sábado, 19 de enero de 2008

La ética de la autenticidad (II)

Viene de aquí

“Los que se hallan profundamente inmersos en la ‘cultura del narcisismo’ creen que quienes muestran objeciones a la misma ansían una era anterior, más opresora. Los adeptos de la razón tecnológica moderna creen que los críticos de la primacía de lo instrumental son reaccionarios y obscurantistas (sic), que proyectan negar al mundo los beneficios de la ciencia. Y están los defensores de la mera libertad negativa, que creen que el valor de la libertad política está sobrevalorado, y que una sociedad en la que la gestión política se combine con la máxima independencia para cada individuo es lo que debieramos proponernos como meta. La modernidad tiene sus detractores y sus defensores.

No hay acuerdo alguno en nada de esto, y el debate continúa. Pero en el curso de este debate, la naturaleza esencial de estos cambios, que son, ora censurados, ora elogiados, es con frecuencia malentendida. Y como resultado, la naturaleza real de las opciones morales que deben tomarse queda oscurecida. En particular, sostendré que el camino correcto que debe tomarse no es ni el recomendado por los defensores categóricos, ni el favorecido por los detractores en toda regla. Tampoco nos proporcionará la respuesta un simple intercambio entre las ventajas y el precio a pagar por el individualismo, la tecnología y la gestión burocrática. La naturaleza de la cultura moderna es más sutil y compleja. Quiero afirmar que tanto defensores como detractores tienen razón, pero de una forma a la que no se puede hacer justicia mediante un simple intercambio entre ventajas y costes. En realidad hay mucho de admirable y mucho de degradado y aterrador en los desarrollos que he ido describiendo, pero comprender la relación entre ambos es comprender que la cuestión no estriba tanto en saber qué parte del precio ha de pagarse en consecuencias perjudiciales por los frutos positivos, sino más bien en como guiar estos cambios hacia su mayor promesa y evitar que se deslicen hacia formas ya degradadas”. (pp.46-47; La ética de la autenticidad, Charles Taylor. Ed. Paidós; 1994, Barcelona)

5 comentarios:

Terzio dijo...

Bueno...

Espero que no haya un brote narcisista en la foto de ese tio guaperas comiendo pipas que has puesto en el blog.

¿Quién es? ¿Alguno del cine? ¿O es alguien de la ética auténtica? Sea el que sea, me parece que tiene detrás un camposanto! Oh my God!

...aunque reconozco que queda mejor que el muñecote del impermeable amarillo.

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batiscafo dijo...

Debe ser por aquello de "el vivo al bollo y el muerto al hoyo". Es un provocador este Agus... :-)

Agus Alonso-G. dijo...

No, no, narcisismo no (bueno, un poco sí, siempre). Sustituí la foto por crítica de amigos. Y, como venganza, puse esa.

Es una foto del guaperas -es decir, yo- comiendo una manzana enfrente de un camposanto, en efecto. Un precioso cementerio en el corazón de Cumbria, Lake District, la provincia de los lagos inglesa, mundialmente conocida gracias a la escritora Beatrix Potter. Hawkshead, que es donde se ubica la necrópolis (toma pedante), es, digámoslo así, la capital de esta preciosa región de ensueño. Es un pueblo de cuento, con sus tienditas y su museo Potter (Beatrix).

Donde estoy sentado es más o menos desde donde se debió hacer esta foto: iglesia de Hawkshead. El cementerio se extiende en torno a la iglesia del lugar, sobre una moqueta de hierba, sin lindero alguno que lo acote.

La foto fue tomada en agosto de 2006, y si se porta bien, le dejaré echar un vistazo a una crónica de aquellos días.

Terzio dijo...

¡¡Lo leo y no lo creo!!

Mordiendo manzana (la) con cementerio de fondo (un).

Es decir, que la foto es una especie de alegoría-jeroglífico post-moderno de esto

y su capítulo subsiguiente que es este

Y la Beatrix Potter para despistar.

O Infelix Adami proles!

p.s. Claro que si la pone a "ella", hubiera sido el remate.

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Agus Alonso-G. dijo...

Ja, ja, ja. El remate, sí.