domingo, 28 de diciembre de 2008

El mejor día del año

Hoy es, para mí, el mejor día del año. Nací hace 28. La inefable sensación de sentirse querido. Llamadas, SMS, correos electrónicos... El cariño hecho materia.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Feliz Navidad

Vino a los suyos y los suyos no le recibieron. ¿Es ese el triunfo del Reino de Dios? Sí, porque cada vez que hace su morada en un solo ser humano, lo hace en toda la Humanidad, porque Él sólo sabe contar hasta uno.

Y es que, no nos engañemos, como le decía la de Ávila: "No me extraña que tengas tan pocos amigos en la tierra".

Porque Él nos ofrece luz, libertad, gozo, como nos desean las bendiciones solemnes de la Misa de Navidad. Pero son una luz, una libertad y un gozo que requieren desentrañar nuestro misterio de ser personas, un misterio que no desvela la carne ni la sangre, la inteligencia, ni la riqueza, ni el poder, sino la sabiduría práctica que nace de la sencillez de espíritu. La Gracia.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Inflación

¿Aceptar a alguien como "friend" o no hacerlo? He ahí el dilema que Facebook nos trae. Y un servidor, que tiene en mucho la palabra "amigo", sólo se arrepiente de haber hecho "friend", nunca de lo contrario.

Como sucede con el papel moneda, cuando se le da mucho a la máquina y la inflación se dispara, cada unidad pierde valor. Rebajar los requisitos para llamar "friend" a alguien rebaja el valor de ser "friend". Y lo mismo con besos y abrazos.

Que no defiendo al huraño, ni al agarrado, al frío, al seco y envarado. Defiendo la sinceridad de llamar a las cosas por su nombre. Porque cuando alguien es "amigo", entonces hay un vínculo que obliga, que exige, que compromete.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Precio a pagar

Dice un antiguo proverbio que los hombres profesan un sincero respeto por la virtud, y luego la dejan morir de hambre; porque -a pesar de pensamientos mejores- tienen en el fondo de sus corazones un sentimiento maligno que les induce a considerar que es superstición y esclavitud la atadura a determinadas leyes y principios, y que la libertad consiste en el ejercicio efectivo de su albedrío para el mal lo mismo que para el bien; y ven (cosa innegable) que, si un hombre se sacude el yugo de la fidelidad estricta a la conciencia, aumenta enormemente, por un tiempo, su talento productivo y su poder inmediato de alcanzar sus fines. Pues bien, a lo sumo, admirarán al hombre religioso, y lo tratarán con deferencia; pero, en cuanto le pierdan de vista, se sienten obligados a reconocer que una persona tan bondadosa y amable no encaja en el escenario de esta vida para representar un papel; dicen que es demasiado bueno para este mundo; que está forjado para una época más antigua y menos corrompida, y que ha nacido fuera del tiempo que le corresponde. Así se expresa en la historia el político burlón: "Os felicitamos por vuestra incolumidad, mas no envidiamos vuestra locura" (Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, V, 105, 20; en griego en el original)" (John Henry Newman, "El testimonio personal, medio de propagar la Verdad", en La fe y la razón. Sermones universitarios. Ed.Encuentro, 1993)

domingo, 21 de diciembre de 2008

Racionalismos

Me decía Samuel que soy un racionalista -y sólo porque le dije que Amèlie no me gustaba, que me había ido a dormir a los 30 minutos de película la única vez que he intentado verla-. Estoy casi seguro de que no. Puede que, como reacción a mi ser romántico y a el emotivismo -McIntyre dixit- que rampa y campa alrededor, tenga a veces inclinaciones racionalistas. Pero no soy racionalista. No paro de defender el valor de la intuición, de la emoción, que no es sólo la razón lo que nos hace humanos.

Digo esto, porque creo que confunde racionalismo con el hecho de que me gusten las narraciones en las que se me digan verdades. (Verdades que por otra parte pueden transmitirse a través del lirismo, el simbolismo, la imaginación más audaz, etc.)

Tanta fuerza tienen para mí los intentos de desvelar la verdad sobre la naturaleza humana que un pequeño detalle a ese respecto, un descubrimiento, un conectar con una manera de mostrar, pueden encandilarme, enamorarme. (De ahí que Ford o Dickens me flipen.)

El Manantial, de King Vidor, adaptación de la novela de Ayn Rand, es un ejemplo de ello. Siendo una película menor -a pesar de ser de Vidor y de contar con Gary Cooper-, dejó en mí una huella que el tiempo no logra mitigar.

Siempre me ha parecido que el personaje interpretado por Patricia Neal (Dominique Francon) expresa en buena medida, y de un modo único por su sinceridad, la condición afectiva de estos tiempos. Ella sabe que el amor es una cadena, que acabará con su autonomía. Y no quiere ceñirse a ella, ha construido toda su vida para protegerse. Un poco como la eterna Golightly creada por Audrey.

Y, uno, que ha sido educado en el "lo que no se da se pierde" de la Madre Teresa, pero que a la vez ha mamado la posmodernidad que huye del compromiso, no puede evitar sentir ternura por esos personajes (siempre mujeres) y su condición de escindidas.

sábado, 20 de diciembre de 2008

La conjura de los necios

Alentado fervorosamente por Samuel, me leí el libro de John Kennedy Toole, La conjura de los necios. Se trataba de una de esas ocasiones en las que te enfrentas a un libro con el deseo de que te guste, deseo que casi se convirtió en desesperación a medida que comenzaba a leer las primeras 150 páginas.

De verdad que uno lo intenta. Que el canon de la modernidad literaria del siglo XX le guste. Que uno pueda defender a Faulkner, a Joyce, a Hesse, a Conrad... con autenticidad. Pero no.

Y bueno, la de John Kennedy Toole (el título es lo mejor sin duda) fue de menos a más. El final sí me ha gustado más.

Ignatius J. Reilly, protagonista del libro, quiere ser parte de esa tradición quijotesca que hermana a don Alonso Quijano (o Quijada), Pickwick o Max Estrella. Claro que mi sensibilidad no me debiera permitir comparar a Quijada y Pickwick con el personaje de Valle-Inclán o Kennedy Toole. Porque, sí, Reilly es más Estrella que otra cosa. Y La conjura... es más Luces de bohemia que Quijote. Y, claro, a mí la venerada obra de don Ramón me dejó un poco frío.

De la obra, que pretende ser una crítica corrosiva a todo y a todos (lo cual, sinceramente, tampoco tiene demasiado mérito: distinguo, Tollers, distinguo, que diría Lewis, hay que distinguir) os dejo esta cita:
La panacea para Myrna, para cualquier cosa, desde arcas caídas hasta depresión nerviosa, era el sexo. Propagó diligentemente esta doctrina con desastrosas consecuencias para dos bellezas sureñas a las que tomó bajo su protección, con el propósito de renovar sus mentes atrasadas. Siguiendo el consejo de Myrna, y con la solícita colaboración de varios jóvenes, una de estas sencillas muchachas sufrió una crisis nerviosa; la otra intentó, sin éxito, abrirse las venas con una botella rota de coca-cola. La explicación de Myrna fue que las chicas eran, en esencia, demasiado reaccionarias; y predicó con renovado vigor la libertad sexual en todas las aulas y pizzerías, logrando que casi la violase un bedel de la Facultad. Yo, entretanto, procuraba guiarla por el camino de la verdad"


(Para saludable esperpento el blog genial de mi querido Ángel que, ¡lo siento!, no frecuento cuanto debiera)

lunes, 15 de diciembre de 2008

Cita

No hay un vínculo necesario entre los principios intelectuales y los morales de nuestra naturaleza" (John Henry Newman, "Excesos de la razón", en La fe y la razón. Sermones universitarios. Ed.Encuentro, 1993)

viernes, 5 de diciembre de 2008

Más acás y más allás

Hay una hermosísima canción de Paco Bello titulada "Más acá" que dice así:

Hoy no hablaré del mar
Ni de la inmensidad
Ni de ser o no ser.

Hoy no habrá soledad,
Hoy el pan es el pan
Hoy el vino es volver,

A dejarse caer
Descubrir una red,
Al final de tu piel.

Sin prentender abarcar
Mundos del más allá
Te invito a mi casa
Que está mas acá.

Hoy la vida es bienvenida
Sin metáforas altivas.
Hoy tu boca no es gaviota
Ni tus piernas rompeolas
Ni tu ombligo caracola.

Hoy no quiero que haya huellas en la arena
Que recuerden a sirenas
Hoy te quiero conocer

Igual que un animal
Sin pensar en nada más,
Que en el más acá.

Hoy no me haré preguntas
De por que la luna es tan blanca
Si toma tanto el sol.

Hoy no hablaré del reloj
Ni del hombre alienado
Ni del mundo y su coz.

(...)

Hoy la vida es bienvenida...

Otra canción también cautivadora de Luis Eduardo Aute (en su versión en el 'Mano a mano' con Silvio) dice:

Anda,
quítate el vestido
las flores y las trampas,
ponte la desnuda
violencia que recatas
y ven a mis brazos,
dejemos los datos,
seamos un cuerpo enamorado.

(...)"

Me acordaba de ello cuando me decías el otro día -¿a quién advertías?- algo así como que "me estaba poniendo místico".

Porque, ¿no es verdad que está ahí, latente en unos, viva y penetrante en otros, la inclinación -tentación la llamaría- a pensar en lo trascendente como una losa? Como si la libertad estuviese en el ya, en el ahora más inmediato y sensible. Como si eso fuese la vida en plenitud, despreocupada, una especie de Edén.

Es falso que sea lo trascendente, la vida del espíritu, la que nos haga humanos. Lo que nos hace humanos es nuestra carnalidad y nuestra espiritualidad. Cuerpo y alma. Química trascendente.

Pero más patética me resulta -aunque más comprensible, también- la vida inferior del que dice liberarse del peso de la trascendencia y disfraza esa falsa humanidad de carcajadas o de chispeante inmediatez. Qué solos nos quedamos entonces cuando nos quedamos solos.

