miércoles, 27 de febrero de 2008

Huérfano político

Una gran columna interesante de Enrique G-M. me suscita una reflexión. En su blog no me he atrevido a alargarme porque me parecía logorrea, y para esta ya está el blog propio, cuando lo hay.

"¿Tiene sentido hoy hablar de izquierdas y derechas? Mi opinión, desde luego para España, es que no", comento allí.

Hay lugares comunes sobre política en España que deben ser revisados.

Hay quien no entiende que estar contra determinada izquierda no significa ser de derechas.

Lo digo porque me he encontrado a mucho conservador (o de derechas) a gusto en esa etiqueta que nos echa en cara a quien no lo estamos que nos avergonzamos de reconocer que somos de derechas.

A veces me han hecho dudar: ¿será verdad? ¿serán 'respetos humanos'? Gracias a Dios, cada día tengo más claro que no es así. Que no tengo ningún inconveniente en defender las cosas en las que creo, aunque eso suponga ser mirado de través por el poder dominante. De hecho, ser y proclamarse de derechas no es más peligroso que hacerlo católico, apostólico y romano. Y no tengo ningún problema con esto último.

Ese reproche parte de la confusión tipiquísima en nuestro país de que ser católico en comunión con Pedro (valga la redundancia) y conservador son términos que van unidos.

Y a mí, que soy católico (apostólico, etc., romano) el conservadurismo político me gusta en general poco.

Claro que el hecho de ser católico y español me hace imposible "ser de izquierdas". Me corrijo, la izquierda española -y no solo española: cuando el progresismo mundial se abrazó a la más aberrante inmoralidad me dio una patada en el culo-, la izquierda española, digo, me hace imposible ser católico y de izquierdas, aunque tenga simpatías naturales por una socialdemocracia que no pretendea configurarse como cosmovisión alternativa al cristianismo, por un Estado de bienestar que mire con confianza y trabaje mano a mano con la iniciativa privada (que al fin y al cabo es social).

Todo esto si tuviera sentido hablar de izquierdas y derechas hoy en día, en España. Que yo creo que no.

4 comentarios:

batiscafo dijo...

Hace poco me refería alguien una conversación entre adolescentes pescada en plena calle al día siguiente del debate: “yo lo que sí votaría es un partido dirigido por Bono y Gallardón”. O sea, un político que presume de católico pero no ejerce de tal y un político que presume de conservador y progresista al mismo tiempo y no acaba de ser ni una cosa ni otra. Me dio qué pensar.

Consideré que la generación que viene es la heredera forzosa del ocaso de las ideologías. Nosotros estamos a medio camino todavía, pero ellos probablemente no sean ni de izquierdas ni de derechas. Y quizá sea hasta bueno esto, no lo sé. El problema es dónde quedan los principios éticos entendidos como valores humanos, quién defenderá la dignidad de la persona, empezando por esos mismos jóvenes y siguiendo por los partidos que surjan.

A mí me satura bastante la dicotomía derecha-católica/izquierda anticlerical de esta España nuestra. No sé qué tienen que ver las churras con las merinas y cada vez me siento menos de derechas, la verdad. Por poner un ejemplo, me torra bastante las campañas tipo “Yo rompo con Zapatero” porque aun disgustándome absolutamente el programa socialista y aun el físico de su líder, yo no tengo ningún empeño por ir contra nada ni contra nadie.

En todo caso, sin haber superado aún esa terminología no veo viable ser de izquierdas y católico. Pienso que en la izquierda sigue vigente un sistema de lucha de clases aunque descafeinado: el materialismo, el feminismo, la oposición Iglesia horizontal vs. Iglesia vertical, el pueblo frente a la jerarquía, etc. Está claro que la derecha también están imbuida de algunas de esas ideas -aquí el contagio es pandémico- pero no sé si hasta el punto de poder casar la izquierda con el cristianismo. En España, además, se une un anticlericalismo militante y recalcitrante que no se da en otras partes de Europa. Creo que habría que cambiar de nomenclatura.

De lo que soy partidaria es de no casar la religión ni la política, sea de derechas o de izquierdas. De ambos intentos hay amargas experiencias.

E. G-Máiquez dijo...

No parece que lo de los términos "derecha" e "izquierda", el primero como semi-insulto, el segundo como sumo-elogio, estén afectados por la agonía de la modernidad. Como bien dices, el tema da para un libro, pero a bote pronto insistiría en que "derecha" puede servir como cajón de sastre para autoproclamados centristas, democristianos, liberales, conservadores, tradicionalistas y reaccionarios, entre otros. Tanta variedad, frente al pensamiento único de la izquierda actual puede explicar también las dificultades que encuentra esa derecha para explicarse a sí misma. Yo insisto: cum grano salis, en contraposición a la izquierda y a bulto, me parece una palabra que conviene usar. Otra cosa es que para mí la única clasificación politica que merece la pena tomarse del todo en serio sea la de las dos ciudades de S. Agustín, tu santo patrón, precisamente.

berti dijo...

Te recomiendo el famoso test de political compass. Hayek ya advirtió que no hay una línea en cuyos extremos están la izquierda y la derecha y sobre la cual nos deslizamos, sino acaso una especie de triángulo isósceles: el vértice superior correspondería a las ideologías que, con independencia de sus valores personales, más progresistas o más conservadores, no desean imponer una moral en el espacio público (es decir, el liberalismo político y económico); los otros dos vértices serían las ideologías que sí contemplan la moral pública y la regulación, de cualquier tipo, en el espacio privado: la izquierda y la derecha. En political compass lo plantean como un cuadrado. ¡Es muy interesante ese test! A mí me sale Libertarian right, uséase, liberal con ideas más o menos conservadoras :)

El link es:

http://www.politicalcompass.org/test

Rafael Palomino dijo...

Me pasa lo mismo que a ti. A gusto me encontraría en una izquierda social no necesariamente republicana ni laica, pero creo que eso en España es la cuadratura del círculo.