miércoles, 31 de enero de 2007

Lo mejor es enemigo de lo bueno

La primera vez que escuche este aforismo, dado el contexto, lo interpreté como que había que aspirar a lo mejor, y no quedarse en hacer simplemente cosas que puedan ser llamadas buenas. Con el tiempo, he descubierto que el sentido habitual de la frase -y supongo que el original- es justo el contrario, como una arma contra el perfeccionismo. Y lo cierto es que en estos tiempos en los que la mediocridad se ha convertido en un ídolo, es peligroso, porque puede ser una buena excusa para la comodidad y el vuelo bajo.

Lo hablábamos ayer en nuestra semanal reunión de Perkeo, en la que a cuenta de Tintoretto, salió Antonio López y su "todo entero", y Víctor Erice. En la misma línea había pedaleado a lo largo de la tarde con Luis mientras le acompañaba al dermatólogo; el pobre está desilusionado con sus alumnos, una panda de cafres que aspiran a poco, y de ahí acabamos en una cita de una carta en la que Belloc le habla a Knox en este sentido de búsqueda de la excelencia, de ser un soldado en primera línea de batalla cultural.

Y yo, que ando con hambre de escritura, que parece que he cogido ya el tono a la novela que estaba pergeñando, he decidido que, puesto que lo mejor es enemigo de lo bueno, durante el mes que mañana comienza no escribiré en este querido rincón, para poder dedicar mejores esfuerzos, recursos y más tiempo a escribir la dicha. Supongo que, al menos, durante estas cuatro semanas, nos encontraremos en otros blogs.

martes, 30 de enero de 2007

Almodóvar, a pesar

Haciendo una notable excepción, ayer estuve viendo la primera edición del telediario de TVE. Excepción porque no suelo ver los informativos de televisión, me parecen una mierda. Siempre dan información ya leída o historias mediocres y sucesos sensacionalistas, sin el más mínimo análisis. Y excepción porque de ver alguno suele ser el de Antena 3, ya que es el que prefieren en mi casa, por huir de la televisión pública y porque viene después de los Simpsons. Acostumbrado a la cutrez en forma y fondo de éste, el de la Primera me resultó de una gran calidad.

A lo que voy es a la entrevista que en directo hicieron a Almodóvar. Y tengo que reconocer que oyéndole hablar, sentí una gran simpatía por él. Porque ha hecho una película que me gustó mucho y porque le veo frágil, a la vez que -más allá de los excesos ideológicos- me parece que habla con honradez y desde la sinceridad de alguien que además es un artista.

Me molestó el otro día un artículo de Antonio Brugos en ABC en el que venía a celebrar la no nominación al Oscar de Almodóvar. No, por supuesto, porque la película le parezca mala, sino por motivos puramente ideológicos. Sí, es difícil olvidar la penosa intervención de Almodóvar acerca del supuesto “golpe de Estado” preparado por el PP, pero ese nivel de argumentación y motivación me parece paupérrimo.

Yo lamento la no nominación de Almodóvar porque la película se lo merecía y me alegro de que haya ganado los Goya más importante. Volver es una película que fotografía una parte de la España más reciente y de sus sentimientos y lo hace bien. Es un canto de amor a la madre, a las mujeres, al pueblo (a La Mancha). Una mirada amable sobre las supersticiones y las tradiciones. Una historia de redención. Y además, protagonizada por un plantel de actrices que merecieron el premio conjunto en Cannes. Contado, además, desde la sensibilidad visual que el director cabezón ya ha demostrado sobradamente.