A veces uno se siente enajenado de la tribu porque ve más allá, porque cree en la trascendencia y cree en ella no como una idea o una ideología, sino como algo que lo empapa todo (y lo esponja), como una tercera dimensión que pone las cosas en su sitio. Porque la ve. Se siente enajenado porque la barbarie tiende a sofocar a quien no está dispuesto a conformarse con una visión chata de lo real. Y lo sofoca con el desprecio, el aislamiento ("cuidado, que se pone místico"). Pero es una soledad que aunque no deseada, e incluso por momentos dolorosa, llega a merecer la pena porque, esa sí, es acompañada.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Advenimiento

Llevo más de media hora tratando de escribir algo sobre la Navidad, sobre el Adviento. Pero no lo consigo. Esterilidad absoluta.

Quiero gritarle al otoño que, dónde, oh, está su victoria. Quiero decir que un año muere, pero el siguiente amanece ya pleno de esperanza. Que quiero aplaudirle a la Navidad tantas veces por las tantas que, en años anteriores, las circunstancias me la hicieron odiosa. Que en la perspectiva del Belén que adviene quiero sentirme niño.

Quiero decir algo. Pero no lo consigo.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Ralentizando.

Está uno en la actualidad y no se entera de las cosas. Gracias a Dios, está la blogosfera. Y cuando hay tiempo para darse un garbeo por los blogs próximos, uno recupera verdades que amenazaban con irse entre los dedos.

Así, el presidente uruguayo Tabaré Vázquez, médico, al explicar su veto a la ley del aborto propuesta y aprobada por su propio partido:

Hay consenso en que el aborto es un mal social que hay que evitar. Sin embargo, en los países en que se ha liberalizado el aborto, éstos han aumentado. En los Estados Unidos, en los primeros diez años, se triplicó, y la cifra se mantiene: la costumbre se instaló. Lo mismo sucedió en España.

La legislación no puede desconocer la realidad de la existencia de vida humana en su etapa de gestación, tal como de manera evidente lo revela la ciencia. La biología ha evolucionado mucho. Descubrimientos revolucionarios, como la fecundación in vitro y el ADN con la secuenciación del genoma humano, dejan en evidencia que desde el momento de la concepción hay allí una vida humana nueva, un nuevo ser.

Tanto es así que en los modernos sistemas jurídicos -incluido el nuestro- el ADN se ha transformado en la "prueba reina" para determinar la identidad de las personas, independientemente de su edad, incluso en hipótesis de devastación, o sea cuando prácticamente ya no queda nada del ser humano, aun luego de mucho tiempo.

El verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados. Por eso se debe proteger más a los más débiles. Porque el criterio no es ya el valor del sujeto en función de los afectos que suscita en los demás, o de la utilidad que presta, sino el valor que resulta de su mera existencia.

Así, Benedicto XVI, Papa del Amor y de la Razón Creadora, en su catequesis del miércoles 19 de noviembre.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

A busy man

Me encuentro en estos momentos demasiado ocupado. Hoy, por ejemplo, de 6.30 a 8 he preparado el tema del Dr. Lloyd, y desayunado al mismo tiempo; de 8 a 8.45 he estado en la capilla; de 8.45 a 10.45 he dado mis lecciones; de 10.45 a 12.15 he asistido a las clases del Dr. Lloyd; de 12.15 a 2.15 he atendido a mis alumnos particulares. Luego he tenido que redactar una carta para D en relación con su entrada en Corpus Christi. De 3 a 4 paseado con P para ayudarle a preparar sus exámenes; de 4.30 a 7 cena y capilla; de 7 a 9 clases a alumnos particulares; y aquí me encuentro ahora, mientras escribo a las 10 de la noche, cansado y dispuesto, si Dios quiere a descansar (20 de noviembre de 1823; AW, 195)"

Un trozo de carta de Newman, citada en: JOSE MORALES MARÍN, Newman (1801-1890), Rialp, Madrid 1990, p. 34. Es un apunte que, a través del espacio y el tiempo (justo 185 años después), viene a consolarme. Gracias, Luis.

martes, 25 de noviembre de 2008

Pozos de ambición

Vi por fin la última de Paul Thomas Anderson, del que tanto me gustó Magnolia (más que gustarme, me marcó). Pozos de ambición (There will be blood) ha sido elogiada y criticada a partes iguales -por tirar de tópico-. A mí no me entusiasmó. Es, sin duda, una película muy bien hecha. Con un brillante reparto. Con una música fantásticamente desasosegante. Con una fotografía impresionante... Pero me dejó frío, supongo que por el guión.

Tiene, eso sí, algunas escenas geniales (la última, de aires coenianos, a mi juicio la mejor: "I am the third revelation!!"), pero el guión, en último término, me resulta pelín anodino. Espero durante más de dos horas y media que llegue ese momento sublime, quizá el enfrentamiento encarnizado entre el personaje de Day-Lewis (creo que hace una interpretación demasiado histriónica y demasiado parecida a la de Gangs of New York) y el de Paul Danna... Y al final descubro que la complejidad de Daniel Plainview es demasiado simple y que la historia es dos-más-dos-cuatro. Más o menos.

(La verdad es que me da no sé qué la dureza con que uno puede llegar a tratar el trabajo artístico de alguien que ha demostrado ser un genio y cuya factura es objetivamente buena. Pero uno es demasiado exigente.)

lunes, 24 de noviembre de 2008

Otoñal (II)

Qué dramática ansia de belleza, de infinitud. Deseos abrasadores de armonía, de permanencia. Y, a cambio, el miedo, la tristeza, la sed. La volubilidad. El pecado original.

* * *

Cuando volvíamos de la finca en la Nissan Vanette, el domingo por la tarde -ya sin sol-, dormidos, exhaustos de un fin de semana de campo. Y papás nos despertaban, y había que subir las bolsas, pesadas, todavía entumecidos por el sopor. Y ordenarlo todo. Y ponerse el pijama. Y abrir la cama. Y lavarse los dientes... Entiendo que, del mismo modo que ahora la nostalgia tiñe aquellos recuerdos de cierta extraña belleza -por el puro hecho de ser recuerdos, quizá, y de que yo soy también esos momentos de mi vida- el tiempo hará que también estos otoños estén llenos acaso de su propia incierta hermosura.

Apuntes oxonienses


No es habitual llegar a entender por qué un lugar como Oxford puede llegar a significar tanto para nosotros (Perkeo). Todo se lo debemos a Luis (el vikingo buenagente al que Terzio se refería mas abajo). Él lo descubrió en Shadowlands, en Tolkien, en la filología clásica, en su amor por el medievo, en Newman... Y de ahí, Knox, algo Brideshead, Eliot... Creo que no me equivoco al imaginar la genealogía de esta anglofilia (Oxonifilia, más bien). Y de ahí, poco a poco, la ha hecho germinar en el resto de los que estamos junto a él.

Lo que nos atrae de Oxford es, por empezar con la moraleja, su bien, su verdad, su belleza. Más: el amor que transmite por ellos.

Porque Oxford está cargada de hermosura (le decía a alguien en una postal que esa era la palabra que había que emplear, con toda su solidez: hermosura). Pero esa belleza oxoniense -como la de muchos otros sitios- va más allá de la disposición armoniosa de sus piedras...





...de sus calles...



...o vidrieras...



Oxford tiene algo de fortaleza que ha tratado de guardar ciertas esencias hoy perdidas en buena parte de Occidente. Una idea de la excelencia académica y humanística, de la universidad. Un ambiente que transpira espiritualidad, que te lleva a través de sus afiladas agujas hacia lo elevado. Un concepto de la elegancia al servicio del estudio y la inteligencia. Una visión integral del ser humano (estudio, oración, ejercicio físico, cervezas y aprecio por la comida). De algún modo, un monasterio medieval incrustado en plena (pos)modernidad.

Claro que la realidad cotidiana del Oxford del tercer milenio seguramente tenga muchos oscuros que desdigan esta visión idílica. Pero en las ramas que hoy conforman el árbol de Oxford corre todavía, se percibe, la savia que dio aliento a la empresa medieval. Y, si acaso estuviese camino de pudrirse, entonces habría que salvar a Oxford del propio Oxford. (Y cito, una vez más, a Luis).

Además de eso, las piedras, las calles, las vidrieras de Oxford, tienen la belleza de los años. El peso de la historia y de la tradición. Las voces que atraviesan las épocas y nos hablan desde sus rincones. Las personalidades que cristalizaron entre sus muros y que en buena medida se crearon allí. Wolsey, Moro, Newman, Knox, Eliot, C.S.Lewis, Waugh, Tolkien... Y ahora Charles Taylor y McIntyre... Y la huella que han dejado por todo el mundo con sus escritos, algunos con su propia ejemplar vida. La huella que han dejado en mí, que hace que sólo pueda explicárseme en ellos y con ellos.

Los versos de aquella poesía de Pablo Moreno Prieto ("Una iglesia románica") expresan muy bien algo de lo que quiero decir:

(...)
Es extraño también pensar ahora
en otros caminantes que vendrán
por raídos senderos, desde el norte,
a contemplar las mismas piedras
(...).

Por eso dejo en el agreste tacto
yo también mi mirada
para que forme parte del paisaje,
y se convierta en piedra y así cruce los siglos.

(Ninguna de las fotos es mía, todas son de L.A. salvo la de la calle del Merton, que es de S.P.)

domingo, 23 de noviembre de 2008

viernes, 21 de noviembre de 2008

"Ahora que he vuelto...

...veréis la diferencia". Son palabras del Pélida tomadas de Ilíada XVIII 125, y que tanto gustaron a Froude y Newman. Se las digo al mundo, más allá de las emociones y del frío otoñal. Dominus illuminatio mea!


El escudo de Oxford. Elocuente.


El techo de la Divinity School. Medioevo del bueno, bueno. Glub.


Parte del núcleo duro de Perkeo, frente a Blackwell's. Allí compré dos postales con fotografía de Dostoievski y Charles Dickens. En la Bodleian, otra de Tolkien.


Frente al Hertford Bridge (si es que se llama así). Luis no soporta a los 'Waughs' de Oxford, pero no puedo evitar la cercanía con el pobre Evelyn, con Ryder, y aquí sentado frente a las habitaciones de Jeremy Irons/Charles Ryder con mi hermano Francis:




Al fondo a la derecha, el púlpito de St. Mary desde el que Newman predicó sus Parochial and Plain Sermons.


En el comedor del Christ Church College.


En un momento de plenitud, en el rincón de los Inklings en el Eagle and Child. Creo que la que está junto a mí es la segunda de las tres pintas que me pimplé esa noche.


