jueves, 28 de febrero de 2008

Juno, hija de Miss Sunshine


Escucho mientras esto escribo la canción de Michael Danna y DeVotchka que abre la película Little Miss Sunshine, y logra –¡divino poder evocador de la música!- ponerme al borde de la lágrima.

Creo que es, objetivamente (esto es, técnicamente) una gran película, pero subjetivamente me implica de un modo visceral. La he visto ya un par de veces (cuatro o cinco ocasiones si hablamos de su último cuarto de hora). Me parece una pequeña gran joya. Por lo bajini te digo incluso que es una obra maestra, aunque sea de pequeñas proporciones.

En el sector de los bienpensantes y de los preocupados por los valores fundamentales no se digiere bien esta desconcertante película. He escuchado incluso a gente poco inclinada a pregonar el apocalipsis posmoderno mostrar sus reservas sobre la presunta retranca de la cinta.

Yo, sin embargo, creo que se toma muy en serio temas profundamente serios. Otra cosa es que lo haga a través de un humor cáustico. Causticidad que en realidad oculta una mullida ternura. ¿Se puede obviar que los personajes centrales de la película son Olive y su madre (inmensa Toni Collete, con un personaje que de repente me recuerda a la omnipresente Frances McDormand de Fargo)?

Hay maneras de analizar la realidad y apuntar propuestas de mejora. Una de ellas es la de Miss Sunshine. Hay que volver a lo fundamental, nos dice, a la familia, al amor más desinteresado y comprensivo, a la inocencia de la niñez. Pero lo dice en modo espátula, sin delicadezas. Se mete en el seno de nuestra podrida sociedad (a su modo, como la de tantas épocas, tampoco exageremos) y hace estallar la herida, pero no para regodearse en la llaga, como buena parte del cine posmo, sino para que salga abundante el pus. Al final, uno no sabe si lanzar una carcajada o llorar. Y hace ambas cosas.

Y es eso -y recojo así por fin el tema que daba título a la entrada- lo que nos encontramos en Juno. Tiene también la acidez que exudan nuestra posmodernidad, el devueltismo típico de una adolescencia difícil. A la vez, encontramos esa ternura misssunshiniana, que se convierte aquí en sensiblería a ratos. Pero la perdonamos, porque Juno es la hija de la Pequeña Miss Sunshine; si esta se dirige a la sociedad adulta, aquella tiene un tono más juvenil-adolescente. Y desde su “inmadura” adolescencia lanza verdades que son durísimos reproches y que debieran escocer a los padres del engendro, oh, vosotros, libertarios y modernos, en vuestra “madura” adultez.

A quienes les asusta el grosero estropajo que utilizan ambas películas para atacar la roña en la que estamos embadurnados, les diré que ante situaciones extraordinarias hacen falta medidas extraordinarias. Y, como dice Juno, “nuestro estilo no es la normalidad”.

7 comentarios:

batiscafo dijo...

No he visto Juno todavía. Estoy deseando, pero el año pasado Adaldrida y yo vimos Little Miss Sunshine y nos arrebató. No se me ocurre añadir mucho más a lo que has dicho tan bien dicho.

No creo que en ningún momento la peli trate de mostrar a la familia ideal. Peor para quien no lo entienda.

Con todas sus miserias, la familia es ese lugar donde te quieren porque sí. Me pareció tiernísima, hilarante, realista, crítica. Un cóctel de genialidad.

E. G-Máiquez dijo...

Cómo siento discrepar. Pero a mí Miss Sunshine me pareció horripilante. Si ha ejercido alguna influencia sobre Juno, que veo muy difusa, se salvará al menos por eso. La imperdonable indiferencia ante la muerte del abuelo, la relación matrimonial desolada de los padres, la cutrez, la pornografía y las drogas como sal de los chistes no me hicieron ni pizca de gracia. Aunque puede que sea yo el que esté completamente equivocado. Para gustos, hay cocktails, por supuesto.

Agus Alonso-G. dijo...

No lo sientas, hombre. La discrepancia es la madre de la ciencia, ¿o no era así?

Ambas son películas protagonizadas por familias disfuncionales que -a diferencia de otras que se asemejan en esto- ofrecen soluciones. A mí sí me pareció ver esa relación. En comparación, Miss Sunshine me parece muy superior a Juno.

¿Indiferencia ante la muerte del abuelo? Discrepo.

Hay relaciones matrimoniales desoladas, y muchas, por desgracia. A mí me gusta que las películas que quieren apuntar soluciones a los problemas del ser humano muestren esos problemas. Hay maneras de mostrarlos, obviamente, y ahí ya entran las sensibilidades. Los cocktails, como tú dices.

Suso dijo...

No quieren perder el tren, o en su caso, la furgoneta de la vida, la familiar y, por extensión, la vida toda, y ahí están todos, empujándola y subiéndose después a ella. "Mis Sunshine", o como ser familia y, tras no morir en el intento, salir con bríos renovados para continuar siéndolo.

Anónimo dijo...

La verdad es que tu comentario sobre Pequeña Miss Sunshine, me ha hecho recordar aquella película, que, tal vez por lo que apunta Enrique, no me gustó... tanto. Ahora, quizá, me has ayudado a descubrir algunas de sus virtudes. A mí reconozco que el final me gustó muchísimo, pero un montón. Lo del abuelo me pareció de chiste de humor negro como el betún, pero no creo que haya indiferencia, al contrario, el baile de la niña es un homenaje póstumo al abuelo que esboza una sonrisa en la boca de todos... No sé. Cuestión de perspectivas, y también del momento en que uno la viera.

En cualquier caso, me ha gustado mucho tu comentario. Un abrazo.

Verónica dijo...

Era yo.

Agus Alonso-G. dijo...

La primera vez que vi el final de Miss Sunshine me reí como hacía mucho tiempo que no me reía. Como se dice "cursimente", a mandíbula batiente.

Creo que en buena parte del cine actual con propuestas interesantes no hay que dejarse llevar por la primera impresión dura, descarnada, incluso grosera, que ofrecen. Es como cuando Flannery decía que ella tenía que hablar en una época determinada, a una gente determinada, y eso marcaba el mensaje.

A mí Miss Sunshine me parece fantástica. Es un canto a la ternura... aún diría más, a la maternidad.

Lo que pasa es que hoy en día, hasta los piropos hay que decirlos de medio lado: ¡somos tipos duros!

O quizá es que soy demasiado hijo de mi tiempo.