martes, 18 de marzo de 2008

Catarsis

Termino la enfervorizada lectura de El libro de las ilusiones, de Paul Auster, al que he llegado por referencias recurrentes cruzadas de soslayo en los blogues (nos vemos en los blogues). De momento, aparco la tentación de La manía, por dinero y porque corro el peligro de que la lista de espera de libros se convierta en una tarea imposible.

Me sospecho que Trapiello no se molestaría si llegase a saber que le hago esperar un poco por Dickens, Julián Marías, Sófocles o algunas páginas de la sabrosa Historia de la Literatura Universal que me trajeron los Reyes. De esta última, por cierto, habría mucho que decir, como que adelantar en su lectura es misión imposible. A cada vuelta de hoja, me detengo para decir: "tengo que leerlo, tengo que leerlo". Primero fue Ilíada, ahora Sófocles... Puede que se convierta en la historia interminable.

De Auster, dos citas que son lo de menos en la historia:

Por primera vez en mi vida la suerte había triunfado sobre mi propia estupidez"

Esa había sido siempre su única ambición: ser uno de los buenos [actores de Hollywood]. Sólo eso había deseado, y eso era precisamente lo que ya no se permitiría hacer más. Uno no vuelve loca a una chica inocente, ni la deja embarazada, ni sepulta su cadáver a dos metros y medio bajo tierra para luego seguir su vida como si no hubiera pasado nada. Quien hicera lo que él había hecho merecía un castigo. Si el mundo no se lo imponía, entonces tendría que hacerlo él mismo"

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Sería una buena entrada, citas de libros que merecen que el libro sea leído aunque sea encontrar la lentilla en mitad de la playa.

Gracias por los buenos momentos.

Agus Alonso-G. dijo...

Gracias, anónimo.

Mery dijo...

No sabes cómo te entiendo, Agus. Yo tengo una frase para explicarme: "Tengo x libros en la parrilla de salida". Y es que compro y ambiciono mas de los que me puedo leer.
Me ha gustado tu blog, al que vengo desde El Ultimo Hombre Libre (Counter-Revolutionary).
Un abrazo. Mery

Verónica dijo...

Muy buena la entrada. A mí me gustó mucho la historia, la leí de un tirón. Aunque hay escenas perfectamente prescindibles, que no añaden nada (sabrás a qué me refiero). Ahora que estoy tranquila, te regalo una parte del libro de Auster, que tengo subrayada (es de la parte final):

"Según mis cálculos, Frieda Spelling tenía setenta y nueve años. Tras oír las descripciones que Alma había dicho de ella, me esperaba a alguien implacable -una mujer brusca, intimidante, un personaje exagerado-, pero la persona que se sentó con nosotros aquella noche era discreta, de voz suave y actitud casi reservada. Ni carmín ni maquillaje, ninguna preocupación por el peinado, pero aún femenina, todavía hermosa de una forma depurada, incorpórea. Mientras la miraba, empecé a notar que era una de esas raras personas en las que el espíritu acaba triunfando sobre la materia. La edad no disminuye a esas personas. Hace que envejezcan, pero no alteran lo que son, y cuanto más tiempo vivan, más plena e implacablemente se encarnan en sí mismas".

¿No es genial?

Agus Alonso-G. dijo...

Muchas gracias, Verónica. Sí, es sensacional.