Junto al Merton, donde Tolkien enseñó Anglosajón y Literatura inglesa.


En ese banco, si existía, o al menos al pie de ese árbol, Tolkien debió de sentarse. Merton College.


En Magdalen College.


Bajo un busto de Tolkien, en la capilla de Exeter, donde estudió aquel.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Quomodo sedet sola civitas!


Aquí estoy yo, ufano y seguro de mí mismo, en el patio de entrada de la Bodleian Library, en la que un aborigen tipo nos fue explicando.



St.Helen's. Pasaje bajo el puente de Hertford. Por allí se accede a un garito de mal nombre muy entrañable. Es el mismo callejón desde el que Samgrass, en la versión BBC de Brideshead, sale para seguir a Charles, cuando va camino de la habitación de Sebastian.

martes, 18 de noviembre de 2008

Un lugar

He pasado bajo el puente del Hertford College y he bebido pintas de cerveza en el mismo sitio en el que lo solían hacer los Inklings. He rezado en la iglesia católica de Saint Aloysius y en la parroquia anglicana de Saint Mary, donde Newman y Keble iniciaron el Movimiento de Oxford. Me he sentado frente a las ventanas de la habitación de Charles Rayder y he escuchado cantar al coro de Christ Church Cathedral. He paseado por la ribera del Támesis en una noche brumosa. He estado en el Merton y el Magdalen. En la Bodleian Library y en Blackwell's.

He estado allí. Y he sobrevivido.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Oxford

“No somos del todo bestias. Nos queda/
una ciudad pura y dulce, arrullada por viejas corrientes,/
un lugar de fantasía y de cadenas que no oprimen,/
un refugio para los elegidos, una ciudad de ensueños”

C.S.Lewis

(Cuando esta entrada se publique, estaré camino de la Arcadia, Oxfordshire por más señas)

jueves, 13 de noviembre de 2008

Evelyn Waugh

"[En Oxford] escribí ensayos breves y cosas de ese estilo para el Cherwell y para el periódico que editaba Harold Acton: Broom, se llamaba. Isis era la revista oficial de los estudiantes de licenciatura. Era aburrida y bullanguera, escrita para bebedores de cerveza y jugadores de rugby. El Cherwell era un poco más frívolo. (...) Me fui de Oxford sin título, deseando hacerme pintor. Mi padre me pagó las deudas y yo traté de convertirme en pintor. Fracasé porque no poseía ni el talento ni la actitud aplicada; no poseía las cualidades morales necesarias"

Entrevistado para The Paris Review, en abril de 1962.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Una mirada

Volviendo a ver el Brideshead revisited de la BBC me doy cuenta de lo fácil que me resulta comprender a todos los personajes, y mira que son distintos. Me ha recordado la cita -que no encuentro- de John Gardner sobre la necesidad que tiene el creador de personajes de no juzgarlos, de llevarse bien con ellos y entenderlos. La vida de lector y de escritor quizá me ha hermanado con el mundo. Con lo intransigente que por naturaleza soy.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Verdades

Durante el desayuno, Tolkien hojea su periódico, de modo siempre superficial. Como su amigo C.S.Lewis, considera las 'noticias' la mayor parte de las veces triviales y dignas de ser ignoradas, y ambos proclaman (para fastidio de muchos de sus amigos) que la única 'verdad' sólo se encuentra en la literatura. Sin embargo, a los dos les gusta resolver los crucigramas" (J.R.R. Tolkien: una biografía, Humphrey Carpenter. Ed. Minotauro. Trad. de Carlos Peralta; p.133)

Qué discusiones no habré tenido yo con Dani diciéndole precisamente eso, que la verdad está básicamente (decir "sólo" me parece simplemente una machada) en la literatura. No en la filosofía (y me gusta), no en la Historia (y me gusta), no en la ciencia (y me interesa mucho), no en la música (uffff, qué decir)... En la literatura, la buena literatura, que lo integra todo, como la vida misma. Y que es accesible a todos.

sábado, 8 de noviembre de 2008

El mundo de un niño

Es sorprendente que todos los personajes sean niños disfrazados de héroes adultos. Los hobbits, o medianos, son niños corrientes; los héroes conmpletamente humanos han llegado a la quinta forma; pero casi ninguno de ellos sabe algo de las mujeres, excepto de oídas. Y los elfos, enanos y ents son, de un modo irrevocable, niños, y jamás llegarán a la pubertad"

Era la crítica negativa de Edwin Muir a El Señor de los Anillos en el Observer, en una nota titulada "El mundo de un niño". Y, pretendiendo atacarla, quizá da razón de uno de los valores del libro.

La posmodernidad es una adolescencia mal digerida. Ahí están los sesentayochistas vistiendo como púberes y negándose a aceptar su responsabilidad como padres. Frente al ansia emancipadora del adolescente, está la inocencia del niño, su pureza, el saberse necesitado, dependiente. Realidades más ajustadas a lo que de verdad somos.

Si me paro, veo que mis obras preferidas tienen la mayor parte de ellas ese aliento infantil: El hombre tranquilo, Los papeles Pickwick, El apartamento...

Tolkien, según recoge la biografía de Humphrey Carpenter, dijo: "Fuera Edwin Muir y su adolescencia retardada. Es bastante viejo para saber más. Si se hubiera graduado lo nombraría profesor de poesía... Una dulce venganza".

viernes, 7 de noviembre de 2008

Otoñal

Antes de venir a escribirlo, me decía: "Qué bobo. Una vez más me creía en septiembre que este otoño no desfallecería, que lo cotidiano no perdería su brillo, que mis principios no se tambalearían...". Y lo demás.

Pero sólo con buscar palabras para expresarlo, se ha conjurado el pesimismo. ¿Será que un predepresivo como yo, sentimental y romántico, está madurando? Sé, desde luego, que amo la vida. La amo incluso cuando, como ahora, apenas sobrevivo mientras silban las balas a mi alrededor.

martes, 4 de noviembre de 2008

La lumbre y las pantuflas

Cuanto más leo, más me siento en mi hogar, más me regocijo"

Hago mía esta frase de J.R.R. Tolkien sobre el Kalevala finés que recoge su biografía escrita por Humphrey Carpenter y editada en español por Minotauro en 1990. La hago mía para todos esos libros que son mi hogar y mi regocijo.

Leo estos días en mi proceso de inmersión oxoniense la citada biografía. Sólo quedan 11 días para poner allí los pies.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Sobre religión

"Creo en la Iglesia de Uganda, no en la de Roma", me dices. Y tengo que contestarte que la crítica, que en principio me parece simple, duele por injusta y porque de ti, la verdad, no me la esperaba.

Pero creo que aun cuando sean críticas injustas y un poco alegres, esconden un grito de esperanza. Supongo que me pides, nos pides, que seamos un ideal para ti, que no me puedas echar nada en cara.

* * *

Entre tanto escupitajo, tanto reproche, tanta crítica fácil con ocasión de "la película", busco otra Voz en todo ello, y me voy a echar una mano al comedor de las H.C. (¡hacía tanto que no iba!). No lo hago -creo- por tirárselo a la cara a los críticos, sino porque realmente allí hay un camino hacia la verdad de lo que somos. Entre los pobres, en su contingencia. Y entre las generosas hermanas, que lo han dado todo por los más pobres de los pobres. Y uno quiere llegar a la verdad de lo que es.

Precisamente, leo estos días el epistolario de la Beata Madre Teresa de Calcuta (Ven, sé mi luz) y oigo su enseñanza:

Podemos negar a Cristo como podemos negar a otros: no te daré mis manos para trabajar, mis ojos para ver, mis pies para caminar, mi mente para estudiar, mi corazón para amar. Tú llamas a la puerta pero yo no abriré. No te daré la llave de mi corazón"

* * *

Se ríen o/y me critican en el trabajo porque considero que es informativamente importante la figura de Benedicto XVI. Les parece que es una pura cuestión de inclinación personal, que es un tema que no interesa, que es una nadería o qué se yo. Que es algo que hay que erradicar, incluso de la información.

En España, la información sobre la religión en general y sobre el catolicismo en particular, es penosa. Al mismo tiempo, este es el medio digital más leído, no tenemos ninguna universidad en el top 100 del mundo y difícilmente cabe esperar que haya un Nobel español en los próximos diez años. Asocio voluntariamente y sin intención de ocultar. Pienso que el nivel cultural de nuestro país es paupérrimo y que la ignorancia religiosa no es más que eso, ignorancia, una enorme manifestación de ella.

domingo, 26 de octubre de 2008

Habitantes

Se puede entender a una persona 'habitada' argumentalmente por otras, a lo largo de una vida. (...) El papel de esas personas que nos 'habitan' es excepcional y decisivo, y no es frecuente que se tenga conciencia clara de ello, ni siquiera por parte de la persona habitada" (Persona, Julián Marías, Alianza Editorial, p.25)

Personas que nos habitan... Y qué bien expresada la intuición. Personalmente, yo sí podría enumerar un puñadito de nombres que me explican, que me habitan. Gentes heterogéneas pero todas de una enorme talla humana.

Más sorprendente es, quizá, la capacidad de los libros para hacer que a través del espacio y el tiempo, nos habiten personas que no hemos conocido personalmente y que, en la mayoría de los casos, jamás podremos conocer. Tal vez eso explique el deseo que suele tener el lector de acceder personalmente al autor de ese libro que le habita, porque cambió su vida o porque marcó su maduración, o porque simplemente le habló al corazón.

viernes, 24 de octubre de 2008

Dos pensamientos sobre la marcha

A veces pienso que ante cada ser humano debiéramos decir lo que Rilke decía de la flor (cito de oídas): ¡Arrodíllate, mortal! Y, sin embargo, ¿por qué se nos oscurece de continuo la sacralidad que hay en cada ser humano por el hecho de serlo?

* * *

De aquel en quien primero piensas cuando quieres comunicar tu alegría a alguien, de ese, estás enamorado.

domingo, 19 de octubre de 2008

Varia

A falta de ideas, de líneas originales por mi parte, me refugio en el combate dialéctico como excusa para pergeñarlas. Más de 120 comentarios, ¡madre mía!