Así que, recomiendo que, si existe, dejéis de lado la distancia ideológica -lo cual debiera ser lo normal-, y la veáis.

lunes, 29 de enero de 2007

Albornozo

Ayer estrené el albornoz que los Reyes me habían traído pero que hubo que descambiar (¿será gramatical esta palabra?) porque el original era demasiado corto. El nuevo es tremendamente elegante, tipo bata, a gruesas rayas azules, claras y oscuras, y con un cuello señorial que me hace pensar por un momento que alguien está a punto de traerme el desayuno a la cama. Atacado por el complejo del niño que estrena zapatillas y que no se las quita ni para dormir, anduve tentado de sacarlo a pasear, o de quedarme el día entero en casa, paseando de arriba a abajo con el albornoz de barón de Coubertin. Lástima que sea demasiado corto para dejar mis pantorrillas al aire. Pensaba escribir algo al efecto, pero me temo que alguno de los frecuentadores de este blog me atacaría puritanamente, así que decido dejarlo.

A cambio, sigo citando a Ratzinger, de nuevo en La sal de la tierra:
La fe es una fuente de alegría. Cuando Dios falta, el mundo queda en tinieblas, todo parece aburrido y no satisface nada. En la actualídad se comprueba fácilmente que cuanto más se vacía el mundo de Dios, más necesidad hay de consumismo y más se vacía el mundo de alegría. El máximo gozo es siempre producto del amor y en eso consiste exactamente la esencial manifestación de la fe. Nosotros somos amados por Dios de modo absoluto. Por eso es tan bien aceptada la difusión del cristianismo entre los débiles y los que sufren.

Claro está que eso también se puede interpretar según el pensamiento marxista diciendo "son sólo buenas palabras", "eso no es la revolución". Pero no veo justificado que nos preocupen ahora afirmaciones como esas. El cristianismo ha logrado unir a señores y a esclavos de una forma totalmente nueva; aunar tal como Pablo advierte al dueño de un esclavo: "no castigues a tu esclavo, ahora es tu hermano".

Así que podemos decir que la alegría es un elemento constitutivo del Cristianismo. Alegría, pero no en el sentido de la que es causada por el ocio y la diversión, que siempre puede ocultar cierto fondo de desesperanza. Todos sabemos que el alboroto, a veces, es una máscara para disimular la desesperanza. El cristianismo da una alegría propiamente dicha. Y es una alegría que, además de ser compatible con las dificultades de nuestra existencia, contribuye a hacerla más fácil. En el Evangelio, la historia de Jesucristo empieza con las palabras que el ángel dirigió a María, en forma de saludo, "¡Alégrate!". Y en la noche de su nacimiento, los ángeles también repetían: "os anunciamos una gran alegría". El propio Jesucristo manifiesta que viene a traernos una buena nueva, es decir, que el meollo nuclear del mensaje es siempre este: "vengo a anunciaros una gran alegría, Dios está aquí, os ama y así será para siempre"."

domingo, 28 de enero de 2007

Pura, auténtica, gozosa

Casi todo estaba como si se hubiera ausentado ayer y todo lo vivido recientemente no hubiera sido más que un feliz sueño.

Pero se trataba de la pura, auténtica y gozosa realidad.”

Había pensado cumplir hoy con la cita de Charles Dickens tomada de Oliver Twist. Y lo cierto es que me sirve para ponerle apelativos al día de ayer, que pasé en un sereno perder el tiempo disfrutando con los demás.

Estuve con Ángel comiendo en un buen restaurante de un pueblo de la Sierra. Jamoncito, choricillo, morcilla, un churrasco, café, licor... Y, entre tanto, hablando de lo divino y de lo humano, más de filosofía que de fútbol, que con el Madrid de capa caída uno no está para masoquismos.

Por la noche, tuve la sensación de que ando repitiéndome de un lado para otro. Cenamos en una modesta pulpería del barrio de Usera. El lugar era un antro bastante popular, atestado de gente, lleno de humo, con un pequeño rincón donde servían cenas, rebosante y minúsculo. Parece que a uno de los que venía con nosotros le apasiona el sitio, y se trataba de que descansase. A mí, desde luego, tener que irme tan lejos para tomar pulpo, por muy bueno que estuviese -que tampoco probé demasiado por la pantagruélica comida que me había despachado-, en un lugar tan poco elegante... tampoco es que me enloqueciese. Pero se trataba al fin y al cabo de la pura, auténtica y gozosa realidad de la amistad, bien adobada, por lo demás.

