miércoles, 16 de enero de 2008

El señor de Bembibre

Don Álvaro salió de su castillo muy poco después de Martina, y encaminándose a Ponferrada, subió el monte de Arenas, torció a la izquierda, cruzó el Boeza, y sin entrar en la bailía tomó la vuelta de Cornatel. Caminaba orillas del Sil, ya entonces junto con el Boeza, y con la pura luz del alba, e iba cruzando aquellos pueblos y valles que el viajero no se cansa de mirar y que a semejante hora estaban poblados con los cantares de infinitas aves. Ora atravesaba un soto de castaños y nogales, ora un linar cuyas azuladas flores semejaban la superficie de una laguna, ora praderas fresquísimas y de un verde delicioso, y de cuando en cuando solía encontrar un trozo de camino cubierto a manera de dosel con un rústico emparrado. Por la izquierda subían, en un declive manso a veces, y a veces rápido, las montañas que forman la cordillera de la Aguiana, con sus faldas cubiertas de viñedo, y por la derecha se dilataban hasta el río huertas y alamedas de gran frondosidad. Cruzaban los aires bandadas de palomas torcaces con vuelo veloz y sereno al mismo tiempo; las pomposas oropéndolas y los vistosos gayos revoloteaban entre los árboles, y pintados jilgueros y desvergonzados gorriones se columpiaban en las zarzas de los setos. Los ganados salían con sus cencerros, y un pastor jovencillo iba tocando en una flauta de corteza de castaño una tonada apacible y suave"

El castillo de los templarios de Ponferrada:

Quedáronse entrambos en silencio, como embebecidos en la contemplación del soberbio punto de vista que ofrecía aquel alcázar reducido y estrecho, pero que semejante al nido de las águilas, dominaba la llanura. Por la parte de oriente y norte le cercaban los precipicios y derrumbaderos horribles por cuyo fondo corría el riachuelo que acababa de pasar don Álvaro, con un ruido sordo y lejano que parecía un continuo gemido. Entre norte y ocaso se divisaba un trozo de la cercana ribera del Sil, lleno de árboles y verdura, más allá se extendía el gran llano del Bierzo, poblado entonces de montes y dehesas y terminado por las montañas que forman aquel hermoso y feraz anfiteatro. El Cúa, encubierto, por las interminables arboledas y sotos de sus orillas, corría por la izquierda al pie de la cordillera, besando la falda del antiguo Bergidum y bañando el monasterio de Carracedo. Y hacia el poniente, por fin, el lago azul y transparente de Carucedo, harto más extendido que en el día, parecía servir de espejo a los lugares que adornan sus orillas y a los montes de suavísimo declive que lo encierran. Crecían al borde mismo del agua encinas corpulentas y de ramas pendientes, parecidas a los sauces que aún hoy se conservan, chopos altos y doblegadizos como mimbres, que se mecían al menor soplo del viento, y castaños robustos y de redonda copa. De cuando en cuando, una bandada de lavancos y gallinetas de agua revolaba por encima describiendo espaciosos círculos, y luego se precipitaba en los espadañales de la orilla, o levantando el vuelo desaparecía detrás de los encarnados picachos de las Médulas"

2 comentarios:

Terzio dijo...

Es curioso: Leí este novelorio, y apenas lo recuerdo; claro que hace unos 20 años...y será por eso.

Una pregun: En esta lista de 20 pelis, hay algunas que no reconozco ¿será que están re-tituladas en español?

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Agus Alonso-G. dijo...

Te confieso que si no fuese por mi vínculo patriótico al Bierzo, tampoco le daría tanta importancia a la novela.

En esa lista, hay algunas que no se habrán estrenado en España, imagino, y otras, efectivamente, que tendrán otro nombre en español. Aquí somos especialistas en cursiladas y en obviedades a la hora de cambiar los títulos.