* * *

Dentro de un mes, si Dios quiere, estaré en Oxford, esa Arcadia personal en la que todavía no he puesto los pies, pero en la que ya he estado. Leeré estos días de nuevo una biografía de Tolkien, quizá hojee El Señor de los Anillos, puede que revisite Brideshead en la televisiva versión de la BBC o en la nueva cinematográfica... Espero mucho de ese viaje.

* * *

Lo que peor llevo de mi (nuevo) trabajo es que apenas tengo tiempo para leer. Intento hincarle seriamente el diente a Tras la virtud, de Alasdair MacIntyre, pero no hay manera. De momento, he leído la introducción, y el cedazo me deja esto:

Es intención de este libro poner tal pensamiento al alcance de radicales, liberales y conservadores a la par. Sin embargo, no aspiro a convertirlo en un pensamiento agradable, porque si lo que digo es verdad, nos hallamos en un estado tan desastroso que no podemos confiar en un remedio general.

Pero no vayamos a suponer que la conclusión que saldrá de todo esto resulte desesperada. La angustia es una emoción que se pone de moda periódicamente y la lectura errónea de algunos textos existencialistas ha convertido la desesperación misma en una especie de lugar común psicológico. Ahora bien, si nos hallamos en tal mal estado como me lo parece, el pesimismo resultará también otro lujo cultural del cual habrá que prescindir para sobrevivir en estos duros tiempos."

Ese "pensamiento" es un desorden moral tan grave que los que estamos inmersos en él no tenemos "los recursos morales que necesita para denunciarlo". Veremos. Pero diré de antemano que conecto con el planteamiento.

sábado, 11 de octubre de 2008

Viva la vida

Escucho estos días, por gentileza de Francis, lo último de Coldplay. Se titula como yo titulo el post, claro, y es una pequeña maravilla. Cada día me fascina más la capacidad de la buena música para pulsar qué secretas fibras del alma con su lenguaje inaprensible.

En LastFm un bocadito de uno de los temas.

No os dije que Perkeo ha vuelto, y publicamos un nuevo número. En el que, además, estrenamos nueva sección bloguera. Pasen y siéntense.

lunes, 6 de octubre de 2008

Inocencia

¡Qué fácil es amar a un niño y que difícil amar a eso en que se convierte un niño!"

Cita que tomo de La edad de hierro, de J.M.Coetzee, leído estos días por sugerencia de Samuel.

La cita bien puede servir para ilustrar que ayer mis relaciones con Blanca, mi sobrina de año y medio, dieron un inesperado vuelco. Hasta ahora me rehuía hasta la mirada. Ayer, creo, comenzó una bonita amistad, gracias a Angelita, la ovejita, su muñeca.

El libro, que hoy he terminado, es recomendable recomiendo. Muy bien escrito, desde una perspectiva interesante. El testamento de una mujer que se muere, al tiempo que muere el país que ella conoció, en ambos casos con dolores y traumas. Aunque no puedo evitar que la Sudáfrica que dibuja me pille un poco lejos.

Veneno

Eso no es crítica. Lo llamaría ensañamiento. Quizá amortiguado por las muchas carcajadas, por las buenas rondas de cerveza, por la excusa del cansancio o del que algo de razón tiene.

Pero cuando deja el local y vuelve a casa duele la maldad -del otro, o tal vez propia, por la silenciosa aquiescencia- en el alma, como un esguince que se hace de notar al enfriarse el cuerpo después del ejercicio, solo en la noche, frente a su conciencia. Escuece como una llaga. Cierta desolación.

Eso es la maldad, se pongan como se pongan, y sólo me consuela tener la sensibilidad para no soportarla. No.

viernes, 3 de octubre de 2008

Las partículas elementales (y III)

Treinta años más tarde, se veía obligado una vez más a llegar a la misma conclusión: no cabía duda de que las mujeres eran mejores que los hombres. Eran más dulces, más amables, más cariñosas, más compasivas; menos inclinadas a la violencia, al egoísmo, a la autoafirmación, a la crueldad. Además eran más razonables, más inteligentes y más trabajadoras.

En el fondo, (...) ¿para qué servían los hombres? (...) A veces mataban el aburrimiento jugando partidos de tenis, cosa que era un mal menor; pero a veces les parecía útil hacer avanzar la historia, es decir, provocar revoluciones y guerras, esencialmente. Además del absurdo sufrimiento que causaban, las revoluciones y las guerras detruían lo mejor del pasado, obligando siempre a hacer tabla rasa para volver a edificar. (...) Desde todos los puntos de vista, un mundo compuesto sólo de mujeres sería infinitamente superior; evolucionaría más despacio pero con regularidad, sin retrocesos ni nefastas recriminaciones, hacia un estado de felicidad común."


Aceptar la ideología del cambio continuo es aceptar que la vida de un hombre se reduzca estrictamente a su existencia individual, y que las generaciones pasadas y futuras ya no tengan ninguna importancia para él. Así vivimos, y actualmente tener un hijo ya no tiene sentido para un hombre. (...) Es falso pretender que los hombrestambién necesitan cuidar a un bebé, jugar con sus hijos, hacerles mimos. Por mucho que lo repitan desde hace años, sigue siendo falso. En cuanto un hombre se divorcia, tan pronto como se rompe el entorno familiar, las relaciones con los hijos pierden todo su sentido. El hijo es la trampa que se cierra, el enemigo al que hay que seguir manteniendo y que nos va a sobrevivir."


Bruno: "Yo era un hijo de puta y lo sabía. Lo normal es que los padres se sacrifiquen. Yo no conseguía soportar que se acabara mi juventud, no podía soportar la idea de que mi hijo iba a crecer, iba a ser joven por mí, y que a lo mejor iba a tener éxito en la vida cuando la mía era un fracaso. Quería volver a ser una persona."


"Según Daniel Macmillan, la progresiva destrucción de los valores morales en los años sesenta, setenta, ochenta y noventa era un proceso lógico e inexorable. Después de agotar los placeres sexuales, era normal que los individuos liberados de las obligaciones morales ordinarias se entregasen a los placeres, más intensos, de la crueldad; Sade había seguido una trayectoria análoga dos siglos antes. En ese sentido, los serial killer de los años noventa eran los hijos bastardos de los hippies de los años sesenta y sus antepasados comunes eran ciertos artistas vieneses de los años cincuenta. So capa de acciones artísticas, Nitsch, Muehl o Schwarzkogler organizaron masacres de animales en público; ante un público de cretinos arrancaron y descuartizaron órganos y vísceras, hundieron las manos en la carne y en la sangre, llevaron el sufrimiento de animales inocentes hasta sus últimos límties, mientras un comparsa fotografiaba o filmaba la carnicería para exponer los documentos obtenidos en una galería de arte. Esta voluntad dionisíaca de liberación de la bestialidad y del mal, iniciada por los accionistas vieneses, volvía a verse a lo largo de todos los decenios posteriores. Según Daniel Macmillan, la regresión de las sociedades occidentales desde 1945 no era otra cosa que un retorno al culto brutal de la fuerza, un rechazo a las reglas seculares lentamente erigidas en nombre de la moral y del derecho. Accionistas vieneses, beatniks, hippies y asesinos en serie tenían en común ser unos libertarios integrales, que predicaban la afirmación integral de los derechos del individuo frente a todas las normas sociales, a todas las hipocresías que según ellos constituían la moral, el sentimiento, la justicia y la piedad."


Annabelle: "Los hombres [varones] no hacen el amor porque estén enamorados, sino porque están excitados; me hicieron falta años para comprender un hecho tan obvio y tan simple."

jueves, 2 de octubre de 2008

Las partículas elementales (II)

"Un examen mínimamente exhaustivo de la humanidad debe tener en cuenta mecesariamente este tipo de fenómenos. En la historia siempre han existido seres humanos así. Seres humanos que trabajaron toda su vida, y que trabajaron mucho, sólo por amor y entrega; que dieron literalmente su vida a los demás con un espíritu de amor y entrega; que sin embargo no lo consideraban un sacrificio; que en realidad no concebían otro modo de vida más que el de dar su vida a los demás con un espíritu de entrega y de amor. En la práctica, estos seres humanos casi siempre han sido mujeres."

"Es chocante comprobar que a veces se ha presentado la liberación sexual como si fuera un sueño comunitario, cuando en realidad se trataba de un nuevo escalón en la progresiva escalada histórica del individualismo. Como indica la bonita palabra francesa ménage, la pareja y la familia eran el último islote de comunismo primitivo en el seno de la sociedad liberal. La liberación sexual provocó la destrucción de esas comunidades intermedias, las últimas que separaban al individuo del mercado."

"Siempre me ha asombrado la atracción de los intelectuales por los hijos de puta, los brutos y los gilipollas."

miércoles, 1 de octubre de 2008

Las partículas elementales, de Michel Houellebecq

Creo que cada vez tengo un sentido más elevado del cuerpo humano. Y quizá por eso cada vez, creo, tengo un sentido más elevado del sexo. No tan alto, tan alto que -como el chiste- este en un inalcanzable pedestal. Ni tan excelso, tan excelso, que caiga en la mojigatería. Creo.

Viene esto a cuento de que Las partículas elementales me pareció una novela altamente interesante. Su autor es filósofo y eso se nota. Y eso me gusta. Me gustan las reflexiones filosóficas. Me gusta la frivolidad, pero también la hondura. Además de los jugosos análisis que desparrama de cuando en cuando por la novela, me interesa el petardazo que es en sí misma la novela a toda una época (o mini-época, cabría decir, o tránsito). Houellebecq (en Wikipedia un repaso por su extravagante biografía) es un destroyer; le mete tralla a, se parte de risa del sesentayochismo, especialmente en su faceta sexual-revolucionaria.

Venía a cuento lo que decía al principio -que nos despistamos- porque el petardazo se produce al llevar al absurdo, a la más absoluta banalidad, toda una forma de hacer, unos modos de vida que en manos de Houellebecq son patéticos (a mí me lo parecen antes de que Houellebecq meta baza en el tema). Y esa banalización animalesca de lo sexual, que demuestra en el fondo un absoluto vacío afectivo, es a ratos desagradable, cansina en su nada. Quizá Houellebecq consiga lo que se propone al provocarme este sentimiento.

Tanto en el mensaje como en la forma, Houellebecq es a ratos demasiado obvio, y eso sea quizá lo peor del libro. Confía demasiado en la potencia de su crítica, de los retratos sociales que hace, de sus reflexiones. Pero le falta disciplina, un cierto orden, estilización, elegancia, cuidar más el engranaje narrativo.