sábado, 27 de enero de 2007

Donde reside el optimismo

En la lectura del Apocalipsis observamos que la humanidad se mueve cíclicamente. Siempre hay horrores que se solucionan pero dan paso a otros nuevos, y no se ve que se augure un estado saludable para el hombre a lo largo de la historia. En el cristianismo no hay motivos para que las cosas humanas tengan que ir necesariamente a mejor; en cambio, es propio de la fe cristiana tener la certeza de que Dios nunca abandonará al hombre y, por tanto, la humanidad nunca acabará en un total fracaso, aunque a muchos les parezca que hubiera sido mejor que la humanidad nunca hubiera aparecido sobre el planeta.

Por otra parte, ese esquema de optimismo y pesimismo, está fuera de lugar. El cristiano sabe, como cualquier hombre dotado de razón, que en la historia suele haber grandes crisis; tal vez ahora nos encontremos ante una de ellas, y sabe, también, que esas crisis no se pueden solucionar automáticamente; no disponemos de un interruptor para girarlo a: "positivo". Por lo tanto, seguimos continuamente amenazados por las contrariedades. Pero el cristiano tiene, sobre todo, un último recurso y es que Dios sostiene al mundo en sus manos, cuidando de él de tal forma que, incluso, después de un horror como el de Auschwítz, que a todos nos conmueve las entrañas, el mundo puede rehacerse de nuevo. Porque Dios es más fuerte que el mal"

Joseph Ratzinger, La sal de la tierra

viernes, 26 de enero de 2007

Insensible, estúpido o millonario

Pensaba hoy, en un arranque de mi proverbial fanatismo, dedicar la entrada a rebatir un artículo que a modo de vendetta me dirige un periodista al que la última vez que vi me saludó muy ufano -y sospecho que muy hipócritamente-. Pero la inquina la dejaré para que la paguen como siempre mis seres más cercanos -y en este caso queridos-.

A cambio, tengo poco que ofrecer.

Sólo confesaros que soy insensible, estúpido o millonario, Saramago dixit, en la presentación de Las pequeñas memorias.
Hoy Saramago sigue siendo eterno pesimista: «Ahora mi optimismo está por los suelos. Hoy estamos todos hundidos en la mierda del mundo, y no se puede ser optimista. Sólo son optimistas los seres insensibles, estúpidos o millonarios. Hay basura en la calle, hay basura en las pantallas de televisión, y hay que ser pesimista»"

jueves, 25 de enero de 2007

Voto por los libros

La lectura es viajar donde nunca podríamos (quizá la globalización haya mitigado parte de su encanto); conocer a tanta gente como seríamos incapaces de conocer a lo largo de una matusalénica vida; escuchar las voces de nuestros ancestros y construir sobre ellas.

La lectura nos une al torrente cultural de la Humanidad, nos pone en sintonía con los gigantes que nos precedieron. Gracias a los libros, dialogamos en torno a una mesa con Platón, escuchamos diatribar a Cicerón en el senado romano, conocemos al genial obispo de Hipona, y conocemos los argumentos hecho personaje de las eximias plumas -valga la tópica expresión- de Dante, Calderón, Shakespeare, Cervantes, Victor Hugo, Dostoievski, Dickens, Tolstoi, hasta los futuros clásicos que ya escriben en nuestro tiempo y todos los que no he leído y quizá nunca lea.

No es extraño que, a pesar de que hoy en día somos más los que leemos, se lea menos. Cuando se pisotean las tradiciones y la historia precedente y el progreso -valor máximo- se construye sobre la continua negación y sospecha de nuestros muertos. Qué pena olvidarnos no sólo lo inteligente, sino lo agradable de escuchar a los mayores, quienes -como dice Platón- “han recorrido por delante un camino por el que quizá también nosotros tengamos que pasar, (...) si áspero y difícil o fácil y expedito” o burlarse de la tradición como si hubiese que inventarlo todo de nuevo, obviando que es “la democracia de los muertos”, en palabras de Chesterton.

