martes, 22 de enero de 2008

El sueño de Jonás

No me asusta declarar mi firme convencimiento de que este país saldría ganando si su religiosidad fuese bastante más supersticiosa, más fanática, más lúgubre, más combativa de lo que parece ser actualmente.”

Me acuerdo hoy de esta afirmación -latigazo, cabría decir- leída ayer en el sermón 24 del primer tomo de Sermones parroquiales (anglicanos) de Newman: “La religión de estos tiempos” (26 de agosto de 1832). Y la memoria es oportuna frente a los falsos profetas como este dominico que escribe para PRISA. Gracias a Dios, estos lobos con piel de cordero se encuentran en evidente declive tras décadas de campar por sus fueros en el redil católico. Newman continúa, para atenuar el escándalo de nuestras delicadas sensibilidades:

Por supuesto, no considero deseables semejantes actitudes, sería del todo absurdo; pero sí las considero infinitamente más deseables y más fecundas que un endurecimiento pagano y una calma fría, autosuficiente, fatua. Sin duda, la paz de ánimo, la tranquilidad de la conciencia y la alegría son dones del Evangelio y señales del cristiano; pero los mismos efectos -más bien, aparentemente los mismos- pueden originarse de causas muy diferentes.

Jonás se durmió en medio de la tormenta; y lo mismo hizo nuestro Señor Bendito. Aquel dormía con mala seguridad; este, con ‘la paz de Dios que supera todo entendimiento’ (Flp 4,7). No se pueden confundir uno y otro estado, se diferencian perfectamente; tan perfectamente como la calma del mundano y la serenidad del cristiano. Mirad ahora a los marineros del barco que gritan a Jonás: ‘¿Qué haces tú dormido?’ (Jon 1,6); y a los apóstoles que dicen a Cristo: ‘Señor, que perecemos’ (Mt 8,25; Lc 8, 24). Tal es la situación de los supersticiosos: se hallan entre la falsa paz de Jonás y la verdadera paz de Cristo; son mejores que aquel, pero están muy por debajo de este. Si trasladamos esto a la actual religión del mundo ilustrado, que está llena de seguridad, alegría, decoro y benevolencia, considero que todas esas notas pueden proceder tanto de la mucha religión como de la ausencia de ella; pueden ser fruto de la superficialidad de espíritu y la ceguera de conciencia, y también fruto de esa fe que está en paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo."

Y más adelante:

Por mi parte, no me cabe duda, por lo que veo en el mundo, de que se trata del sueño de Jonás, y, por tanto, no es más que un ensueño de religión, mucho menos valioso que la bien fundada alarma de los supersticiosos, quienes están despiertos para ver el peligro, aunque no tienen suficiente fe para alcanzar el remedio"

El sueño de Jonás. Qué gran título para una novela.

4 comentarios:

ARP dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ARP dijo...

¡Muy bueno! Impresionante texto e impresionante contraposición.

Terzio dijo...

Lo impresionante es el pseudo-dominico ese: En coherencia con lo que dice debería dejar una Orden históricamente identificada con la inquisición-represión-extinción de la heterodoxia, la acusación de los herejes, llevarlos a los tribunales y entregarlos al brazo secular para que los quemaran. Parece como si padeciera un agudo complejo de no se qué que le hace revolverse contra lo que lleva en sus genes dominicos.

Al final uno deduce que es un caso más del frustrado-desesperado emboscado en una casa de frailes que como y bebe y duerme bien, que no cree en lo que debería creer, y se venga de su desencantada vida y vocación malograda arremetiendo contra los que el sabe que son como deben ser, y enseñan lo que deben enseñar, y defienden lo que deben defender, y creen lo que hay que creer.

Cuestión de recta intención+ortodoxia+ortopraxis, ni más ni menos.

Pero también un cobarde que no se atreve a dejar las comodidades de un convento, y vivir laico y laicista con todas sus consecuencias.

Basura que nos ensucia la casa: Mejor barrerla, y al estercolero con ella.

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Agus Alonso-G. dijo...

Ambas cosas son impresionantes, sí. Por eso no quería dejar de reseñar ambas.