El final del libro te deja un buen sabor de boca. Eso hace que mi juicio fuese al final mucho mejor de lo que unas páginas antes se suponía.

Me pareció muy interesante también -porque cala en la mentalidad contemporánea- la mezcla de la física con la metafísica en el libro. O mejor -peor-, la suplantación de la metafísica por la física. (Lo cual demuestra las implicaciones filosóficas que tiene la ciencia, lo necesario que es hermanar esta con la técnica y con las humanidades.)

Tomé algunas citas, sugerentes o/y provocadoras o/y verdaderas (a mi juicio). Esta es una de ellas:

La antropología cristiana, mayoritaria durante mucho tiempo en los países occidentales, concedía una ilimitada importancia a la vida humana, desde la concepción hasta la muerte; esta importancia se revela en el hecho de que los cristianos creen que en el interior del cuerpo humano hay un alma, en principio inmortal, y destinada a reunirse finalmente con Dios. En los siglos XIX y XX, gracias a los avances de la biología, se desarrolló poco a poco una antropología materialista, basada en presupuestos radicalmente distintos y de recomendaciones éticas mucho más modestas. Por una parte al feto, pequeño amasijo de células en estado de diferenciación progresiva, no se le atribuía existencia individual autónoma hasta que no reuniese un cierto consenso social (ausencia de taras genéticas que la anularan, acuerdo de los padres). Por otra parte, el anciano, amasijo de órganos en estado de continuo desmembramiento, sólo podía valerse de su derecho a sobrevivir a condición de una coordinación suficiente de sus funciones orgánicas: se introdujo el concepto de dignidad humana. Los problemas éticos planteados por las edades extremas de la vida (el aborto y, algunos años más tarde, la eutanasia) constituyeron desde entonces factores de oposición insuperables entre dos visiones del mundo, dos antropologías radicalmente opuestas en el fondo.

El agnosticismo por principio de la República Francesa facilitó el triunfo hípócrita, progresivo y hasta ligeramente insidioso de la antropología materialista. Los problemas de valores de la vida humana, de los que se hablaba abiertamente, siguieron dando vueltas en todas las cabezas; se puede afirmar sin la menor duda que en parte contribuyeron, en el curso de las últimas décadas de la civilización occidental, al establecimiento de un clima general depresivo e incluso masoquista."


Publicaré el resto en los próximos días.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Quizá

¿Puede que la pasada semana negra financiera en Wall Street con el anuncio final de intervención del Estado haya marcado un antes y un después? ¿Es un signo quizá de ese final de ciclo en Occidente que en otros ámbitos se atisba? ¿Es parte del fin de la modernidad, de esa modernidad construida desde Pico della Mirandola, Lutero o Descartes como una subjetividad? ¿De esa modernidad individualista, que cogió forma con el utilitarismo, con el liberalismo, con "mi libertad acaba donde empieza la de los demás"?

¿Es este otro aldabonazo para descubrir la relación netamente esencial que vincula a todos los hombres? ¿Que mi libertad no acaba donde empieza la de los demás, sino que se funde con ellas y lo que yo haga influye en mi entorno, como las películas corales de los últimos años no dejan de sugerir y de reflejar? ¿Que la libertad autónoma es simplemente una falsedad y, por tanto, peligrosa, como lo son otras utopías que ignoran parte o todo de la naturaleza humana?

No lo sé. Mis conocimientos económicos son escasos y, por tanto, mi perspectiva no puede ser rigurosa. Pero quizá todo esto tenga algo que ver.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Reanudarnos

Ante el vacío neuronal, la cita:

La persona, por su irrealidad, inseguridad y contingencia, es lo más vulnerable, pero con un núcleo invulnerable, precisamente porque nunca está "dada": no se puede decir de ella "esto es", porque "está siendo", "va a ser", sin límite conocido. Consiste en innovación, siempre puede rectificar, arrepentirse, volver a empezar, en suma, renacer"


La forma de realidad de la persona, si se considera su vivencia directa, se podría describir como permanencia del proyecto tras las esenciales "interrupciones", desde el sueño cotidiano hasta las variaciones biográficas, las vicisitudes de las múltiples trayectorias que integran la biografá en la que la persona se realiza. (...)

He mencionado, como "interrupción" primaria y constitutiva, el sueño; creo que no se ha atendido lo bastante a esa dimensión constitutiva de la vida humana; el haberlo visto desde el punto de vista biológico o, a lo sumo, psíquico, ha impedido ver sus sentido más profundo. Si la vida humana careciese de sueño, si fuese una vigilia constante, su estructura sería radicalmente distinta. Cada día se "despierta", es decir, se reanuda la vida tras una interrupción -que no tiene por qué ser total, sobre todo si se tiene en cuenta la posibilidad de soñar, que puede ser cotidiana-. Lo decisivo es que no se despierta a un "mundo", sino a una biografía que se reanuda" (Julián Marías, Persona, Alianza Editorial, 1997)


Somos lo que hemos sido, lo que somos y -esto es lo interesante de la propuesta de Julián Marías- lo que seremos. Spe salvi.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Progreso

Los buenos progresistas dicen que la religión ha sido la causa de numerosos males. También el progreso se ha invocado para la comisión de barbaridades atroces y a nadie se le ocurre pensar que haya que acabar con él.

domingo, 7 de septiembre de 2008

El Estado soviético (I)

Por la noche, cuando su mujer e hija se fueron a dormir, Shtrum empezó a rellenar el formulario. Las preguntas eran casi las mismas que antes de la guerra, y como eran idénticas, a Víktor Pávlovich le parecieron inútiles y portadoras de nuevas preocupaciones.

Al Estado no le interesaba si las herramientas matemáticas que utilizaba Shtrum para realizar su trabajo eran apropiadas; si el montaje instalado en el laboratorio era idóneo para los complejos experimentos que debían efectuarse; si era buena la protección de los investigadores contra las radiaciones; si era satisfactoria la amistad y la relación profesional entre Shtrum y Sokolov; si los jóvenes colaboradores estaban preparados para llevar a cabo calculos extenuantes y si comprendían cuántas cosas dependían de la paciencia, el esfuerzo constante y la concentración.

Era un cuestionario magistral, el formulario de los formularios. Querían saberlo todo sobre el padre de Liudmila, sobre su madre, el abuelo, el abuelo y la abuela de Víktor Pávlovich, dónde habían vivido, cuándo habían muerto, dónde estaban enterrados. ¿Por qué motivo el padre de Víktor Pávlovich, Pável Iósifovich, había viajado a Berlín en 1910? La curiosidad del Estado era seria, tétrica. Shtrum miró el formulario y se sorprendió al dudar de sí mismo: ¿Era un hombre de fiar?"

Vida y destino, Vasili Grossman. Ed. de Galaxia Gutemberg, 2007.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Camino, de Javier Fesser

Una de mis primeras experiencias religiosas conscientes en la vida fue la lectura del libro Un regalo de Dios, sobre la vida de una niña llamada Alexia González-Barros que murió por una dura enfermedad con 14 años, y que lo hizo con un gran sentido cristiano.

Más de veinte años después de la muerte de Alexia, el director de cine Javier Fesser se inspira en la historia para construir una feroz crítica a la religión y en especial al Opus Dei, que dibuja con trazos gruesos y maniqueístas.

La película cuenta la historia de una niña, Camino, cuya vitalidad (la actriz que la encarna lo hace muy, muy bien, y es encantadora) se ve truncada por una grave enfermedad, pero sobre todo por un entorno religioso asfixiante, encarnado por su madre, supernumeraria del Opus Dei.

Ayer tuve la oportunidad de ver la película. Siendo yo del Opus Dei, es evidente que no puedo ser imparcial a la hora de juzgar la película. (Aviso: spoilers)

Por empezar con lo positivo: la película tiene mucha fuerza visual, aunque esa es una virtud ya conocida en Fesser; las actuaciones son muy buenas, y cuando la película se olvida del que parece su primer objetivo, la crítica al Opus Dei y al cristianismo, y se centra en la historia de sufrimiento de una niña (unos 15-20 minutos, la peli dura 130), entonces logra involucrarme.

Que el primer objetivo de Camino es el ataque furibundo contra la Obra y el cristianismo lo demuestra la redundancia -obsesión casi- de Fesser en subrayar sus mensajes, utilizando sin parar la caricatura, estilizada, eso sí, y el simbolismo alegórico (obvio en muchas ocasiones, al menos para mí).

Camino, nombre del ficticio trasunto de Alexia, es como cualquier español avisado sabe, el nombre del libro más difundido del fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá. Por si no queda claro, Fesser utiliza para la tipografía del título la utilizada en la edición del libro en su edición crítica.

A partir de ahí, reinventa la historia introduciendo al comienzo un "inspirado en hechos reales" que hará que el espectador medio dé por cierto lo que ve o que, con suerte, se lo cuestione y, para nota, trate de conocer la historia real.

En la película, la madre de Camino es un ser odioso, tipo la Doña Perfecta de Galdós, a la que sólo falta un emblema de las SS o de la KGB. Cada vez que abre al boca es para decir frases del tipo "nunca estás sólo, sino con Jesús", "pídeselo a la Virgen", "encomiéndalo" o para recriminar a su hija que se queje de su dolor. Y así. No exagero. De hecho, ella escondió las cartas que un antiguo novio de su hija mayor le mandaba desde Italia, lo que, Fesser dice sin tapujos, hizo que se hiciese numeraria auxiliar del Opus Dei. Hay una escena muy visual, para mí grotesca por su obviedad, en que Camino sueña que huye de la cama del hospital y está en una playa, feliz, con su hermana, también feliz en su toalla tocando la guitarra junto al antiguo novio, y la aparición de su madre convierte la situación en pesadilla. Estas secuencias de corte siniestro son frecuentes en la película. Por si el mensaje no queda claro.

El padre de la película, creado ex nihilo, es el espectador perplejo de la historia de crueldad de una madre (bien ayudada por el Opus Dei) para con su hija gravemente enferma.

