jueves, 17 de enero de 2008

La razón religiosa

“Che cosa può e deve dire un Papa in un’occasione come questa?”. “¿Qué puede y debe decir un Papa en una ocasión como ésta?”, se ha preguntado B16 en el discurso censurado por los intolerantes de La Sapienza. La pregunta ha sido una respuesta para mí, que anteayer me acusaba interiormente: “¿Por qué hablas tanto de religión, tú que pretendes colaborar al progreso intelectual? ¿Acaso pretendes ser arrinconado en el debate cultural?”. Pero, ¿es verdad que lo religioso no aporta nada al debate?

¿Qué cosa puedo y debo decir?

Soy feliz en el tiempo y el lugar que me ha tocado. Creo en la humanidad. Considero que la modernidad ha obtenido grandes logros, aunque también me irrita (¿por qué?). Y quiero gestionar sus frutos intelectuales. Me pregunto dónde estamos y adónde nos dirigimos, y si es lo que queremos. Tengo voluntad de construir algo, para que lo que venga, no me pase por encima. Y veo, leo, estudio, pienso.

Decían que Dios había muerto. Ahora parece que se trata de un hoax: Zaratustra erró. El siglo XXI va a ser religioso. Phillip Longman ha recordado, con datos, algo obvio: la demografía en Estados Unidos favorece a los conservadores, básicamente porque conservan la vida y la transmiten -curioso: más que los que se supone que creen en el progreso y en el futuro-. Lo mismo se puede decir a nivel global con la religión, con el deseo de no identificarla con conservadurismo político. Sociedad religiosa y fecundidad demográfica son conceptos unidos, mientras que el Occidente secularizado se dirige al suicidio.

Así que nos encontramos ante una intrigante paradoja: los herederos de la modernidad tenemos pequeños o grandes malestares con ella, no estamos cómodos del todo. Quizá porque se ha construido en buena medida sobre el hoax nietzscheano. Como alternativa e incluso como oposición a aquello que nos es más íntimo: nuestra fe religiosa y algunas de nuestras más básicas tradiciones y valores. La cosa amenaza ruptura. Y tanto. Unos fanáticos (iba a decir tarados, pero no: la tentación de hacer creer que no son humanos es fuerte) mataron el 11-S a 3.000 civiles, y lo hacen al grito de “Alá es grande”. La respuesta es hacer la guerra contra el terrorismo hablando de “cruzada”. Y en el terreno laicista, cierta prepotencia y un desprecio serenos a la condición religiosa, que en un primer momento duelen, pero que fríamente apenan por lo que tienen de castración intelectual de esos sujetos. Encastillados en su renuncia a lo sobrenatural y religioso, renuncian también al diálogo.

Fides et ratio
. He ahí una propuesta para que la sociedad se aplique lo de la Iglesia: semper reformanda. Porque no creo en revoluciones impacientes, que acaban atropellando la dignidad humana. El magisterio de B16/Ratzinger es una propuesta a tener muy en cuenta: el 12-S en Ratisbona es una oferta que no podemos rechazar.

Ser ateo es razonable. Pero lo es más ser creyente. Después de la época de la fe en el progreso que iluminaría toda duda y acabaría con el mal, el Misterio permanece, y a veces incluso se ensancha: “sólo sé que no sé nada”, “el que crea saber todavía no sabe como le conviene saber”. El intelectual creyente no pretende hacer pasar a todos por el aro de su fe, pero trata de convencer al que quiera escuchar de los motivos de credibilidad. Y de la ley natural como propuesta moral, razón ética que puede alcanzarse por la recta razón. “Ante una razón a-histórica que busca autoconstituirse en una racionalidad a-histórica, la sabiduría de la humanidad como tal -la sabiduría de las grandes tradiciones religiosas- es algo que conviene valorar como una realidad que no se puede tirar impunemente a la papelera de la historia de las ideas”, dice B16 desde su discurso censurado de La Sapienza.

P.S.: Italia, prima-hermana, has quedado como la chati ante el mundo. Con qué razón se te puede echar en cara: si scires donum Dei...

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