miércoles, 24 de enero de 2007

Ser feliz es poco

En esta nuestra época, la posmoderna, nos empeñamos -o nos han empeñado- en ver lo más mediocre de la vida. Nos dicen que es mejor ser cobarde, y huir de la vida, que encararla con audacia. (Los vellos como escarpias cuando vi el otro día parte del documental que La 2 emitió sobre una antigua alumna de Senara con enfermedad degenerativa que decía, apenas comprensible, que "la dignidad sólo se la puede quitar uno". ¡Valiente!). Nos dicen que es mejor no intentar grandes hazañas, que es mejor ser antihéroe que un Ulises. Que ya no se estila. Que puesto que ya no hay verdad. Que puesto que hemos descubierto que no se pueden reprimir los impulsos. Que puesto que es mejor ser un cateto que un sócrates. Que puesto que no hay trascendencia...

Que te quedes callado, inútil, hundido, depre, follado.

Pues no. La vida nos trae sus pequeños dones. Que no son siempre conquistar Troya. Gracias a Dios se puede ser homérico en la pequeña aldea de un rincón de Irlanda. Me quedo con una cerveza con queso y la exaltación de la camaradería que trae para celebrar en el curro a nuestro patrón. Y el correo de un amigo que me recuerda que hay quienes me quieren. Y la memoria de un humanista que, con Herodoto, ha ido recorriendo esos mundos, que nos recuerda que la cultura no es un pegote sino una forma de entender. Y trabajar en lo que me gusta. Y escribir. Y acabarme después de un mes Oliver Twist, con su chispa, sus dosis de empalago, y su triunfo del bien. Y poder ver el mundo con los ojos de uno que, como Frodo, se sabe hobbit pero también elegido, destinado a salvar al mundo -¿yo? No ¿en serio?- de las fuerzas del mal que a ratos parecen asfixiantes, pero que tienen las de perder. Y volver a recordar lo que me gustó Volver, ahora que nominan a esa españolaza con pelín de cirujano plástico. Y poder ponerme un poco cursi, sin que llegue un Clint Eastwood cualquiera a decirme que vamos hacia la luminosa nada, que no hay perdón y que hay que agachar el espinazo para hacer como que el mundo es una mierda.

Y yo le hago un corte de manga al pesimismo. Merece la pena vivir. El tiempo construye y no hay motivo para pensar que el futuro no va a ser mejor. Siempre que uno no se rija por el corsé de una cosa que llaman felicidad y en lo que nadie se pone de acuerdo.

martes, 23 de enero de 2007

Las cisternas agrietadas

He vivido años de permanente conflicto atribulado con mi propia sociedad, como quien mira a un ser extraño, al otro; como si mi tiempo no me perteneciese. Alienado. Ahora descubro la diferencia entre confrontación y enfrentamiento, y empiezo a comprender que para transformar el mundo en el que vivo, he de aceptarlo mío, ser fiel a él con esa especie de lealtad cósmica de la que hablaba Chesterton. Comienzo a entender que más que con mi mundo, con quien ando en conflicto es con esa parte de mí mismo que es de su época, de una época en la que los negros sobresalen de tal modo que se nos puede hacer completamente abominable.

Soy yo el sentimental crónico, o el que quiere una explicación empírica para la felicidad. Hablo de mí cuando critico a quienes defienden la libertad como pura indefinición o como tenerlo todo, quienes ven en las normas de la propia naturaleza un yugo insoportable. Quienes se encuentran maniatados por la propia sensibilidad. Soy yo el laicista, y el relativista, el nihilista y el pornógrafo, y el asesino, el traficante, el vanidoso, el corrupto y el pragmático utilitarista, y el que no cree en la culpa.