Capítulo aparte merece el otro gran personaje, el Opus Dei. Creo que cualquier persona que conozca mínimamente la Obra, aun cuando tenga animosidad contra ella, podrá reconocer lo grotesco de la crítica. Entre los personajes más destacables hay un cura joven que resulta repugnante (el maquillaje y el tono de voz un punto amanerado ayudan bastante), otro sacerdote de la "Clínica Navarra" (así se llama en la película) más sutil pero aparentemente incapaz de sentir dolor; la hermana mayor de Camino, presentada como una víctima, que raramente visita a su hermana enferma y a su familia, y que está continuamente fiscalizada por una "numeraria acompañante" (así se le llama en los créditos) que es un prodigio de hosquedad (en ese sentido es patética la escena en la que llama el padre a la casa de las numerarias y la numeraria de pro abre la puerta con la cadena puesta y no quiere aceptar un regalo del padre para su hija). La directora del centro de la hermana mayor también es para echarla de comer aparte.

Hay escenas en las que me salieron grandes carcajadas de lo zafia que era la crítica-parodia (la pesadilla, por ejemplo, en la que Camino es llevada en coche por sus padres y hermana y abandonada en un lugar inhóspito y al marcharse la hermana le lanza por la ventanilla un chorro de agua bendita al tiempo que grita "Viva Jesús Sacramentado").

Al final de la película a Fesser le puede el lado-Fesser que ya conocemos de sus otras películas y la crítica pierde fuerza al hacer una mezcla a mi juicio grotesca (más fácil quizá que guste a sensibilidades femeninas) entre la agonía de Camino y una obra de teatro protagonizada por el chico que quiere (Jesús) y en la que Camino no pudo participar, ¿lo adivináis?, sí, porque su madre mala malísima no le dejó a pesar de que ella lo deseaba. El juego ese de "quiero a Jesús" y "voy a estar con Jesús" refiriéndose al niño y no a Jesucristo es recurrente, especialmente al final de la película. Creo que, al intentar ridiculizar el drama, Fesser ridiculiza su propia crítica.

A todo esto, hasta el último fotograma, el director de Camino quiere recalcar que Dios es un cuento de hadas (la metáfora con Mr.Peebles es evidente), que es un ser maravilloso pero que tiene un problema, "no existe", que Camino está interpretando una obra (la Obra, ji, ji), aunque eso sí, ella es sólo una víctima.

Al final de la película me queda la sensación de que Fesser sabe que Dios existe, pero está encabronado con él. Si no, tanta rabia soterrada es difícil de entender.

martes, 2 de septiembre de 2008

De vuelta

Esta tuerca esta de vuelta. El verano, como se puede intuir en el blog, ha sido absorbente. En julio, hubo mucho trabajo, mucho cambio de horarios... En fin, el blog semiabandonado. En agosto, desconecté por vacaciones.

Estos meses he leído, entre otros, Las partículas elementales, 25 grandes ideas, Firmin, Cometas en el cielo, Vida y destino y el último libro de Vila-Matas, un diario. Leo ahora Un hombre en la oscuridad, la última de Paul Auster. Y saco un segundo para ponerlo aquí por escrito.

Espero poder dedicar más tiempo en los próximos días y escribir ideas, citas, análisis de estos libros. En el capítulo cinematográfico vi Los cuatrocientos golpes, de Truffaut, y Once, una pequeña joyita irlandesa que os recomiendo.

martes, 5 de agosto de 2008

Vacaciones de verano

Hay un dicho que de primeras suena bien y resulta fácil asumir pero que cada vez me gusta menos: "No hay que vivir para trabajar, sino trabajar para vivir". No me gusta porque es una visión del trabajo como un puro medio para ganarse el sustento, y ese enfoque es paupérrimo, porque de él se deduce que no importa en lo que uno trabaje si le da pasta, y cuanta más mejor. Más bien cabría decir que el trabajar forma parte intrínseca de nuestro vivir.

Precisamente porque el trabajo es muy importante, también lo son las vacaciones. Las mías empezaron ayer y durarán todo el mes. Que falta me hacían.

martes, 22 de julio de 2008

Ser periodista

Recuerdo perfectamente el día que, cuando tenía 13 años, pensé que tenía que saber lo que quería ser de mayor. Paseando por León con mi familia aquella tarde de verano me dije que sería "periodista".

A la hora de tomar la decisión sobre la carrera universitaria a emprender, cuatro o cinco años después, habían pasado muchas cosas, y terminé inclinándome por la Filología Hispánica. "¿Qué influye más? ¿El mejor literato o el mejor periodista?", es lo que pensé. Suena prepotente, idealista o simplemente estúpido, no lo sé, pero es lo que pasó por mi cabeza entonces.

La cosa es que, ha pasado el tiempo y he acabado escribiendo y ejerciendo de periodista, que es un oficio, y no una carrera universitaria.

Todo este prefacio viene a que la pasada noche he podido sentir en las venas la adrenalina que supone el periodismo. A las 23:45, cuando llegaba a Torrespaña, estaba Dani metiendo en la página la noticia bomba: Radovan Karadzic había sido arrestado en Serbia. Samuel también ha echado una mano, aunque él es del equipo de Deportes. Dani se ha quedado más tiempo para echarme una mano, porque estaba yo solo, aunque en seguida se ha venido Vanesa de su casa.

Después de cinco horas de locura en la que hemos hecho un gran trabajo, mejor sin duda que el de elmundo.es o elpais.com, y cuando todo parecía ya tranquilo llegaba el segundo bombazo informativo, la desarticulación del Comando Vizcaya.

A las 8:30 de la mañana me he ido a casa, cansado pero muy satisfecho, todavía electrizado por la tensión informativa y con la extraña plenitud del trabajo bien hecho.

En el último mes, me ha tocado por horario de trabajo ofrecer la victoria de España contra Italia y contra Alemania en la Eurocopa, la liberación de Íngrid Betancourt y ahora estas dos grandes noticias de arrestos. Hay días en que uno abomina de la volatilidad de la información. Pero hoy toca exultar con la grandeza del oficio.

domingo, 20 de julio de 2008

David Cameron

Es un político, con todo lo que supone de prevención ante sus palabras. Pero lo que dice es muy interesante, lo diga quien lo diga. Claro que en Inglaterra llevan más tiempo con una grave erosión de valores, y las consecuencias son allí manifiestas.

martes, 15 de julio de 2008

Besando el rostro de Dios

Así se llama esta imagen que siempre me había fascinado (desde que la conozco, claro):



Ahora descubro que su autor se llama Morgan Weistling, es contemporáneo y tiene un sitio web que os recomiendo, con joyas como estas:





miércoles, 9 de julio de 2008

Recomendaciones y algunas decepciones

De entre lo que he visto en los últimos diez meses, recomendaciones cinematográficas:

Tener y no tener, del siempre inmenso Howard Hawks, con un argumento insustancial (una obra Hemingway al parecer bastante mala), pero con unos dialogos chispeantes entre dos presencias inmortales: Humphrey Bogart y Lauren Bacall (al que le guste El sueño eterno disfrutará con esta también).

La vida de los otros, de Florian Henckel. Ya se ha hablado mucho de ella. Empieza a retirarse la espesura sobre la tropelía comunista. Un gran drama personal enmarcado en una interesantísima época histórica.

Mataharis, de Icíar Bollaín y Siete mesas (de billar francés), de Gracia Querejeta. Las emparejo, porque no son obras maestras pero ambas son muestra es buen cine español, con fina sensibilidad, hablando de sentimientos sin sentimentalismo, y tocando historias con las que cualquiera puede identificarse.

Leones por corderos, Robert Redford. Efímera, pero interesante. Aquí la comenté.

Juno, de Jason Reitman; no será inmortal, pero es interesante por ser una 'indie' original y por ilustrar con sutilidad parte de los problemas de nuestro tiempo.

El hombre que mató a Liberty Valance, de John Ford. Ha sido una re-visión, pero dado que la primera tuvo lugar en un viaje de autobús, es como si fuera la primera. Es John Ford, y es el ejemplo de su última época. Un western que ha perdido casi por completo la inocencia de otros anteriores y es estilísticamente minimalista y sombrío. Tremendos personajes creados por el guión de James Warner, la mano de Ford y la clase de Wayne y Stewart.

Azul, de Kristof Kiezlowski. Lírica en estado puro. Hermosa. Dramática. Con una Juliette Binoche inefable.

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, de Steven Speilberg. Es Indiana Jones. Y punto. Hablé aquí de ella.

Decepciones cinematográficas:

El buen pastor, Robert de Niro
American Gangster, Ridley Scott
Mi vida sin mí, Isabel Coixet
Caro diario, Nanni Moretti

Decepciones literarias:

Santuario, William Faulkner
Herzog, Saul Bellow
Pedro Páramo, Juan Rulfo
Cien años de soledad, Gabriel García Márquez
La ciudad y los perros, Mario Vargas Llosa
Los detectives salvajes, Roberto Bolaño (lo dejé en la página 300 de 600)

lunes, 7 de julio de 2008

Algunas recomendaciones (literatura)

De entre lo que he leído en los últimos diez-doce meses, estas son recomendaciones, creo que buenas:

La ética de la autenticidad, de Charles Taylor. Una alternativa al tradicionalismo que abomina por sistema de la modernidad y al progresismo tontaina que cree que las cosas tienden a mejorar por sistema y cuya labor constructiva comienza destruyendo la tradición cristiana. Charles Taylor es un filósofo moderno de religión católica. En la ética de la autenticidad, libro muy breve, analiza lo que él considera "malestares" de la modernidad y ofrece un análisis personal del germen positivo que alienta esos malestares de consecuencias negativas. Para mí, iluminador; esperaba encontrarme una crítica furibunda de la modernidad y me encuentro con una puerta para entender y entenderme, y para enfocar el futuro con esperanza. Publicado en Paidós.

Jesús de Nazareth y la carta encíclica Spe Salvi de Benedicto XVI. Hablamos de uno de los principales intelectuales de nuestro tiempo y de uno de los que más está influyendo y va a influir en las décadas próximas. Él primero de los libros está dirigido más a especialistas. Para seguir dándose cuenta de la coherencia del pensamiento a lo largo de los años de Ratzinger/B16.

Diario de un escritor, Dostoievski. Al que le guste Dostoievski, imprescindible. Al que le guste indagar en la condición humana, imprescindible. Dostoievski demuestra que era un escritor del pueblo y para el pueblo.

