jueves, 10 de enero de 2008

La ética de la autenticidad (I)

“La libertad moderna se consiguió cuando conseguimos escapar de horizontes morales del pasado (...), sobrevino gracias al descrédito de dichos órdenes [jerárquicos]. Pero al mismo tiempo que nos limitaban, esos órdenes daban sentido al mundo y a las actividades de la vida social.

(...)

Repetidas veces se ha expresado la inquietud de que el individuo perdió algo importante además de esos horizontes más amplios de acción, sociales y cósmicos. Algunos se han referido a ello como si hablaran de la pérdida de la dimensión heroica de la vida. La gente ya no tiene la sensación de contar con un fin más elevado, con algo por lo que vale la pena morir. Alexis de Tocqueville hablaba a veces de este modo en el pequeño siglo, refiriéndose a los ‘petit et vulgaires plaisirs’ que la gente tiende a buscar en épocas democráticas. Dicho de otro modo, sufrimos la falta de pasión. Kierkegaard vio la ‘época presente’ en esos términos. Y los ‘últimos hombres’ de Nietzsche son el nadir final de este declive; no les quedan más aspiraciones en la vida que las de un ‘lastimoso bienestar’. Esta pérdida de finalidad estaba ligada a un angostamiento. La gente perdía esa visión más amplia porque prefería centrarse en su vida individual. La igualdad democrática, dice Tocqueville, lleva lo individual hacia sí mismo, ‘et menace de le renfermer en fin tout entier dans la solitude de son progre coeur’. En otras palabras, el lado oscuro del individualismo supone centrarse en el yo, lo que aplana y estrecha a la vez nuestras vidas, las empobrece de sentido, y las hace perder interés por los demás o por la sociedad.

Esta inquietud ha salido recientemente a la superficie en la preocupación por los frutos de la ‘sociedad permisiva’, la conducta de la ‘generación del yo’ o la preeminencia del ‘narcisismo’.” (pp.38-40; La ética de la autenticidad, Charles Taylor. Ed. Paidós; 1994, Barcelona)

1 comentario:

Morgenrot dijo...

Me parece interesante el tema.
Todos los extremos, en este caso, el del individualismo, no llevan a nada bueno no sólo al individuo en sí, sino al conjunto de una sociedad, y en el caso concreto, a Occidente.
Estamos en la era de lo bello, lo joven , lo útil, lo rápido, la satisfación, la inmediatez, los placeres,lo fácil...Así no vamos más que al ocaso de una civilización. ¿Pesimismo? Sí, bastante.