Soy yo el pecador. Quizá mayor hoy que en cualquiera de los tiempos. Y no por otra cosa precisamente necesito una redención. Y conmigo, mi tiempo. Que es mío. O yo soy de él.

lunes, 22 de enero de 2007

domingo, 21 de enero de 2007

Publicano for president

Escucho con un nuevo timbre -casi descubro- las palabras que San Pablo nos trae hoy:

Más aún, los miembros que parecen más débiles son más necesarios. Los que nos parecen despreciables, los apreciamos más. Los menos decentes, los tratamos con más decoro. Porque los miembros más decentes no lo necesitan. Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los que menos valían"

viernes, 19 de enero de 2007

Exasperación

¿Cómo mantener la calma cuando uno se siente desamparado de este modo, gobernado por un cretino que no cree en el significado riguroso las palabras, amigo de unos paletos criminales que se pasan las palabras por el forro de las pelotas? Nuestro amigo Aznar I el Prepotente va a resultar una caperucitarroja junto al papanatas malintencionado de ZarraPastroso. Y enfrente, un PP con al que uno sólo puede adherirse por pura pena, penita, pena, de unirse al "payaso de las bofetadas", como decía Prada el lunes.

jueves, 18 de enero de 2007

Cotidianiedad

A veces, cuando vuelvo a casa después del trabajo, bueno, pues estoy cansada. Pero siempre hay café sobre la hornalla y a veces carne en el congelador. Los chicos encienden fuego para hacer carne, charlamos, nos contamos unos a otros cómo fue nuestra jornada y cuando la cena está dispuesta, me doy cuenta de que tengo muy buenos motivos para sentirme feliz y agradecida. Y por eso digo entonces: Gracias, Señor. Y no lo digo sólo porque debo, sino porque siento necesidad de hacerlo”

(Truman Capote, A sangre fría)

miércoles, 17 de enero de 2007

Piratas

Lo que sabemos es esto: la última década del siglo XX cambió el mundo. Una repentina e inesperada erupción de nuevas ideas y nuevas tecnologías cambió la política y la economía en todas partes. Miles de millones de vidas se vieron transformadas. La desaparición de la Unión Soviética desacreditó al comunismo, otorgando a la democracia y al libre mercado una popularidad sin precedentes. Como resultado, la década de 1990 pasará a la historia como ejemplo de un período en el que el poder de las ideas se hizo evidente para todo el mundo.

Estos años se recordarán también como otro período en el que el ritmo del cambio tecnológico cogió por sorpresa a todo el mundo. Las nuevas tecnologías hicieron el mundo más pequeño y consiguieron que la distancia y la geografía fuesen menos importantes que nunca. Durante la década de 1990, lo único que parecía bajar con más rapidez que el coste de enviar un cargamento de Shanghai a Los Ángeles era el coste de hacer una llamada telefónica de un extremo del mundo a otro. Viajar a lugares antaño exorbitantemente caros o políticamente prohibidos pasó a convertirse de repente en una experiencia normal para millones de personas. Las consecuencias políticas de todo esto fueron tan importantes como las económicas. La democracia se diseminó, y durante la década de 1990 el número de países en los que se celebraron elecciones alcanzó un máximo histórico. Y lo mismo ocurrió con los mercados de valores, el comercio internacional, los flujos de capitales internacionales, y el número de películas, libros, mensajes y llamadas telefónicas que cruzaron las fronteras.

Esa es la parte que conocemos. Es una historia en la que todos hemos participado, y que ha sido el tema de un montón de libros y objeto de una amplia cobertura mediática. Pero hay otra historia que discurre paralela a esta. Y esa otra historia resulta igual de importante, aunque mucho menos conocida.