Capítulo III de Transformación del mundo, Martin Ronheimer. Un sugerente análisis sobre la evolución de la teología cristiana del trabajo desde el Medievo hasta el siglo XX, para entender dónde se sitúa el mensaje al respecto del Opus Dei.

Nosotros, los modernos, Alain Finkielkraut. Otro análisis de la modernidad desde una visión humanista, con la literatura como telón de fondo. Libro maravilloso.

Newman, José Morales. Una biografía de un personaje imprescindible. Ejemplo de vigor intelectual y de santidad.

Los restos del día, Kazuo Ishiguro. Otra maravilla literaria llegada de Inglaterra.

Expiación, Ian McEwan. Una obra maestra de la literatura contemporánea de la que ya hablé. Puede servir de anexo: la película Expiación, de Joe Wright.

Apología de Sócrates, Platón. Texto fundacional de una civilización, o de una manera de entender el mundo. Un profeta pagano del "veritas liberabit vos".

Ilíada, Homero. Otro que tal baila. Hay que saber en qué mundo vive uno, pero somos lo que hemos sido, lo que somos y lo que seremos, por lo que hay que conocer las piedras miliares de esta civilización.

Léxico familiar, Natalia Ginzburg. Deliciosa seudoautobiografía con voz femenina de una infancia en la Italia de primera mitad del siglo XX.

El libro de las ilusiones, Paul Auster. Sencillamente genial.

Historia de dos ciudades, Charles Dickens. A Dickens hay que recomendarlo siempre.

La manía, Andrés Trapiello. Nuevo volumen de sus diarios. Entre la maltrecha literatura en español que sufrimos, una lucecilla, aunque a uno no le gusten determinados juicios anticatólicos, básicamente por injustos.

Christifideles laici, Juan Pablo II. Un documento que todo católico moderno debiera leer. Estudiar, más bien. Más, rezar.

Las aventuras de Wesley Jackson, William Saroyan. Una especie de Forrest Gump en el Ejército estadounidense a principios de los 1940. Una visión amable y esperanzada sobre el ser humano, en un momento que no invitaba a ella.

Persona, Julián Marías. De mis últimas lecturas. Un opúsculo filosófico moderno que no renuncia a fundamentos que la inanidad posmoderna dominante considerará rancios, antiguos, tradicionales, etc, olvidando que las verdades, cuando lo son, lo han sido siempre. De especial interés la concepción biográfica del ser humano que refleja Marías.

En el próximo mensaje, lecturas decepcionantes y recomendaciones de películas que he visto en los últimos meses.

martes, 1 de julio de 2008

Estos jóvenes de hoy en día...

Ganan 4 Roland Garros, 2 campeonatos del mundo de Fórmula 1, un Mundial de baloncesto, una Eurocopa... Y lo hacen con modestia, con hambre de títulos, con profesionalidad.

Qué orgulloso me siento de pertenecer a esa generación... y lo que queda, que los frutos en el campo del deporte se producen antes que en otros.

Un pequeño homenaje a los campeones de Europa (yo era de los que no creía en ellos).

miércoles, 25 de junio de 2008

Serena, tierna y desbordada felicidad

He leído últimamente, ya lo dije, Cien años de soledad, que me dejó frío; también La ciudad y los perros de Vargas Llosa, y psé; intenté con todas mis fuerzas (y da fe de ello que sólo lo dejé después de 300 páginas) leerme Los detectives salvajes del mitificado Roberto Bolaño; pero infumable. Menos mal que entre medias me zampé Las [deliciosas] aventuras de Wesley Jackson. Dejo por imposibles a los sudamericanos, cuya cultura tan poco logra interesarme, y como desagravio me he prometido volver a esa Arcadia literaria que son los Pickwick Papers, en cuidada edición de José María Valverde.

Mientras, termino Persona de Julián Marías, y dejándome llevar por la búsqueda de remedio para un martes tedioso disfrazado de depresión, me he hecho con Tras la virtud, de Alasdair McIntyre, 25 grandes ideas (recomendación ya hace meses de Pseudópodo), de Robert Matthews, y Las partículas elementales, de M. Houellebecq. Y a todo esto, me esperan en la repisa del debe Vida y destino, El caballo rojo, y más. Lo de las lecturas es como cortarle cabezas a la hidra de Lerna, pero en esa aspiración hercúlea está la gracia, creo yo.

Llevan hasta un punto inigualado la vieja lección de educar a los lectores haciéndoles pasar, al mismo tiempo, un largo rato lleno de una serena, tierna y desbordada felicidad"

Lo dice Valverde en el prólogo a Pickwick de la obra de Dickens, y en especial de Los papeles..., que Chesterton consideraba anticipación y síntesis de lo mejor de la obra del inglés, aunque todo ello se presente en amable caos en esta novela mayúscula.

martes, 24 de junio de 2008

In pauca

"Céspedes" es una bombonería-pastelería que he descubierto cerca de la oficina, en Alcalde Sáinz de Baranda, cincuentaipico. El lugar es pequeño, pero muy bien puesto. La mujer que atiende, no sé si la dueña, sonríe con una curva cargada de vida, sin cascabeleos. De sus pasteles me conquistan la originalidad y lo arregladitos que están. Por descontado, están también buenísimos.

El pasado sábado estuve allí por segunda vez y me dejó epatado al verla envolver las dos cajas que me había preparado. Contemplar la perfección técnica llena de ternura con la que lo hacía era un poco como asomarse a la eternidad. Y dirás que exagero. Pero no. Sus manos ya ajadas se desenvolvían con, lo diré, primor, y con maestría. Eran manos de madre, aun suponiendo que ella no lo fuese.

Y no he podido evitar volver a pensar en lo que ya sé; que son manos como esa, que es esa mezcla trascendental de belleza ética y estética, lo que sostiene el mundo. También -o sobre todo- al envolver una caja de pasteles.

lunes, 23 de junio de 2008

Todo eso soy

"Personalmente, me causa mayor satisfacción comprender a los hombres que condenarlos", dice un personaje en Veinticuatro horas en la vida de una mujer, de Stefan Zweig (frase que, por cierto, retrata la mirada narrativa del mismo Zweig autor).

Personalmente, cada día me cuesta menos comprender más al diferente. Suena prepotente, lo sé, orgulloso. Pero creo que es verdad. Sigo siendo un impaciente con lo que no me gusta de los demás, a veces me puede la pulsión fanática, visceral, de mi carácter. Pero creo que cada vez me cuesta menos entender los porqués del otro. Sólo la maldad pura (o casi), que la hay, me resulta inaceptable.

Y creo que esto es así porque -supongo que a todos pasará un poco- con tanta frecuencia encuentro en mí al frívolo, al delicado, al egoísta, al bruto, al codicioso, al generoso, al desengañado, al cabezota, al marginado, al inquisidor, al recto, al injusto, al agresivo, al pacífico, al maníaco sexual, al asceta. Al bueno, al malo. A Dios. Al demonio.

sábado, 14 de junio de 2008

Ira santa

En lo referente al affaire 'cadena de los obispos', esto es, la disputa entre los que estamos en desacuerdo con que la voz airada y el espíritu atribulante de Jiménez Losantos cope la COPE y los que están de acuerdo con ello... De los que acuden recurrentemente al episodio evangélico de los mercaderes en el Templo, líbrame, Señor.

Me pregunto, además, quién es en este caso el que regenta la mesa de los cambistas y demás.

martes, 10 de junio de 2008

God save England

Hace hoy dos años que salí para Inglaterra. Dos meses y medio en Manchester que cambiaron mi vida. Entonces, escribía esto:

De camino al aeropuerto estaba muy nervioso, como podeis comprender, sobre todo por el miedo a lo desconocido. A la vez, sentía una cierta sensacion de liberación, del que emprende una nueva vida, o una nueva etapa en su vida"

No me equivoqué.

Siempre había visto a los ingleses como seres despegados y fríos, alejados de mi supuesto carácter latino. Claro que tenía anglofilia, pero más por el New York cinematográfico que por una cultura angloparlante que no conocía de cerca. Sin embargo, allí descubrí que mi parte castellana o/y la galaico-leonesa estaba más cerca de Oxford que de Los Angeles.

Allí entendí lo que era vivir en una casona victoriana; allí descubrí a Newman, leyendo parte de sus cartas y diarios y una breve biografía; alli leí la Autobiografía de Chesterton y pude leer su opinión sobre mis queridos Pickwick Papers en una edición de principios del XX de Chesterton on Dickens. Y allí, también, me di cuenta de que no tenía ni idea de inglés.

No pude pisar Oxford, ni Londres (apenas el aeropuerto durante unas horas), sí Liverpool y su Cave beatlesque, Chester, la exuberante belleza de Lake District, región-santuario de Beatrix Potter... Precisamente la foto que hoy ilustra mi perfil fue tomada en Hawkshead, un pueblito incrustado en la verdura del lugar:

La vista muy aproximada que se puede tener desde el banco desde el que comía la manzana es esta:




Conocer personalmente Inglaterra y enamorarme de ella me hicieron mejor. Y cuento los días para volver a lo que para mí fue una Arcadia.




Con Chechu y Michel, en un palacete solitario en una loma junto a uno de los lagos de Cumbria (aka Lake District).

lunes, 9 de junio de 2008

Moral de esclavos

No es nada raro sentirse medio imbécil después de hacer un servicio a alguien, especialmente si eso supone darse puntapiés en el gusto o el orgullo, especialmente si la otra persona ni siquiera se da cuenta de ello. Se llama soberbia, sí, pero resulta tan propia de los humanos.

Es iluminador el enfoque de B16 en Jesús de Nazareth, cuando, comentando el Sermón de las Bienaventuranzas, se enfrenta sin miedo a la crítica nietzscheana del cristianismo, tan actual, que precisamente se basa en este episodio evangélico. Son apenas dos páginas, de la 126 a la 128, pero preñadas de vida y respuestas.

¿Es realmente malo ser rico, estar satisfecho, reír, que hablen bien de nosotros? Friedrich Nietzsche se apoyó precisamente en este punto para (...) censurar la moral del cristiano como un "crimen capital contra la vida". (...)

La visión del Sermón de la Montaña aparece como una religión del resentimiento, como la envidia de los cobardes e incapaces, que no están a la altura de la vida, y quieren vengarse con las Bienaventuranzas, exaltando su fracaso e injuriando a los fuertes, a los que tienen éxito, a los que son afortunados [qué honradez la de B16 al presentar el argumento con toda su fuerza]. (...)

