lunes, 14 de enero de 2008

¿B16, espiritualista?

Cuenta el ABC, en base a estudios demoscópicos elaborados a partir de cruzar datos del CIS, y teniendo en cuenta la práctica de la religión de los españoles según los criterios de católico practicante, no practicante, no creyente, creyente de otra religión, que el primero es el que tiene un mayor compromiso de presencia en las urnas. “La implicación democrática es parte de sus valores”, dice Narciso Michavila, director del Gabinete de Análisis Demoscópico (GAD). El artículo, que en unas semanas no estará accesible (penosa web de ABC), aquí.

Viene la cosa muy al caso. Anteayer mismo leía estupefacto un artículo de Gianni Vattimo en El Mundo. El filósofo italiano, proponedor del pensiero debole, habla de la última encíclica del Papa para criticarla negativamente. Vattimo acusa a B16 de que el documento pone el acento de la esperanza en el sufrir, y olvida el actuar. “Es (...) sobre el padecer sobre el que se pone como siempre el acento, siguiendo una línea que, por otra parte, ha resultado dominante dentro de la tradición cristiana. Según ésta -la línea doliente-, Jesús sufre en la cruz porque es la víctima propicia, la víctima capaz de satisfacer la ira del Padre a causa del pecado original. De ahí la exaltación del sufrimiento como mérito. Mientras que actuar con los otros y sufrir con ellos no tiene nunca (para estos intérpretes) -como debería tener- el sentido de una lucha común contra lo que produce sufrimiento”. (¿"La ira del Padre"?)

Me pregunto si Vattimo y yo hemos leído la misma encíclica. Porque, si bien es verdad que B16 no deja de insistir en que “el cristianismo no traía un mensaje socio-revolucionario como el de Espartaco, que fracasó a costa de sus cruentas luchas” (para Vattimo esta frase es el resumen de la encíclica), insistir en que no hay que buscar en el cristianismo una especie de utopía que haga un mundo nuevo de este valle de lágrimas, también es verdad que Ratzinger/B16 siempre vincula la vida interior del cristiano al compromiso con el prójimo (en Introducción al cristianismo dice incluso que la categoría “relación” no es tal, sino que es parte de la sustancia del ser humano). La apreciación de Vattimo se muestra sangrantemente inexacta cuando uno lee en Spe Salvi, precisamente antes de referirse al sufrir como lugar de esperanza:

En la oración tiene que haber siempre esta interrelación entre oración pública y oración personal. Así podemos hablar a Dios, y así Dios nos habla a nosotros. De este modo se realizan en nosotros las purificaciones, a través de las cuales llegamos a ser capaces de Dios e idóneos para servir a los hombres. Así nos hacemos capaces de la gran esperanza y nos convertimos en ministros de la esperanza para los demás: la esperanza en sentido cristiano es siempre esperanza para los demás. Y es esperanza activa, con la cual luchamos para que las cosas no acaben en un «final perverso». Es también esperanza activa en el sentido de que mantenemos el mundo abierto a Dios. Sólo así permanece también como esperanza verdaderamente humana” (p.34)

Servir a los hombres. Luchamos. Activa.

Y, a continuación, el Papa titula: “El actuar y el sufrir como lugares de aprendizaje de la esperanza” (la negrita es mía). Y comienza el epígrafe así -dejando en evidencia la superficialidad, o los prejuicios, del análisis de Vattimo-:

Toda actuación seria y recta del hombre es esperanza en acto. Lo es ante todo en el sentido de que así tratamos de llevar adelante nuestras esperanzas, más grandes o más pequeñas; solucionar éste o aquel otro cometido importante para el porvenir de nuestra vida: colaborar con nuestro esfuerzo para que el mundo llegue a ser un poco más luminoso y humano, y se abran así también las puertas hacia el futuro. Pero el esfuerzo cotidiano por continuar nuestra vida y por el futuro de todos nos cansa o se convierte en fanatismo, si no está iluminado por la luz de aquella esperanza más grande que no puede ser destruida ni siquiera por frustraciones en lo pequeño ni por el fracaso en los acontecimientos de importancia histórica" (p.35)

Y los ejemplos en la misma encíclica se multiplican. Pero todo queda más claro con respecto a Vattimo cuando se pregunta: “¿Qué decir de la total ausencia de la teología de la liberación, o de autores tales como Moltmann y tantos otros que han tratado de dar un contenido no puramente espiritualista a la doctrina cristiana de la esperanza?”. Ah, era eso. Que no se ha enterado que la teología de la liberación no es doctrina católica. Por si acaso, B16, le responde de antemano: “Si no podemos esperar más de lo que es efectivamente posible en cada momento y de lo que podemos esperar que las autoridades políticas y económicas nos ofrezcan, nuestra vida se ve abocada muy pronto a quedar sin esperanza.”.

Contra la percepción de Vattimo y tal y como señalan los datos demoscópicos en ABC, creer en la vida eterna no nos despega de esta, y resulta que el católico tiene un compromiso con esta tierra que ya quisieran los materialistas. Y también lo dice B16/Ratzinger repetidamente, como señalé aquí.

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