Se trata de una historia de contrabando y, en términos más generales, de delincuencia. Durante la década de 1990, los contrabandistas se hicieron más internacionales, más ricos y políticamente más influyentes que nunca. La delincuencia global no sólo ha experimentado un espectacular aumento de volumen, sino que, debido a su capacidad para amasar colosales beneficios, se ha convertido además en una poderosa fuerza política. Y las ideas a través de las que interpreteamos la política y la economía mundiales deben ajustarse a este cambio... urgentemente”

(Ilícito, Moisés Naím -director de la revista Foreign Policy, Ed. Debate; pp.28-29)

El riesgo de la libertad o con grandes medios, caben grandes males. Estremecedor, ¿no es cierto? Leo el libro con verdadero interés, boquiabierto ante las estructuras de mal que se propagan por el ancho mundo, como una de las consecuencias negativas de la globalización.

martes, 16 de enero de 2007

Argumento de honestidad

¿Se han preguntado al menos qué gana la Iglesia católica cuando se empeña en criticar determinados comportamientos afectivo-sexuales?

lunes, 15 de enero de 2007

We’ll always have Humphrey

Ayer se cumplieron cincuenta años de la muerte de Humphrey Bogart. Cualquier motivo es una buena excusa para volver a Rick’s y escuchar a Sam mientras los ojos de Elsa brillan por la emoción y vemos el reencuentro con su antiguo amor.

domingo, 14 de enero de 2007

Pregunta retórica

¿Por qué pedigüeños y mendigos se apuestan a la puerta de las iglesias y no de las discotecas, o los sindicatos, o las casas del pueblo, o Génova-13, o las logias, o la Academia del Cine?

viernes, 12 de enero de 2007

Más madera

Aquí más fuego graneado en esa línea. Va a costar dar la vuelta a esa imagen de zoquetes que nos atribuyen algunos entes superiores. Pero para eso estamos, ¿no?

Veritas vere liberat

Ayer me sublevé por dentro leyendo en la blogosfera. Se hablaba de Retorno a Brideshead y el autor trataba a los creyentes con su condescendencia habitual, refiriéndose a las "absurdas, inhumanas y destructivas normas de conducta que se imponen los católicos" a cuenta de la novela de Waugh. A fe mía que me hervía la sangre -aún ahora me hierve al pensar en la cuestión-.

Vuelvo a comprobar que soy impetuoso, temperamental, de natural impaciente y con fáciles pulsiones fanáticas.

Me digo para superar ese primer estadio emocional una reflexión ya frecuentada -no lo suficiente, parece-: ciertos celos, ciertas desesperaciones ante el mal o el error (lo que uno cree en conciencia que lo es), son fruto más del no soportar que haya quien piense diferente a uno, que de un verdadero dolor por el mal en sí.

Vayamos más allá. ¿No es verdad que los sentimientos que me producen posturas como la mencionada son fruto de una cierta confrontación ante el espejo, ante una parte de mí mismo? ¿No soy yo mismo, un hijo de mi tiempo, el que sufro la tribulación que supone descubrir que estamos dislocados, que estamos en camino, llenos de paradojas, que tantas veces afecto y voluntad se enfrentan, deseo y entendimiento se pelean, sensibilidad y razón se declaran la guerra? ¿Acaso no soy yo mismo el que clama de profundis? Sí, yo mismo a veces olvido que "no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" (Deus caritas est).

En mi opinión, la visión católica de Waugh se ve influida por eso que Ratzinger llama "el cristianismo burgués", esa generación de católicos que habían bebido de la teología liberal, pero que no quiso abandonar el dogma. La fe es entonces como una losa; algo considerado efectivamente verdadero, pero no liberador. Como el que piensa lánguida, inadvertidamente: "Quién pillara no haber conocido la fe cristiana".

Tenemos que volver a descubrir el carácter redentor de nuestra fe. Su nervio liberador. Y para ello -me digo- hay que dejar de lanzar a la cara de los demás los preceptos, las verdades.

No pierdas, Agus, la paz, por quien no es capaz de contemplar la hermosura del encuentro con Cristo. Mala señal es esa. Cuando uno es realmente feliz, no tiene necesidad de ir convenciendo a los demás de ello.

jueves, 11 de enero de 2007

Por sus frutos

La ideología de la ‘muerte de Dios’ en sus efectos demuestra fácilmente que es, a nivel teórico y práctico, la ideología de la ‘muerte del hombre’”