El Sermón de la Montaña plantea la cuestión de fondo del cristianismo, y como hijos de este tiempo sentimos la resistencia interior contra esta opción, aunque a pesar de todo nos haga mella el elogio de los mansos, de los compasivos, de quienes trabajan por la paz, de las personas íntegras. Después de las experiencias de los regímenes totalitarios, del modo brutal en que se ha pisoteado a los hombres, humillado, avasallado, golpeado a los débiles, comprendemos también de nuevo a los que tienen hambre y sed de justicia; redescubrimos el alma de los afligidos y su derecho a ser consolados. Ante el abuso del poder económico, de las crueldades del capitalismo que degrada al hombre a categoría de mercancia, hemos comenzado a comprender mejor el peligro que supone la riqueza y entendemos de manera nueva lo que Jesús quería decirnos al prevenirnos ante ella (...). Sí, las Bienaventuranzas se oponen a nuestro gusto espontáneo por la vida, a nuestro hambre y sed de vida. Exigen "conversión", un cambio de marcha interior respecto a la dirección que tomaríamos espontáneamente. Pero esta conversión saca a la luz lo que es puro y más elevado, dispone nuesra existencia de manera correcta."

viernes, 6 de junio de 2008

Comenzar y recomenzar

La perona, por su irrealidad, inseguridad y contingencia es lo más vulnerable, pero con un núcelo invulnerable, precisamente porque nunca está "dada": no se puede decir de ella "esto es", porque "está siendo", "va a ser", sin límite conocido. Consiste en innovación, siempre puede rectificar, arrepentirse, volver a empezar, en suma, renacer.

(...)

[La persona es] un acontecimiento dramático; un sujeto que es alguien que consiste en acontecer.

(...)

Si la vida humana careciese de sueño, si fuese una vigilia constante, su estructura sería radicalmente distinta. Cada día se "despierta", es decir, se reanuda la vida tras una interrupción -que no tiene por qué ser total, sobre todo si se tiene en cuenta la posibiilidad de soñar, que puede ser cotidiana-. Lo decisivo es que no se despierta a un "mundo", sino a una biografía que se reanuda" (Julián Marías; Persona)

Y no deja de ser hermoso pensar que ese sueño y esa mala leche que uno tiene por la mañana es simplemente la consecuencia de la cotidiana oportunidad de volver a intentarlo.

miércoles, 4 de junio de 2008

lunes, 2 de junio de 2008

Incipit vita nuova

La gente dice que la felicidad es el fin, que cuando uno se casa ya está, ya no queda nada por hacer, es el fin, pero uno no debe creérselo porque no es así, no es verdad que sea el fin, es más bien el principio, no hay principio hasta que uno se casa con su chica, hasta que su chica se queda embarazada y cada día está más guapa, hasta que el corazón de uno se dilata con el amor por la chica y por la vida que ésta lleva dentro, y por la vida en general. Eso es el principio, no el fin. Cuando el chico y la chica se convierten el uno en el otro, cuando los dos son la misma persona, entonces comienza la vida, y ya entonces no hay fin que valga: no puede haber fin que valga cuando los dos están juntos y son la misma persona porque así debe ser, ésa es la idea, en eso consiste la vida, una buena patada a la Muerte en el trasero, la vida arreando a galope tendido, la Navidad, el reino en la tierra como en los cielos, la canción y el baile, el viejo río riendo, el mar feliz y contento, el viento cargado de besos, los brazos abiertos del cielo, los brincos del árbol dichoso, el murmullo de la roca, el susurro de la noche huidiza, el paseo del nuevo día. Cuando te digan que la felicidad es el fin, que es aburrida, que ya nada bueno te espera, ni arte ni grandeza, no les creas, pues seguramente ellos nunca han sido felices. Si te dicen que besar es de estúpidos, diles que mienten. Si te dicen que tu amor es propio de ignorantes, llámales hijos de puta y diles que mienten. Si te dicen que la ternura es flaqueza, diles que ellos no son hombres. Si te dicen que el dolor es mejor que el placer, diles que no, que es al revés. Lo bueno es el principio. Lo malo no es el fin, sólo el intento de alcanzar el principio. Lo bueno es lo inmortal. Y nada es tan bueno como el amor. (...) El amor es lo que importa. El amor es el gran número: el uno y único. Es el tres, y el siete, y el nueve, y el once, y todos los números en uno, el uno, único y maravilloso. Ama a Dios. Ama a tu mujer. Ama a tu hijo. Ama a tu vecino. Ama a tu enemigo, el hijo de puta..., ámalo igualmente. Dale una oportunidad al pobre diablo..., ámalo."

(William Saroyan: Las aventuras de Wesley Jackson; pp.298-99; ed. Acantilado; trad. de J. Martín Lloret)

martes, 27 de mayo de 2008

A pesar

Traía a este blog una comentadora la cita siguiente: "Es mucho más noble reconocer que no se alcanza el ideal, que intentar rebajarlo". Lo que dicho de otro modo supone que hay que defender la verdad, a pesar de uno mismo.

sábado, 24 de mayo de 2008

Paréntesis de fe

Volviendo a lo de la entrada anterior, y a la visita a Jiménez Lozano, el desmoronamiento cultural (si lo hay, que uno cree que sí) de nuestro Occidente fue musiquilla de fondo continua en el café con pastitas del miércoles. Le pregunté cuáles creía que eran las causas, para poner los remedios. Y es curioso -no tanto, la verdad- que enseguida se remitiese a la crisis de la Iglesia católica. Criticó con divertida ferocidad el litúrgico guitarreo y demás fealdad en lo sacro que nos rodea de un tiempo a esta parte. Me hizo refelxionar que defendiese la posición del altar de espaldas al pueblo porque cara al público parece que el oficiante quiere más bien dar una conferencia que celebrar un sacrificio común que se ofrece a Dios (eso debió de pensar el cura de mi parroquia).

"Antes, los ateos, cuando escuchaban a Bach, o acudían a una iglesia, tenían que hacer un paréntesis en su increencia. Hoy, el cristiano tiene que hacer un paréntesis en su fe cuando va a la iglesia". El comentario (no textual) de don José vino después de que yo dijera que creo a pesar de la cutrez reinante en los templos hoy en día, es decir, de la pérdida del sentido de la belleza en lo sacro, que no es más que pérdida de fe, lo que demuestra una vez más que la católica es una religión encarnada, de fe con obras, de amor a lo material.

viernes, 23 de mayo de 2008

In Marcum homiliam

Qué inmejorable ocasión de hablar del cárácter sagrado del matrimonio cristiano; de la esperanza que la Gracia otorga a las parejas que se casan (y que ya están casadas), que no por ser esperanza y consuelo es mentira, como pretende el nihilismo seudoilustrado del día. Pero no.

Con muy buenas palabras, eso sí, y con razones cuasi-sociológicas, nos ha venido a decir el señor cura que sin la "premisa" de que el amor entre esposos sea divino -o algo así- no se les puede exigir indisolubilidad en el vínculo. Y eso, que la indisolubilidad sólo es exigible desde la fe en el Sacramento, ya lo sabemos, pero no vamos a Misa para que el oficiante haga de hábil analista social (¡diez minutos de homilía y en día de diario!).

"¿Somos partidarios del divorcio?, nos pueden preguntar. ¿Somos partidarios de la enfermedad? No. Pero la enfermedad necesita un medicamento". Prometo que son las palabras casi textuales con las que ha acabado el sermón. Y era para echarse a llorar. Diez minutazos de "premisas", "niveles ideológicos" y demás, para que nos acabe justificando las separaciones y la ley civil del divorcio. Como si en vez de la modesta feligresía de diez de la mañana en un barrio de la periferia, fuésemos críticos homiléticos de El País.

Como le supongo, y sin esfuerzo, la buena intención, entiendo que buscaba "consolar" a los pobres padres que asisten a lo que están asistiendo, y, de la misma, evitar que los católicos (y católicas) vayamos anatemizando a los adúlteros (y adúlteras) y fornicadores (y fornicadoras) que viven en concubinato. Como si no llevásemos ya un tiempo teniendo que ser nosotros los que soportan el anatema posmoderno por creer en un modelo de familia. Porque si el divorcio es una enfermedad, señor cura, la receta que usted ofrece es la amputación. Y digo yo que no toda gripe acaba en gangrena.

(Seguiremos hablando de la visita a Jiménez Lozano.)

jueves, 22 de mayo de 2008

Amigos

Otra pincelada de la visita ayer a Jiménez Lozano.

Antes de despedirnos estuvimos contemplando embelesados un salvapantallas de su ordenador en el que se sucedían imágenes, sus "amigos". Cuando hacía falta nos explicaba. Una Brönte, Kierkegaard, una iglesita irlandesa (una de las primeras en el país), Jasnaia Poliana ("como persona, Tolstoi me resulta antipático, pero eso no quita que uno le reconozca..."), Tomás Moro, Flannery O'Connor en esa foto en la que sale tan guapa, Bach, el icono de Rublev, la pintura (del Bosco) que utilizó en la portada de los Cuadernos de letra pequeña, la pintura de un flamenco del interior de una casa, una María Magdalena... Y ahora no recuerdo más.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Amar el mundo

Después de dos semanas de frenética actividad profesional -preparando el especial de Indy, etc.- en las que apenas he podido leer algo que trascendiese la actualidad, hoy me he dado un homenaje. Termina mi 'fin de semana'. Me levanto con la hora cristiana (cuando Dios quiera), voy a cortarme el pelo y Misa en la Concha de Goya. Después de comer una tapa de la rica paella de mi mamá, Luis, Francis y yo cogemos carreteras de Castilla y nos plantamos en Alcazarén, donde nos espera don José Jiménez Lozano, con el que hemos echado la tarde -café y pastas- hablando de esto y de lo otro.

Me decía que hay autores que no aguanta, que dedican doscientas páginas a narrar -un decir- un viaje de Valladolid a Alcazarén, hablando de la mosca, de la rueda... Le decía yo que, claro, se puede hablar de la mosca, y de la rueda, y trascenderlo, y hacer literatura. "Sí -dice-, pero para eso hay que amar el mundo".

Mañana, o pasado, en la próxima entrada, cuento con más detalle.