domingo, 2 de marzo de 2008

Diego

Diego cumple el lunes cinco años. Entra en el dormitorio y me interrumpe, le pesa la soledad aunque no lo sepa, y quiere que le preste atención. Yo le digo que preparo una poesía (demasiado decir) para mi hermano y su novia, que se casan en una semana. Y él me dice que quiere escribir una poesía. Me exige que le enseñe, “enséñame a escribir una poesía”. Nudo en la garganta.

Le siento en mi rodilla y le cuento que para escribir una poesía hay que mirar las cosas. Cogemos mi reloj y le digo que podemos llamar sol a su esfera. Eso es una metáfora. A él le aburre lo que le digo, coge el lápiz y hace palotes: “abecedario”, con letras que aumentan progresivamente y se ondulan sobre el papel, “bata”, “bae”, “bellota”, “baba” (aquí se ríe); luego las lee todas, y escribe de arriba abajo: “uve”, le añade un o, “ouve”, una b (la b, claramente, le gusta), “bouve”. Se ríe. No lo sabe, pero ya intuye el poder de dominar las palabras.

“¿A qué Dios es todopoderoso?”, va y me suelta mientras escribe “bellota”. Y a mí me sale la vena teológica, y le digo que sí, pero que hay algo que Dios no puede. Él te quiere tanto que si tú quieres hacer cosas mal, te deja, porque quiere que seas libre. No sé si lo entiende. Yo creo que sí, porque Diego es muy listo. Y no lo digo sólo porque sea sobrino mío.

2 comentarios:

Suso dijo...

Mis "teo-sobrinadas" de estos últimos días.
-Para reír. Autor, Maino, 6 años: "Si Dios inventó los "escalofríos", ¿por qué no inventó también los "escalacalientes"?
-Para meditar. Autor, Anán, 8 años, hermano del anterior y mi ahijado: "¡Qué afortunado es Dios al tener tantos hijos!"
Saludos.

kañaman dijo...

Muchas gracias Agus...nos emocionamos que no veas...