Encíclica Dominum et Vivificantem, Juan Pablo II

miércoles, 10 de enero de 2007

Una sonrisa made in Dickens

Sin dejar de hablar en todo el rato, siguió al señor Giles escaleras arriba; y, mientras iba subiendo, podría informar al lector de que el señor Losberne, un cirujano del vecindario, conocido en un radio de quince kilómetros a la redonda como “el doctor”, había engordado más a causa del buen humor que por llevar una buena vida, y era tan amable y bondadoso, aparte de ser soltero y bastante excéntrico, que ningún explorador que lo intentara iba a encontrar a otro igual en un radio cinco veces mayor que el anterior"

Oliver Twist, Charles Dickens

martes, 9 de enero de 2007

Loa

Benditas servidumbres fruto del progreso técnico de nuestra época. Y también, por qué no, bendito escape de gas, que a uno le hace bendecir el agua caliente y la calefacción.

(Y a todo esto, el móvil que se me estropea, y apenas me queda batería).

Bendito sea.

lunes, 8 de enero de 2007

Amanecer

Anduve ayer viendo Amanecer, película muda de Murnau, de 1927. En su momento debió de ser bastante impactante, así lo señalan los sabedores. Y así lo parece, dada la innovación técnica que hay en el uso de la cámara, especialmente en algunos travellings míticos, y la estilización expresionista en el uso de la luz (es decir: contrastes fuertes que dan mucha expresividad). También las actuaciones, especialmente de la protagonista (ganó el Oscar), van mucho más allá de la gesticulación histriónica propia de los orígenes del cine. Y la escenografía está muy trabajada.

No me gustó el sentimentalismo que chorrea la manera de contar la historia. Ésta nos presenta básicamente a un matrimonio de granjeros, cuyo progenitor B (es decir, el varón) se la pega al progenitor A (es decir, la mamá) con una pelandrusca de la ciudad ("woman from the city", dicen los rótulos). Cuando el progenitor B va a tirar al lago al progenitor A persuadido por los argumentos (por decirlo así) de la pelandrusca, se arrepiente y decide no hacerlo. Es entonces cuando comienza la reconquista de su amada.

Yo no sé cuántos besos se dan en la peli, bastante sensual para la época, pero es una muestra de lo esquemática que es. Los granjeros, más que tales parecen niñatos pijos en su manera de renovar el amor: una visita al peluquero para hacerse una foto de estudio (en la que se morrean), un bollito en una cafetería, un paseo por el parque de atracciones, y un baile. No sé si esa concepción tiene más que ver con la condición homosexual de Murnau o con la impronta cursi que el Hollywood más comercial le pone a todo lo que toca, desde Griffith a Tom&Meg, pasando por la cumbre del merengue disfrazado de amor que es Titanic.

Sin embargo, a una película de los comienzos, donde las principales virtudes suele ser la creación de una técnica, le perdona uno esos defectos. La peli, por lo demás, mantiene el aire de todo el cine expresionista alemán que el mismo Murnau contribuyó a construir. Hay además una mezcla brillante de drama y comedia a ratos. E incluso, dentro del esquematismo, se aprecia ese interés por mostrar el remordimiento del granjero y su transformación.

domingo, 7 de enero de 2007

Construir el futuro

No quiero dejar de hacer una llamada a los interesantes textos que Pseudópodo nos trae estos días sobre ateos occidentales (valga la redundancia, je, je) que defienden la religión. En respuesta a su cuestionamiento acerca de si es una tendencia de fondo... Yo sí lo creo. Es decir, creo que la necesidad de resolver el misterio que llena la vida humana debe ser resuelta con una religión o con un sucedáneo. Estos ateos declarados no serán capaces de reconocer que la visión empírica de la vida es una visión mutilada, que se carga lo mejor de ella (las cosas que más importan son inexplicables con datos empíricos). Pero ven los resultados de la modernidad y tiemblan porque sentido común y sensatez no les falta. (Resultado, dicho sea, de sus sistemas de pensamiento).

