sábado, 5 de enero de 2008

La ficción como hermenéutica (I)

“La verdad literaria es una y otra la verdad histórica”. Lo dice Mario Vargas Llosa en el ensayo titulado “La verdad de las mentiras”, que encabeza un volumen con el mismo nombre, en el cual se contiene un ramillete de reflexiones sobre algunas de las novelas más importantes del siglo XX.

Y, sin embargo, la ficción narrativa tiene la escalofriante capacidad de describir e interpretar una época, el hombre concreto de esa época. Esa capacidad procede seguramente del hecho de ser la manifestación de concretos seres humanos en un tiempo y en un lugar, y de que la originalidad de una ficción, su categoría, –y cito de nuevo el ensayo de Vargas Llosa- “es más profunda cuanto más ampliamente exprese una necesidad general y cuantos más numerosos sean, a lo largo del espacio y del tiempo, los lectores que identifiquen, en esos contrabandos filtrados de la vida, los demonios que los desasosiegan”.

El novelista peruano dice también que “las novelas tienen principio y fin y, aun en las más informes y espasmódicas, la vida adopta un sentido que podemos percibir porque ellas nos ofrecen una perspectiva que la vida verdadera, en la que estamos inmersos, siempre nos niega. (...) A veces sutil, a veces brutalmente, la ficción traiciona la vida, encapsulándola en una trama de palabras que la reduce de escala y la ponen al alcance del lector”. Es precisamente esa capacidad de hacer accesible al lector, al espectador, los más profundos misterios sobre la vida, lo que sustenta las posibilidades hermenéuticas de la ficción. “No se puede ser artista sin leyes y límites. El arte es limitación; la esencia de toda pintura es el contorno” (Ortodoxia, G.K.Chesterton); "Las limitaciones que cualquier escritor impone a su trabajo resultarán de las necesidades que hay en el material mismo y éstas, generalmente, van a ser más rigurosas que las que la religión pudiera imponer” (Flannery O’Connor, La Iglesia y el escritor de narrativa): el artificio que ordena la literatura y el arte en general es una atalaya privilegiada para entender la historia del pensamiento, que es decir la historia del ser humano, pues el pensamiento nunca flota solo, etéreo, sino que se encarna en seres humanos, concretos, cuerpos frondosos con almas sólidas aunque invisibles. La ficción es hermenéutica a través de su capacidad de sugerir.

2 comentarios:

Terzio dijo...

Los que se han instalado en la cumbre tienden a dogmatizar.

Qué suerte!

Eso no quiere decir que enseñen verdad.

No sé si eso de la "verdad literaria" y la "verdad histórica" (y la verdad científica? y la verdad política? y la verdad económica? y la verdad periodística? y la verdad occidental? y la verdad oriental? y la verdad coyuntural? y la verdad...etc...???)
resistiría un tribunal inquisitorial ad casum.

Pero me parece que no.

'

Agus Alonso-G. dijo...

Qué positivo.

Para variar.