bastante diferente por movimientos revolucionarios como las Brigadas Rojas: “la lotta continua”, la lucha continúa y, de hecho, permanentemente.

Así pues, la perspectiva que propongo rompe definitivamente con el pesimismo cultural que se ha desarrollado en décadas recientes (...). La analogía propia de nuestra época no es la de la decadencia del imperio romano, conforme la decadencia y el deslizamiento hacia el hedonismo nos hacen incapaces de mantener nuestra civilización política. Esto no significa afirmar que algunas sociedades no puedan recaer en la alienación y la rigidez burocrática. Y algunas pueden perder muy bien su estatus semiimperial. El hecho de que los Estados Unidos estén en peligro de sufrir estos cambios negativos ha hecho aumentar acaso su pesimismo cultural” (La ética de la autenticidad, Charles Taylor)

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