Me encantaría poder escribir algo de cierta extensión dirigido al cristiano posmoderno. Esto es, al cristiano que esta en esta época posmoderna que, aun no queriéndole, le conforma la mirada. Se llamaría algo así como "La lucha contra el antihéroe", y tendría referencias al cine de Clint Eastwood (como paradigma de nuestra época), de Woody Allen y Scorsese... Y a Frodo, aunque suene tópico, modelo del héroe que los nuevos tiempos necesitan. Y a Dostoievski, y, claro, Chesterton. Un intento de confrontación -palabra clave- con nuestro tiempo en clave cristiana. La pregunta que podría iniciar el discurso podría ser: ¿Ser cristiano es ser un pringao o es ser un elegido? Y, claro, ofrecería mis argumentos en defensa de esta segunda tesis.

Podría haber epígrafes con títulos como: "Ser progresista: el último esnobismo", "Dios no es conservador", "Cristianos a la ofensiva", "Con todo el corazón", "Hablemos de esclavitudes", "O engorda o es pecado", "Lo peor ya ha pasado", "El cristianismo cobarde", "La demogradación", "La mujer, protagonista", "Una época que termina", "No te dije que sería fácil". Y "Con perdón", una respuesta al nihilismo que inspira toda una cultura cuyo paradigma es el título de aquella película de Eastwood, Sin perdón (Unforgivable)... Serían ideas especialmente dirigidas a mis compañeros de generación y a quienes vienen detrás.

Os ofrezco dos frases como lema, una de Ratzinger, y otra de Von Balthasar, respectivamente:

Lo que no encuentra ningún obstáculo es porque ni siquiera roza las necesidades urgentes de una época"

No se trata de hacerse el valiente con fanfarronería, sino de tener verdadero valor cristiano para exponerse”

Perdonadme si sueno mesiánico. Pero es lo que toca. Efectivamente un período se está construyendo ahora -esa corriente todavía minoritarísima- mientras se cierra otro (así lo señala la actual crisis de fin de época), y tenemos que arrimar el hombro para construir los cimientos.

sábado, 6 de enero de 2007

Deudas

Vaya suspensión del diálogo. Y sin avisar. El primero del año estuvo ocupado entre amigos, sobrinos (aunque uno pueda dedicarles poco tiempo ha de ser intenso), familia y viaje hacia un pueblecito segoviano. No hubo tiempo para despedirme o para felicitar el año nuevo (lo hago ahora).

Esta semana he estado retirado, rezando, reflexionando, haciendo examen. Me he acordado de todos vosotros, mis queridos lectores. Conocidos y desconocidos. También de ese que tiene el servidor en Cangas, Galicia.

Han sido cinco hermosos días, sencillos, felices, en un intento de diálogo con Jesús de Nazaret. Un poco al estilo publicano en el templo. Y felizmente acompañado por Joseph Cardenal Ratzinger (Ser cristiano en la era neopagana, Ed. Encuentro, impresionante, cuánto me ha hablado Dios a través del lenguaje profundo y pedagógico de nuestro querido Papa).

Cuántas entradas imaginarias para el blog he pensado estos días. Si surge la ocasión, iré desgranando descubrimientos en este rincón.

Os dejo un pensamento personal y una cita de Ratzinger, respectivamente, que resumen -quizá- lo que he tenido la suerte de disfrutar estos días de retiro espiritual:

El cristianismo ofrece una redención no a través de una moral, sino de un perdón. Pero para que ese perdón tenga lugar es necesario confesar una culpa. Y para que haya culpa, tiene que haber una moral transgredida"

Sólo lo que carece de límites es suficientemente amplio para nuestra naturaleza. (...) La liberación fundamental que la Iglesia puede darnos consiste en estar en el horizonte de lo Eterno, en el salir de los límites de nuestro saber y nuestro poder"

El título de la entrada viene de las enormes deudas que -lo he vuelto a experimentar estos días- he contraído en mi vida con tanta gente: padres, educadores, amigos,... Uno comprende así que la humildad es parte del pago de esas deudas. Y por eso, con San Agustín, digo: "Pídeme lo que quieras y dame lo que me pidas".