jueves, 31 de enero de 2008

Banqueteando

Todavía con la frase de Dinesen sobre los 3000 años de edad y la cena con Sócrates en la cabeza, de nuevo carambola cultural-literaria este fin de semana. Leo Santuario de William Faulkner y me encuentro con este pasaje:

-¿Ha estado usted hoy fuera de la ciudad? -dijo el conductor.
-Sí -dijo Horace-. ¿Qué hay? ¿Qué ha ocurrido hoy aquí?
-Ella no está ya en el hotel. He oído decir a Mrs.Walker que la llevaron a la cárcel.
-¡Oh! -dijo Horace-. Me apearé en el hotel.
El hall estaba vacío. Después de un momento apareció el propietario: un hombre tirante, de un gris metálico, con un palillo de dientes, el chaleco abierto sobre una panza pulcra. La mujer no estaba allí.
-Esas damas de la iglesia... -dijo. Bajó la voz, el palillo entre los dedos-. Vinieron aquí esta mañana. Una comisión de ellas. Usted sabe cómo es eso, ¿no?
-¿Quiere usted decir que permite usted que la iglesia anabaptista determine quiénes han de ser sus huéspedes?
-Son esas damas. ¿Usted sabe cómo es eso, una vez que se aferran a una cosa? No le queda a uno más remedio que ceder y hace rlo que ellas dicen. Por supuesto, yo...
-Por Dios que si hubiera un hombre...

(...)

-¿Dónde está ella ahora? ¿O es que la echaron de la ciudad?
-Ésas no son cuentas mías; no tiene por qué ocuparme adónde van las gentes después que salen de mi casa -dijo el propietario, volviendo la espalda-. Me figuro que alguien la habrá admitido, sin embargo.
-Sí -dijo Horace-. Cristianos. Cristianos..."

Publicada el año 1931. Y me viene ipso-facto el recuerdo de aquella mítica escena de La diligencia, en la que se nos presenta a la prostituta Dallas, expulsada de la ciudad por la Liga de la Ley y el Orden.


En su encuentro con Doc Boone, también expulsado del lugar, por borracho y deudor, este -en la piel del genial Thomas Mitchell- termina encarándose con la fea y arrugada presidenta de la Liga para declamar:

“¿Ese es el rostro que hizo naufragar mil barcos… y quemó las desnudas cimas de Ilio? ¡Adios, bella Helena!” (traducción mía del guión original)

Y todo esto justo cuando termino de leer la Ilíada, en la versión de Emilio Crespo, de Gredos.

Y me doy cuenta paulatinamente de que la cultura no consiste en acumular experiencias, conocimientos, lecturas, sino en colarse por una rendija en la sala del banquete donde charlan Homero, Sócrates,… y Dinesen, e incluso Faulkner y Waugh. Y escuchar, disfrutar, y, si llega el caso, aportar nuestra modesta opinión, experiencia personal, derramar el pequeño don que también nosotros hemos recibido, para quizá ofrecer algo más al próximo que se una a esta fiesta.

(P.S.: Santuario me ha gustado poco o nada.)

5 comentarios:

Terzio dijo...

Para que veas que Waugh tenía razón.

'

batiscafo dijo...

¡Me uno a esa fiesta! Genial colofón.

Suso Ares dijo...

Santuario fue la primera novela que leí de Faulkner. No me entusiasmó, entre otras cosas por su estilo tan prolijo, aunque no me desanimó a seguir leyéndolo. Era un autor intenso, y de esa intensidad no me sustraje. Leí Sartoris, leí En la ciudad, y tamponco me entusiasmaron: su estilo seguía molestándome. Pero, ¡qué fuerza de todos modos!
Volveré a él, algún día.

Agus Alonso-G. dijo...

Antes de que Waugh dijera nada, he de reconocerlo, ya tenía prejuicios versus Faulkner. Pero perseveraré en ello.

ARP dijo...

Yo te recomendaría pasar absolutamente de Faulkner: hay mucho y bueno que leer y él no está en la primera fila, por mucho que digan. Yo leí Sartoris hace muchos años y me había gustado; hace poco intenté releerlo y se me caía de las manos.